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¿Cómo joder a tu ex? cap 34. 16 DE ENERO

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Mensaje por FallenLirioo el Dom Mar 27, 2016 7:52 pm
Recuerdo del primer mensaje :

¡Hola! bueno, es un gusto traerles un nuevo proyecto en el que recién estoy trabajando, así que espero les guste y les atrape :)  
AVISO: SOY LA AUTORA, SI, LA MISMA QUE ESTÁ EN AMOR YAOI :)

Tania era en apariencia la mejor pareja: alegre, bonita, algo quejona y muy cariñosa y soñadora... hasta que todo cambió cuando sus sentimientos empezaron a ser diferentes, y ahora..
¿qué pasará con su novia Laura? ¿En dónde quedaron esos bellos momentos de amor y promesas de felicidad? ¿Es que nada valió la pena?
¿Cómo se vengará Laura de la traición de quien creyó ser el amor de su vida?

Terminar con tu novia puede dar paso a cualquier clase de situaciones, ya sea desesperadas, o bien, cómicas. También pueden haber momentos dolorosos, o incluso vergonzosos que finalmente nunca se podrán borrar de la cabeza. Especialmente si eres tú (en este caso, yo) la que está cortando la relación. Había escogido incluso un buen lugar, debajo del mismo árbol en el que nos hicimos novias hacía ya un año. Bueno. Después de todo, éramos apenas unas niñas entrando a la pubertad, y honestamente todavía no sabíamos lo que hacíamos. Nuestras hormonas estaban totalmente fuera de control. Las dos nos encontrábamos solas, sin amigos y con un peculiar gusto por la otra.
Así pues, lo que en el pasado fue una bella amistad infantil, tras brincar de una fase a otra de repente se había convertido en algo más intenso, delicioso y a la vez, confuso. Tuvimos peleas, buenos momentos y una noche de caricias intensas que desgraciada o afortunadamente nunca terminaron en algo más.
Darme cuenta de que tenía otra clase de gustos fue signo de mi maduración personal, y vale, vale, no era justo para ella que ahora mirara con ojos diferentes a los muchachos que pasaban junto a mí, o que dedicara alguna coqueta sonrisa cuando veía a un chico bien perfumado, atractivo y con grandes manos. Me estaba volviendo hétero ¿y qué? Si ella no podía aceptarlo, pues ese iba a ser problema suyo, no mío, y yo no pensaba cambiar sólo para complacerla.
Por otra parte, ella también estaba cambiando. Ahora era más alta que yo, y eso que en un principio las cosas eran totalmente al contrario. Mientras que mis curvas eran más bien calles con baches, ella había desarrollado una prominente pechonalidad que se bamboleaba alegremente cuando caminaba. Ella había reventado los sujetadores antes que yo, y luego adquirió toda una obsesión por la moda y el maquillaje como símbolo de feminidad. Entre tanto, yo me seguía delineando los ojos y pintando los labios con el kit de niñas que mi tía me había regalado en mi cumpleaños dieciséis.
Éramos tan distintas ahora que a penas nos reconocíamos. No la odiaba para nada. De hecho, yo la quería mucho porque era una gran persona, siempre lista para ayudar a los demás, armada con una sonrisa exquisita y una alegría capaz de contagiar a cualquiera. Estaba segura de que a mi madre le hubiera caído bien, pero nunca se la presenté, ni como amiga; sobre todo porque mientras que mi sagrada progenitora era muy recta, femenina y algo homofóbica, Laura era algo descarada y muy cariñosa conmigo. Nos hubieran pillado enseguida, y eso nos daba miedo. Así pues, nadie de mi familia la conocía.
Dejémonos de cosas tristes y de recuerdos que pronto iban a desaparecer. La verdad yo necesitaba un cambio de aires, y debía de estar lo suficientemente lista como dejar atrás mi relación con ella y seguir adelante. Quizá podría invitar a salir a Isaac, que en ese momento estaba loca por él. Era todo lo que yo, en mis inocentes 15 años, buscaba en un chico: amable, atento. Algo cursi e ingenuo que lo hacían incluso más encantador. Mis amigas decían que yo también le gustaba, y casi, casi podía asegurar de que era verdad. De vez en cuando cruzábamos mirada, y habíamos hablado en un par de ocasiones sobre temas tan profundos que mi visión de la vida había cambiado por completo.
Por ejemplo, el doce de marzo me preguntó qué tan bien me iba en la clase de matemáticas.
—Súper.
—¿Me pasas la respuesta siete?
—Sí.
—Gracias.
El nueve de abril, volvimos a hablar.
—¿Te puedes mover? Es que tu cabeza me tapa la pizarra.
—Claro.
El diez de mayo fue todavía mejor.
—¿Sabes? Me encanta tu perfume. ¿En dónde lo compraste? Se lo quiero regalar a mi hermana.
No podía decirle que era un perfume con feromonas de zorra virgen para atraer pareja. Él se moriría de la risa, y de paso, todo el salón.
¿Lo ven? Traía loco al chico. Reconocía mi inteligencia con las matemáticas. Se tomaba la molestia de hablarme y además alababa mi perfume. Si eso no es estar enamorado, joder que no sé lo que será.
Bien. ¿En dónde estábamos? Terminando con Laura debajo de nuestro árbol sagrado, donde la relación había comenzado. Aunque pensándolo bien, quizá no era el mejor lugar, después de todo.
—¿Entonces… me vas a cortar porque ya te aburriste de mí?
—No es que me haya aburrido de ti. Lo que pasa es que… bueno, creo que esta relación no va a ninguna parte. No eres tú, soy yo.
Laura se cruzó de brazos.
—¿Es que eres tan torpe que no puedes pensar en nada más que no sea un cliché?
—Vale.
Una debe de pensar qué discurso decir antes de cortar lo que hasta hacía poco era la mujer de tus sueños. Tomé nota mental de eso.
—Tengo gustos muy raros, Laura. No lo soportarías.
—¿Te gustan las pollas?
Me sonrojé, aunque viéndolo desde otro punto, tal vez sí tenía razón.
—¡Esto no es gracioso! Si no me quieres, sólo dímelo y no antes con rodeos.
—Mira, Laura. Créeme que si esto seguía, ibas a ser tú la que terminaría conmigo. Sólo me adelanto y de quito el trabajo. De nada. Pensé que eras el amor de mi vida, pero me doy cuenta de que ni siquiera tengo veinte años. Entonces ¿qué sé de la vida? Es una cuestión de filosofía.
—Burradas tuyas, Tania.
—¡No lo hagas más complicado!
Laura se puso a llorar, y yo me maldecía por haberlo ocasionado. Sí que esperaba una que otra lágrima, pero tal vez a causa de los golpes para los que yo ya iba preparada mentalmente. Incluso tenía en mi bolsa unas curitas y algo de antibacterial.
—¡Eres una desgraciada! —sollozó. Puede que tuviera razón. Tiró dos años conmigo.
—Laura, cariño. No llores.
—¡No me digas qué hacer! Hemos sido amigas desde la primaria y ahora me tratas así ¿quién te has creído que eres? Y además ¿me terminas en el mismo árbol donde todo comenzó?
—Si, ya. Acabo de darme cuenta de que no fue lo más inteligente. ¿Ves? Soy un desastre como novia. Anda. ¿Sabes qué? Termíname tú a mí.
—¿Cómo puedes ser tan cruel?
—Por eso. Termíname tú a mí.
Laura, con su hermoso pelo rubio metido detrás de sus orejas, me miró con una cara tan despectiva que no hubiera sido raro que me arrancara los ojos en ese momento. Levantó los brazos y los puso en mi garganta.
—Eso, eso. Soy una mala novia. Ahórcame. Tú puedes… tú… espera, espera, Laura, me ahorcas de verdad… espera…
—Debería  matarte.
Tosí y me sobé el cuello. ¡Coño! Que ella de verdad me quería matar.
—Lo decía en sentido figurado…
—Tania… ¡te odio! Pero algo sí te digo, y es que te vas a arrepentir.
—Lo sé. El karma me lo pagará.
De repente un golpe seco me giró el rostro. La mano de Laura, con todo y nuestro anillo de aniversario, hizo que mi mejilla enrojeciera.
—¡Laura! ¿Puedes avisarme la próxima vez que vayas a hacer eso?
—Tania.
—¿Qué? Auch. Cómo duele.
Me soltó un segundo golpe de revés.
—¡Ahora sí te avisé!
—Vale… creo que me lo merezco.
Y totalmente furiosa con el universo, o más bien, conmigo, Laura se sacó el anillo y lo tiró al piso.
—¡Ojalá y te mueras!
Se marchó antes de que tuviera tiempo de responderle. La vi irse, y durante un momento creí que tendría el valor para ir tras ella y pedirle una disculpa. Sin embargo, no logré moverme porque la cara me dolía mucho. No. De hecho, no era la cara, sino el pecho. Tenía un nudo en la garganta y mi corazón estaba acelerado por la adrenalina.
Laura era mi primera ruptura porque fue la primera persona con la que tuve algo realmente especial. Claro que sí me sentía herida, pero al menos las cosas habían terminado para nosotras. Recogí el anillo y me lo metí al bolso. Tampoco iba a tirarlo. Era un bonito recuerdo. Lo que seguía ahora era toda una laaaarga semana de depresión por parte de las dos.
Consulté mi Facebook cuando me llegó una notificación. Era un mensaje de Laura.
—“Ya puedes ir olvidándote de que te regrese tus discos, y también la caja de galletas que me dejaste”.
Joder.
—“Y ya nadie te pasará la tarea de química, ni la de física, mucho menos la de gramática”.
Eso sí era malo.
—“Estoy borrando todas tus fotos.”
¡Ay! Por favor.
—“¿Recuerdas que tengo tus cartas? Pues las voy a quemar ahora mismo”.
La verdad me daba igual. Tras un rato, llegó otro mensaje.
—“Casi quemo mi cocina xD”
Torpe.
—“Todavía te odio, y ojalá te mueras. Despídete de tu cuenta”
—Kha? —le escribí.
Acto seguido, me comenzaron a llegar varios likes de una publicación que había puesto en mi perfil. Qué raro. No he hecho tal cosa.
Abrí mi muro y lo que vi me heló la sangre. La cuenta falsa de Laura estaba publicando pornografía. ¡Porno! ¡Por el amor de Dios! Una tras otra las notificaciones llegaban y una tras otra, los links a páginas xxx llenaban todo mi muro. ¿En dónde estaba toda esa flamante seguridad de la que Facebook presumía?
Intenté mandarle un mensaje a Laura, pero en ese momento mi teléfono pensó que sería buena idea entrar en modo de suspensión debido a que sólo me quedaba un dos por ciento de la batería. Luego se apagó por completo.
Suspiré, agotada. No podía hacer nada para impedir que Laura terminara su venganza contra mí. En cierto modo, tampoco deseaba que lo hiciera porque desquitarse conmigo a través de Internet era lo mejor que ella podía hacer. Mientras no me golpeara ni intentara estrangularme no habría problema. Además, yo la conocía perfectamente y estaba segura de que pronto se le pasaría. No era para tanto ¿verdad? Y entonces, una flor de nuestro árbol cayó justo a mis pies, y me di cuenta de que incluso la naturaleza estaba en mi contra.

Transcurrieron seis meses después de eso, yo ya tenía 16 años y no había sabido mucho de Laura desde entonces. Efectivamente me eliminó de cuanta red social tenía: Facebook, Whatsapp, Twitter e Instagram. No es que yo fuera la señorita sociedad, pero tenía uno que otro fan por las reseña de anime que subía a mi cuenta de Youtube. La verdad es que me daba lo mismo si Laura me odiaba o no. Ambas estábamos madurando y era parte de nuestra vida recibir altos y bajos. Bueno, yo recibía más bajos que los demás, pero afortunadamente podría salir adelante.
Medio año se fue muy rápido, y durante ese tiempo experimenté una depresión que duró la ridícula cantidad de ocho semanas, en las cuales me dediqué a comer helado y a ver televisión. El resultado, una talla extra y unos bonitos cachetes. Por fortuna antes de todo esto yo era más bien esquelética, así que unos kilos de más no me vinieron nada mal. Además mis pechos eran un pelín más grandes ahora, y mi autoestima estaba un punto más arriba de lo normal.
Por otro lado, Laura seguía siendo la misma chica elegante y guapa. Había probado salir con una niña de medio curso, y las cosas terminaron mal para las dos cuando una profesora las atrapó besándose en el baño. Gracias al Cielo no ocurrió  nada más que eso, sin embargo fue suficiente para que las cosas se terminaran.
A veces veía a Laura centrando su atención en mí, y yo la saludaba con la mano. Ella me levantaba el dedo medio y se iba muy campante a otro sitio. El que ella no superara su ruptura conmigo me hacía sentir entre afortunada y triste a la vez. La primera porque significaba que yo era muy importante para ella. La segunda era precisamente por eso, pues yo le había fallado.
Cuando terminamos la secundaria, Laura ya era un poco más madura y seria. Ahora estaba muy centrada en sus estudios para ingresar a una buena preparatoria ¿cuál? Pues ni yo lo sé. El punto es que se había apuntado a unos cursos especiales para poder pasar el examen de ingreso. Un día de esos en los que nos cruzamos, ella me pidió un consejo.
—¿Crees que debería de pintarme el cabello? Me gusta que sea rubio, pero he pensando en que me quedarían bien unas mechas de colores.
—Parecerás un payaso.
—Gracias por tu apoyo, bitch.
—¿Qué dije?
Y se fue campante a tomar el autobús.
Aquella fue la última vez que la vi, y honestamente comencé a echarla un poco de menos. Atrás dejábamos la secundaria. Yo iba a irme a una prepa local, mientras que mi hermano iba a continuar su último año en otra ciudad. A él también lo iba a extrañar. Incluso mi madre, que estaba muy encariñada con él.
Así pues, otro lapso de seis meses se fue y yo ya había crecido en todos los aspectos. Cuando reventé mi primer sujetador gracias al tamaño de mis pechos, me sentí tan feliz que comencé a dormir sin él. Era pervertido, pero me gustaba sentir la calidez de mi colcha frotándose contra mis puntitas rosadas. La ropa de niña adolescente estaba en el ático. Ahora yo vestía más a la moda y de acuerdo a mi edad. Una que otra minifalda hacía un buen juego con una blusa estampada. Me depilaba las piernas, que gracias a un par de meses en el gimnasio, habían adquirido un bonito perfil. Además, por consejo de mi madre, había ido frecuentemente a la playa para broncearme un poco y alejar toda esa palidez que a mí no me gustaba en lo absoluto. Antes era flaquita, sin nada que presumir y muy blanca. Era como tener el disfraz de un zombie. Ahora, era toda una morena de casi 1.67 m. de altura, con un buen par de melones adelante y una linda retaguardia. Tenía amigos, aunque el buen Isaac seguía sin hacerme caso a pesar de que íbamos a la misma escuela.
Tampoco le daba mucha importancia al asunto. Pretendientes no me faltaban, pero continuaba siendo virgen, lo cual a veces me alegraba, pero otras me hacía pensar en cuál era mi lugar en la cadena social. Todas mis amigas tenían novio, y yo seguía siendo la única chica lo suficientemente tímida como para lanzarme a una conquista.  
De todos modos me iba bien con la vida. Laura estaba en el pasado y sólo me quedaba mirar hacia adelante.
Cierto día de vacaciones de semestre me encontraba limpiando mi habitación y ordenando los cajones de mi ropa interior. En algún punto había remplazado las braguitas de niña y había comprado algo más de encaje. Sí, vale, era un poco retraída en ocasiones, pero eso no significaba que no quisiera verme bien en ropa íntima, aunque no hubiera nadie más, además de mi madre (que a penas aprobó mi primer cachetero) que me viera.
—Tania —dijo mi padre entrando sin tocar a mi cuarto. Él era el más incómodo al verme crecidita y todavía no lo superaba. Para él seguía siendo su princesa. De vez en cuando me traía esos dulcecitos de fresa que tanto me gustaban e insistía en leerme un cuento antes de dormir.
—¿Qué, papá?
—Tú hermano va a venir a cenar.
—¿De verdad? —Me alegraba mucho que él viniera. Después de todo eran vacaciones intersemestrales y yo me moría de ganas de verlo. Tal vez incluso podríamos ir a pescar.
—Sí. Vendrá con un amigo, o algo así. Ayúdale a tu madre a preparar la cena. Quiere dar una buena impresión.
—Sí. Enseguida.
Cocinar no era mi fuerte, pero dada la ocasión, mi hermano se lo merecía. Mamá siempre nos enseñó que era muy importante que las personas pensaran bien de otras, así que era necesario dar buenas impresiones aún cuando las cosas fueran mal. Por eso estaba muy metida en su papel de ama de casa., puesto que no sólo era su hogar, mas bien algo así como su santuario. Ella manda. Ella dice sí o no. nosotros sólo somos esclavos. Incluso mi padre ayudó yendo a comprar ingredientes, aunque él era tan malo como yo en la cocina. Sus ganas de ayudar era visibles, y me dio pena cuando mamá lo mandó a ver el partido de fútbol en el sillón.
—Te pondrás algo decente, Tania. No quiero verte enseñando las piernas frente al amigo de Marcos.
—¿Enseñando pierna? Ay, mamá. Mira el termómetro. Estamos casi a treinta y seis grados.
Además, quise decirle, trabajé muy duro para tener un buen cuerpo y no me parecía justo avergonzarme de él. Nunca, ni de niña, había sido  guapa. Tenía que vivir a la sombra de las muchachas más hermosas de mi colegio, y ahora que al fin tenía algo de lo que sentirme contenta, a mis padres no les parecía. Tampoco se trataba de que fuera por allá enseñando todo. Para salir a la calle, me vestía mejor; pero en mi casa me sentía más libre. ¿Cuál era el problema? Mis padres eran de la edad de piedra.
—De todos modos, Tania, ponte guapa.
—Sí, sí.
Barrí la sala. Ordené incluso los adornos de porcelana que estaban en un mueble y regué las flores del jardín para que se vieran más vivas que de costumbre.
Al final de la tarde, más bien entrada la noche, todo estaba listo. Mi madre y mi padre iban bien arreglados. La primera con un bonito vestido floreado y veraniego, y el otro con camisa de vestir y pantalones vaqueros. Yo, haciéndole caso a la petición de ellos, me puse un vestido con encaje en las mangas y falda suelta. Me quedaba justo por encima de la rodilla. No era escotado, pero orgullosa delineaba la curva de mi busto. ¡Dios! Cómo me quería yo misma. Estaba feliz conmigo, con mi familia. Tenía una bonita vida sin vicios y una estabilidad emocional muy fuerte.
—¡Tania! ¡Tú hermano ya va a llegar! ¡Ven!
Bajé enseguida. Mis padres estaban a la espera, agazapados detrás de la ventana mirando con interés al otro lado de la calle. Yo me senté en el sofá a ver la televisión, mientras pensaba en cómo sería el amigo de Marco. Quizá tendría el pelo rizado, y una bonita sonrisa.
—Aquí vienen. Ya llegó el taxi —avisó mi madre —¿quién es la otra persona?
—Ciertamente no parece ser su amigo. ¿Van tomados de la mano?
—¿Nuestro hijo es gay?
—¿Qué pasa? —les pregunté.
—No, espera —papá se alegró —. Es una chica. Viene con una novia. ¡Ah! Ese es mi muchacho.
—¿Novia? ¿Marco se consiguió una novia? ¡Genial! —aunque sentí celos de hermana.
El timbre sonó. Mi madre se arregló el cabello. Mi papá, el cuello de la camisa, y yo puse la mejor de mis sonrisas para recibir a la novia de mi hermano.
En retrospectiva puedo decir que ese fue el inicio de un gran dolor de cabeza, de una dura temporada para mi psique, y por supuesto, de una nueva y poco querida fase de mi vida. Mi pasado estaba justo ahí, bajo el umbral de la puerta, sonriente como sólo yo lo conocía y tomado de la mano de mi  hermano.
—Laura… —musité.
Ella me miró con una ceja arqueada, como si de repente se hubiera llevado la lotería. La expresión feliz se me borró.
Mis padres, como no conocían a Laura, la saludaron de inmediato. Yo estaba en shock, y ni siquiera reaccioné cuando Marco me abrazó.
—¡Hola, hermanita! ¡Vaya, sí que te ha crecido la delantera!
No me causó gracia. Sólo veía a Laura, que le daba un beso a mi madre y a mi padre después de que Marco los presentara.
—Y ésta es mi hermana, Tania.
—Mucho gusto, Tania.
Se acercó como si no me conociera y me dio un beso en la mejilla. Luego susurró a mis orejas:
—Tú hermano besa tan delicioso. Me recuerda a ti.
—Maldita… —dije con la cara roja de la furia. ¿Qué demonios estaba tramando ella?


Última edición por FallenLirioo el Lun Ene 16, 2017 12:21 am, editado 30 veces
FallenLirioo
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Mensaje por FallenLirioo el Dom Jul 17, 2016 5:32 pm
Hola! aquí de nuevo trayéndoles la continuación, y disfrútenla jeje

Dejar sola a la pobre de Laura me supo mal, pero trataba de que eso no me importara y me concentré en Joshua, o al menos lo intenté. Era del tipo de chico bromista e interesante que tanto me atraía. Era guapo, bastante a decir verdad, y sólo pude imaginarme cómo podría vivir Camila con un sujeto así. Me estaba haciendo reír con sus ironías, su buen humor y sus ridículas historias de cuando él estaba en la secundaria.
Y sin embargo, una parte de mí no se sentía en total sintonía con él. Era como tener una espina pulsando en el pie cada vez que se daba un paso al frente. A mí me gustaba Laura. Eso era un hecho, y desaparecer ese sentimiento no era lo más fácil del mundo. Me puse a pensar en ella, en su rostro preocupado e inocente cuando me vio salir por la puerta. Quizá tenía planeado que desayunáramos juntas y platicar sobre nuestros problemas. Nunca lo sabré.
—¿Te sientes bien? —me preguntó Joshua cuando nos sentamos en una mesa de la cafetería —. Te noto más bah de lo usual.
—A penas me conoces, y sí, algo me preocupa.
—Son problemas amorosos ¿no?
—¿Cómo lo sabes?
—Veo esa cara en Camila todo el tiempo —ordenó un poco de café y huevos revueltos con jamón. Yo sólo pedí unos hotcakes con mermelada —. Además tú le gustas a Camila.
Casi me atraganté con mi propia respiración, y le miré asombrada. Una sonrisa divertida apareció en su rostro, mientras que yo me sentí tan indignada y poco segura de mí misma. ¿Es que Camila le había contado? ¿No tenía miedo de que su hermanastro la rechazara por sus gustos?
—No fue ella la que me lo dijo, claro. Lo intuí, aunque no es difícil de imaginar. La manera en la que te mira y cómo me advirtió de no acercarme a ti cuando te fuiste. Oh sí, se puso altamente celosa de lo nuestro.
—¿Lo nuestro?
—Es un chiste. Algo que las personas dicen para bajar la tensión.
Me sonrojé y le fulminé con la mirada.
—Pero tú no quieres a Camila porque te gusta alguien más.
—Bien, es suficiente ¿me espías o qué?
—Cariño, soy escritor. Me dedico a analizar a las personas y ponerme en su lugar ¿cómo crees que puedo escribir tanto?
Guardé silencio durante un buen rato y fingí juguetear con mi teléfono sin prestar atención a que Joshua, el maldito escritor, estaba acertando en todos mis secretos. Pobre de mí, creyendo que esto iba a ser sólo una bonita mañana con un muchacho sumamente atractivo. Ahora sí que quería estar de regreso en mi casa, comiendo con Laura y castigándome a mí misma por no poder estar con ella.
—¿Qué sabes tú de mí? ¿Para esto me invitaste?
—Realmente no —se encogió de hombros y fingió no verse afectado —. Sólo quiero preguntarte qué opinas de la novela que te di. Es erótica ¿no? Claro que no cae en lo vulgar ni es obscena. Hasta donde has leído debió de parecerte fascinante.
—Bueno… sí, es buena —al menos habíamos cambiado de tema de conversación —. Me gusta la forma en la que describes el paisaje. Deberías de buscar una editorial y dejar de imprimir tus trabajos por tu cuenta.
—No es tan sencillo. Hay mucha burocracia y honestamente creo que me gusta más ser algo anónimo. No soy muy bueno con eso de tratar con ejecutivos o hacer contratos.
El resto de la mañana transcurrió para nosotros hablando sobre esta clase de temas sin mucha relevancia, pero era preferible que platicar de mis problemas con alguien casi desconocido. Además me alegraba que él supiera que su hermanastra tenía sentimientos por mí. Eso lo mantendría al margen de querer intentar algo más, aunque en cierta manera yo quería que me diera indicaciones de que yo le gustaba. No es que deseara algo con él… sólo… no estaría mal sentirme anhelada por un hombre.
—¿Disfrutaste de la comida? ¿Quieres ir a alguna otra parte?
—Prefiero regresar a casa.
—¿A estar con la novia de tu hermano?
—Eres la persona más entrometida que he conocido. Y sí, prefiero mil veces estar con ella que con alguien como tú que trata de meterse en mis asuntos privados —hice ademán de levantarme e irme esperando a que Joshua dijera algo así como “lo siento, no te vayas”. Se quedó quieto, sonriendo mientras bebía su café —¿Qué? ¿Por qué me ves así?
—Puedo ayudarte.
—¿A qué?
—A que Laura esté contigo.
Me volví a sentar. No es que me importara. Sólo… era curiosa.
—¿Y cómo harás eso precisamente? Porque no tengo intenciones de interferir en el noviazgo de mi hermano.
—¿Y si tu hermano interfiere con el mismo noviazgo?
—¿Cómo? Él ama a Laura y no creo que quiera…
—Somos hombres.
—¿Y qué?
—Que en el lenguaje de los hombres nos conocemos. Estoy diciendo que en un dos por tres puedo averiguar si él está realmente enamorado de Laura.
Me reí, no con malicia, sino con burla hacia su idea.
—¿Crees que conoces mejor a mi hermano que yo? Eso debe ser interesante.
—¿Quieres apostar? ¿Está en casa?
—Bueno, salió al trabajo. Llega por la tarde.
—Perfecto. Iré a visitarte. Fingiré que soy tu enamorado ¿cómo crees que él reaccione?
—Pues conociéndolo te invitará a salir para evaluarte.
—Menos mal. Entonces ¿te veo a las seis?
Acepté. Y no fue porque de verdad quisiera saber si Marco estaba interesado en Laura realmente, sino para demostrarle al estúpido de Joshua que el amor no es algo que se puede medir, y aunque me jodiera admitirlo, tanto Laura como mi hermano hacían una pareja muy buena viera por donde se viera. Además, por favor ¿él sacarle información a mi hermano? Eso sí que no me lo creía.
Volví a casa sintiéndome algo bien conmigo misma por proteger la relación entre Laura y Marco. No obstante ese sentimiento se fue cuando encontré a mi ex novia llorando en la mesa de la cocina. Mi primer pensamiento fue irme y dejarla sola con su dolor, porque un acercamiento en ese estado sólo me invitaría a consolarla, y en consecuencia unirme más a ella, que era precisamente lo que deseaba evitar.
Cabe decir que no pude hacer lo anterior. Laura me necesitaba. Yo era su cuñada en cierta manera y también la persona que más la había amado y la que mejor la conocía. La parte más sensible de mi corazón se apoderó de mí, y tímidamente le puse una mano en la espalda.
—¿Qué ocurre?
—Volví a pelear con tu hermano.
Cruelmente me sentí bien por los problemas en el paraíso.
—¿Y ahora por qué?
—Es un imbécil. Sale temprano del trabajo y prefirió irse con sus viejos amigos que venir aquí. Pensábamos en salir a almorzar. Me lo prometió desde ayer y resulta que me cambió por esos tontos que nada bueno le han de aportar.
Tristemente Laura tenía razón. Antes de mudarse, Marco pertenecía a un grupo de chicos desenfadados y algo vagos que iban de aquí para allá siempre de fiesta. En muchas ocasiones mi padre lo reprendió por llegar tarde a casa, oliendo a cigarrillo y quizá a otra clase de narcótico. Fueron los peores años de mi hermano y en los que más distanciada de él me sentí. A mí tampoco me alegraba la idea de que se fuera con ellos, no cuando su futuro era algo más brillante que la de esos tipos que ni siquiera trabajaban.
Acaricié el brazo de Laura y le sequé las lágrimas con mis dedos.
—Cariño, está bien. Déjalo. Ya se dará cuenta de que es mejor pasar el tiempo contigo que con ellos.
—Lo entiendo. No los ha visto en mucho tiempo y nosotras ya salimos con Ximena y Camila. Es sólo que duele sentirse un poco desplazada.
—¿No crees que estás siendo un poco dramática?
—¿Sabes qué me dijo? —me miró con cara de indignación —dijo que yo no era tan importante en su vida como para hacer siempre lo que yo quiero y que ya se estaba cansando de tantas negativas mías con respecto al… sexo.
—¿Te está presionando?
—Un poco, y me molesta que sólo piense en eso. Yo también tengo mis momentos de calentura, cierto. Él no se sabe controlar. Solamente le doy unos cuantos besos y ya está metiéndome mano. En cierta forma es… obsceno. No lo sé. ¿Soy una mojigata? Él dice que seré de esas chicas que llegará virgen al matrimonio.
—¿De verdad Marco te dice todo eso?
—Bueno, nunca dejes a un hombre con las ganas. No creo que todos sean iguales, pero al menos Marco ya está empezando a propasarse. Tiene que entender que un no es un no.
—Entonces deja de besarte con él. Es más. Ni siquiera le abraces. Ponte en tu lugar y se firme. Ya hablaré con él. Nadie te puede tocar si tu no quieres. Es más. Ve y cuéntaselo a quien más confianza le tengas.
Laura se rió dulcemente y se limpió los ojos.
—Lo siento. Estoy cerca de mi periodo y me siento tan frustrada por todo. Incluso me puse a llorar por los gorilas que matan en la selva de África. Los vi en las noticias y… ¡Puta menstruación!
Ahora fui yo la que se rió de ella y sin poder contenerme más, la tomé de las mejillas y le di un suave besito de pico en los labios.
—Laura, mi hermosa Laura, tranquila. ¿sí? No pienses en mi hermano. Vale más la pena preocuparse de los gorilas. A mí me gustan. De hecho planeo estudiar veterinaria cuando pueda ir a la universidad, que será pronto ¿tú que quieres hacer?
—Lo mismo —dijo sorprendida —. Quisiera ayudar a todos esos animales de la calle para que encuentren un buen hogar. Pienso poner mi propio refugio de perros y gatos callejeros.
—Eso es tan dulce —me sentí jodidamente conmovida. Tomé sus manos entre las mías y las acaricié como si fuera un bebé. Luego, incapaz de seguir mirándola directamente a los ojos, pegué mi mejilla con la suya sólo para sentir la línea mojada de las lágrimas que derramó.
Me di cuenta, mientras frotaba mi rostro con el suyo, de que estaba empezando a odiar a Marco. ¿Cómo podía ser mi hermano tan insensible con ella? Para Laura su periodo era de total tormento porque todo la ponía sensible. Yo más bien me enojada y soltaba gruñidos a cada rato. En muchas ocasiones, cuando éramos novias en secundaria, todos esos primeros cambios hormonales nos hacían pelear a la menor provocación. Ahora que eramos mayores, sentí que incluso nos unía más. Ella la que necesitaba consuelo y yo la única capaz de dárselo sin ponerme a pensar en llevármela a la cama (que tampoco estaría mal).
Entonces los bracitos de Laura me envolvieron. Me sentí tan bien en muchos aspectos, como si nada más me importara. Ni mi hermano, ni Camila. Yo la quería a ella y sólo a ella. Fue imposible resistirme a la tentación y le di un beso en la boca. Duró sólo unos segundos y como siempre, ella se alejó.
—No debemos hacer esto.
—Mas bien no podemos —acepté, no sin cierto desconsuelo. La lógica indicaba que me separara de ella. Tristemente no supe cómo hacerlo, y si no podía besarla, sí la iba a acariciar, de tal forma que froté mi mano contra su mejilla —Lo siento, Laura. Es sólo que me muero de ganas por besarte.
—Vamos a ver televisión. Así nos distraeremos.
Nos sentamos en el sofá a ver las caricaturas de la mañana, aunque no por eso dejamos de hacernos ciertos arrumacos. Ella se recargó en mí, acomodando su cabeza en el espacio de mi cuello y mi hombro. Cuando respiró el aroma de mi perfume una oleada de escalofríos me invadió y dijo que olía muy rico. Le agradecí con un beso en la frente y la abracé más fuerte para que se pegara a mí. Subió sus pies en el sofá y durante toda la mañana permanecimos así de unidas.
—Laura ¿sabes que siento deseos por ti?
—No se nota.
—¿Tú los tienes por mí?
Guardó un poco de silencio.
—Me hace bien estar a tu lado. Siento que las cosas no van mal en mi vida. Y cuando me besas… no sé. Es como si por un momento todo volara en mil pedazos. Luego recuerdo a tu hermano y me siento terriblemente mal conmigo misma. Es normal ¿verdad? Tengo un compromiso con él, y no estoy siendo muy… fiel.
Quise decirle que estaba en lo cierto. Algo así de “Laura, aléjate de mí. No te quiero. Eres la novia de mi hermano ¡Dios! No puedes serle infiel y menos conmigo, que soy su hermana menor. Eres una zorra descarada que sólo le está mintiendo”.
Claro que en vez de eso me dediqué a darle besitos en la cabeza. De nuevo yo me sentía como la dominante de las dos, aquella que llevaba la batuta y marcaba el ritmo. Siempre detesté que le hicieran daño a Laura, aunque yo era una hipócrita porque resulté ser la que más la lastimara al dejarla desamparada hacía tantos años.
—Perdóname, Laura. No me di cuenta del error que cometí al dejarte. Tenías razón: estoy arrepentida.
Se sintió bien confesarle mis sentimientos. A ella le gustó oír eso, y me puso la mano en el vientre.
—Sigue.
—Pensé que podría encontrar a alguien mejor. Tonta de mí. Ahora estás con Marco y… yo me muero de ganas por estar contigo. No lo puedo olvidar.
Se separó de mi abrazo y me miró con ternura.
—Yo también me arrepiento. Permití que salieras de mi vida así como así. Aunque fue tu decisión. Una muy estúpida, por cierto, debí de ir tras de ti si de verdad me importabas.
—Entonces ¿olvidamos el pasado?
—Creo que es lo mejor ¿no lo crees?
—Sí, Laurita. Es lo mejor.
Y como recompensa volvimos a quebrantar la ley. Nos besamos en los labios, y ésta vez duró más tiempo el contacto, tanto que fue tan delicioso para las dos que al separarnos, en vez de estar apenadas y arrepentidas, estábamos sonriendo, y sin decir nada más, nos abrazamos y seguimos mirando la televisión. Creo que eso era todo ¿verdad? Ya no le iba a seguir dando vueltas al asunto: volvía a estar enamorada de Laura y ella parecía guardar algún sentimiento similar hacia mí. Nos atraíamos mutuamente. Sólo una persona se interponía entre nosotras, y deseé que las suposiciones de Joshua fueran reales.
Estaba pensando en esto justamente cuando se me antojó darle otro beso a mi ex novia. Laura lo correspondió con total naturalidad, e incluso me acarició la mejilla y luego siguió riendo con las caricaturas como si fuera una niña de primaria.
—Lo que estamos haciendo, Laura, está…
—Mal.
—Al menos lo sabemos.
—Pero no nos podemos detener.
—No.
—Estamos jodidas, Tania.
—Sin duda alguna.
En vez de llorar, nos reímos.

¨¨

Que les ha parecido? *û* creo que estas chicas están en un constante tira y afloja verdad jaja
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Mensaje por Delfi22 el Jue Jul 21, 2016 6:24 pm
Estas chicas como les gusta sufrir!!!..Presiento que muy pronto van a terminar en una noche de pasión.Y Joshua cual es el interés por ayudar a Tania??Así que a la espera del siguiente..
Nos vemos y que estés bien...
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Mensaje por FallenLirioo el Miér Jul 27, 2016 1:56 pm
Hola! gracias por las lecturas n.n. Les dejo la conti, comenten si gustan jaja abrazos

Capítulo 14

A medida que el día transcurrió, los acercamientos con Laura fueron variando de intensidad. De los besos pasamos a las caricias casuales, a decirnos palabras bonitas y a abrazarnos fuertemente mientras reíamos recordando los buenos momentos del pasado, cuando nuestra relación iba bien. De hecho, estábamos siendo unas excelentes novias y todos los problemas que tuvimos los enfrentamos como pareja. Claro que éramos unas niñas de secundaria y todavía no conocíamos nada del mundo real, pero con Laura, en esos tiempos, sentí que podía superar cualquier obstáculo que se me pusiera en frente, pues ella era como una batería que me mandaba calor con cada roce de su piel, o con cada caricia de su boca.
Me acerqué a la cocina. Ella estaba preparando unas palomitas de maíz en el microondas. Sus ojos se fijaban en el plato que giraba dentro del horno, así como los míos estaban puestos en la delgada esbelta silueta de su espalda y en cómo su pelo rubio caía en forma de cascada por un extremo. Me hizo recordar todas las veces en las que le había acicalado el cabello con mi cepillo. La peinaba a mi gusto con una o dos coletas, o le ponía un moño y le decía lo hermosa que se veía. Ella soltaba una risita tierna y poco después me entregaba un beso.
¡Maldición! Laura y yo nos divertíamos mucho. ¿Por qué las cosas tuvieron que salir mal? Y casi inmediatamente obtuve mi respuesta: porque yo lo eché a perder. Y sí. Ahora mismo estaba algo arrepentida por haber dejado que esa relación tan bonita se muriera. Sin duda era de los peores errores que jamás había cometido, y darme cuenta de ello hizo que me dieran ganas de llorar.
Laura se giró de repente, como si sintiera el peso de mis ojos sobre ella. Yo me apené y volví a la sala. Me encontraba muy nerviosa a pesar de que no era la primera vez que estábamos solas. Era igual que sentirse presa y tener la llave de la celda justo en frente y no poder tomarla por temor a que algo malo sucediese. Mis instintos clamaban por un poco de ella, por besarla, hacerla sentir bien y capturarla sólo para mí.
—¿Te sientes bien? —me preguntó cuando se acomodó a mi lado y recargó su cabeza en mi hombro —. Me estabas mirando raro.
—Sólo recordaba cómo era nuestra relación antes de terminar.
—Te arrepientes ¿verdad? Ya te dije que yo también, aunque es tarde para intentar solucionarlo.
Me dolió un poco que dijera eso. Yo quería que las cosas se calmaran, que nos volviéramos a querer y perdonáramos todos nuestros errores. Laura afirmaba que el pasado no importaba tanto como el presente, no obstante yo sabía que una parte de ella me guardaba rencor. Una mancha funesta en nuestro historial como ex novias y yo deseaba borrarla y comenzar de nuevo. Mi consciencia me lo pedía a gritos.
Laura se metió un puñado de palomitas a la boca y masticó en silencio. Por la forma en la que miraba la televisión, me di cuenta de que más que disfrutar de la película, estaba inmersa en sus propios pensamientos. ¿Ella también estaría considerando en volver conmigo? ¿Le gustaría que hiciera algún movimiento importante? Casi, casi me olvidaba de que pese a todos nuestros sentimientos, ella seguía siendo la novia de mi hermano, y por lo tanto estaba prohibida para mí.
Como si invocara a Marco, él regresó a la casa. Laura se tensó. Él se detuvo en la sala y durante un instante se echaron una mirada de acero, como dos generales de bandos diferentes jurándose muerte en el campo de batalla. Vi cómo mi hermano arrugaba las cejas y luego se iba a grandes zancadas a su habitación. Laura suspiró y se alejó hasta el otro extremo del sillón, sumida en pensamientos tristes y traicioneros.
—Todavía le quieres ¿verdad? —me aventuré a preguntarle.
—Sí.
El corazón se me encogió como una ciruela y el dolor me llegó hasta la garganta. Si algo hacía sufrir a Laura, también me lo hacía a mí y yo era la que siempre trataba de solucionarlo por las dos. En otras circunstancias lo habría hecho sin pensar, remover el veneno que la ponía mal. Sin embargo el contexto era diferente ahora, ya que ayudarla a solucionar las cosas con mi hermano haría que me separara un poco de ella, y eso también dolía.
Laura sollozó y se limpió los ojos.
—¿Por qué los hombres son tan difíciles de comprender?
La pregunta no iba dirigida a mí, pero tenía razón. Laura no era la única que la estaba pasando mal en cuanto a sus preferencias sexuales. En la secundaria ella se había denominado como una amante de las chicas y siempre hizo caso omiso de los muchachos que trataban de enamorarla. Alegaba que el cuerpo de los hombres no le atraía en lo absoluto y que ninguno de ellos podría hacerla sentir bien ni obligarla a derramar lágrimas. La ironía era tan evidente que casi parecía un chiste.
—Iré a hablar con mi hermano.
—No es necesario.
—Lo es.
Antes de que me diera tiempo de arrepentirme, subí las escaleras y entré al cuarto de Marco. Normalmente él ponía llave, pero ésta vez la puerta estaba entreabierta, como si esperara a que alguien subiera para charlar con él. Oía música con sus audífonos y descansaba sobre su cama. Ni siquiera se había quitado los zapatos.
—Oye ¿estás bien? —Le moví el hombro para despertarlo. Marco dejó su Ipod a un lado.
—¿Qué pasa? —dijo con tono neutral.
—Sobre lo de Laura ¿están bien las cosas entre ustedes?
Exhaló sonoramente.
—No lo están. La verdad es que me estoy hartando de ella.
—¿Por qué? —me planteé en reclamarle por haberla forzado a tener sexo.
—Siento que no le doy suficiente. Ella de seguro tiene en la mente a su ex pareja y le cuesta tanto olvidarla que ni siquiera es capaz de decir que me ama. Argumenta que con quererme debería de ser suficiente. Yo sólo pido un poco más.
— Debes darle tiempo. Laura es una chica tímida.
—Lo dices como si la conocieras bien.
De hecho era verdad, sólo que no podía decirle a Marco que ella y yo nos habíamos comido la boca a besos cuando estábamos en la secundaria.
—Creo que necesitas hablar seriamente con ella y arreglar las cosas. Laura está triste.
—¿Te ha contado algo?
—Que se pelearon. Dice que eres un tonto.
Marco sonrió con tristeza.
—La verdad no estoy seguro de si querer seguir con nuestra relación. No es la primera vez que peleamos por eso. Cuando ella habla de su ex como la persona más maravillosa del mundo… bueno, es lógico que me sienta mal ¿no lo crees? Me dan ganas de decirle que cierre la boca. Incluso quisiera encontrar a ese otro hombre y darle unos buenos puñetazos.
—Ay, Marco. No vale la pena pelear por algo así —una muy pequeña parte en mi interior se estaba riendo. Si él supiera que esa desgraciada ex pareja era yo, su propia hermana menor, de seguro el mundo se le caería a pedazos.
—Tú eres mujer. Pregúntale si siente algo por su ex y trata de convencerla de que el pasado ya no tiene relevancia.
—Lo intentaré, aunque tú no deberías de forzarla a olvidar sus relaciones anteriores. Son recuerdos muy importantes y si Laura todavía guarda algún sentimiento por esa… pareja, no eres quién para obligarla a sentir algo diferente. Tienes que conocer tu lugar.
—Eres pésima dando consejos. Quiero ser el único para Laura, tanto en su mente como en su corazón. Soy su novio ¿qué tiene eso de malo?
Apreté los dientes. La estupidez de Marco comenzaba a cansarme y me molesté por su estúpida idea de hacer que Laura olvidara a su ex. ¡Su ex era yo!
—La obligas a tener sexo —farfullé con la cara roja. Marco me miró con evidente sorpresa y también enrojeció.
—¿Ella te lo contó? Es el colmo.
—Sí. Me dijo que la estás presionando y eso no se le hace a una mujer. Tienes que respetarla. Si le pones un dedo encima sin su consentimiento, lo que estás haciendo es violarla.
—Pues dile que deje de calentarme. Ella viene, se me embarra y empieza con sus mimos, y cuando me tomo en serio la situación… ella se acobarda.
—¿No has pensando que lo que realmente quiere es cariño y no que te la lleves a la cama?
—¿Qué? Eso no existe.
¡Ay! ¡Eres un imbécil! Deseé gritarle y darle un par de bofetadas. ¿Cómo puede mi propio hermano ser un hombre de mentalidad tan machista? Por otro lado es cierto que Laura debería de dejar de jugar con fuego. Cambio de opinión: los dos estaban locos.
—Ve y discúlpate con Laura.
—No lo haré hasta que ella lo haga primero. No he sido yo el del problema. Es ella que no se decide. Ya ni sé si vale la pena seguir juntos.
—Bien, termínala.
Eso me salió de la nada. Fue como una fuerza que actuó por sí sola al ver una posible oportunidad de quitar a mi hermano del juego y quedarme a Laura sólo para mí. Por un momento creí que Marco me daría una cachetada por decir semejante estupidez, pero su silencio y su mirada ausente me dieron a entender que realmente estaba pensando en terminar con Laura.
Me alegré y a la vez me enojé.
—Quién sabe qué pasará, Tania. Creo que lo mejor será poner un poco de distancia con ella. Al menos tiene en ti a una amiga y eso no está del todo mal. Puede que… terminar con ella sea una posibilidad. Cada vez que me besa siento que está pensando en su ex y no puedo seguir así. Yo me he olvidado de todas mis novias, que no han sido muchas, por cierto. Laura es totalmente diferente a las anteriores chicas con las que he estado. Es tan… especial, original y amorosa.
Incluso yo estaba de acuerdo con eso. Miré a Marco y durante un segundo deseé que no terminara con Laura, pues tal y como yo, él se iba a arrepentir. Por otro lado yo sí que era capaz de hacerla feliz.
Le di una palmada en la espalda y salí de su habitación sintiendo que había metido la pata en algún momento, pero no supe en cual.
Por la noche, en la cena, la tensión entre nosotros tres era palpable, y mi madre que era una experta en notar cuando las cosas iban mal, se la pasó tirando pequeñas preguntas indirectas para saber qué demonios nos estaba ocurriendo. En primera ella siempre me miraba a mí como la mala, pues hasta donde sabía, yo no consideraba a Laura como ser humano. A sus ojos yo era la desgraciada hermana menor que detestaba a su cuñada. Marco y su novia se mantuvieron distantes e intercambiaron tan pocas palabras que parecían dos completos desconocidos. Ambos se veían tristes y yo, en medio de ellos, no encontraba a quién apoyar.
Toda la tensión se mantuvo hasta que terminamos de ver una película en familia. Marco se encerró en su alcoba y mis padres se quedaron en la sala a tomar un poco de vino. Laura yo yo subimos a nuestra habitación y nos tiramos cada una en su litera, con los ojos cerrados y pensativas sobre el mismo tema en relación con mi hermano.
—Creo que Marco quiere terminar conmigo.
—¿Qué te hace decir eso?
—El instinto femenino me lo grita. Y el orgullo me dice que antes de que él me corte, yo debo cortarlo a él. Ya sabes, para equilibrar las fuerzas del universo.
Me reí un poco y apagué la lámpara.
—Descansa, Laura. Mañana será otro día.
—Lo sé.
No supe en qué momento me quedé dormida, pero sí que me desperté cuando alguien se metió a mi cama. Di un brinco de susto.
—Soy yo, mensa. No puedo dormir allá arriba.
—¿Y por eso vienes a levantarme? La litera es individual, Laura. Ve a la tuya.
—Anda, hazme un espacio.
Encendí la luz y nada más verla con sus diminutos shorts de pijama y su blusita de tirantes sin ninguna clase de sostén debajo, la libido se me encendió y deseé tocarla en cada rincón de su cuerpo. Como no podía hacer tal cosa ya que me consideraba mejor que mi hermano, acepté a darle un lado. Laura sonrió y se acostó muy cerca de mí, pues el espacio no permitía conservar mucha distancia.
No pude apagar la lámpara y permitir que la oscuridad se llevara la imagen sexy y dulce de mi ex novia. El corazón se me subió a la garganta y deseé con todas mis fuerzas que Marco no existiera en su vida; que ésta situación fuera algo natural en nosotras: dormir juntas, mirarnos con cariño y devoción.
En algún momento de nuestras mutuas contemplaciones, mi mano se posó sobre el vientre de ella, y sin dejar de mirarla, hice círculos con mi dedo alrededor de su ombligo. Los ojitos de ella brillaban y su cara enrojeció de vergüenza. Me acerqué un poco más. Mis dedos, como arañas, se deslizaron hasta un poco más abajo, metiéndose en sus shorts y buscando esa parte tan delicada de ella.
Los pómulos de Laura se hincharon cuando reprimió una carcajada. A penas logré tocar la entrada de su vagina cuando, sin poder resistirme a su calor, saqué la mano de entre sus piernas y la tomé de las mejillas para besarla con toda la pasión que había reprimido a lo largo del día. Descontrolada, me subí a horcajadas. La almohada cayó a un lado. El único sonido era el de nuestras agitadas respiraciones y de los chasquidos de nuestros labios al separarnos.
Las manos de Laura se posaron en mis caderas y luego me bajó el pantalón del pijama. Ya que yo no llevaba nada debajo, las yemas de sus dedos encontraron una cálida piel qué acariciar. Por un segundo creí que se detendría, aunque no fue así, y sin temor alguno, llevada por una lujuria impropia de ella, frotó sus dedos en la entrada de mi vagina. La ola de calor que se me descargó fue tan profunda que me quemó todos los nervios. Desde hacía años la única persona que me masturbaba era yo, y eso porque yo controlaba cada movimiento. Ésta vez era totalmente aleatorio, y Laura sí que sabía cómo mover los dedos alrededor de mi clítoris.
No pude seguir besándola porque deseaba gemir para liberar el éxtasis. Decidí imitarla y dirigí una mano a su entrepierna, pero como estaba justo encima, la posición eran de lo más incómoda. Así pues, Laura me alejó un poco. Se quitó sus shorts y la blusa. También se deshizo de la mía y nos giramos para vernos mutuamente, tan próximas que nuestras frentes se tocaban. Nos dimos un beso cariñoso en la boca, nos tocamos en la zona más caliente de nuestros cuerpos, y durante un buen rato nos masturbamos la una a la otra hasta que los orgasmos vinieron en sucesión.
No fue hasta que estuvimos más que satisfechas, que nos envolvimos con la sábana y tratamos de conciliar el sueño. Faltaban pocas horas para el amanecer, y no sólo iba a ser un nuevo día, sino que también sería otra etapa de mi vida.
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Mensaje por Delfi22 el Vie Jul 29, 2016 7:49 pm
Andale pues!!...se les quemaron las habas..jajajajaja...

A la espera del siguiente, solo espero que no vaya a ver mucho drama.Nos vemos y que estés bien...
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Mensaje por Lirio1704 el Lun Ago 01, 2016 5:49 pm
Hay diossss, me gusta mucho que tu historia sea tan real pero francamente me tuve que ir a donde nadie viera la cara que ponia cuando estaba leyendo Cool

Gracias por la actualización y sigo al pendiente.
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Mensaje por jvog5 el Sáb Ago 06, 2016 10:47 pm
Me encanta tu historia! Espero el siguiente capítulo
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Mensaje por FallenLirioo el Dom Ago 14, 2016 12:33 am
Capítulo siguiente :)

Capítulo 15


Sólo durante un segundo, al día siguiente, creí que Laura me echaría la clásica bronca de “lo que pasó fue un error, no debimos hacerlo”. Sólo imaginarlo me mataba de vergüenza y me lastimaba el corazón. Yo de verdad quería volver a estar con ella, ser su soporte y apoyarla en todos los aspectos de su vida para que se sintiera amada y sobre todo, respetada. Pensé en que yo jamás podría hacerle algo como lo que hizo Marco, por muchas ganas que tuviera de llevármela a la cama.
Afortunadamente no sucedió así. Nos despertamos en la misma posición en la que nos habíamos quedado dormidas. Nuestros cuerpos sin ropa estaban muy juntitos y se transmitían calor por debajo de las suave sábana de seda. Ver a Laura durmiendo fue una escena de lo más conmovedora, y no pude resistirme al deseo de darle un beso en la boca para hacer que abriera sus ojitos azules. Durante un rato no correspondió, pero al siguiente su lengua ya se estaba encontrando con la mía, y sin poder parar, me encimé en ella para recorrerle el cuello con caricias de mis labios y oler el suave aroma que se desprendía de su piel.
—Buenos días, amor.
—¿Tania? ¿Qué hora es?
—Casi las nueve de la mañana. ¿Quieres desayunar algo?
Bostezó como un bebé y con una mirada afectuosa deslizó los dedos en el contorno de mi cara. Se veía feliz, en mi opinión, y cómo no, después de lo de anoche. Ahora la percibía mía otra vez, como si le hubiera quitado a mi propio hermano su juguete favorito porque yo pensaba cuidarlo mejor que él. Lo que seguía a continuación era lógico: Laura tenía que terminar con Marco. Era doloroso al pensar como su hermana menor, pero si lo analizaba desde otra perspectiva, bueno ¡qué bien!
Laura y yo nos besamos unos minutos más durante esa mañana hasta que mi madre tocó la puerta. Nos vestimos y bajamos a desayunar en medio de miradas de coqueteo y algunas caricias por debajo de la mesa. Nuestro noviazgo había vuelto a nacer, y en término generales ya podía considerarla mi pareja. La calidez que sentía era tal que poco me importaba la felicidad de mi hermano.
Me di cuenta, pues, de que los humanos somos extraños a veces, y más cuando el amor está de por medio. A pesar de que adoraba a Laura y a Marco, prefería que la chica estuviera conmigo y fuese feliz, que al lado del otro y que sólo la hiciera sentirse usada y miserable.
El buen humor continuó a lo largo del día. Vi televisión con ella y después nos fuimos a mi cuarto a escuchar música y a recostarnos la una junto a la otra para acariciarnos. Me moría de ganas por saber qué estaba pasando por la mente de Laura. Tanteé la posibilidad de pedirle su opinión sobre lo nuestro, y sin embargo, algo me decía que el secreto estaba en mantener las cosas como ahora y no meterle presión para que se decidiera. El sentimiento entre las dos era fuerte ¿qué otra cosa podría importar?
Por la tarde nuestra alegría se desvaneció un poco. Marco estaba en casa después del trabajo, y noté que mi Laura se ponía tensa cada vez que él hablaba o la miraba de cierta forma. Era como si se fueran a agarrar a golpes en cualquier momento, y en más de una ocasión yo quise intervenir para mediar las cosas entre los dos.
—Arregla las cosas con él. Dile lo que sientes y busca la felicidad —le insistí mientras mirábamos una película —. Te mereces más que eso.
—Quiero que sea él quien tome la decisión.
—¿Por qué? Si lo terminas ya podremos estar juntas.
Laura suspiró y me miró con ojitos de cachorro.
—Ojalá fuera tan sencillo. El punto es que sí siento algo por tu hermano.
Tragué saliva y decidí dejar de preguntar. No quería saber más dolorosas respuestas.
A todo modo que no ocurrió lo que esperaba. Laura y Marco seguían siendo novios y con el transcurso de los días empezaron a hablarse y cada vez sus pláticas eran más fluidas. En una vez los encontré mirando juntos la televisión, y en otra, cenando a mitad de la noche. Mi ex —porque todavía lo era— me estaba volviendo loca, y tal era mi incomodidad que ya no tenía ni el valor para acercarme y besarla. Durante las noches ella se las pasaba en su litera leyendo o mensajeándose seguramente con Marco, y no hacía señal de querer bajar conmigo para acariciarnos un poco. Y eso que yo ardía en deseos de volver a poner mi boca en su piel y hundir mis manos en las partes más delicadas de su cuerpo. Era una sensación que me quemaba las venas y a la vez me entristecía un poco. Pasé noches enteras preguntándome si el error no era yo. ¿Y si Laura sí estaba enamorada de Marco y sólo me usó para satisfacerse un segundo? ¿Y si éramos sólo amigas con derechos? Me asusté.
Un día mientras estaba en un estado de duermevela, oí algunos sollozos y encendí la luz. Subí a la litera de Laura y la encontré hecha un ovillo y llorando. La idea de que Marco le hubiese hecho algo me enojó, así que le pregunté qué le ocurría, y ella con una mirada muy tierna me contó que de nuevo él y ella habían intentado hacerlo. Entonces, enfurecí.
—¡No puedes estar con mi hermano! No después de lo que pasó entre nosotras. No seas tan complicada, maldición.
—Ésta vez fue diferente, idiota —se limpió una lágrima —. Yo fui la que provocó la pelea.
—¿Y por qué?
—Pues Marco me preguntó si estaba lista, y me puse a pensar en otra persona. Él se dio cuenta y ya te imaginas lo que pasó.
—¿Esa persona soy yo?
Asintió delicadamente. Que Laura pensara en mí cuando estaba a punto de hacer el amor con mi hermano me llenaba de alegría por una parte, y por otra me decepcionaba, ya que me sentía víctima de un sucio juego sentimental. Necesitaba a la chica sólo para mí, que se decidiera a estar con uno de los dos. A esas alturas ya no me importaba la felicidad de Marco. Él era un competidor más. Éramos rivales por la misma chica, aunque él no lo sabía.
—Termina con él.
No fue lo más acertado. Laura se hizo a la sorda y se tapó con las sábanas.
Dos días después la situación no mejoró. Por la mañana Laura se mantuvo algo nerviosa, yendo de aquí para allá y limpiando con mi madre como si la vida le fuera en ello. Por la noche, entonces, soltó la gran bomba.
—Tengo que regresar antes de tiempo.
Marco y yo la miramos en una combinación de enojo y sorpresa. ¿Por qué la muy cobarde estaba escapando de sus sentimientos?
—¿Qué ocurre? —preguntó mi madre —. ¿Es que no te sientes cómoda? Si necesitas algo, sólo tienes que pedirlo.
—No es eso. Es sólo que me surgió una emergencia. Vivo con mi abuela, pero ella está un poco enferma y necesito cuidarla. Por eso debo regresar.
Su excusa calmó un poco mis nervios y por debajo de la mesa le acaricié la pierna. Laura no se inmutó.
—Mañana saldré en el autobús matutino, así que quería agradecerles a todos por su hospitalidad. En especial a usted, señora. Ha sido de lo más amable.
Laura no era muy adepta a mostrarse agradecida, por lo que estaba visiblemente apenada cuando lo dijo. Mi mamá la tomó de las manos como si fuera otra hija y la miró con cariño.
—Eres bienvenida cuando quieras.
—Cuida bien de tu abuela —fue todo lo que mencionó mi padre, aunque él también se veía algo afectado por al decisión de Laura de marcharse. A ellos les caía bien la chica, y ya la consideraban una parte de la familia. Eran esa clase de padres que deseaban tener muchos nietos y jugar con ellos cuanto antes. Si no me creen, sólo tienen que verme a mí, que se muere por encontrar pareja y todo porque desde pequeña estos dos señores me enseñaron que la soltería es el mal del siglo XXI.
Más tarde mi hermano y yo hablamos con Laura. Queríamos darle ánimos, ya que se veía muy decaída por lo de su abuela, a la cual adoraba como si fuera su segunda madre. Fue un momento importante entre los tres, porque me di cuenta de que a pesar de las tonterías de mi hermano y las mías, los dos estábamos con Laura y queríamos lo mejor para ella. Cuando se puso a llorar por temor a que su pariente falleciera, Marco la abrazó y le dio un dulce beso en la boca. Eso me molestó sólo un poco, y yo también tuve que defenderme rodeando a Laura con mis brazos y dándole un beso en el cuello.
Le ayudamos, o más bien, acompañamos a que empacara sus cosas, que no eran muchas, y para la media noche ya estábamos los tres mirando televisión en la sala. Es como si Marco, Laura y yo hubiéramos hecho una especie de tregua para olvidar los malos conflictos. Nos sentamos a los lados de nuestra adorada mujercita rubia, muy juntos todos, y reímos durante un buen rato con un maratón de comedia que daban para los desvelados como nosotros.
—Los extrañaré —nos dijo —. Me divertí a tu lado, Tania. Ojalá sigamos siendo amigas.
Con Marco a nuestro lado, teníamos que fingir que nuestra relación era nueva.
—Yo también me divertí, y Marco, no la fastidies. Tienes a una hermosa chica a tu lado.
Él sólo gruñó. En el fondo seguía afectado por la idea de que Laura no olvidaba a su ex novio —o más bien, novia—.
Al día siguiente ya estábamos en la estación de autobuses, despidiéndonos de ella con muchos abrazos y palabras de aliento para que se sintiera bien y no se preocupara por su abuela enferma. La señora ni siquiera tenía los setenta años, así que en cierto punto no era tan vieja.
—Bueno, Marco, te veré en la escuela cuando terminen las vacaciones.
—Sí. Allí estaré —se acercó y le dejó un beso en la mejilla. ¡La mejilla!
—Y a ti, Tania, seguiremos platicando por Internet. Ya me pasarás unas fotitos tuyas para mi colección de chicas guapas.
Eso, en nuestro lenguaje, significaba a fotos sugerentes y sexys. Yo estaba encantada con la idea.
—Mi autobús sale en una hora ¿quieren que comamos algo?
—Yo debo volver al trabajo. Adiós.
—Adiós, Marco.
Cuando mi hermano desapareció, Laura y yo respiramos con más tranquilidad y nos fuimos a sentar a la cafetería de la estación.
—¿Todo bien con él? Lo noté muy serio.
—No le gusta la idea de que me vaya —contestó dándole un mordisco a su pan de azúcar —. Una parte de él desconfía de mí. Cree que me iré a ver con mi ex.
—¿Por qué piensa tanto en eso?
—Porque yo lo permito. Cuando nos hicimos pareja, le conté que había tenido una bonita relación con un hombre, que en éste caso por supuesto que eres tú, Tania. En fin. Hablé tan bien de ti que le di a entender que entraba al noviazgo sin estar totalmente desenamorada de mi pasado. La tensión se acumuló entre los dos hasta que por fin estalló en éstas vacaciones.
—Mmm. También está el tema del sexo.
—Aquí entre nos… estoy cansada de ser virgen —me sonrió con mucha coquetería —. Hay momentos en los que quiero tener de todo con Marco, y cuando ya estoy a punto de montar en él… veo sus ojos y me acuerdo de ti.
La imagen de mi adorada Laura cabalgando sobre mi hermano me dio nauseas. Tuve que darle un sorbo a mi té con leche para apagar esa imagen y la tomé de la mano.
—Me alegra que no lo hicieras. Te quiero sólo para mí.
—Lo sé. Y antes de que pienses lo contrario, no usé a tu hermano para acercarme a ti y revivir nuestro noviazgo. De hecho, cuando Marco dijo que vendría, tuve ganas de verte como venganza. Luego me hice la fuerte y mira lo que pasó: acabé enamorada de ti nuevamente. Nada sale como lo planeo.
—Al menos somos maduras y no nos andamos con rodeos de que esto es incorrecto y bla bla. Laura, me arrepiento tanto de haberte terminado. Perdón.
—Oye, no te pongas a llorar.
Sorbí por la nariz. Lo cierto es que no quería que se fuera. O más bien, yo deseaba seguirla.
Miramos en derredor por si Marco estaba por allí, y como no lo vimos, nos inclinamos por encima de la mesita para darnos un beso en los labios.
—Espero que vuelvas pronto.
—Las siguientes vacaciones me la pasaré contigo. Aunque… si rompo con tu hermano será incómodo quedarme en tu casa, y como no tengo familiares aquí porque todos se mudaron, bueno… será duro.
—Ya veremos qué hacer. Tranquila —le acaricié el rostro con un gesto de amor y la volví a besar.
Verla subir el autobús fue duro. Se sentó junto a una ventana y puso sus ojos azules en mí. Me sentí fatal en ese momento porque recordé todos los días que perdí a su lado pensando en que había vuelto a mi vida para joderme la existencia, cuando realmente sólo regresó para hacerme recordar que el amor no muere del todo, y que es muy egoísta, pues no me importaba que fuera ella la novia de mi hermano, ni que nuestros sentimientos pudieran afectar a otras personas.
Moví la mano para decirle adiós, y lloré mucho.
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Mensaje por jvog5 el Dom Ago 14, 2016 1:09 am
En realidad si, el amor siempre es egoísta! Todos queremos tener una pareja únicamente nuestra, aunque en este caso se toma muy a la ligera ese egoísmo, lo digo por Tania. Siento que ella soporta demasiado la indecisión de laura, si se que tener un triángulo amoroso y que tu hermano esté ahí es complicado, pero es como un juego sucio como lo dices, en el que laura no sabe a quien lastimar menos,.
Me encanta toda la trama! Haces que el lector tenga esa sensación, esa ansiedad como si en realidad el problema fuese suyo y estuviese dentro de la historia.
Gracias por el capitulo, ya espero el siguiente
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Mensaje por Lirio1704 el Jue Ago 18, 2016 2:57 pm
Hoolaaaa!!!! Tu historia sigue tan interesante como siempre, Tania por fin se esta poniendo en plan de enamorada jajajaja lamentablemente el amor nos hace cometer cada tonteria.

Últimamente no tengo idea de que es lo que esta pensando Laura, ojala se ponga las pilas y también se decida, que raro es que de repente se convierta en bi, con eso de que ya le gusta Marco (yo creo que esta confundida).

Saludos y espero leerte pronto. Razz
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Mensaje por FallenLirioo el Vie Ago 19, 2016 9:54 pm
@jvog5 escribió:En realidad si, el amor siempre es egoísta! Todos queremos tener una pareja únicamente nuestra, aunque en este caso se toma muy a la ligera ese egoísmo, lo digo por Tania. Siento que ella soporta demasiado la indecisión de laura, si se que tener un triángulo amoroso y que tu hermano esté ahí es complicado, pero es como un juego sucio como lo dices, en el que laura no sabe a quien lastimar menos,.
Me encanta toda la trama! Haces que el lector tenga esa sensación, esa ansiedad como si en realidad el problema fuese  suyo y estuviese dentro de la historia.
Gracias por el capitulo, ya espero el siguiente

Gracias por tu comentario y por tomarte el tiempo de leer :). Tienes mucha razón, el amor es tan extraño a veces, y como que aturde el alma y nos deja haciendo cosas que no siempre quisiéramos, y lo peor de todo es que aveces somos conscientes de que está mal pero es difícil salir de ese abismo de inseguridad.
saludos!
FallenLirioo
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Mensaje por FallenLirioo el Vie Ago 19, 2016 9:55 pm
@Lirio1704 escribió:Hoolaaaa!!!! Tu historia sigue tan interesante como siempre, Tania por fin se esta poniendo en plan de enamorada jajajaja lamentablemente el amor nos hace cometer cada tonteria.

Últimamente no tengo idea de que es lo que esta pensando Laura, ojala se ponga las pilas y también se decida, que raro es que de repente se convierta en bi, con eso de que ya le gusta Marco (yo creo que esta confundida).

Saludos y espero leerte pronto. Razz

Hola Lirio! que tal? xD, es cierto, Laura ya es bi, lo ha descubierto con una suerte de... pero ni modo, tiene que elegir para qué lado concentrar su atención, jaja y la verdad es que creo que no encuentra su esquina y por eso comete las tonterías

saludos! gracias por leer
FallenLirioo
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Mensaje por FallenLirioo el Vie Ago 19, 2016 9:56 pm
Capítulo 16

Regresé a casa sintiéndome más alicaída que de costumbre, como si no hubiera hecho nada por impedir que Laura se fuera. La culpa que sentía era tal que hasta pensé en tomar la decisión de pagarme mi propio boleto de autobús y seguirla. Deseaba estar con ella, en serio, y no poder hacerlo me daba una pésima sensación de soledad. Recordé que durante sus primeros días aquí ella se llevó sólo malos ratos de mi parte. ¡Estúpida, estúpida! Pude haberla tratado mejor, hacerla reír como antes y decirle que cortarla había sido la decisión más torpe de mi vida.
Bien, quizá estaba siendo un poco dramática. No es como si nunca más la fuera a ver. Incluso podríamos conversar por internet y hacernos una videollamadas. Es más; le marcaría al teléfono y charlaríamos toda la noche. Obviamente ninguna de esas opciones era mejor que tenerla en persona, poder abrazarla y acicalarle el cabello rubio usando mis dedos como peine.
Cuando volví, todo se sentía más solitario que de costumbre. Mis padres comían y se notaban algo más serios. Especialmente mi mamá, que había estado tan encantada con Laura y su relación con mi hermano. Él, por cierto, no parecía estar muy afectado por la ausencia de su novia. Reía mientras miraba vídeos en YouTube con su móvil. Si yo fuera él, le estaría llamado ahora mismo para preguntarle cómo iba su viaje.
Me senté de mala gana y comí sin mucho interés. Luego subí a mi cuarto y me dejé caer en la litera superior, donde el olor de Laura continuaba impregnado en la almohada como un vivo recuerdo de que ella de verdad existía, y me quería y yo a su vez correspondía. Laura me pertenecía sólo a mí. ¡Fui tan tonta en dejar que mi hermano la lastimara! Por un rato me encontré tan frustrada que quise ir con Marco y gritarle que Laura y yo éramos ex novias, y la razón por la que ella no podía acostarse con él era precisamente porque yo seguía estando en su mente.
Sin poder contenerme, le llamé a Laura, pero su teléfono estaba fuera de servicio. Deduje que debería de llegar a la casa de su abuela al anochecer, por lo que durante un buen rato no iba a saber absolutamente nada de ella, y eso me ponía más bah. Sólo pude dormir toda la tarde.
Por la noche, casi a las doce, me desperté con bastante hambre y después de comer un rápido entremés en la cocina, me llevé el teléfono al cuarto y le llamé a Laura. Moría por escuchar su voz y durante un buen rato me amodorré en la litera superior esperando a que ella respondiera. No lo hizo. Pensé en que ya debería de estar dormida, y yo, sin sueño y pensando sólo en ella. ¡Dios! Ni siquiera tenía sus antiguas cartas de amor de la secundaria para recordarla. Entonces me di cuenta de lo mucha razón que tenía el dicho “nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”.
Al día siguiente, luego de desayunar los hotcakes de mi madre, llamé a Laura y me contestó al primer timbrazo. Y eso no fue lo mejor, sino que se oía muy feliz.
—¡Tania! Perdón por no llamar. Llegue exhausta y me dormí temprano. ¿Cómo estás? Te extraño muchísimo y sólo ha pasado un día.
—No te preocupes. Yo también te hecho mucho de menos y quisiera que estuvieras aquí —me envolví con la sábana. Con la voz de mi querida en el oído, me empecé a relajar.
—Me gustaría ir a visitarte, pero está muy lejos y dudo que mis padres me den permiso. Además no tengo dinero para el autobús y eso me molesta. Es duro ser pobre, y no digas nada de buscar empleo, porque son vacaciones y quiero disfrutarlas.
—Ay, Tania. Nunca cambiarás. Eres taaaan floja. Ni sé por qué me gustas.
—Ah ¿qué más te gusta de mí?
—Tú ya lo sabes.
Seguimos así durante un buen rato hasta que mis padres me regañaron por tener el teléfono toda la mañana. E incluso después de colgar, me di cuenta de que no era suficiente. Yo quería verla, sentirla y darle muchos besos.
No obstante, no era la única que hablaba con ella. Cuando pasé por el cuarto de mi hermano, le escuché charlando animadamente con otra persona. Cuando mencionó el nombre de Laura, sentí un pinchazo en el corazón y me puse mal. Recordé, pues, que ellos dos oficialmente seguían siendo novios cuando en realidad mi niña no estaba enamorada de él. Simplemente guardaba las apariencias y en cierta forma yo no lograba entenderlo. ¿Cuál es el punto de estar con alguien a quien no amas? Mi ex era una tonta por eso.
Me quedé a un lado de la puerta espiando la conversación. Marco le preguntaba si podrían verse un día de estos y arreglar sus diferencias. Eso me dio pánico.
—Entonces ¿nos encontramos pronto? Sí, puede ser cuando quieras, sólo que no me dejes esperando tanto. De todos modos ya quiero verte y terminar lo que empezamos… ajá. Sí. Vamos, sé que también lo quieres, si tan sólo dejaras de pensar en el pasado… oye, oye espera. No se trata de eso. Ah, Laura no empieces.
—¡Marco! —entré molesta a su habitación —. Mamá te está llamando.
—¿Qué quiere?
—No lo sé, pero deja el puto teléfono y ve a verla.
—Bien, bien. No te exaltes o se te caerá el pelo. Bueno, nos vemos, Lau.
Al menos eso sirvió para terminar esa absurda llamada. Marco continuaba intentando llevarse a Laura a la cama y yo no iba a permitir que sucediera con tanta facilidad. Y sí. Ésta era una guerra de amor entre mi propio hermano y yo.

Con el pasar de los días, Laura y yo llevamos una relación telefónica. Le marcaba más bien por las noches, ya que en el día me tenían prohibido tomar el teléfono, y aunque no era mucho tiempo, prefería oír su voz y bromear con ella que estar sentada en mi computadora tecleando palabras a las que no podría imprimirles ningún sentimiento. De eso se trata el amor a distancia: de valorar los pequeños momentos íntimos en los que estamos a solas.
Por fortuna ni Laura ni Marco acordaron verse. Entendí que volvieron a pelear y todo por la misma tontería, pues se moría por acostarse con su novia. ¿Es que todos los hombres son iguales y piensan en lo mismo? Jamás creí poder ver a mi hermano de esa forma tan banal, y menos imaginármelo a él y a Laura teniendo sexo. No era la más bella de las ilusiones. Era nefasto, pero me castigaba a mí misma sin poder evitarlo. Yo era de esas personas a las que le dices “no pienses en eso” y se la pasan todo el día pensando precisamente en eso.
Y así las vacaciones se estaban terminando. Quedaban pocos días para volver al infierno de escuela, lo que significaba que Marco se iría y volvería a verse con Laura. Eso quizá, en el peor de los casos, les ayudaría a mejorar su relación. Aterrador, sin duda.
Cierto viernes, Ximena tuvo la bonita idea de invitarme a comer. También estaría Camila, la que por cierto me seguía dedicando canciones y carteles de amor y amistad en el Facebook. Por suerte tenía activada la opción de permitir qué mostraba en mi biografía, y ni Laura ni nadie más estaba enterada de eso. ¡Qué suerte!
Así pues, la comida fue incómoda de verdad. Sin Laura que fuera mi copiloto, nosotras tres no funcionábamos muy bien. La tensión sexual entre Camila y yo era palpable, y sólo Ximena, algo boba como siempre, no lograba inferir que algo estaba tejiéndose justo frente a sus ojos, y se esforzaba por llevar bien la conversación. Nos contaba algunas historias y recordábamos buenos momentos de la secundaria. Dolorosamente yo pensaba en Laura y en lo mucho que me gustaría oírla reír.
—Bueno, ya —dijo Ximena —¿qué se traen ustedes dos? No se han hablado en toda la mañana.
—¿Qué?
—Tú y Camila. ¿Se pelearon?
—Estamos perfectamente —aseguró Camila y me guiñó un ojo coqueto —. Nada más Tania se siente un poco sola ya que Laura no está.
—¿De verdad? ¡Aww! ¡Extrañas a tu ex novia!
—¡Shh! ¡Cierra la boca!
—Es cierto, es cierto. ¿Por qué no lo había pensado antes? Oye, ella es la novia de tu hermano y tú estás enamorada de ella ¿no es verdad? Qué mundo tan raro es éste. Parece una novela barata de amor.
—Ay, cállate, Ximena —dijo Camila, visiblemente molesta por la mención de Laura —. No la necesitamos para divertirnos.
—Pues a mí Laura me cae bien —aseguró Xime. Después recibió una llamada y se levantó para contestar en privado. Fue en ese momento que noté el pie de Camila acariciándome la pierna.
—¿Qué haces?
—¿De verdad te sientes bah por la ausencia de Laura?
—¿Tanto se nota?
—Me preguntaba si… podría hacer algo para que te olvidaras de ella. Ven al cine ¿de acuerdo? Te prometo que te divertirás. Te haré reír, que es justo lo que necesitas.
Suspiré. Miré a Camila y traté de reunir las fuerzas para decirle que no iba a caer a sus encantos. Yo estaba enamorada de Laura y eso era un bonito hecho. No quería ser infiel, aunque en cierto modo, si ella me amaba también, estaba engañándome con mi hermano. Tampoco era un engaño ya que ellos eran pareja. Ximena tenía razón: es una locura.
—¡Chicas! Lo siento mucho, pero me tengo que ir. Emergencia familiar.
—¿Estás bien? —le preguntamos.
—Sí, sí. Es sólo que olvidé que mis padres van a salir y yo debía de quedarme a cuidar a mi hermanito. Tengo que irme vo-lan-do, así que aquí las dejo. Nos reuniremos otro día. ¡Mua, mua! Besos a las dos. No coman mucho y paguen mi parte de la cuenta, luego se los devuelvo.
Casi quise rogarle a Ximena que no se fuera. Yo era pésima dándole cortones a la gente, y mucho menos a alguien tan cercano a mi amistad como Camila. Ella, por otro lado, se mostró cuidadosamente feliz de que nuestra amiga se fuera, y no perdió tiempo en cambiarse de lugar junto a mí. Su hombro tocó con el mío y eso me hizo sentir un poco invadida en cuestiones de espacio personal.
—¿Y bien? El cine está justo por allá.
—Aprecio la oferta, Cami, pero no. Escucha, yo de verdad estoy interesada en Laura, así que no me gustaría que entre tú y yo hubiera algo que arruinara nuestra amistad.
—Me estás enviando a la friendzone ¿cierto? Ah, yo sabía que pasaría. Me siento tan… torpe.
—No, oye, no lo digo para hacerte sentir mal. Sólo estoy siendo honesta.
Saqué mi cartera para darle mi parte y la de Ximena de la cuenta.
—Lo siento, me tengo que ir.
—¿Qué tiene Laura que no tenga yo? Me gustaría saberlo.
—No es lo que no tiene. Es lo que me hace sentir ¿de acuerdo? Saldremos en otra ocasión, cuando Ximena no tenga que irse, así que adiós.
Me di la media vuelta y me marché feliz de haber permanecido fiel a mis sentimientos. Incluso aunque quisiera salir con Camila y por mucho que su espectacular físico deportivo me atrajera, mi corazón se sentía reanimado y comprometido. Estaba muy tranquila.
O eso, hasta que Camila me dio alcance y me sujetó del codo.
—¡Espera, Tania! ¿estás enojada?
—No, sólo no quiero dar un paso que nos aleje. A penas nos reencontramos y si entre nosotras llegar a haber algo, tanto Ximena como Laura se sentirían mal. Oye, eres guapa y todo, así que no pierdas el tiempo en mí.
—Pero tú siempre me has gustado. Incluso cuando eras novia de Laura, sólo que era tan cobarde para decírtelo. Mira… quizá… puedas salir conmigo y me dejes mostrarte que sí te hago bien. Sólo dame esa oportunidad, por los viejos tiempos ¿sí? Y si no te gusto, pues ya, dejaré de molestarte.
—No esperarás que acepte eso ¿cierto?
—Esperaba que sí.
—He dicho que no —hice ademán de irme, pero ella me volvió a tomar del brazo.
—Por favor, Tania.
—No, no y no. Yo quiero a Laura y suéltame, que me estás agarrando muy fuerte.
Me dejó libre, y las marcas de sus dedos estaban en mi brazo.
—Perdón.
Y entonces, sí. Cómo no. se puso a llorar. Y yo que odiaba ver a las chicas llorar, no logré eludir a mi corazón que se partió por la mitad. Me sentí pésima y mala amiga, a pesar de las circunstancias. Volví sobre mis dos pasos y le di un abrazo para calmarla.
—Tranquila. Seguimos siendo amigas. Nada ha cambiado.
—Es que… es que… esperé tanto para decirte esto y luego sales con que te gusta tu ex. Eso sí que es muy jodido.
—No lo pude evitar. Laura volvió a mi vida y me alegra de que así fuera. De lo contrario, no dudes en que sí hubiera salido contigo. Vamos, comprende.
—No lo entiendo. Soy más bonita que ella.
—No se trata de apariencia.
—Estúpida.
—No seas inmadura. Vamos, respira.
Lo hizo. Tragó y expulsó aire un par de veces. Después me miró con sus ojos rojitos y de cachorro.
—Bien. Vete. Si necesitas algo, puedes llamarme —dijo.
Torcí los labios y sólo para calmarla le dejé un beso en la mejilla.
—Te quiero, Cami. A ti y a Ximena. Las adoro a las dos y volver a encontrármelas fue mágico. No quiero que nada de eso se rompa ¿está bien? Ahora me tengo que ir. Saldremos el próximo fin de semana.
—¿Prometido?
—Sí, prometido. Ya, relájate. No hagas de esto un patético triángulo amoroso. Todo irá bien.
—Bueno… —suspiró muy despacio.
—Nos vemos.

Llegué a casa sintiéndome que había hecho bien y mal a la vez. Era extraño.
—¿Hija? —dijo mi mamá —. Menos mal que llegas. Llamó Laura. Pidió que le marcaras nada más aparecieras.
Y de pronto me puse feliz. Corrí al teléfono y le marqué. Contestó casi de inmediato, como si hubiera estado esperando mi llamada. Sólo que no sonaba feliz.
—Hola.
—¿Qué pasa, corazón?
—Ehm… me preguntaba si quisieras venir el fin de semana.
—Ya te dije que sí me gustaría, pero no tengo dinero para el boleto de autobús.
—Yo lo pago. Necesito verte, Tania. Es que… bueno, mi abuelita está mal y yo quiero estar con alguien.
—¿Mal? ¿Qué tan mal?
—En el hospital. Tiene poco más de setenta años, así que bueno… ya te imaginas.
—Ay… amor.
—¿Vienes? No me quiero quedar sola estos días. Recuerda que vivo con ella.
—Sí. Iré. Pero será mejor que le llames a mi mamá para que me crea.
—Claro. Lo arreglaremos.
Durante un segundo creí que mi madre se sentiría rara al saber que Laura prefería verme a mí y no a mi hermano. No obstante, cuando supo la situación, se preocupó de verdad.
—Está bien. Le daré permiso. Y siento que Marco esté trabajando y no pueda acompañarte. Descansa, querida. Y cuídate.
Me devolvió el teléfono. Laura había cortado. Pobrecita, tan triste que estaba.
—Entonces ¿puedo ir a empacar?
—Ve, anda. Parece que forjaste una bonita amistad con tu cuñada. ¿Ves? Te dije que serían buenas amigas.
—Sí. Somos… muy buenas amigas.
Y vaya que lo éramos, pensé con gracia mientras empacaba mis cosas.
Esa misma noche mi padre me llevó a la terminal, y se quedó mirándome con cariño mientras subía al autobús y emprendía un delicioso viaje nocturno. Llegaría con Laura al amanecer, y ya quería que eso sucediera. Todo un fin de semana con mi ex. Iba a dar lo mejor de mí.
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UWU las abuelitas, espereoms que la de Laura esté bien, jojo y que tenga una segunda oportunidad con Tania, saludos!
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Mensaje por Delfi22 el Jue Ago 25, 2016 3:21 am
Ese fin de semana al fin se quemaran las habas?

Como será la reacción del hermanito cuando se entere donde anda su hermanita....Bien a la espera del siguiente.
Saludos....
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Mensaje por FallenLirioo el Dom Ago 28, 2016 3:40 pm
jajaja la hermanita andará un poco ocupada no lo crees? tiene que darle mucho amor a Laura para consolarla :p gracias por leerme, saludos y disfruta del siguiente capítulo!
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Mensaje por FallenLirioo el Dom Ago 28, 2016 3:41 pm
Llegué por la madrugada, con tanto sueño que bien pude haberle dicho al conductor del autobús que me diera una segunda vuelta sólo para que yo terminara de dormir. Había estado soñando con algo, o más bien, con alguien, y no era precisamente Laura. Se trataba de sueños con Camila, como en una especie de mundo paralelo donde ella y yo estábamos juntas y la abrazaba con tanta fuerza, como si deseáramos unirnos una con la otra.
Una burrada ¿verdad? Lo cierto es que me sentía mal por Camila, y sobre todo porque en sus estados de Facebook decidió compartir una serie de imágenes de desamor tan indirectas y a la vez, poco sutiles, que casi me dieron ganas de borrarla de mi lista de amigos. Pensé en que era irónico que no aceptara sus sentimientos hacia mí, puesto que yo me moría de ganas por tener una relación con quien fuera. Hombre o mujer, me daba igual. Yo sólo quería probar que podía ser buena novia. Bueno, eso era antes de que mi ex volviera a aparecerse en mi vida y reanimara esos sentimientos que yo creí extintos. Creo que hay una bonita moraleja que aprender de todo esto. Sólo me faltaba encontrarla.
El dolor por Camila continuó por un rato más hasta que entré a la terminal de autobuses. Ahí habían unas cuantas personas esperando a las que venían conmigo desde la otra ciudad. Eso incluía a Laura, que estaba sentadita en una banca mirando la pantalla de su teléfono como si su vida se fuera en ello. En cuanto se percató del bullicio de las gente, levantó la cabeza como un venado y me vio. Yo le saludé sutilmente y ella esbozó una sonrisa entre triste y tranquila.
No corrí a abrazarla como tenía en mente, ni nos fundimos en un apasionado beso. En vez de eso, estrechamos nuestras manos, nos dimos unas palmaditas en la espalda y un leve rose de labios. Yo esperaba más.
—Vamos, ya preparé tu habitación. Te ayudo con tu maleta.
—Puedo sola. ¿Pediste un taxi?
—Abordaremos uno en la salida.
Me sentí decepcionada, pues honestamente la infelicidad de Laura me molestaba. Intenté comprenderla porque su abuelita estaba entre la vida y la muerte, y ya que esa señora era más especial para ella que todas las personas juntas, era lógico ese malestar. ¿Qué derecho tenía yo de enojarme? Qué horrible persona, pensé de mí.
—¿Cómo está tu abuela?
—Hospitalizada —respondió con una monótona voz mientras miraba por el otro lado de la ventana del taxi.
—Estará bien.
—Claro.
—Lo digo de verdad. Los viejitos son más resistentes de lo que crees.
—Supongo.
Exhalé con frustración. Tonta de mí, pensando en que estos días serían de total romance, cuando realmente iban a ser todo lo contrario. Y yo, que era pésima para lidiar con las personas deprimidas, de repente me pregunté ¿qué esperaba hacer para alegrar a mi ex?
Me acerqué más a ella y descansé la cabeza en su hombro como un cachorrito pidiendo su atención y tratando de consolarla al mismo tiempo. Ella se mantuvo tan fría, distante y reflexiva que me dieron ganas de sacudirle todo el cuerpo y pedirle, o más bien, ordenarle que se alegrara.
Llegamos hasta su casa, la cual olía a ese extraño aroma de los viejitos, como una combinación de perfume pasado de moda, talco y medicinas. Hice un mohín de disgusto por la anticuada decoración y seguí a Laura por las escaleras hasta el segundo piso. Mi habitación era la de huéspedes, justo al final del corredor, y era tan pequeña y rústica que me sentí como una leñadora. Había una mesita con una silla en el rincón, una cama con dos almohadas y un televisor a blanco y negro sobre una pequeña cómoda.
—Es… acogedora.
—Bueno, lamento que no sea un hotel de cinco estrellas.
—No lo decía como ofensa.
—Ten tus cosas —dejó mi maleta sobre la cama —. Perdón por hacerte venir. Yo… no tenía a nadie más a quién llamar. Honestamente no pensé que fueras a aceptar.
—Laura, necesitas mi apoyo y yo soy la persona más importante para ti.
—La persona más importante para mí es mi abuela, que está entre la vida y la muerte justo ahora.
Me sentí terrible y molesta a la vez.
—De todos modos ella se pondrá bien —me acerqué y la tomé de las manos —. Si quieres platicar de cualquier cosa, aquí estoy. Para eso vine ¿sí?
Y nada más decir eso, se puso a llorar y me abrazó rápidamente. Me partió el corazón, lo metió en una extractora de jugos y llenó un amargo vaso de soledad. Mi pobrecita Laura sufría y no supe a quién culpar: ¿a la abuelita? ¿a la vejez? ¿a la vida misma?
—Ya, ya, corazón.
—No quiero… que se muera.
—Lo sé, lo sé.
—Es la persona más cariñosa de mundo… Laura. ¡La amo!
Tragué saliva. Si no me comportaba, iba a ser yo la que terminara llorando y eso sí que estaría muy pero muy jodido.
Mi pobre Laura lloró un ratito más, hasta que finalmente mis caricias en su espalda surtieron efecto y se separó suavemente de mí. En ese momento le di un beso justo en la boca.
—Te amo, Laura.
—Lo sé, y gracias por estar aquí. Ahora… deberías dormir. Fue un largo viaje.
—Sí. Mañana hablamos todo lo que quieras.
Me dio un besito más en la frente y salió de la cutre habitación.
Y ahí estaba yo, en pijama, lista para dormir en un colchón duro con sábanas que olían extraño, mirando al techo de madera y pensando en qué hacer para alegrar a mi amado pastelito. No pude dormir, por supuesto. Me imaginé a Laura llorando y el corazón se me quebró.

Me despertó el hambre y durante un segundo creí que estaba en mi amada alcoba. Me bastó sentir el duro colchón para darme cuenta de que ya no era así, y ahora tenía un ligero dolor en la espalda. Me senté en la orilla, como un zombie esperando algo de comer, y grata fue mi sorpresa cuando vi en la mesa una bandeja con comida. Unos ricos huevos revueltos con jamón, pan tostado y un jugo de naranja. El clásico desayuno matutino y yo, que me estaba muriendo de hambre, comí como una cerda.
Luego de vestirme y bajar por las escaleras buscando a Laura, me llevé la desagradable noticia de que no estaba. En la sala había una mesa y sobre ésta, una nota en dónde ella se disculpaba por no estar conmigo, ya que había ido al hospital a ver a su abuela que estaba en terapia intensiva. Algo en eso hizo que me enojara, ya que no lograba concebir que ella saliera sin mí, justo cuando yo estaba aquí precisamente para estar con ella.
Aburrida, un poco triste y todavía con algo de hambre, me puse a explorar un poco lo que tenía a mi alrededor. En una vitrina estaban varias fotos de Laura con su abuela, y las dos se veían tan sonrientes que durante un momento pensé en mi propia abuela, que odiaba a mi padre por quitarle a su amada princesa y haberse casado con ella. En nuestra familia había mucha disfuncionalidad. Quizás por eso no me sentía apegada a ninguna otra persona que no fueran mis padres.
Total que la mañana me la pasé sin nada que hacer, y sólo me alegré cuando Laura volvió a eso del medio día. Se veía desdichada, como una recién graduada que acaba de llegar después de su primer día de búsqueda de trabajo y no lo ha conseguido. Se sentó conmigo, en el sofá y subió los pies en la mesita de centro.
—¿Y… cómo está?
—Estable, aunque los doctores no dicen nada bueno. Supongo que es mejor que muera sin dolor alguno ¿verdad? Ella quiere regresar aquí, aunque honestamente me da miedo tenerla porque no sabría qué hacer en caso de que algo malo suceda.
—Bueno, Laura… son cosas que tienen que ocurrir. Sé que apesta que la gente querida muera. No puedes hacer mucho para evitarlo.
Lo único que obtuve como respuesta suya fue un cansado suspiro. Crucé un brazo por encima de su espalda y la abracé lo más fuerte que pude. Ella sollozó. Tan mal estaba la pobrecita que me empecé a desesperar al no poder hallar una manera de hacerla sentir bien.
—¿Cómo está Marco?
—Bien. Al parecer no hay mucho que le importe.
—Lo sé. Habló conmigo hace rato. Preguntó si podría reunirme con él mañana.
Me quedé pálida. De ninguna manera deseaba que mi hermano se metiera entre nosotras, y así se lo dije.
—Será mejor que no venga. Ya sabes cómo es él. Sólo tratará de llevarte a la cama.
—Tal vez eso es lo que necesito.
Sí, como se podrán imaginar, eso me dolió tanto que sentí como si mis riñones hubieran explotado. De repente quise estrangular a mi ex y recalcarle que ni mi hermano ni nadie más iba a quererla tanto como yo, porque Laura me pertenecía en el buen sentido de la palabra. Yo la tenía que cuidar. Esa era mi responsabilidad.
—Yo puedo complacerte más que él.
—¿Eso crees? —sonrió con cierta coquetería, y entonces me di cuenta de que sus intenciones eran claras: acostarse conmigo sólo para tener algo con lo qué distraerse.
Sin que ella me diera otra indicación, me le eché encima y nos recostamos sobre el sofá para besarnos con más tranquilidad, aunque eso no bajó para nada la pasión reprimida que sentía hacia ella. La besé de todas las maneras posibles: de piquito, con lengua, sonoros, de puntita, en la nariz. Casi le embarré la cara de saliva, por raro que eso sonara. El punto es que la deseaba tanto que no pasó mucho tiempo para que bajara por su cuello y le diera mordiditas en los hombros. Mis manos, tan torpes como siempre, se fueron hasta más abajo y empecé a desabotonarle la blusa. Laura, sin miramientos, se la quitó y en un dos por tres le desabroché el sujetador.
Sus pechos, desde ese ángulo, se veían más frondosos, como dos deliciosos pastelillos recién horneados. No perdí un sólo segundo en hundir la cara en ellos, cuya tersa superficie estaba caliente. Sentir sus puntitas en mi boca, morderlas con ternura, arrancaron en ella hermosos gemidos de lujuria. Anhelando percibir los temblores de su cuerpo, yo me quité la blusa de un tirón. Ya que tampoco traía sostén, las manitas de Laura de inmediato me cubrieron los pechos y jugaron con ellos por un rato, mientras yo la miraba. Sólo que sus ojos no estaban puestos en mí, sino en sus manos, que pellizcaban la piel de mis tetas hasta que tuve que decirle que lo hiciera más despacio porque sus uñas se me estaban clavando.
Y así continuamos durante un rato, hasta quedar las dos completamente desnudas en el sofá. Como teníamos la casa sólo para nosotras, Laura y yo llegamos hasta el final de ese acto. Vulgarmente dicho yo estaba muy cachonda y me importaba un comino que la abuelita de Laura estuviera en el hospital. Iba a hacer feliz a su nieta durante un rato, y por ello no tuve vergüenza alguna en hundir mi rostro entre las piernas de mi amada y hermosa cosita de Dios para brindarle unos besos y mordiditas que la enloquecieron.
Laura llegó al orgasmo. Un delicioso orgasmo que nos sacudió a las dos. Nos quedamos quietas, dándonos besitos sobre el sofá. Apoyé la cabeza en su pecho para oír el bum bum de su corazón. Claramente no lo escuché. Sólo sus jadeos mientras recuperaba la respiración.
—Eres buena en esto —dijo como una felicitación. Yo me reí.
—Soy buena haciéndote feliz. No necesitas a mi hermano ¿ves? Puedo brindarte todo, Laura. Todo lo que quieras, así que… sé mi novia de nuevo ¿sí? Ya no quiero ser tu ex, deseo volver a ser como éramos en la secundaria. Somos tal para cual y lo sabes.
Chicas, uno de los tiempos más largos de la vida de cualquier persona es cuando le pides a alguien ser tu pareja y ésta se lo piensa mucho. Bueno, así sucedió con Laura. Me iba a decir que sí. Me iba a decir que no. En mi torpeza, en mi obsesión por su amor y hacerla feliz, control de tiempo fue lo que me faltó.
Apresuré las cosas. Ahora puedo decirlo, aunque en ese momento no me di cuenta.
—No.
La respuesta fue cruel, sí. Y no me la creía al principio, y sonreí como una idiota.
—No… ¿tal vez quisiste decir… “no hay nada que quiera más”?
—Es un no, Tania.
— Ehm… ¿esto es una broma?
—Sigo siendo la novia de Marco, y créeme que no estoy en el mejor momento de aceptar un compromiso como éste. No ahora cuando psicológicamente no estoy bien. Mi abuela está…
—¡Ah, qué estupidez!
Sí, eso fue lo que dije. Una completa estupidez.
Laura enrojeció.
—Quítate.
—Lo… ¿siento?
—¡Largo!
Bien hecho, Tania. Bien hecho, de verdad.

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Parece que Tania no escapa de su mala racha todavía uwu. ¡Rayos! qué le pasa a Laura xD
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Mensaje por Lirio1704 el Lun Ago 29, 2016 7:39 pm
Me recargo en la pared (en mi pais es una expression de desasociego XD). Tania creo que debes entender que porque a ti si ya te cayo el veinte de que nunca debiste terminar con Laura, pero ella aún no comprende que es lo más importante y ahora menos como Laura misma dijo por lo de su abuelita no esta en la mejor condición psicologica. Me encanto Camila cuando le dijo "Estupida" a Tania eso fue muy gracioso.
Y pues pobre Tania no puede con su vida pero así es la adolescencia XXDD.
Saludos y gracias.
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Sep 03, 2016 12:56 pm
jajaja cierto! asi es la adolescencia. Tantas tonterias que suceden, Ahhh y como dices es muy cierto! ya ha pasado mucho Tania y ya debe comprender que lo de Laura es tiempo muerto! ya no hay nada que hacer allí, esas cenizas están muy pero muy quemadas. uwu
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Sep 03, 2016 12:57 pm
Capítulo 18

Cuando te rechazan, la primera reacción es que no te lo crees, y a medida que pasan los segundos, empiezas a sentirte como una auténtica estúpida, con ganas de decir que todo fue una broma y que realmente no quieres tener nada con la otra persona. Yo balbuceé y me sentí exactamente igual mientras me colocaba la ropa. Las mejillas me ardían como si le hubieran pegado dos cerillos y notaba ingrávido el resto de mi cuerpo.
—En serio que eres una idiota —masculló Laura y subió rápidamente las escaleras. Escuché el portazo de su habitación y yo me puse a pensar en si ella tendría razón sobre mí. En efecto, se trataba de una estupidez, y saberlo no me hizo sentir mejor.
Me quedé en ese sofá que olía a viejo, meditando en lo que había hecho y deseando desaparecer. Me planteé la posibilidad de subir por esas escaleras, ir con Laura y arrodillarme para pedirle disculpas, o simplemente llorar en sus brazos y preguntarle por qué me estaba rechazando. De todos modos ambas opciones estaban fuera de lugar, porque cuando hieres a una persona que se encuentra tan sensible, lo mejor es alejarse un poco. Eso es lo mejor. Triste, regresé a mi cutre alcoba y me tiré en la cama que chillaba.
Ya hasta me había olvidado del placer de nuestro encuentro, aunque los recuerdos de sus caricias estaban muy vivos en mi piel. Eso sólo me comprobó que yo deseaba mucho a Laura, que la quería sólo para mí, pues ella era la indicada, la chica con la que yo anhelaba estar y que pasara lo que pasara, nuestra relación estaba destinada a tener éxito. Yo creí, en ese punto, que el habernos reencontrado era un signo del destino, un milagro, que el hilo rojo que me unía a ella se había estirado y arrugado, pero en el fondo, nuestros corazones eran uno sólo.
Esa sí que parecía una ridiculez, y yo que no era nada cursi, estaba bien metida en ese concepto y tenía fe.
Me la pasé en la cama el resto del día, pensando en mil maneras de cómo recuperar a Laura y su perdón. Me armé de valor y salí a la hora del almuerzo. Esperaba tener un momento lindo a solas con ella, lo suficientemente íntimo como para abrir nuestros corazones y charlar.
Obviamente no lo conseguí, pues Laura se estaba preparando para volver al hospital. Dentro de mí pensé si esa señora no tendría a nadie más que la fuera a visitar. ¡Estaba celosa de que una ancianita tuviera más atenciones que yo! Y darme cuenta de eso sólo me hizo sentir más miserable y replantearme la pregunta ¿qué estoy haciendo aquí? No encontré respuesta, al menos una clara.
—Laura ¿a qué hora vuelves?
—No lo sé —dijo mientras se ponía los zapatos. Su malhumor era tal que me arrojó una mirada penetrante y ardiente en el mal sentido de la palabra. De acuerdo, me lo merecía.
—Entonces… supongo que te esperaré para cenar ¿de acuerdo?
—Como quieras.
Entonces, enfurecí.
—Oye, sí, sé que lo eché a perder a decirte eso, pero no hice un largo viaje para venir aquí y que me trataras así.
—¡Entonces, márchate!
—¡Bien! ¡Si eso quieres, me largo!
Contesté sólo por impulso, de esas veces en las que no medimos lo que decimos y en nuestra mente sólo hay desesperación, un urgente sentimiento de querer protegernos pese a que nos merezcamos los golpes de la otra persona, sean verbales o físicos. Sin embargo, hay que tener cuidado con ese método de defensa, porque puede herir a alguien que se encuentra tan sensible y terminar jodiendo la situación más de lo que ya está.
En mi caso, Laura sorbió por la nariz. Se limpió los ojos y con la cabeza gacha, salió y se fue al hospital. Pensé en seguirla y ¿quién sabe? Tal vez internarme con su abuelita para recibir un poco de su atención, que al parecer era justo lo que necesitaba.
Total que permanecí en la casa por el resto de la tarde, mirando televisión, leyendo algún libro y tratando de descifrar la clave del WiFi. No tuve éxito en lo último, y sin un solo Megabyte de datos en mi teléfono, estaba totalmente incomunicada, triste y sola.
Esperé a Laura por horas. Hasta me preocupé cuando dieron las cinco y no había ni rastro de ella. Era como si me hubiera abandonado y la odié por eso. Decidí llamarle al móvil sólo para saber que se encontraba bien, y vaya que sí lo estaba, porque me contestó en medio de risas.
—¿Sí?
—¿En dónde estás? ¿Ya te olvidaste de que estoy aquí?
—Ah, lo siento. Pensé que te avisó él.
—¿Quién?
—Marco. Está aquí. Casi acaba de llegar y me invitó a salir a comer.
—Pues no, el cabrón no me avisó en lo absoluto.
—Bueno, pues ya lo sabes. Llegaré un poco tarde. Hay comida en el refrigerador. Toma la que gustes.
—Espera, Laura, yo quería preguntarte sí…
—Hablamos después.
Me colgó y lo único en lo que pude pensar es “qué perra”. Si, eso pensé. Algo dentro de mí se calentaba, como una reacción química entre ácido clorhídrico y aluminio. Iba a explotar, a vomitar. Incontrolada por lo que en mi fuero interno era una traición hacia mis sentimientos, le volví a marcar a Laura. Claro que ella no era nada estúpida e imaginó qué es lo que deseaba de ella, y no respondió. Eso me molestó todavía más. Pude haber aporreado mi teléfono y en ese preciso momento subí a la alcoba, empaqué mi pijama, mi cepillo de dientes y la revista que había traído.
Justo estaba por largarme, cuando me tuve que detener. Es curioso como hay una fuerza que en el último segundo nos impide cometer otra tontería. Bueno, al menos yo sí que la sentía, y en ese instante lo que la voz de la cautela me dictaba era que me quedase un poco más. De todos modos Marco trabajaba. Era tonto que hubiera dejado su empleo de medio tiempo sólo para venir con Laura. Me tranquilicé, y respirando lenta y profundamente, ocupé mi lugar en la cama e intenté relajarme. Yo era una persona impetuosa, y en más de una vez había actuado sin pensar. En ésta ocasión demostraría que sí aprendí algo de mis errores, y me daría una segunda oportunidad.
Laura llegó por la noche, y yo la estaba esperando en la sala, lista para fingir que nada malo había ocurrido. Pude haber tenido éxito, de no ser porque no estaba sola, y como te podrás imaginar, venía de la mano con mi hermano, que poco a poco se estaba volviendo una persona muy odiosa.
—¡Hola, Tania! —exclamó el cabrón y corrió a saludarme. Yo le demostré la mejor de mis sonrisas.
—Qué raro que vinieras sin avisarme.
—Decidí caer de sorpresa. No podía dejar a mi novia sola en una etapa tan importante y dolorosa ¿verdad, Laura?
—Ajá. ¿Preparo algo o pedimos pizza para cenar?
—Pizza —dijimos mi hermano y yo a la vez.

La comida transcurrió en una perfecta interpretación de “aquí no pasó nada”. Al parecer mi hermano creí que Laura y él habían hecho las paces, porque no dejaba de darle besitos en las mejillas, caricias en el pelo y bromeaba para tratar de hacerla reír, y el muy tonto pensaba que le estaba funcionando cuando realmente no era así, pues yo, que conocía a Laura de pies a cabeza, noté cuánto le estaba fastidiando las atenciones de Marco.
—Entonces ¿cuándo te irás, Tania? —me preguntó él.
—¿Irme? Si acabo de llegar.
—Ahora estoy aquí. Dejé el trabajo de medio tiempo para estar con Laura.
—¿Y mamá te dejó venir?
—No puso resistencia alguna. Dijo que me correspondía como novio de Laura apoyarla en los momentos más difíciles de su vida. Despreocúpate. Puedes volver a casa y dedicarte a lo tuyo.
Asqueada, busqué la mirada de Laura para preguntarle si quería que yo me fuera. Por supuesto que ella evitó observarme, y yo no tuve el valor para preguntárselo directamente.
—No me iré —dije al fin. Marco arqueó la ceja y trató de sonreír.
—¿Perdón?
—Dije que no me iré. De ninguna manera te dejaré a solas con Laura.
—¿Y por qué no?
—Porque Laura es… mi amiga, y tú eres un hombre.
—Soy su novio.
—¡Ah, por favor, tú sólo te la quieres follar!
La cara de Marco enrojeció. Laura al fin tuvo el motivo para mirarme con una expresión que sugería un “¿qué estás diciendo, idiota?”. Sus ojitos muy abiertos y las mejillas coloradas.
—Ehm… Tania, creo que Laura debe decidir eso ¿no lo crees? No la quiero presionar en nada.
—Ese es un tema privado, Tania —farfulló Laura con evidente enojo —, y harías muy bien en no meterte.
¡¿Qué estaba ocurriendo?! ¡¿Es que nuestros sentimientos no importaban en lo absoluto?! ¡¿Es que no me amaba?! Tuve que controlarme tanto para no armar una escena y meterles la pizza por el culo a esos dos. Lo que sí hice fue dejar mi comida y subir a la habitación, sin intenciones de bajar pasara lo que pasara. No sólo me sentía avergonzada por haber dicho semejante tontería, sino que me dolía en el alma pelearme con mi hermano y con ella. Adoraba a los dos porque eran de las personas más importantes de mi vida, y sin embargo ¿qué haces cuando la gente que más amas están involucradas en un estúpido triángulo amoroso? ¿Es que no eso sólo pasa en las novelas de mala calidad? Me pregunté si mi vida no sería la de una estúpida personaje creada por una autora paranoica, y si así era, bueno, pues podría meterse mi zapato por el trasero.
Di vueltas como un tigre enjaulado sin saber qué hacer. Una parte de mí ardía en deseos de salir y preguntarle a Laura se de verdad estaba interesada en acostarse con mi hermano, y de ser así… ¿eso en dónde me dejaba a mí? ¿qué lugar ocupaba en su corazón? ¡Ah! Eran tantas preguntas , la clásica historia dramática de una chica enamorada de su ex, y joder que sí me dolía.
Más tarde, mientras intentaba dormir (cosa que me iba a resultar imposible) escuché voces distantes. Eran risas, más bien. Me asomé por la pared, al borde de la escalera, y vi que en la sala estaban esos dos, riendo y bebiendo refrescos. Un poco más de concentración me dejó ver que no eran Coca-Colas, sino latas de cerveza. ¡Laura estaba bebiendo con mi hermano! ¡Qué horror! Fue lo primero que pensé. Él quería embriagarla para llevársela a la cama. La situación me llenó de asco y empecé a sentir por Marco ese odio natural hacia los hombres, esos bajos instintos que los caracterizaba a muchos. Y también se me rompió una parte del corazón, porque yo sabía que sí existían los chicos lindos y que valían la pena. Durante mucho tiempo creí que él era de ellos, y tan equivocada estaba.
Laura se llevó a los labios una lata y sorbió hasta el fondo. Marco miraba con sumo interés la imagen de su novia embriagándose. ¿Es que no pensaba detenerla? ¡Dios! Cuando estábamos en la secundaria y un fumador se sentaba cerca de nosotras, yo me llevaba a Laura a otro lado para que ella no respirara el tóxico humo. Yo mantenía a mi niña lejos de cualquier vicio, y ahora su novio, la persona que supuestamente debería de cuidarla de todo, la metía en ese feo camino encharcado por el alcohol.
Pero mientras reflexionaba en todo esto, Laura se tiró a los brazos de Marco y empezaron a besarse. ¡Coño, es que no lo comprendía! ¡No era lógico que ella quisiera llegar hasta el final con él! Tenía que detenerlos. Debía de hacerlo por el bien del universo, para corregir ese estúpido camino sin explicaciones.
Bajé despacio por las escaleras. Marco comenzaba a meterle la mano debajo de la blusa. Me asqueé. Laura, por otro lado, estaba enfrascada en darle besos en el cuello y en rayar su espalda con sus uñas. Seguí moviéndome como una gata a punto de atacar, y cuando estuve lo suficientemente cerca de ellos, salté de mi escondite, encendí la luz y jalé a mi hermano de los cabellos para alejarlo de Laura.
—¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?! —le grité.
—¡Ay! ¡Tania! ¿Es que te has vuelto loca?
—¡¿Cómo te atreves a emborrachar a Laura?! Y tú, señorita, no puedo creer que seas tan idiota como para caer así de fácil. ¿Qué les pasa?
—¡En primer lugar tú no tienes que meterte entre nosotros! —rugió Marco, la cara hinchada de rabia y señalándome con su feo dedo —. ¡Te dije que te marcharas a casa! ¡Laura es parte de mi vida!
—¡Eso no es cierto! ¡También es parte de la mía!
—¡Ajá! ¡Si la odiabas en cuanto la conociste! ¡No vengas de hipócrita a fingir que ahora son buenas amigas porque no me lo creo! ¡Déjanos solos, idiota entrometida!
—¡Di algo, Laura!
La chica se había puesto a llorar, y arrojó la botella de cerveza.
—Yo sólo quiero olvidar que mi abuela está a punto de morir.
—¡Pero ésta no es la solución! ¡Podemos hacer más cosas, amor mío! —eso lo dije yo. No Marco.
Laura puso sus ojos en mí. Marco, estupefacto, se tapó la boca con las manos.
—¿Qué…? ¿Qué acabas de decir? ¿Cómo la llamaste?
—Creo que hay un malentendido… —mencionó Laura, y que ella negara de mis sentimientos me enfureció más.
—¡Estoy enamorada de Laura!
—Eso es… mentira. ¡Qué ridiculez!
Se hizo el silencio. Con las manos en puños, miraba a mi hermano directo a los ojos, y Laura continuaba llorando.
—¡Laura, di algo! —exclamé —. Tú sabes lo que siento por ti.
—No es cierto —bramó Marco y sacudió a Laura —¡Dime que no es cierto!
—Es cierto —soltó ella, y cuando lo hizo, sentí que se me caía un peso de los hombros. Suspiré porque finalmente el gran secreto había sido revelado.
—Pero tú… ustedes…
—La amo —recalqué —. La amo de verdad y no quiero que te le vuelvas a acercar.
—¡Es mi novia!
—¡Fue mía en primer lugar, en la secundaria! ¡Díselo, Laura!
—¡¿Me están jodiendo?! ¡Puta madre!
—¡Deja de insultar, Marco! —gritó Laura y le fulminó con la mirada —¡Y es verdad! ¡Tania y yo nos conocíamos desde hacía mucho, y fui su novia en la secundaria!
—Eso… —luego siguió una risa histérica —. ¿Sabes qué? ¡Vete a la mierda!
—Tú también. ¡Lárguense los dos!
Marco pateó la mesita central y tiró las cervezas. Yo di un brinco de susto. Jamás había visto a mi hermano tan furioso. Levantó el dedo índice y me lo clavó en el hombro, después dijo con todo el odio que pudo reunir…
—Me las pagarás.
E inmediatamente salió de la casa. Laura y yo nos quedamos pálidas, mirando a la puerta que se acababa de cerrar.
—Bueno, ya lo sabe…
—Eres una estúpida, Tania.
—¿Por qué? ¿Por decirle la verdad? Seré una estúpida honesta, pero lo siento. Te amo más de lo que él te puede amar.
Desvió el rostro y subió por las escaleras. Justo antes de desaparecer, giró hacia mí.
—Fue una mala idea pedirte que vinieras… pero sin ti, creo que sí me habría acostado con él.
—Genial. Salvé tu himen. ¿Todavía quieres que me vaya?
—Creo que… será mejor que dejes a Marco a solas por un rato. Buenas noches.
Sí. tenía toda la razón. Tal y como estaban las cosas, mi hermano sí que se encontraba en condiciones de estrangularme. Por primera vez, tuve miedo de él.

T_T Ahhh pobre Tania, ya está siendo demasiado!
jaj saludos!
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Mensaje por haruroque el Sáb Sep 03, 2016 11:04 pm
no se que le ve a laura ewe , mas rica me parece cami xD , las chicas tan confusas como laura me joden :V perdon por mis palabras , me encanta tu historia
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Mensaje por Delfi22 el Dom Sep 04, 2016 3:06 am
Hasta que por fin exploto la bomba!!!!...pobre hermano-cornudo que su hermanita celosa le soltara la sopa y Laura con sus indecisiones...Ahora que planeara el hermano para con Tania..A la espera del siguiente...
Nos vemos y que estés bien...
Delfi22
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Mensaje por Lirio1704 el Jue Sep 08, 2016 2:29 pm
No por dios!!! nooooo!!!!

Ok paso lo que tenia que pasar y fue tan dramático como lo imagine. Ahora creo que todas odian a Laura y yo no digo que la amo pero me identifico con Tania; se que es querer tan desesperadamente a alguien y que nada más no pueda ser =(.

Bueno Laura tampoco pone de su parte y sus confusiones existenciales se agravian con la calentura que no se porque Tania no le puede bajar.

Todo es un enredo, ojala y puedas como ya te habia comentado poner un poco más de lo que esta pensando Laura y entender de que va todo esto.

Saludos y gracias por la actualización Neutral
Lirio1704
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Mensaje por FallenLirioo el Dom Sep 11, 2016 4:52 pm
Hola!! claro que sí. de hecho estoy planeando varios capoítulos con Laura como la narradora, así que espéralos jeje y muchas gracias por comentar, a ti y a todas mis lectoras!
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Mensaje por FallenLirioo el Dom Sep 11, 2016 4:54 pm
Hola!! bueno, pues aquí me reporto de nuevo para aportar un capítulo mas a esta maravillosa página :) disfrúten de la continuación y gracias a toda la gente bonita que me lee y comenta


Decir que las cosas mejoraron después de eso sería mentir. No tuve los ovarios para subir y hablar con Laura, explicarle cómo me sentía y darle unos cuantos besos para que se olvidara de todo. Me pregunté a mí misma si lo que había hecho estaba bien o habría sido un error, un patético intento de querer terminar las mentiras que le estaba escondiendo a mi hermano. ¿A caso la solución había hecho más daño que el problema en sí? No deseaba ni pensar en eso.
Sin mucho que poder hacer, regresé a la cama y medité durante horas hasta que el sueño me venció, y todavía allí no me sentía a salvo de mi hermano y su mirada instigadora, de su amenaza cargada de furia. Abracé la almohada y di tantas vueltas que me caí dos veces del colchón. Así, dolorida física y emocionalmente, concluyó mi primer día en la casa de mi ex novia, y todo estaba saliendo al contrario de lo que se suponía.
Llegué a la conclusión de que no tenía nada que hacer allí, pues con toda seguridad Laura se encontraría mejor sin mi presencia rondando como un fantasma por su casa. Quería irme y quedarme a la vez. Hablar ya no nos conduciría a nada y mucho menos actuar. En total, yo estaba en un estado neutro, en el que mis sentimientos importaban una mierda y tenía que aprender a vivir con ellos.
Ya podía ver una depresión a la vuelta de la esquina.
Por la mañana bajé a desayunar. Laura ya estaba en la mesa bebiendo un jugo de naranja y estaba absorta en él. Ni siquiera me saludó cuando entré a la cocina y tomé uno de sus hotcakes quemados. Tuve que disfrazar su sabor con mermelada de fresa. Me serví un vaso de jugo y permanecí callada, fingiendo leer el periódico.
—Tania.
—¿Sí?
—Estuve pensando en lo nuestro. Creo que hacerlo me mantiene alejada del problema con mi abuela.
—¿Y a qué conclusión llegaste? —pregunté, fingiendo desinterés y leyendo mil veces el encabezado del diario.
—Bueno… tal vez lo de Marco y yo no hubiera funcionado del todo. Como tú has dicho el me quería llevar a la cama, y yo no soy una niña inmadura, o eso creo, que no puede ver las intenciones de un hombre. Al contrario. Yo sabía qué estaba pasando y sentía mucha curiosidad.
—La curiosidad no tiene nada que ver con el amor. Si ibas a entregarte a Marco, bien, pero asegúrate de amarlo. ¿Lo amas?
—No. No como yo creí que se debía de sentir. Lo que hubo entre nosotras fue más intenso y creo que se debió a que… bueno, las dos somos mujeres, en cierta forma sigue estando prohibido que nos amemos. Esa sensación de estar haciendo lo incorrecto le daba a nuestro noviazgo algo muy significativo. Cuando me terminaste, todo eso se acabó y creí que mi lugar no era al lado de una chica.
—Yo… también lo pensé así —dejé el diario en su lugar —. Terminarte fue una estupidez. Quería ir tras un futuro y no me di cuenta de que ese futuro me conducía a ti.
—Espero que entiendas que no puedo ser tu novia.
Bajé la mirada. Ésta vez yo iba a ser madura y no a armar un alboroto.
—Lo sé. Acabas de terminar con Marco, y tu abuela ya casi está con San Pedro. Además… está el problema de la distancia y eso. Sé que dicen que debo luchar por el amor… pero hay cosas que no puedo vencer.
—Mi abuela morirá en el transcurso de éstas semanas. Los doctores lo han dicho. Tengo… el alma rota en mil pedazos. Yo sé que se avecina una temporada muy fría para mí —a estas alturas, Laurita ya estaba llorando sin darse cuenta —. Cuando ella se vaya, una parte de mí morirá. Es un ser querido tan… importante. Incluso más que mis propios padres.
—Lo sé. Los abuelos son… especiales, aunque la mía no lo es tanto.
—Sé que me deprimiré. Me conozco bien. Necesitaré una amiga, no una novia. No esos dramas del amor, ni las peleas producidas por el romance. Espero que lo puedas comprender.
—Lo comprendo —. La verdad es que sí, un poquito, pero sí —. Y sabes que cuentas conmigo para lo que quieras, porque lo que siento por ti es intenso.
—Camila me mandó un mensaje diciendo que yo era muy afortunada por tenerte. Le pregunté qué quería decir y… —se sonrojó —, me contó que tú le gustas. La chica se lo tenía bien guardado. Le atrajo nuestra relación cuando estábamos en la secundaria y se acercó a nosotras por mera curiosidad. Terminó enganchada contigo. Me da risa que nunca nos lo haya dicho, ni peleado por ti.
—Bueno… supongo que no tenía forma de ganar. Tú eras más linda.
—Ahora es al revés. Reconozco que Camila es muy guapa, y el hecho de que sea capitana del equipo de voleibol sólo la hace más atractiva. Tiene un bonito color de piel, unas piernas increíbles, un busto muy bien formado y una cara que transmite paz. Ella tiene muy buenas cualidades.
—Hablas como si te gustara Camila.
—No lo digo por eso. Tania… si hubiera alguien en el mundo a quien te confiaría, sería a ella.
Dejé mi quemado hotcake a un lado.
—¿Qué estás diciendo? —pregunté con cautela.
—Que… deberías intentarlo con Camila. Yo no puedo ofrecerte lo mismo que antes. Ni siquiera vivimos en la misma ciudad, y tal y como soy ahora… un completo desequilibrio emocional… no me aguantarías.
—Estuve contigo cuando tuviste tu primer periodo, no me vengas con esa clase de tonterías de que eres un desastre. Te conozco de los pies a la cabeza y te he aguantado.
—Pero tú me terminaste.
—Pero quiero volver —repliqué, enojada. No podía creer que Laura le estaba dando mi amor a otra persona, y mucho menos a Camila. ¡Eso es traición de amigas!
—Oye, Tania. Eso es lo que pienso. Querías que fuera sincera contigo y lo estoy siendo ¿de acuerdo? Mira, no me gusta que estés desamparada, y tienes mucho amor que dar. Acepta a Camila. Ella te puede amar de la misma manera en la que yo te amé.
—Creí que… tú me amabas. ¿Estaba equivocada?
—Te quiero mucho. Debes de comprenderlo.
¿Sabes? Mantener la calma cuando te están mandando a la friendzone por la fuerza no es nada fácil, y sobre todo cuando te intentan emparejar con una persona que no te gusta. Por mucho que amara a Laura, hasta yo sabía que lo que estaba diciendo no eran más que tonterías y mentiras. Podía ver en sus ojitos azules que no deseaba que me fuera de su lado. Ella clamaba por mi amor. Me necesitaba.
—No lo haré. A la que quiero es a ti y si te tengo que esperar, lo haré —traté de sonar tranquila y a la vez, decidida —. Eres una chica maravillosa. No lo supe ver en el pasado y creo que ya he pagado por ese error. Laura… piensa bien en lo que estás diciendo.
—Agradezco que no estés gritando como una histérica.
—No sabes cuántas ganas tengo de romperte el cuello.
—¿Ves? Por eso soy un desastre. Además… qué sé yo del amor.
—¡No me robes mis palabras! Son las mismas que yo te dije cuando…
—Me terminaste.
—Estás haciendo lo mismo conmigo. Eso es cruel.
—No lo dije con esas intensiones. Tania… no llores.
Demasiado tarde. Estaba chillando porque el amor de mi vida me terminaba sin siquiera comenzar. Traté de verdad de comprender a Laura y de ponerme en su lugar, pero era tan complicado pretender ser alguien tan maravilloso… agaché la cabeza y lloré.
—Idiota… idiota. No debí venir.
—Tania… ya.
—Es increíble como puedo amarte y odiarte a la vez.
—No debí de aparecer en tu vida.
—¡Exacto!
Sorbí por la nariz. La cabeza me daba vueltas y una gran parte de mí se alegraba de sentir una pizca de odio por Laura, por su desprecio. De acuerdo, yo la había mandado al diablo en primer lugar, pero yo era una niña inmadura, incapaz de ver las cosas buenas que ella tenía. En el fondo yo seguía aferrada a la idea de que ella era la chica de mis sueños, y dejarla ir era sin duda algo catastrófico para todo mi ser.
—Está bien. Creo que debo irme. Por más que ansíe acompañarte en los momentos más tristes…
—¿Es que no me has oído, mujer? —me tomó de las manos y sonrió —. Quiero una amiga. Una buena amiga que sólo puedo encontrar en ti.
—Esas cosas no funcionan cuando una siente amor de verdad.
—Bueno… es eso o tendrás que olvidarme para siempre. ¿Qué es lo que prefieres? Sólo tienes esas dos opciones.
—No es cierto. Hay más, como la de aceptar tus sentimientos por mí y darme una esperanza.
—Es que no la hay, Tania. No ahora.
—¿Eso quiere decir que tengo que esperarte? Bien, lo haré. No está tan mal —me limpié una lágrima.
—Yo te trataré como a una amiga, Tania. No te quejes si no te gusta.
—No lo haré. Prefiero… maldición, estás en lo cierto, si no puedo tener un noviazgo, me conformo con una amistad.
—Así está bien. Es lo que quiero.
Pero no era lo que yo quería, y por amor tuve que tragarme mis deseos, encerrar ese sentimiento durante un rato y ver a Laura como si fuera mi mejor amiga. Bien… lo haré desde ya. Uno. Dos. Tres. Modo amiga activado.
Ni siquiera habían transcurrido diez segundos y ya me moría de ganas por besarla.
—Estaremos bien, Tania.
—Espero —dije entre lágrimas.
Me levanté. Le dije a Laura que saldría a dar un paseo sólo para relajar mis pensamientos y hallar una manera de convertir mi amor en amistad. Una amistad desinteresada, que no se saliera de contexto. Eso era lo que mi pastelito quería y aunque me hiciera daño, tendría que conformarme con eso. Después de todo estar lejos de Laura me era imposible. Al menos como su amiga tendría una mínima oportunidad de acercarme a su corazón e implantarme en ella como una bacteria estomacal.
En ese momento, como caída del cielo o más bien, subida de infierno, me llegó una llamada de Camila.
—Le dijiste a Laura ¿verdad?
—Lo siento. Ella… se mostró comprensiva.
—Eres una torpe. No te metas en mi vida personal.
—Ay, Tania. No seas borde. ¿Es que no tengo derecho de hacer mi lucha contigo? Tú sabes que es así. En la secundaria siempre me decías que tenía que luchar por mis sueños, e incluso hacer trampa si era necesario.
—¿Has hecho trampa?
—No, no, si a la honestidad le puedes llamar trampa.
—Supongo que no. En fin ¿qué quieres?
—Estoy en la autopista. ¿A dónde crees que me dirijo?
La piel se me enchinó.
—No me digas que…
—Laura me invitó a comer. También a Ximena, pero ella no pudo venir por unas cuestiones familiares.
—No vengas. En serio, no vengas.
—Muy tarde, cosita hermosa.
—¡No me digas así!
—Cálmate. Sólo quiero sonar tierna. Tengo que colgar. Te veré en un rato ¿sí?
— No, Camila, espera…
Ahora sí que quería aporrear mi teléfono.
Con pesados pasos volví a la casa de Laura y entré echa una furia a la cocina. Ella estaba lavando los trastes y cuando me vio, se puso pálida.
—¿Qué? ¿Por qué esa cara?
—No te hagas la inocente. Invitaste a Camila ¿por qué? ¿qué pretendes? Ya te dije que no te voy a cambiar por ella.
—Esas no son mis intenciones —puntualizó con las cejas fruncidas —. Ella es mi amiga tanto como tú, así que tiene todo el derecho de estar aquí.
—No hablaré con Camila. Sólo se está ilusionando con que puede tener algo conmigo. Ella no sabe cuánto te quiero.
—Creo que no; sin embargo no cambia el hecho de que ella sí que te desea. Tania, yo sólo busco tu felicidad. ¿Crees que no me duele no estar lista para ti? Si lo estuviera, Dios, ya nos estaríamos revolcando en la cama. Las cosas no son así, y ya deja de comportarte como una histérica y aprovecha lo que tienes delante.
Laura era perfecta en dejarme sin palabras, y muy dolida.
Subí a la habitación. Por suerte mi maleta ya estaba hecha, así que sólo fue cuestión de tomarla y de bajar por las escaleras. Al verme tan decidida a marcharme, Laura se metió en mi camino y cubrió la salida.
—Alto, señorita. No puedes irte. Hoy quiero cocinarles algo especial a mis mejores amigas.
—Bueno, serán tú y Camila.
—Tania, por favor. Prometiste que serías mi amiga. Te estoy dando una oportunidad para probar que decías la verdad.
Joder. Me tenía atrapada.
Resoplé y la fulminé con la mirada, como si quisiera arrancarle los sesos. Dejé caer mi maleta.
—Está bien, está bien. Me quedaré, pero no deberías de invitar a tanta gente a tu casa.
Mi respuesta le alegró, y saltó para abrazarme y darme un besito en la nariz.
— Te adoro, amiga —exclamó, feliz.
—Y yo a ti… amiga.

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Mensaje por Delfi22 el Dom Sep 11, 2016 11:47 pm
Pero deveras que Laurita se pasa...como hacerle eso a la pobre de Tania que muere de amor por ella...Bueno solo espero que Cami aproveche su oportunidad y la sonsa de Laura agarre la onda y acepte a Tania..Bien nos vemos en el próximo.Que estés bien..


Última edición por Delfi22 el Mar Sep 13, 2016 3:14 am, editado 1 vez
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Mensaje por Lirio1704 el Mar Sep 13, 2016 2:02 am
Me hizo carcajear el "Modo amiga activado" no manches eso no funciona, lo que le va a ser falta a Tania va a ser mucha fuerza de voluntad.

Me sigue encantando tu historia y gracias por tener encuenta las opiniones de tu servidora =P

Saludossss!!!
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