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¿Cómo joder a tu ex? cap 35 28 de enero

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Mensaje por FallenLirioo el Dom Mar 27, 2016 7:52 pm
Recuerdo del primer mensaje :

¡Hola! bueno, es un gusto traerles un nuevo proyecto en el que recién estoy trabajando, así que espero les guste y les atrape :)  
AVISO: SOY LA AUTORA, SI, LA MISMA QUE ESTÁ EN AMOR YAOI :)

Tania era en apariencia la mejor pareja: alegre, bonita, algo quejona y muy cariñosa y soñadora... hasta que todo cambió cuando sus sentimientos empezaron a ser diferentes, y ahora..
¿qué pasará con su novia Laura? ¿En dónde quedaron esos bellos momentos de amor y promesas de felicidad? ¿Es que nada valió la pena?
¿Cómo se vengará Laura de la traición de quien creyó ser el amor de su vida?

Terminar con tu novia puede dar paso a cualquier clase de situaciones, ya sea desesperadas, o bien, cómicas. También pueden haber momentos dolorosos, o incluso vergonzosos que finalmente nunca se podrán borrar de la cabeza. Especialmente si eres tú (en este caso, yo) la que está cortando la relación. Había escogido incluso un buen lugar, debajo del mismo árbol en el que nos hicimos novias hacía ya un año. Bueno. Después de todo, éramos apenas unas niñas entrando a la pubertad, y honestamente todavía no sabíamos lo que hacíamos. Nuestras hormonas estaban totalmente fuera de control. Las dos nos encontrábamos solas, sin amigos y con un peculiar gusto por la otra.
Así pues, lo que en el pasado fue una bella amistad infantil, tras brincar de una fase a otra de repente se había convertido en algo más intenso, delicioso y a la vez, confuso. Tuvimos peleas, buenos momentos y una noche de caricias intensas que desgraciada o afortunadamente nunca terminaron en algo más.
Darme cuenta de que tenía otra clase de gustos fue signo de mi maduración personal, y vale, vale, no era justo para ella que ahora mirara con ojos diferentes a los muchachos que pasaban junto a mí, o que dedicara alguna coqueta sonrisa cuando veía a un chico bien perfumado, atractivo y con grandes manos. Me estaba volviendo hétero ¿y qué? Si ella no podía aceptarlo, pues ese iba a ser problema suyo, no mío, y yo no pensaba cambiar sólo para complacerla.
Por otra parte, ella también estaba cambiando. Ahora era más alta que yo, y eso que en un principio las cosas eran totalmente al contrario. Mientras que mis curvas eran más bien calles con baches, ella había desarrollado una prominente pechonalidad que se bamboleaba alegremente cuando caminaba. Ella había reventado los sujetadores antes que yo, y luego adquirió toda una obsesión por la moda y el maquillaje como símbolo de feminidad. Entre tanto, yo me seguía delineando los ojos y pintando los labios con el kit de niñas que mi tía me había regalado en mi cumpleaños dieciséis.
Éramos tan distintas ahora que a penas nos reconocíamos. No la odiaba para nada. De hecho, yo la quería mucho porque era una gran persona, siempre lista para ayudar a los demás, armada con una sonrisa exquisita y una alegría capaz de contagiar a cualquiera. Estaba segura de que a mi madre le hubiera caído bien, pero nunca se la presenté, ni como amiga; sobre todo porque mientras que mi sagrada progenitora era muy recta, femenina y algo homofóbica, Laura era algo descarada y muy cariñosa conmigo. Nos hubieran pillado enseguida, y eso nos daba miedo. Así pues, nadie de mi familia la conocía.
Dejémonos de cosas tristes y de recuerdos que pronto iban a desaparecer. La verdad yo necesitaba un cambio de aires, y debía de estar lo suficientemente lista como dejar atrás mi relación con ella y seguir adelante. Quizá podría invitar a salir a Isaac, que en ese momento estaba loca por él. Era todo lo que yo, en mis inocentes 15 años, buscaba en un chico: amable, atento. Algo cursi e ingenuo que lo hacían incluso más encantador. Mis amigas decían que yo también le gustaba, y casi, casi podía asegurar de que era verdad. De vez en cuando cruzábamos mirada, y habíamos hablado en un par de ocasiones sobre temas tan profundos que mi visión de la vida había cambiado por completo.
Por ejemplo, el doce de marzo me preguntó qué tan bien me iba en la clase de matemáticas.
—Súper.
—¿Me pasas la respuesta siete?
—Sí.
—Gracias.
El nueve de abril, volvimos a hablar.
—¿Te puedes mover? Es que tu cabeza me tapa la pizarra.
—Claro.
El diez de mayo fue todavía mejor.
—¿Sabes? Me encanta tu perfume. ¿En dónde lo compraste? Se lo quiero regalar a mi hermana.
No podía decirle que era un perfume con feromonas de zorra virgen para atraer pareja. Él se moriría de la risa, y de paso, todo el salón.
¿Lo ven? Traía loco al chico. Reconocía mi inteligencia con las matemáticas. Se tomaba la molestia de hablarme y además alababa mi perfume. Si eso no es estar enamorado, joder que no sé lo que será.
Bien. ¿En dónde estábamos? Terminando con Laura debajo de nuestro árbol sagrado, donde la relación había comenzado. Aunque pensándolo bien, quizá no era el mejor lugar, después de todo.
—¿Entonces… me vas a cortar porque ya te aburriste de mí?
—No es que me haya aburrido de ti. Lo que pasa es que… bueno, creo que esta relación no va a ninguna parte. No eres tú, soy yo.
Laura se cruzó de brazos.
—¿Es que eres tan torpe que no puedes pensar en nada más que no sea un cliché?
—Vale.
Una debe de pensar qué discurso decir antes de cortar lo que hasta hacía poco era la mujer de tus sueños. Tomé nota mental de eso.
—Tengo gustos muy raros, Laura. No lo soportarías.
—¿Te gustan las pollas?
Me sonrojé, aunque viéndolo desde otro punto, tal vez sí tenía razón.
—¡Esto no es gracioso! Si no me quieres, sólo dímelo y no antes con rodeos.
—Mira, Laura. Créeme que si esto seguía, ibas a ser tú la que terminaría conmigo. Sólo me adelanto y de quito el trabajo. De nada. Pensé que eras el amor de mi vida, pero me doy cuenta de que ni siquiera tengo veinte años. Entonces ¿qué sé de la vida? Es una cuestión de filosofía.
—Burradas tuyas, Tania.
—¡No lo hagas más complicado!
Laura se puso a llorar, y yo me maldecía por haberlo ocasionado. Sí que esperaba una que otra lágrima, pero tal vez a causa de los golpes para los que yo ya iba preparada mentalmente. Incluso tenía en mi bolsa unas curitas y algo de antibacterial.
—¡Eres una desgraciada! —sollozó. Puede que tuviera razón. Tiró dos años conmigo.
—Laura, cariño. No llores.
—¡No me digas qué hacer! Hemos sido amigas desde la primaria y ahora me tratas así ¿quién te has creído que eres? Y además ¿me terminas en el mismo árbol donde todo comenzó?
—Si, ya. Acabo de darme cuenta de que no fue lo más inteligente. ¿Ves? Soy un desastre como novia. Anda. ¿Sabes qué? Termíname tú a mí.
—¿Cómo puedes ser tan cruel?
—Por eso. Termíname tú a mí.
Laura, con su hermoso pelo rubio metido detrás de sus orejas, me miró con una cara tan despectiva que no hubiera sido raro que me arrancara los ojos en ese momento. Levantó los brazos y los puso en mi garganta.
—Eso, eso. Soy una mala novia. Ahórcame. Tú puedes… tú… espera, espera, Laura, me ahorcas de verdad… espera…
—Debería  matarte.
Tosí y me sobé el cuello. ¡Coño! Que ella de verdad me quería matar.
—Lo decía en sentido figurado…
—Tania… ¡te odio! Pero algo sí te digo, y es que te vas a arrepentir.
—Lo sé. El karma me lo pagará.
De repente un golpe seco me giró el rostro. La mano de Laura, con todo y nuestro anillo de aniversario, hizo que mi mejilla enrojeciera.
—¡Laura! ¿Puedes avisarme la próxima vez que vayas a hacer eso?
—Tania.
—¿Qué? Auch. Cómo duele.
Me soltó un segundo golpe de revés.
—¡Ahora sí te avisé!
—Vale… creo que me lo merezco.
Y totalmente furiosa con el universo, o más bien, conmigo, Laura se sacó el anillo y lo tiró al piso.
—¡Ojalá y te mueras!
Se marchó antes de que tuviera tiempo de responderle. La vi irse, y durante un momento creí que tendría el valor para ir tras ella y pedirle una disculpa. Sin embargo, no logré moverme porque la cara me dolía mucho. No. De hecho, no era la cara, sino el pecho. Tenía un nudo en la garganta y mi corazón estaba acelerado por la adrenalina.
Laura era mi primera ruptura porque fue la primera persona con la que tuve algo realmente especial. Claro que sí me sentía herida, pero al menos las cosas habían terminado para nosotras. Recogí el anillo y me lo metí al bolso. Tampoco iba a tirarlo. Era un bonito recuerdo. Lo que seguía ahora era toda una laaaarga semana de depresión por parte de las dos.
Consulté mi Facebook cuando me llegó una notificación. Era un mensaje de Laura.
—“Ya puedes ir olvidándote de que te regrese tus discos, y también la caja de galletas que me dejaste”.
Joder.
—“Y ya nadie te pasará la tarea de química, ni la de física, mucho menos la de gramática”.
Eso sí era malo.
—“Estoy borrando todas tus fotos.”
¡Ay! Por favor.
—“¿Recuerdas que tengo tus cartas? Pues las voy a quemar ahora mismo”.
La verdad me daba igual. Tras un rato, llegó otro mensaje.
—“Casi quemo mi cocina xD”
Torpe.
—“Todavía te odio, y ojalá te mueras. Despídete de tu cuenta”
—Kha? —le escribí.
Acto seguido, me comenzaron a llegar varios likes de una publicación que había puesto en mi perfil. Qué raro. No he hecho tal cosa.
Abrí mi muro y lo que vi me heló la sangre. La cuenta falsa de Laura estaba publicando pornografía. ¡Porno! ¡Por el amor de Dios! Una tras otra las notificaciones llegaban y una tras otra, los links a páginas xxx llenaban todo mi muro. ¿En dónde estaba toda esa flamante seguridad de la que Facebook presumía?
Intenté mandarle un mensaje a Laura, pero en ese momento mi teléfono pensó que sería buena idea entrar en modo de suspensión debido a que sólo me quedaba un dos por ciento de la batería. Luego se apagó por completo.
Suspiré, agotada. No podía hacer nada para impedir que Laura terminara su venganza contra mí. En cierto modo, tampoco deseaba que lo hiciera porque desquitarse conmigo a través de Internet era lo mejor que ella podía hacer. Mientras no me golpeara ni intentara estrangularme no habría problema. Además, yo la conocía perfectamente y estaba segura de que pronto se le pasaría. No era para tanto ¿verdad? Y entonces, una flor de nuestro árbol cayó justo a mis pies, y me di cuenta de que incluso la naturaleza estaba en mi contra.

Transcurrieron seis meses después de eso, yo ya tenía 16 años y no había sabido mucho de Laura desde entonces. Efectivamente me eliminó de cuanta red social tenía: Facebook, Whatsapp, Twitter e Instagram. No es que yo fuera la señorita sociedad, pero tenía uno que otro fan por las reseña de anime que subía a mi cuenta de Youtube. La verdad es que me daba lo mismo si Laura me odiaba o no. Ambas estábamos madurando y era parte de nuestra vida recibir altos y bajos. Bueno, yo recibía más bajos que los demás, pero afortunadamente podría salir adelante.
Medio año se fue muy rápido, y durante ese tiempo experimenté una depresión que duró la ridícula cantidad de ocho semanas, en las cuales me dediqué a comer helado y a ver televisión. El resultado, una talla extra y unos bonitos cachetes. Por fortuna antes de todo esto yo era más bien esquelética, así que unos kilos de más no me vinieron nada mal. Además mis pechos eran un pelín más grandes ahora, y mi autoestima estaba un punto más arriba de lo normal.
Por otro lado, Laura seguía siendo la misma chica elegante y guapa. Había probado salir con una niña de medio curso, y las cosas terminaron mal para las dos cuando una profesora las atrapó besándose en el baño. Gracias al Cielo no ocurrió  nada más que eso, sin embargo fue suficiente para que las cosas se terminaran.
A veces veía a Laura centrando su atención en mí, y yo la saludaba con la mano. Ella me levantaba el dedo medio y se iba muy campante a otro sitio. El que ella no superara su ruptura conmigo me hacía sentir entre afortunada y triste a la vez. La primera porque significaba que yo era muy importante para ella. La segunda era precisamente por eso, pues yo le había fallado.
Cuando terminamos la secundaria, Laura ya era un poco más madura y seria. Ahora estaba muy centrada en sus estudios para ingresar a una buena preparatoria ¿cuál? Pues ni yo lo sé. El punto es que se había apuntado a unos cursos especiales para poder pasar el examen de ingreso. Un día de esos en los que nos cruzamos, ella me pidió un consejo.
—¿Crees que debería de pintarme el cabello? Me gusta que sea rubio, pero he pensando en que me quedarían bien unas mechas de colores.
—Parecerás un payaso.
—Gracias por tu apoyo, bitch.
—¿Qué dije?
Y se fue campante a tomar el autobús.
Aquella fue la última vez que la vi, y honestamente comencé a echarla un poco de menos. Atrás dejábamos la secundaria. Yo iba a irme a una prepa local, mientras que mi hermano iba a continuar su último año en otra ciudad. A él también lo iba a extrañar. Incluso mi madre, que estaba muy encariñada con él.
Así pues, otro lapso de seis meses se fue y yo ya había crecido en todos los aspectos. Cuando reventé mi primer sujetador gracias al tamaño de mis pechos, me sentí tan feliz que comencé a dormir sin él. Era pervertido, pero me gustaba sentir la calidez de mi colcha frotándose contra mis puntitas rosadas. La ropa de niña adolescente estaba en el ático. Ahora yo vestía más a la moda y de acuerdo a mi edad. Una que otra minifalda hacía un buen juego con una blusa estampada. Me depilaba las piernas, que gracias a un par de meses en el gimnasio, habían adquirido un bonito perfil. Además, por consejo de mi madre, había ido frecuentemente a la playa para broncearme un poco y alejar toda esa palidez que a mí no me gustaba en lo absoluto. Antes era flaquita, sin nada que presumir y muy blanca. Era como tener el disfraz de un zombie. Ahora, era toda una morena de casi 1.67 m. de altura, con un buen par de melones adelante y una linda retaguardia. Tenía amigos, aunque el buen Isaac seguía sin hacerme caso a pesar de que íbamos a la misma escuela.
Tampoco le daba mucha importancia al asunto. Pretendientes no me faltaban, pero continuaba siendo virgen, lo cual a veces me alegraba, pero otras me hacía pensar en cuál era mi lugar en la cadena social. Todas mis amigas tenían novio, y yo seguía siendo la única chica lo suficientemente tímida como para lanzarme a una conquista.  
De todos modos me iba bien con la vida. Laura estaba en el pasado y sólo me quedaba mirar hacia adelante.
Cierto día de vacaciones de semestre me encontraba limpiando mi habitación y ordenando los cajones de mi ropa interior. En algún punto había remplazado las braguitas de niña y había comprado algo más de encaje. Sí, vale, era un poco retraída en ocasiones, pero eso no significaba que no quisiera verme bien en ropa íntima, aunque no hubiera nadie más, además de mi madre (que a penas aprobó mi primer cachetero) que me viera.
—Tania —dijo mi padre entrando sin tocar a mi cuarto. Él era el más incómodo al verme crecidita y todavía no lo superaba. Para él seguía siendo su princesa. De vez en cuando me traía esos dulcecitos de fresa que tanto me gustaban e insistía en leerme un cuento antes de dormir.
—¿Qué, papá?
—Tú hermano va a venir a cenar.
—¿De verdad? —Me alegraba mucho que él viniera. Después de todo eran vacaciones intersemestrales y yo me moría de ganas de verlo. Tal vez incluso podríamos ir a pescar.
—Sí. Vendrá con un amigo, o algo así. Ayúdale a tu madre a preparar la cena. Quiere dar una buena impresión.
—Sí. Enseguida.
Cocinar no era mi fuerte, pero dada la ocasión, mi hermano se lo merecía. Mamá siempre nos enseñó que era muy importante que las personas pensaran bien de otras, así que era necesario dar buenas impresiones aún cuando las cosas fueran mal. Por eso estaba muy metida en su papel de ama de casa., puesto que no sólo era su hogar, mas bien algo así como su santuario. Ella manda. Ella dice sí o no. nosotros sólo somos esclavos. Incluso mi padre ayudó yendo a comprar ingredientes, aunque él era tan malo como yo en la cocina. Sus ganas de ayudar era visibles, y me dio pena cuando mamá lo mandó a ver el partido de fútbol en el sillón.
—Te pondrás algo decente, Tania. No quiero verte enseñando las piernas frente al amigo de Marcos.
—¿Enseñando pierna? Ay, mamá. Mira el termómetro. Estamos casi a treinta y seis grados.
Además, quise decirle, trabajé muy duro para tener un buen cuerpo y no me parecía justo avergonzarme de él. Nunca, ni de niña, había sido  guapa. Tenía que vivir a la sombra de las muchachas más hermosas de mi colegio, y ahora que al fin tenía algo de lo que sentirme contenta, a mis padres no les parecía. Tampoco se trataba de que fuera por allá enseñando todo. Para salir a la calle, me vestía mejor; pero en mi casa me sentía más libre. ¿Cuál era el problema? Mis padres eran de la edad de piedra.
—De todos modos, Tania, ponte guapa.
—Sí, sí.
Barrí la sala. Ordené incluso los adornos de porcelana que estaban en un mueble y regué las flores del jardín para que se vieran más vivas que de costumbre.
Al final de la tarde, más bien entrada la noche, todo estaba listo. Mi madre y mi padre iban bien arreglados. La primera con un bonito vestido floreado y veraniego, y el otro con camisa de vestir y pantalones vaqueros. Yo, haciéndole caso a la petición de ellos, me puse un vestido con encaje en las mangas y falda suelta. Me quedaba justo por encima de la rodilla. No era escotado, pero orgullosa delineaba la curva de mi busto. ¡Dios! Cómo me quería yo misma. Estaba feliz conmigo, con mi familia. Tenía una bonita vida sin vicios y una estabilidad emocional muy fuerte.
—¡Tania! ¡Tú hermano ya va a llegar! ¡Ven!
Bajé enseguida. Mis padres estaban a la espera, agazapados detrás de la ventana mirando con interés al otro lado de la calle. Yo me senté en el sofá a ver la televisión, mientras pensaba en cómo sería el amigo de Marco. Quizá tendría el pelo rizado, y una bonita sonrisa.
—Aquí vienen. Ya llegó el taxi —avisó mi madre —¿quién es la otra persona?
—Ciertamente no parece ser su amigo. ¿Van tomados de la mano?
—¿Nuestro hijo es gay?
—¿Qué pasa? —les pregunté.
—No, espera —papá se alegró —. Es una chica. Viene con una novia. ¡Ah! Ese es mi muchacho.
—¿Novia? ¿Marco se consiguió una novia? ¡Genial! —aunque sentí celos de hermana.
El timbre sonó. Mi madre se arregló el cabello. Mi papá, el cuello de la camisa, y yo puse la mejor de mis sonrisas para recibir a la novia de mi hermano.
En retrospectiva puedo decir que ese fue el inicio de un gran dolor de cabeza, de una dura temporada para mi psique, y por supuesto, de una nueva y poco querida fase de mi vida. Mi pasado estaba justo ahí, bajo el umbral de la puerta, sonriente como sólo yo lo conocía y tomado de la mano de mi  hermano.
—Laura… —musité.
Ella me miró con una ceja arqueada, como si de repente se hubiera llevado la lotería. La expresión feliz se me borró.
Mis padres, como no conocían a Laura, la saludaron de inmediato. Yo estaba en shock, y ni siquiera reaccioné cuando Marco me abrazó.
—¡Hola, hermanita! ¡Vaya, sí que te ha crecido la delantera!
No me causó gracia. Sólo veía a Laura, que le daba un beso a mi madre y a mi padre después de que Marco los presentara.
—Y ésta es mi hermana, Tania.
—Mucho gusto, Tania.
Se acercó como si no me conociera y me dio un beso en la mejilla. Luego susurró a mis orejas:
—Tú hermano besa tan delicioso. Me recuerda a ti.
—Maldita… —dije con la cara roja de la furia. ¿Qué demonios estaba tramando ella?


Última edición por FallenLirioo el Sáb Ene 28, 2017 8:07 pm, editado 31 veces
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Mensaje por Delfi22 el Sáb Mayo 14, 2016 1:54 pm
OMG!!!!..no me digas que Tania la va joder y con Camila..
--no,no resiste Tania a los encantos de Cami--
Buen cap....a la espera del siguiente.Que estés bien...
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Mensaje por invierno el Dom Mayo 15, 2016 5:58 pm
tania, tania que vida la tuya !!

saludos
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Mensaje por Lirio1704 el Mar Mayo 17, 2016 2:15 pm
Baia baia, Tania no sale de una cuando ya esta en otra, Laura seria muy tonta si no se da cuenta de que alguien se quiere comer a su ex; gracias por la actualización y que estes bien =D
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Mensaje por FallenLirioo el Lun Mayo 23, 2016 7:19 pm
Hola gente bonita y sensual de coyuhi nuevamente les traigo un capítulo más de la historia :) así que espero la disfruten y pasen un agradable ratito jeje, gracias por leerme, de verdad lo aprecio mucho, ah, y un saludo *u*

Capítulo 8


El día estuvo muy bien, pero pudo haber sido mejor de no ser por el extraño comportamiento de Camila, la pésima película y el maldito clima que decidió que sería buen momento para caer nada más estábamos a punto de irnos.
Ahí estábamos las cuatro, totalmente quietas afuera del centro comercial. El cielo casi de manera literal se caía a pedazos, y los truenos estallaban cada veinte segundos. Los edificios a nuestro alrededor tenían pararrayos, así que vimos unos bonitos espectáculos que también nos dieron miedo. Era natural en esa zona del país que las tormenta eléctricas fueran comunes, y terminas acostumbrándote. Excepto Ximena, que se estaba muriendo de miedo y se escondía como una inocente niña detrás de la imponente Camila.
Y digo imponente porque no se me ocurría otra forma de describirla. De todas era ella la que más había cambiado y terminó superándonos en muchas cosas. Para comenzar era atlética. Iba a sus entrenamientos los fines de semana y su equipo de la escuela competía con el de otras, y ganaba. Tan sólo nos bastó ver la manera en la que los jeans se le ceñían a los muslos para darnos cuenta de que una simple patada de ellos nos haría atravesar la pared. Por otro lado, seguía siendo algo reservada y analítica, de esa clase de personas que no dejan de mirarte hasta que descubren todos tus secretos, o como si tuviera un sexto sentido para ver más allá de lo inobservable.
O quizá sólo estaba diciendo estupideces.
—Creo que deberíamos pedir un taxi —sugirió Laura. Un trueno estalló y Ximena se encogió.
—¿Por qué no entramos, chicas?
—Porque no podremos conseguir transporte —me asomé a la calle para ver si venía algún taxista. Nada, por supuesto. Todo estaba desierto —. Se me hace que vamos a pasar un largo tiempo por aquí.
En eso Camila sacó de su bolso un paraguas. Lo abrió y sin decir palabra alguna salió a la lluvia. Nosotras nos quedamos patéticamente de pie, mirándola irse hasta que se perdió entre los coches del estacionamiento.
—Creo que se suicidó —bromeó Laura —. Bien ¿quién sigue?
—A mí ni me vean —replicó Ximena —. Mi cabello no tolerará la lluvia. Se me esponja y eso.
—Bah. Tonterías. Si no está tan fuerte.
Al poco rato un coche negro se paró justo frente a nosotras. Traía los vidrios oscuros, y el del copiloto se bajó. Tras el volante vimos a Camila.
—Suban.
Laura fue la primera en salir a la lluvia, y su precioso vestido quedó empapado al instante. Ximena se lo pensó dos veces cuando otro trueno explotó, y yo tuve que agarrarla de la mano para sacarla de nuestro escondite. Se acomodaron en los asientos traseros y yo me senté al lado de Camila.
—¡Ay! ¡Mi cabello!
—Ya, cállate, Ximena —le espetó Laura, abrazándose a sí misma para quitarse el frío. Lo cierto era que el agua estaba casi congelada. Yo misma empecé a temblar.
Camila prendió la calefacción de inmediato y aceleró para cruzar el estacionamiento y salir a la avenida.
—¿Es tuyo el coche? —Laura finalmente hizo la pregunta del millón. Todas estábamos deseando saber si éste era el auto de Cami, pues cuando estábamos en la secundaria ella siempre decía que conducir le daba miedo. De niña presenció un terrible accidente y le quedó algo así como un trauma. Las dos temíamos por ella, pero ahora… bien. Tenía que aceptar que era genial tener a una amiga con coche propio.
—La mitad.
—Ah. ¿Alguna de nosotras sabe conducir?
—Yo choqué con una piedra —dijo Ximena como si fuera una proeza. Yo simplemente negué con un gesto. Mi padre una vez intentó enseñarme a manejar y siempre me equivoqué con la palanca de velocidades. Camila, al contrario, las manejaba muy bien y rebasaba a los otros conductores sin el menor atisbo de miedo.
Total que llevamos a la parlanchina de Ximena hasta su casa. Se despidió de nosotras con sonoros besos y abrazos y dijo que sería genial volver a reunirnos pronto, en casa de alguien para variar, preferentemente con Camila, porque como ella tenía coche bien podía llevarnos a nuestro hogar en caso de que hubiera otra tormenta.
—¡Las amo!
Y se fue. Laura aprovechó su ausencia para extender todo su cuerpo en el asiento y soltar un sonoro suspiro. Le pregunté si se sentía bien y ella dijo que sólo tenía un fuerte dolor de cabeza y que le palpitaban las sienes. Olvidaba que ella constantemente sufría migrañas, y con eso, también recordé que en un sinfín de ocasiones la recostaba sobre mis piernas y le daba masajes en la cabeza para hacerla sentir mejor. ¡Maldición! Otro recuerdo inútil que no venía al cuento y que me transportaba a aquella época en la que Laura y yo éramos felices.
Cami se mantuvo callada durante todo el trayecto, con el único sonido del agua cayendo sobre el coche. Se estacionó frente a nuestro hogar y le prestó a Laura su paraguas.
—¡Gracias, amiga! Ven, Tania.
—Quédate —dijo, o más bien, ordenó Camila.
—Ehm… te alcanzo.
—Bueno.
Laura se fue y yo me revolví incómoda en la silla. Cami permaneció en silencio, para variar.
—Es un bonito coche.
—Abre la guantera.
—Oh, bien.
Dentro había sólo una cajita de regalo envuelta con papel dorado y un listón rojo. Tenía una pequeña etiqueta que decía “para Tania”.
—¿Qué es esto? —sonreí mientras la abría. Contenía unos pequeños chocolates envueltos en papel aluminio, tan pequeños como canicas.
Probé uno y nada más sentir el dulce sabor en mi boca, me puse a babear. Yo adoraba el chocolate y su efecto hipnótico. Era una lástima que no podía comerlo seguido, ya que era yo una vaga para hacer ejercicio y si ingería mucha azúcar podría perder el cuerpo que con tanto esfuerzo conseguí.
—¡Ay! Están muy ricos. Gracias, Camila.
—No le invites a nadie más. Son tuyos.
—¿Ah? Gracias. Me fascina el chocolate.
—Lo sé.
Sonrió una de las pocas veces en las que lo hacía, y yo comencé a sentirme un poquito incómoda de estar con ella en el coche. De hecho, aún cuando estábamos en la secundaria, Camila y yo no éramos muy cercanas y para ser honesta, la niña me daba miedo porque siempre pareció una persona sombría, llena de secretos y quizá instintos asesinos reprimidos.
—Los compré para ti cuando Ximena dijo que nos veríamos.
—No debiste. Qué lindo detalle. Ah, éste es de fresa…
El sabor dulce del chocolate se me fue cuando Camila deslizó una de sus suaves manos por mi mejilla. Era tan extraño tener contacto físico con ella que en el mero acto me sonrojé y alejé.
—¿Qué haces?
—Tu piel está fría. Te puedes resfriar.
—Sí. Creo que ya es hora de que entre.
—Salgamos otro día. Sólo nosotras.
—¿Por qué sólo nosotras? ¿Es que Ximena y Laura ya no te caen bien?
—Ellas me agradan.
—¿Entonces?
Camila miró hacia otro lado como buscando la respuesta, y al final pareció no encontrarla. Se limitó a sonreír y a encogerse de hombros.
—¿Importa?
—Bueno, se molestarán si salgo contigo y no las invito.
—¿Importa?
—Son nuestras amigas.
Eso sí que pareció ponerla a pensar, y luego asintió.
—Es cierto. No se debe traicionar a las amigas.
—Podemos salir otro día, las cuatro. No hay problema por eso —me metí otro chocolate a la boca. ¡joder! Qué buenos estaban. Era como tener un orgasmo en mi lengua.
—Me dio gusto volver a verte, Tania.
—Ehm… a mí también. Y has cambiado mucho.
—¿Te gusta?
—Sí. Te renovaste completamente. Nos has dejado a las tres impresionadas. Especialmente a Laura, que ya ves que siempre ha sido algo envidiosa.
Se rió de mi chiste y después levantó la mano para volver a acariciarme la cara. Yo la dejé ser porque no podía detenerla, y sí, estaba algo asustada por la situación. Delineó mis labios. Pasó mis mechones de cabello por detrás de mi oreja y me limpió la mejilla con su pulgar.
—Ve a casa, Tania.
—Gracias por traernos.
¿Cómo me despedía de ella? ¿Con un apretón de manos? Estaba tan nerviosa que cuando Camila se inclinó para besarme la mejilla, yo le correspondí. Sólo que no fue un beso tan en el cachete, más bien fue en la comisura de la boca. Cuando me alejé, vi que su mirada era serena, relajada. Casi de flojera.
—Bien, adiós.
Y salí sin decirle nada más.
A penas llegué a casa y cerré la puerta, solté el aire que estaba conteniendo. Aquello sí que había sido muy raro en Camila. Bueno, de hecho toda ella era rara. La caricia de sus manos, los chocolates, las miradas perturbadoras que me echaba. Ni quería ponerme a pensar en que yo le pudiese interesar de otra forma. Además, hasta donde yo sabía Cami no era de la clase de chica a la que le gusta otra chica. Yo tenía un radar para eso. Bueno, al menos lo había tenido y estaba consciente de que podría fallar.
—¿No crees que Camila estaba algo extraña? —le pregunté a Laura. Mi ex estaba en el sofá sobándose las sienes.
—¿Qué? A mí me pareció rara, como siempre.
—¿Te sientes muy mal?
—Sí. Es migraña. Incluso la luz me da dolor.
—Uhm… —torcí la boca y fui al botiquín del baño por una pastilla para el dolor. Cuando regresé, Laura ya se había tumbado.
—Ten. Tómate esto y te ayudará.
—¿Sabes que me ayudaría?
Oh, por favor. Que no lo diga.
—Dame un masaje en las sienes.
—Es que…
—¿Qué? —frunció las cejas —Dios, Tania. No te estoy pidiendo que me hagas el amor.
—Bien, bien. Sólo porque odio verte dolorida. A ver. Levanta.
Me senté y puse su cabeza sobre mis piernas. Solté el listón de su cabello y delicadamente puse mis manos en sus sienes. Laura cerró los ojos y colocó las manos sobre su estómago. Respiró profundamente como le pedí y se acomodó.
—Relájate. No pienses en nada más. Imagina que estás flotando en una nube.
Siempre le decía eso para tranquilizarla. Empecé a mover las yemas de mis dedos en forma circular a los costados de su cabeza, y mientras lo hacía, no pude evitar dejar de mirarla. En la secundaria hacíamos muchas de éstas cosas tiernas como sentarnos en las piernas de la otra, o darnos besitos mientras intercambiábamos dulces, o darnos de comer. Era tonto, sí, pero dulce y honestamente extrañaba hacer esa clase de cosas con otra persona.
Ver a Laura tan relajada en mi regazo me dio… no lo sé. Una sensación de paz interior. Era como cuando dejas abandonada a tu mascota y luego te das cuenta del terrible error que cometiste, y un tiempo después, esa misma regresa y quieres hacerle toda clase de cariños para pedirle que te perdone. Me percaté de que ese era precisamente mi problema: la conciencia que me estaba matando por haberla cortado tan cruelmente. ¡Dios! Estábamos en la secundaria, la época de los traumas. Me pregunté si no le habría ocasionado algún daño permanente a la personalidad de mi novia. Digo, ex novia.
—¿Cómo sería si volviéramos a ser pareja? — preguntó Laura, y eso bastó para sacarme de mis pensamientos.
—¿Qué? No inventes.
—No invento. ¿O es que tú no te has puesto a pensar en ello? Me tienes aquí. ¿Realmente ya no sientes ni papa por mí?
Ni papa. Sólo los niños de cinco años usan esa expresión. Me reí. En el fondo Laurita, es decir, Laura, seguía siendo una cría.
—Sí, lo he meditado —acepté —, y no es un pensamiento que me guste.
—Lo sé. Es deshonesto con Marco. Si yo que soy su chica no quiero herirlo, tú menos. Pero no lo puedo evitar, Tania. Es imposible. Hasta la persona más fría debe de sentir algo si ve a su ex.
Suspiré.
—Estás en lo cierto. Dejemos el tema. Sólo relájate y todo saldrá bien.
—Podemos ser amigas. Amigas íntimas. ¿Sabes que es eso?
—¿Con derechos?
Vi que la cara de Laura enrojecía.
—No, tonta. Amigas íntimas. De las que se cuentan cosas. Como hermanas.
—Eso me gustaría.
Mi respuesta pareció agradarle, y a mí también. No me convenía pelearme con Laura ni seguir echándole la bronca. Tampoco deseaba separarla de Marco, a pesar de que hacía unos días esa era mi prioridad. Lo que más me importaba ahora era estar bien conmigo misma y con todas las personas que me rodeaban. Dejar los dolores del pasado y prepararme para el futuro. Laura era cosa del ayer, y yo era lo mismo para ella. Eso no significaba que no tuviéramos que ir separadas.
—¿Te sientes mejor?
—Sí. Creo que la pastilla está haciendo efecto.
—Anda, vamos a acostarte.
La llevé al cuarto de mi hermano, que ahora era el suyo temporalmente, y se recostó en la cama. Le quité los zapatos y le aflojé los botones del vestido. Laura se metió la mano dentro de la ropa y se deshizo del sostén. Después la tapé con una sábana y corrí las cortinas para que no entrara luz y la lastimara.
—¿Te despierto?
—No —se acomodó en posición fetal —. Déjame descansar.
—La migraña es horrible —me arrodillé para estar a la altura de la cama, y sin saber qué se movió en mí, le dejé un beso en la sien. ¡Diablos! En mi mente Laura todavía era una niñita que necesitaba amor. Siempre la vi así, y después de todo éste tiempo, las cosas no habían cambiado en lo absoluto —. Descansa.
Salí del cuarto de Marco sintiéndome mal y bien al mismo tiempo. Por un lado, me gustaba estar haciendo las paces con mi ex, porque eso significaba limpiar mi pasado. Resetearme para seguir avanzando. Aunque no fuéramos novias (y por mucho que lo pensáramos al tenernos tan cerca) siempre podríamos tener una bonita amistad. Ser algo más que amigas pero menos que enamoradas. La idea me gustaba, en serio. Y si ella podía hacer a Marco feliz, pues mi amor de hermana por él no me dejaría intervenir para joderle la vida.
—Sí —me dije mientras me metía a bañar —. Laura ya es parte de la vida de ésta casa.
Esa tarde de lluvia decidí que dejaría atrás todo pensamiento negativo. Limpiaría por completo mi corazón de las experiencias del pasado y me aferraría sólo a los más bonitos recuerdos, que en la vida es lo único que nos debe de importar: los buenos momentos. Al final sí logré sentirme feliz.

***
Baia baia jaja, parece que Laura está dejando en claro sus sentimientos, o quizá Tania es demasiado torpe :p, bueno, nos vemos la próxima semana :) gracias por su tiempo n.n
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Mensaje por Delfi22 el Mar Mayo 24, 2016 10:18 pm
Dudo mucho que Tania deje de sentir algo por Laura y la vea solo como amiga.....
En cuanto a Camila siento que va a causar problemas...
--A la espera del siguiente....Que estés bien--
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Mensaje por Siamés Místico el Vie Mayo 27, 2016 2:38 am
¡ESTÚPIDA MIS EXÁMENES IDIOTA! <---- yo tratando de seguir la historia.
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Mayo 28, 2016 12:18 am
jjajaja yo también estaba en epoca d examenes pero el shuri esta pendiente siempre
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Mensaje por Lirio1704 el Mar Mayo 31, 2016 2:49 pm
Este cap estuvo muy relajante pero solo en la despistada mente de Tania que todavia no entiende que Camila se la quiere comer y que su ex la sigue amando como el primer día (OK ya se cursi pero cierto).

Me gusto mucho y ojala sigas teniendo tiempo para complacernos con tu historia.
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Mensaje por bridec350 el Mar Jun 07, 2016 10:53 pm
Hola! debo confesar que me he encontrado con tu fic por que me llamo la atención su titulo y es que joder y ex me pillo enseguida... por supuesto he leído todos los capítulos que tenéis hasta ahora que creo son 12 y bueno la historia es buena divertida y adictiva por favor continua con ella
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Mensaje por FallenLirioo el Jue Jun 09, 2016 12:00 am
Hola!! muchas gracias por sus cometarios jeje los adoro, y bueno les traigo una continuacion, asi que disfrutenla y perdon la tardanza ^^^

Laura bajó justo a la hora de la cena. Se veía adormilada y linda con su carita de ¿qué pasó aquí? ¿en dónde estoy? Yo esbocé una sonrisa tranquila para saludarla y mi hermano la recibió con un beso en la mejilla. Mi madre le preguntó si estaba bien o si necesitaba ir al doctor si se sentía tan mal. Ella le explicó su problema con la migraña y la clase de dolores que le daba en el momento menos indicado. Incluso Marco se veía considerablemente preocupado por la salud de su novia. A decir verdad, se alteraban más por ella que por mí.
—Me siento mejor —dijo Laura y tomó un bocado de su cena —. Estaré bien si duermo un poco más.
—Deberías revisarte —mi padre bebió de su jugo. Se creía el muy médico y cada vez que alguien enfermaba, él no dudaba en ponerse paranoico —. Podría ser un tumor oprimiendo tu lóbulo parental. Recomiendo una resonancia.
—Papá… suficiente —exclamó Marco. Laura se puso colorada y se tocó la cabeza como si las palabras de mi padre de verdad la hubiesen afectado.
Terminamos la cena en un ambiente aburrido, con Marco y mi madre hablando acerca de la vecina que había muerto de cáncer cerebral y de lo mucho que sufrió. A mí me daba algo de gracia ver cómo mi ex novia se cohibía y bajaba la mirada. Conociéndola, estaría imaginando cómo sería vivir con esa horrible enfermedad.
Todos estaban exagerando. Lo que Laura tenía era una simple migraña y yo le tomé de la mano para tranquilizarla y le dije que no hiciera caso a mis padres. Creían saberlo todo y sólo porque eran un par de adultos con teléfonos de última generación y acceso a Internet. Se tragaban casi todo lo que veían en la red y les parecía absurda la idea de que hubiese timadores y mitos por allá. No los culpaba. Cuando yo conocí internet también llegué a creerme todos esos publicitarios que asomaban a cada rato mientras se navega.
—Vamos. Te llevaré a tu cuarto —dije a Laura y subimos a la alcoba de mi hermano.
Se veía triste, o quizá sólo estaba cansada de sentirse mal. Se recostó. Apagué las luces y encendí la lámpara de mesa para que no estuviera tan oscuro. Luego me acomodé a su lado y le acaricié la frente. Tenía algo de fiebre.
—Creo que sí deberías de ir al doctor.
—Me siento más o menos. Mañana estaré mejor.
Quité un mechón rubio y de la nada empecé a peinarla como cuando éramos novias. Incluso fui por un cepillo. Laura se sentó en el borde del colchón mientras yo le daba atención a su pelo, que siempre me había gustado.
—¿Sabes, Tania? Me gusta estar así contigo. Me trae tantos recuerdos ¿a ti no?
—Sí, me los trae a menudo —. Más veces de los que quisiera —¿te hago un moño?
—No, gracias. El pelo amarrado me da dolores de cabeza. ¿Saldremos pronto con Ximena y Camila?
—Sí. Oye… ¿en serio no viste a Cami un poco diferente? Claro además del aspecto. Siento que mi radar de lesbiana se activó.
Laura rió encantadoramente.
—¿Radar? ¿Tienes uno? Bueno, sí me pareció algo coqueta con Ximena.
Ximena no venía para nada al cuento. Además a ella le gustaban mucho los chicos e incluso tenía la foto de un muchacho que le gustaba como fondo de su móvil. No había manera de que a Ximena tuviera esa clase de gustos. Sólo era la mejor amiga de Camila.
—¿Por qué lo preguntas?
—Sólo quería saber. De acuerdo. Es hora de dormir.
—¿Abrazo?
—Sí —ella se giró y yo la abracé con cariño. Sí, sí. Estaba un poco mal demostrar tanto afecto con ella. Sin embargo cada vez que a Laura le daba un ataque de migraña, tratarla con amor ayudaba a calmarla. La relajaba y le hacía sentir feliz —. Descansa, ex novia. Asegúrate de hacer feliz a mi hermano.
—Tú también tienes que dormir —Se separó para mirarme y me tomó de las mejillas. Yo incliné la cabeza hacia atrás, pensando en que de seguro iba a tomarme por sorpresa con un beso en la boca, pero en vez de eso me dio uno en la frente. Me sonrojé.
—Buenas noches.
—Buenas noches.
En toda la noche me la pasé dando vueltas en mi litera. Marco roncaba. Yo estaba con la vista puesta en la ventana y en el viento que movía las ramas de mi árbol favorito. Pensaba sobre todo en Laura, y en lo mucho que la estaba recordando. Esos buenos tiempos se habían ido, pero yo todavía los divisaba en el horizonte de mis recuerdos, como una mancha que se negaba a desaparecer. ¿Sería posible que mi ex novia me estuviera gustando otra vez? ¿Cómo repercutiría eso en mi hermano? De repente a mí también me comenzó a doler la cabeza.

Al día siguiente Laura se veía de mejor humor, y se paseaba por la caza con uno coqueto vestido de flores. Era muy femenina cuando se lo proponía y siempre estaba feliz. Ayudó a mi madre a lavar los trastes y a limpiar la casa. Al contrario de mí, que me la pasé de vaga en el sofá viendo como una aspiraba y la otra deslizaba el plumero por una vitrina.
—Ya podrías ser como Laura —dijo mi madre. Yo no respondí o me ganaría un bonito jalón de orejas —¿Por qué no vuelves al gimnasio?
—No es mala idea —mi ex sonrió —. Te pondrías más guapa.
—¿Insinúas que soy fea?
Mi mamá se rió y yo me apené tanto que quise meterle ese plumero a Laura por el culo.
Subí al baño y me miré al espejo. ¿Quizá estaba subiendo de peso? ¿Eso era… papada? Oh, Dios. Incluso tenía una pequeño flotador y no me había dado cuenta de eso. Me entró el pánico. Debí saber que tener un buen cuerpo no sirve de nada si no me ejercito más a menudo. Así pues le di la razón a mi madre y decidí comenzar a hacer algo de ejercicio intenso para perder ese molesto kilo extra. No sólo era por estética. También por salud, y no deseaba que el duro trabajo de un año se fuera al carajo en sólo unos meses.
Esa tarde me apunté a un gimnasio. Al más sofisticado que encontré. Tuve que pedirle dinero a mi padre para pagar una visita. Sólo iría un día para probar suerte y ver qué tan mal en forma estaba. Después me prometí ir más a menudo.
—Bien —dijo la instructora —. Comenzaremos con algo para fortalecer los brazos. Estas son mancuernas de cuatro kilos ¿puedes levantarlas?
—Pan comido. Listo ¿ve?
—Genial —exclamó con una desagradable sonrisa —. Ahora has cuatro series de doce repeticiones.
—¿Qué? ¿no es… mucho?
—¿Quieres estar guapa o no?
¡Joder! Esa instructora parecía hombre. Yo no quería tener cuadritos en el abdomen, ni que mis músculos se marcaran tanto como los de ella.
Terminé esa serie de ejercicios y fui con ella. Ahora sí que me sentía cansada.
—De acuerdo. Ahora haremos unas cuantas agachadillas para levantar ese culo. Mira como lo hago.
Me mostró el movimiento exacto. No es que no lo supiera. Ver sus enormes nalgas duras como piedras me intimidó un poco. Imaginé lo mucho que dolería si todos esos músculos me golpearan.
Ese ejercicio también lo terminé, y en un rato ya estaba tirando la toalla. Diablos, que sí que estaba en pésima forma. Me dolía el trasero, la espalda, los brazos. Hasta los ovarios.
—¡Media hora en la caminadora!
—¿Qué?
—¡Muévete!
Más tarde me enteré de que esa dulce y hermosa mujer (sarcasmo) fue soldado y por eso era tan dura. Salí de ese gimnasio totalmente molida y cuando llegué a casa lo primero que hice fue tirarme en la bañera y salir de allí hasta que el agua tibia hubo calmado todo mi dolor.
—¿Cómo te fue? —se le ocurrió preguntar a mi madre con una sonrisa tan evidente de burla.
—Bien —le mentí —. Dentro de poco podré ser culturista.
—No te ves bien —se rió Laura.
—Me iré a dormir —estaba triste por mi bajo desempeño y tras cerrar los ojos no me desperté hasta el día siguiente.
Entonces no me pude ni mover. Mi ex novia entró a la habitación cuando todos los demás estaban fuera. Nada más verme soltó una despiadada sonrisa y se sentó junto a mí.
—La belleza duele ¿verdad?
—Las nalgas me están matando. No puedo creer que hice casi cien agachadillas. ¡Me voy a morir! ¡La espalda la tengo echa añicos! Siento duros todos mis músculos.
—¿Te doy un masaje?
—No digas tonterías.
—Sé cómo hacerlo. Anda. Date la vuelta.
—No.
—No seas penosa, Tania. Hazlo. Te sentirás mejor. Lo prometo.
Era tentador. Sumamente tentador. A duras penas, me puse boca abajo. Laura salió un ratito y regresó con un aceite que olía a frutas.
—No creas que me quitaré la camiseta.
—No estoy jugando, Tania. Anda, vamos. Arriba.
—No, Laura, espera. Oye no me desnudes…
Pero fue tarde. Muy a mi pesar me quité la ropa y volví a tumbarme. Laura se puso a horcajadas sobre mí y cuando sus manos aceitosas me tocaron los hombros, un escalofrío tan dulce como el pastel de chocolate me alcanzó.
—Oh… Dios. Laura, sí que sabes lo que haces.
—Te lo dije —sus dedos se movían magistralmente y deshacían cada nudo de tensión.
—Ah… ah, sí. Justo allí. Eso es. Espera, un poco más arriba. Auch. Duele. Que rico… me puedo quedar dormida.
Bien. Gemí un poco. Laura era experta con esto de las manos.
—Te tengo tan sumisa.
—Cállate —musité en voz baja y con una sonrisa de felicidad. Me estaba quedando dormida.
De repente sentí algo que no eran sus manos: fue un beso en mi espalda.
—¿Qué haces?
—Te beso.
—¿Por qué?
—Porque sí. Es parte del masaje.
Si lo era… yo no pude protestar. Me sentía tan relajada. Los besos de mi ex novia producían chispas en mi cerebro. Me calmé tanto y fui tan feliz que el dolor dejó de importarme. Sólo quería… cerrar los ojos y… dormir.
Laura me despertó antes de que me pusiera a roncar.
—Bueno ¿te sientes mejor?
—Sí. Realmente bien —me estiré. Hasta se me había olvidado que mis pechos estaban al descubierto, y la mirada de Laura no era nada discreta. Me cubrí —. No mires.
Me dio un besito en el hombro.
—Fue un placer. Descansa un poco ¿sí? Te pondrás bien.
—Gracias, Laura. Eres un ángel.
Me apené nada más decirle eso. Ella se lo tomó a juego y me dio otro besito en la mejilla.
Volví a tumbarme. Tener a mi ex novia masajéandome fue tan delicioso que no supe si me sentía bien por el masaje en sí o por Laura. Últimamente estaba muy cariñosa conmigo y si sonaba algo cruel, me gustaba. Después de la terrible ruptura con Isaac, tener a alguien tan atento conmigo era lindo, y sugerente.
Salí del cuarto y fui en dirección a la ducha. Después de bañarme vería alguna película con Laura. La acostaría sobre mis piernas y… ¿qué estoy diciendo?
Antes de entrar, la puerta se abrió. Laura estaba saliendo de su ducha y sólo una toalla la envolvía. Sus mechones caían mojados a los lados de su cara. Sus ojos azules vibraban como el cielo de la primavera. La línea de su rostro tan delicada como la seda y su piel nacarada y exquisita.
Nos quedamos quietas. Yo con mi cara de boba y ella en una expresión de asombro y timidez. Sus mejillas se colorearon de rosa.
Y de repente, puse mis manos en sus caderas. Laura se acercó a mí y envolvió mi cuello con sus brazos. Antes de poder hacer otra cosa, acerqué el rostro y le di un piquito con mis labios. Nos quedamos muy cerca, respirando tranquilamente, y segundos después, ya nos estábamos comiendo a besos. En ese momento no pude pensar en nada que no fuera ella. Sentí que me empujaba. Atravesamos el pasillo y entramos al cuarto de mi hermano. Mis piernas tropezaron con la orilla de la cama y caí de espaldas. Laura se acomodó sobre mi.
Pensé que me detendría nada más sentir el colchón, pero no. Sin despegarme de su boca, dejé que que su lengua y la mía se enredaran con una pasión reprimida y tan escondida que nunca supe que estaba allí. El aroma de manzana que se desprendía de su cabello rubio, la frescura de la piel de su cintura cuando se deshizo de la toalla y se quedó desnuda ante mí.
No le di tiempo de hablar, ni ella me lo permitió. Me concentré tanto en sentir sus labios despedazando los míos que no tuve más que aferrarme que a su espalda y rasgué su tersura con mis uñas. Sus manos hicieron a un lado mi cabeza para exponer mi cuello y se arrojó sobre él, dándole mordiditas, besos y lamidas que terminaron por encender todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo. Un manto de neblina oscureció mis pensamientos. La abracé y la pegué a mí lo más que pude. Hundí mis dedos en su pelo y controlé el ritmo frenéticos de sus besos. Estaba a gusto, literalmente con el corazón loco de placer.
Laura fue la primera en separarse. Yo coloqué mis manos en sus mejillas y acaricié sus pómulos con mis pulgares. Olía a su shampoo. Estaba embriagada de ella y de su mirada de niña de ojitos azules. Me pareció ver una ola de recuerdos cruzando por allí.
—Laura… creo que tú y yo tenemos…
—Graves problemas.
Asentí. Al menos en eso estábamos de acuerdo.
Volvió a acercar su cara buscando otro beso. No me pude resistir cuando me lo pidió y terminé entregándole mis labios por segunda o tercera ocasión. Quería que me comiera el cuello, que clavara sus dientes como solía hacer cuando estábamos en la secundaria. Ansiaba todo de ella otra vez.
—Es suficiente, Tania.
Maldije para mis adentros. El corazón se me salía del cuerpo y la sangre me zumbaba en los oídos. Estaba tan excitada. Las dos.
Sin decir palabra alguna, nos sentamos en el colchón. Laura ni siquiera se molestó en tapar su desnudez. Después de todo sería absurdo que nos diera pena.
—¿Qué haremos, Tania?
—Creo que será mejor que salga a dar un paseo —. No logré despegar mis ojos de sus bien formados pechos, ni de su rostro temeroso. Y sin embargo, sonreí un poco, por muy cruel que eso sonara.
—No tardes.
—Vístete.
Las dos necesitábamos estar a solas.

***

Jajaja, ahora sí que se está armando la gorda con esas dos chicas no creen? me parece que Laura es todo un ángel, la amo snif porque no existe una así cerca de mí jjaja
saludos!
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Mensaje por Delfi22 el Vie Jun 10, 2016 5:52 pm
Se ve que a estas niñas les gusta sufrir..(se ve que donde hubo fuego,cenizas quedan)ahora con esto que paso,siento que los celos van a estar al orden del día..Muy buen capítulo Cool

A la espera del siguiente..Que estés bien...
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Jun 11, 2016 1:29 am
Gracias delfi, siempre al pendiente jajaja,
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Mensaje por Lirio1704 el Miér Jun 15, 2016 5:13 pm
Uff que levantón de temperatura mujer jajajajajaja

Pero siento que Tania aún no dará su brazo a torcer, con eso de que se cree super hetero.

Gracias por la actualización y espero poder leerte pronto.

PD. Yo también quisiera que hubiera alguien como Laura cerquita de mi =P
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Jun 18, 2016 3:02 pm
Holaaa, gracias por sus lecturas y comentarios n.n, aquí les dejo la continuación, y arriba el yuri!!

Después de aquél terrible (y delicioso) incidente del beso con Laura, mi relación con ella cayó en picada, como un avión que de repente se ha quedado sin combustible y planea directo hacia el desastre. Ni ella ni yo éramos unas chiquillas tontas y sabíamos que la atracción era mutua. Yo la deseaba y ella me deseaba. De no haber sido por mi hermano, sin duda ahora tendría su cabeza entre mis piernas disfrutando de… bueno. No creo que sea necesario aclarar ese punto.
El resto del día me la pasé en cama, tendida como una muñeca sin baterías y esperando el momento exacto para confesarle a mi hermano lo que pasó con Laura. Tenía la resolución de hacerlo y terminar de una maldita vez con todos los problemas que estaba ocasionándole, y me importaba un bledo si mi ex novia estaba en desacuerdo o negaba todo lo sucedido.
Debíamos de matar esos sentimientos de raíz. Cortarlos y quemarlos para después arrojar los restos dentro de un reactor nuclear. Yo no quería tener una aventura con Laura y estaba segura de que ella se sentía igual con respecto a eso. Además en sus ojos podía ver que estaba enamorada de mi hermano. Las dos lo queríamos mucho. Hacerle daño nos hería a ambas.
Ese día no volvimos a cruzar palabra, ni lo intentamos. Bien sabía ella y yo que las cosas no podían continuar de esa manera y lo único que podíamos hacer era evitarnos hasta que las vacaciones se terminaran y ella regresara con mi hermano a la otra ciudad. Sólo así yo podría continuar con mi vida. Las cosas se decían fáciles, pero no lo eran en lo absoluto, sobre todo porque indiscutiblemente sí pasábamos por momentos en los que nos era imposible no ignorarnos.
En el transcurso de los días, a nuestros padres les daba por preguntarnos qué tal nos iba. Yo siempre estaba al pendiente de qué contestaba Laura, como si su vida me fuera a parecer interesante. Y si las cosas no habían estallado en nuestra casa era por nuestra cobardía de expresarle a Marco que ella y yo habíamos sido una dulce pareja en la secundaria.
Supongo que el daño iba a ser más grande, y decidimos que sería mejor mantenerlo en secreto y soportar lo que viniera. Después de todo las dos nos lo buscamos y todo por andar de calientes, tentándonos cuando Laura bien sabía que, a pesar de toda mi heterosexualidad que estaba poniéndose a prueba, ella me seguía gustando. Era como verse atraía por un imán. En un momento no se siente nada, pero a medida que te acercas, el deseo se vuelve incalculable e ineludible.
Yo no dejaba de mirarla discretamente cuando se paseaba por la casa con sus alegres vestidos, ni cuando ayudaba a mi madre en la cocina y mucho menos cuando salía de baño, con el cabello húmedo y la piel perfumada. Me costaba sacarla de mi cabeza, y me maldecía por eso a cada instante, igual que si viera una película de terror que me sobrecogía, y sin embargo, incapaz de apartar la mirada, allí estaba yo sufriendo.
Cierto día Marco entró a nuestra habitación y tomó la litera de arriba. Estar con él también se había vuelto incómodo, y cada vez que se refería a Laura como la mejor novia del mundo, yo me reía en silencio porque él no conocía a Laura al mismo nivel que yo. A puesto a que ni siquiera habían estado desnudos en la misma cama. Vale. Yo tampoco.
—¿Sabes si hay algo que le moleste a Laura?
—¿Qué? No se nada. Ya te había dicho que esa chica es algo tonta.
—Pensé que te caía bien.
Estaba revisando las fotos de mi teléfono, y de no haber sido por el comentario de Marco, hubiese seguido relajada. Miré a la litera de arriba y lo imaginé acostado y preocupado por lo que le estaba pasando a su novia. Era cierto que en los últimas días Laura parecía estar evitándolo. Nos lo había contado a papá y a mí cuando mamá y mi ex salieron de compras (ya era como de la familia, y mi madre estaba encantada).
—¿Qué quieres decir? Me agrada y mamá la adora. Es como la fabulosa hija que nunca tuvo. Debería de marcharme y dejar que ella sea mi remplazo.
—Es sólo que… está rara. ¿Puedo confesarte algo íntimo?
Suspiré. Se lo debía a Marco. Cuando tuve mi primera regla, incómodamente él había sido la primera persona en saberlo, y le hice pasar por un momento tan odioso al pobre hombre… me daba risa con sólo recordarlo.
—Te escucho.
—El otro día… estábamos a punto de tener sexo.
Ya comenzaba a sentir mareos.
—Estábamos desnudos…
Joder. Ahora sí que me sentía superada por mi propio hermano.
—Y bueno, ella estaba usando su boca…
—Marco, omite los detalles.
—De acuerdo, lo siento. Y justo cuando… bueno…
—¿Ibas a meter el tren en el túnel?
—Sí. Laura se puso a llorar.
—Bueno. Es normal.
—No, tonta. Se puso a llorar y dijo que no estaba lista para eso. Y que… siempre había estado esperando al momento y a la persona ideal. Eso me hizo pensar que en su corazón ella no me ve como el amor de su vida. Lo comprendo ¿sabes? Somos jóvenes, y todavía así, duele. Es como si a pesar de estar juntos, ella tuviera la visión más allá, esperando conseguirse algo mejor que yo. A veces pienso que todavía está enamorada de su ex.
El corazón se me subió a la garganta. ¿Cómo que enamorada de su ex? ¿Qué sabía marco de eso?
—Eh… ¿ex?
—Sí. Me contó que tuvo un ex novio justo antes de mí. Se conocieron en la secundaria, pero el muy perro la dejó sin explicación alguna.
—Ah.
Uff. Entonces Laura sí que le había contado a Maro lo nuestro, pero omitiendo los detalles más importantes. Bueno, eso me parecía algo sensato y honestamente me liberaba un poco. El pasado de su novia no era tan desconocido como imaginábamos.
—El punto es que creo que ella todavía ama a esa persona. No estará lista para lo nuestro. Dijo que él fue su primer amor. Es algo duro cuando la chica que quieres te cuenta eso ¿no? Y desde entonces me la he estado pasando mal para contener las ganas de llorar.
—Marco… —susurré con tristeza.
—Es difícil no sentirse mal. Me preguntaba si tú… podrías hablar con Laura. Es cosa de mujeres, obviamente. Y supongo que se sentirá mejor hablándolo contigo que conmigo. Desde ese incidente en la cama, ella no ha querido ni besarme. Lo hace frente a nuestros padres para fingir que las cosas van bien. Cuando ya no pude con eso, yo se los conté a papá y a ti. ¿Lo harás?
Tuve que pensarlo en cuestión de segundos.
—Sí. Le preguntaré que le pasa.
—Perfecto. Está en la habitación.
Antes de arrepentirme fui a ver a mi ex. Entré sin tocar y la vi tendida en la cama mirando la televisión. Efectivamente lucía triste y somnolienta. Me senté a su lado y le quité el control que tenía sobre el pecho. Ella ni siquiera se inmutó y suspirando, volvió sus ojos azules hacia mí.
—¿Qué?
—Marco me envió a hablarte. El pobre está muy preocupado por ti. Dice que su relación va un poco mal.
—Sí. Es cierto —respiró despacio y cerró los ojos —. Las cosas se nos complicaron mucho últimamente y tú ya sabes por qué.
—¿Estás enamorada de mí?
Solté la pregunta sin ponerme a pensar en si de verdad quería escuchar la respuesta. Quise decirle que no me respondiera. Fue tarde.
—Sí. Lo estoy.
Enseguida, Laura se puso a llorar. Y yo también dejé ir una modesta lágrima de enojo y frustración. Ella también me gustaba. Tal vez la frase “no QUIERO tener una relación con ella” debería cambiarse por “no PUEDO tener una relación con ella”.
—Lo siento mucho. No pensé que fuera a pasar. Cuando Marco dijo que vendría, quise verte. No creí que tu recuerdo fuera a pegarme con esa intensidad. Creo que me tengo que ir. He estado pensando en salirme de la casa e ir a un departamento. Tenía pensando decírselo a todos mañana en el desayuno.
—Mi madre se preocupará si cambias de decisión. A estas alturas ella te ama y si te vas, bueno, saldrá a la vista que tienes problemas con Marco y le harás pasar un peor momento al pobre.
—Lo sé. También lo he contemplado. ¿Qué debo hacer? Es tan difícil. Pensé que podría simplemente amar a Marco y a ti… quererte. Ser tu amiga íntima y disfrutar de tu compañía. Vaya lío en el que nos metimos.
No era toda culpa suya. Pude haber impedido mis recuerdos, y mi tonta decisión de aceptarla como parte de mi vida. Sin querer bajé mis defensas y dejé que Laura volviera a meterse en mi sistema, como un delicioso virus.
Y puedes llamarme loca e incoherente, pero verla llorar sólo avivó mis sentimientos de comérmela a besos. De quitarle esos pequeños shorts de pijama y terminar el trabajo que mi hermano comenzó. No creas que eso no hizo sentirme mal. Me daba asco yo misma, y por desgracia ese era muy problema mío y tendría que ser yo quien lo solucionara.
—Bueno, Laura, piensa bien en lo que harás. Lo nuestro no funcionaría ¿lo sabes? Amo a Marco porque es mi único hermano y ya le hemos hecho bastante daño.
—Estoy de acuerdo con eso. Ya quiero que las vacaciones se terminen. Volveré con él y luego… pienso entregarme completamente.
—¿Entregarte…? Es decir.
—Sí. Darle el tesorito.
Las dos nos reímos, aunque yo sentí un pinchazo en mi corazón.
Un fuerte pinchazo.
—Entonces ¿seguirás siendo la novia de mi hermano?
—Sí.
—No quiero que estés con él por lástima ni compasión. Él te ama de verdad.
—Lo sé, Tania. No soy tan tonta. Él es excepcional. Y tiene… una muy buena razón.
—¿Qué?
Al sonrojarse y sonreír con coquetería, me di cuenta de a qué gran parte de mi hermano se estaba refiriendo, y aunque sentí un absurdo orgullo de hermana menor, en el fondo también me puse un poco mal. A Laura comenzaban a gustarle los chicos, mientras que a mí me sucedía todo lo contrario.
—Gracias por escucharme, Tania. Tenía que decirte estos sentimientos.
—Está bien expresarlos. Entonces, a partir de mañana, has las paces con él y estén bien. Mira, Laura, yo no valgo la pena en lo absoluto. Sólo me queda buscar a alguien que me aguante.
Los ojitos azules de Laura se abrieron como platos.
—¿Dices que buscarás novio?
—Sí. Para…
—Olvidarte que también sientes deseo por mí. Eso es patético ¿no crees?
—Tampoco es que esté tan interesada en los hombres últimamente. Gracias a ti, por cierto. Y además… necesito dedicarle mi atención a alguien más. Le diré a Ximena que me presente a unos de sus amigos. Sé que suena ridículo que ande desesperada cazando pareja, pero es algo que quiero demostrarme ¿comprendes? Y no sé… tal vez logre hallar a alguien lo suficientemente bueno como para dejar de lado todos estos sentimientos que tengo por ti. Es lo mejor para las dos.
—Sigo pensando que es tonto.
—Bueno, tú te volviste la novia de mi hermano sólo para andar de chismosa sobre mí.
Inevitablemente mi ex se sonrojó como un semáforo y desvió la cara.
—Cómo quieras, Tania. Ten buena suerte.
—Igual tú.
No sé por qué, pero salí sintiéndome peor de lo que entré.

Como no podía retirar mis palabras, decidí llamar a Ximena por la mañana y preguntarle si no tenía algún amigo interesado en conseguirse una novia. Claro, ella también se rió de mí por mi absurda desesperación de buscar pareja, y yo no pude sino darle la razón. ¡Dios! Es que no había hombres buenos en el mundo. Y honestamente la visión de los senos de Laura seguía enganchada en mi cabeza. Incluso cuando la miré aquella mañana en el desayuno, me fue imposible no apartar la vista. Ella no es muy voluptuosa, de hecho. Tiene las medidas exactas y promedio, aunque no por eso es menos deliciosa a la vista y desde la secundaria se puso más sexy.
—Pues no tengo, ¡Já,já! Lo siento, amiga. ¿Por qué no le preguntas a Camila? Alguno de los muchachos que están prendidos por ella estará de acuerdo en andar contigo.
—Ah, olvídalo. Si voy con Camila mi fealdad sólo la hará parecer más sexy de lo que ya es.
—Camila quedó muy sensual ¿la has visto jugando al voleibol? Se pone ese uniforme y créeme que para nadie es indiferente. Tiene unas piernas muy bien formadas y…
—Parece que te gusta Camila.
Ximena, que siempre parecía drogada, se rió.
—No seas tonta. A mí me gusta otra persona. En fin. Buena suerte. ¿Por qué no te metes a uno de esos grupos de Facebook?
—Qué horror. No lo haría. Prefiero conocer a alguien en persona. De todos modos, gracias. Creo que saldré a caminar un rato para despejarme la cabeza. Nos vemos, Ximena.
—Chau, cosita. Te quiero.
Sí. Siempre hasta arriba con ella.
Me puse unos pants deportivos y una camiseta. No sólo saldría a caminar, sino que haría algo de ejercicio. Até mi pelo en una cola de caballo y aproveché la mañana fría y nublada para salir a dar una vuelta. Al menos no sudaría tanto.
No fue tan buena idea después de todo, porque el viento era tan fuerte que arrastraba el polvo y las hojas de los árboles hasta mi cara. Un perro me ladró y me dio tanto miedo que casi me mojo, en el mal sentido de la palabra. Un niño me golpeó la cabeza con su disco y por un mal paso me torcí el tobillo. ¡Genial! Ahora ya no podía ni correr. Estaba lejos de casa y todo empeoró cuando al cielito lindo se le dio la puta gana de orinar sobre mí.
Con la piel helada, el cabello hecho un desastre y muchas ganas de que me pegara un rayo por la lluvia, empecé el lento camino hasta mi hogar. Realmente no quería ir porque eso significaba estar a la vista de Laura y ya que Marco también estaba allí, bueno… sí. Lo acepto. Saber que mi ex novia iba a entregarle la virginidad a mi hermano me jodía mucho. Y hasta me enojaba.
—¡Estoy celosa! —exclamé. Por suerte nadie me escuchó, y el tobillo me estaba matando.
Fue entonces que un coche se estacionó justo a mi lado. La ventana se bajó. Adentro sólo estaba una mujer, y claro, no podía ser otra sino Camila. Miré al cielo.
—Gracias —dije sarcástica. Y entré a su auto.
—Literalmente estas muy mojada.
—Voy a pescar un resfriado, pero gracias, Cami. Me salvaste.
—¿Vamos a tu casa?
Me lo pensé dos veces.
—Supongo que sí. No me queda de otra.
—¿Quieres venir a mi departamento? Te puedo prestar ropa. No pareces muy segura de querer volver.
Era tentador. Podría pasar tiempo con alguien conocido y además seguramente Camila tendría algún muchacho a sus pies que se interesara por mí. Ni siquiera le había contestado cuando ella volvió a la carretera y enfiló justo hasta su departamento.

***

Owo; Cami!! jaja, me encanta esa chica :p
saluditos! gracias por leer,
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Mensaje por Delfi22 el Sáb Jun 18, 2016 5:17 pm
*Parece que Tania a caído en las garras de la hermosa Cami*..

Tania y Laura andan por los suelos al tomar esas decisiones, pero bueno solo ellas saben lo que hacen...
Bien a la espera del siguiente.Que estés bien....

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Mensaje por FallenLirioo el Mar Jun 21, 2016 12:29 am
jaja, hola Delfi, gracias por leer n.n y tienes muucha razón, que Tania y Laura están pff, incapaces de decidir qué hacer, pero creo que eso es lo que las hace un poco más humanas ¿no? la desesperación, las decisiones apresuradas, los enojos, los sentimientos encontrados... jaj,a, vaya lío
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Mensaje por Lirio1704 el Mar Jun 21, 2016 1:01 pm
Muy buen cap aunque me deprimio un poco la desición que tomaron las dos, aunque creo que todo en realidad siempre ha estado en manos de Tania, si ella le dijera que sí a Laura ella no dudaría, ambas se están tentando mucho el corazón por Marco y yo la verdad dudo mucho que Laura lo ame de verdad.

Pero tienes razón, sin drama no hay historia y también tiene sus partes graciosas y una que otra escena hot. Cool

Gracias por la actualización y sigo pendiente de tu historia.
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Mensaje por FallenLirioo el Mar Jun 21, 2016 11:19 pm
jajajaj ohy, si que sería del yuri sin un poco de perversión xDD, gracias a ti por estar pendiente de mis actualizaciones, lo aprecio mucho n.n
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Mensaje por FallenLirioo el Dom Jun 26, 2016 11:59 pm
Hola! ya es tarde jeje pero aquí les traigo la continuación semanal, así que a disfrutar :p, y espero hayan pasado bonito fin de semana :)

Capítulo 11

El departamento de Camila no estaba muy lejos del centro de la ciudad, por lo que me pregunté cómo podría dormir con el barullo de los coches y la ajetreada vida de un mundo donde casi nadie duerme. Nada mejor que mi casita, a las afueras y en un barrio tranquilo. La lluvia no paraba, de tal forma que el frío tampoco disminuía y yo empezaba a congelarme.
Nada más llegar al edificio, Cami se apresuró a ponerme un paraguas y bajamos a toda prisa del estacionamiento. Tomamos el ascensor y subimos hasta su piso, ubicado en el séptimo nivel. ¿Cómo es que ella no le tenía miedo a las alturas?
—El baño está por allá —indicó con un gesto nada más entrar.
Corrí hasta la ducha y me desvestí sin siguiera mirar a mi alrededor. Nada más el agua caliente me tocó, una agradable sensación de confort me hizo sonreír y el frío se me fue yendo poco a poco. Era liberador estar en otro baño que no fuera a ser asaltado de un momento a otro por Laura, que le valía un pepino si yo estaba en la regadera.
Me pregunté si ella estaría preocupada por mí. Quería que así fuera. Fue entonces que me di cuenta de que necesitaba ser el centro de atención de Laura, como una urgente necesidad de no acabar en el olvido, metida en un agujero como un pésimo recuerdo de una etapa que pasó.
Y ese deseo no me hizo feliz.
—Te dejo ropa aquí —dijo Camila. Vi su silueta detrás de la difusa cortina de baño.
—Gracias, Cami. Me salvaste.
Me miré al espejo cuando salí del agua. No es que me viera todos los días detenidamente, pero experimenté una especie de trance, igual que si fuera la primera vez que contemplara mi reflejo. De tal forma que ésta era yo. Tania, la chica que juraba ser hétero cuando en realidad me moría por ser el primer pensamiento de mi ex novia. La chica que se había agarrado a besos con la pareja de su hermano y que más que sentirse culpable, deseaba más. Darme cuenta de que quizá no había cambiado mucho desde la secundaria me puso algo triste. Al parecer todas mis amigas eran diferentes, desde Camila, Ximena y hasta Laura. Yo sólo me había vuelto más guapa, y sin embargo, aquí, en mi cabeza, seguía siendo la de antes: traicionera, pervertida, de doble moral y algo floja.
De pronto la puerta se abrió y yo me giré al mismo tiempo. Y no. No era Camila. Era un muchacho de cabello revuelto y que vestía una chaqueta de cuero. Eso fue todo lo que pude distinguir antes de que tanto él como yo pegáramos un grito. Me cubrí los pechos, dejando en evidencia otra parte de mí. La mirada del tipo me escaneó rápidamente.
—¡Fuera! —le grité y él desapareció rápidamente, dejándome con la cara colorada y el pecho vuelto loco por semejante atraco a mi privacidad.
Me vestí rápidamente con los pantalones de pijama y la camisa de manga larga que me había dado Camila. ¿Quién demonios era ese sujeto? Eso fue lo que me pregunté cuando salí y fui en su búsqueda dispuesta a reclamarle, o quizá debería de decirle a Camila que hay otra persona en su departamento.
—¡¿Camila?! ¿En dónde estás? —le llamé.
—Salió de compras.
La voz provenía del otro dormitorio del departamento, justo al final del estrecho corredor. La puerta estaba abierta, así que me dirigí a grandes zancadas para allá y entré como un policía en una escena del crimen.
—¡Oye! ¿no te han enseñado a tocar antes de entrar al baño? ¿qué clase de chico eres tú?
Él estaba sentado de espaldas y giró con la silla. Mi primera impresión fue de máxima vergüenza al ser el objetivo de los ojos de ese muchacho, que sonreía como un gallardo, con el pelo húmedo y alborotado y una delgada camiseta blanca pegada a su cuerpo. Se puso de pie en toda su altura, que era mucha comparada a la mía. Su cuerpo parecía cincelado por el mismo Miguel Ángel, pícaro y con un porte tan varonil que todo gesto huraño me abandonó y retrocedí como si fuera a quedar embarazada de él.
—¿Quién eres?
—Joshua.
—Eso… no me dice nada.
—¿Y tú no has aprendido a tocar la puerta antes de entrar al cuarto de alguien? Deberías de predicar con el ejemplo. Éste es mi departamento también.
Borró su sonrisa cuando le puse un dedo en el pecho indicándole que no se acercara.
—Atrás, mirón.
—¿Mirón? Oye, yo sólo quería entrar al baño. Nadie me dijo que había una niña allí dentro.
—¿Niña?
—Pues eso pareces.
—Cierra la boca. Le diré a Camila que me miraste. ¿Camila? ¿Estás aquí?
—No se encuentra. Salió a comprar algo para comer. De manera que estamos solos y ahora dime ¿quién eres tú?
—Soy Tania, amiga de tu… ¿compañera de piso? ¿qué es ella de ti?
—Soy su esposo.
Mi cara enrojeció de inmediato, como si me hubieran dado con un martillo en el corazón. Poco después Joshua soltó una risa sardónica.
—No lo soy. Sólo era un chiste ¿captas? Para bajar la tensión.
Durante un momento creí que Camila de verdad se había casado pese a su edad, y el saber que a ella le iba mejor en el amor que a mí hizo que tuviera celos. Sobre todo de Joshua, que era tan… tan…
—En fin, pasa.
—¿Por qué querría pasar a tu habitación?
—No lo sé. Veo que no te has movido del umbral desde hace rato.
Encendió su computadora y se sentó frente a un archivo de Word en blanco. Yo, curiosa como siempre, miré a mi alrededor buscando algo que me llamara la atención. No era el clásico cuarto de un chico, pues pese a la cama mal hecha y a los discos compactos regados por el piso, gobernaba un aroma a limpio y cierto orden en sus cosas, especialmente en una pequeña biblioteca que tenía pegada a su pared. Entré despacio. La mullida alfombra era suave bajo mis pies descalzos. El único sonido además de la lluvia del exterior era el tap tap de los dedos de Joshua al teclear como una secretaria.
—Veo que te gusta leer.
—Sí.
Conocía algunas de las novelas del primer y segundo estante, pero las del tercero eran un misterio. Estaban encuadernadas en papel, con portadas que parecían hechas en Photoshop por alguien que a penas se está arrastrando en ese programa. Títulos como “La Joya y el Arca” “El tétrico mundo de David” “Dulce romance muerto” “Locuras con el tercer departamento infernal” y “Sexo con los ángeles”.
—¿Qué libros son estos?
—Velos bien.
Leí el nombre del autor: A.R Joshua. El libro casi se me cae de las manos.
—¿Son… tuyos? ¿Tú los escribiste? ¿Eres un novelista?
—¿Qué imaginaste que era?
—Con esas pintas tal vez un asesino serial.
Se rió de mi chiste, más por lo patético que era que por la broma en sí.
—¿Puedo tomar uno?
—Te recomiendo “Sexo con los ángeles”. Es algo… porno. Te gustará, viendo tu cara de depravada.
—¡Oye!
—Silencio. Estoy escribiendo.
Su velocidad con el teclado era admirable y curiosa me acerqué a ver qué estaba haciendo. Él se dio cuenta y me fulminó con la mirada y minimizó la ventana de Word..
—Tranquila, tranquila. No puedes ver. Anda, ve a leer como niña buena.
Le lancé lo que a mi parecer fue una mirada de desprecio y me senté en la orilla de la cama. La portada de Sexo con los ángeles lucía algo peculiar, pues tenía el cuerpo de una hermosa ángel rezando con una sexy sonrisa y labios pintados de rojo. Las alas de sus plumas parecían desprenderse y estaba vestida con una corta túnica. De seguro no era tan bueno y abrí la primera página.
—Dedicado a Camila —leí —¿lo hiciste para ella?
—Me dio la idea.
—Ah —. Me apresuré a leer la primera página y me sorprendí por la calidad de su narración. Me cautivó enseguida y antes de que me diera cuenta ya estaba en la segunda hoja de la historia, leyendo cómo a la preciosa Ashira empezaba un romance con el príncipe de un reino humano. Describía la sensualidad de la mujer y el vasto castillo en el que vivía su amor.
—¿Te gusta?
Levanté la vista. Joshua me miraba con atención.
—Sí. Es muy bueno.
—Puedes llevártelo. Léelo con calma y me dices qué te pareció.
—¿De verdad me lo prestas? Gracias. Ya me quedé picada con la lectura. Y siento haber pensando mal. No estoy pasando por un buen momento.
—Lo sé. Debes ser la chica confundida que no quiso volver a su hogar porque tiene problemas allí ¿cierto?
—¿Camila te lo contó?
—No, se nota en tu personalidad. Todos somos como seres en una novela y jugamos un papel.
—¿Ah? Y qué clase de papel tienes tú.
Sonrió como un gato. Un gato sensual.
—El más atractivo de todos, por supuesto.
—Sí, claro. El príncipe Sebastián es más lindo que tú.
—Ese tipo es de mi invención.
Estábamos platicando de lo lindo cuando Camila apareció en el umbral de la puerta. Lucía adusta como siempre, con la cara seria y su abrigo goteando en el piso. Me miró como si Joshua no existiera y con un ademán de la cabeza me indicó que saliera cuanto antes de ahí.
—Gracias por el libro, te lo traeré en cuanto lo termine.
—Vaya bien.
Me siguió con sus grandes ojos negros hasta que salí de su cuarto con el libro pegado a mi pecho. Camila cerró de un portazo y no dijo nada hasta que entramos a su dormitorio. Se quitó el abrigo y sacó ropa de su cajón. Fue a la ducha y no volvió durante diez minutos, tiempo en el cual decidí mirar cómo vivía la amiga más apática que tenía en secundaria. En un tablón de manera tenía pegadas varias fotos nuestras de cuando éramos más niñas, aunque todas las había tomado ella, por lo que no salía en ninguna. También vi fotos de sus torneos de voleibol de playa. Fue duro no aceptar que se veía sexy con ese diminuto uniforme. En el piso vi una copia del libro Dulce romance muerto, de Joshua. Así que ella era su lectora. Me pregunté qué clase de relación tendrían esos dos.
Camila entró intempestivamente. Vestía unos cortos shorts de pijama, y sus piernas bronceadas hicieron que por mi cabeza desfilara una corriente de lujuria al verla. Igual su pequeña blusa se le pegaba a los pechos, que eran más grandes y redondos que los míos. Pese a que derrochaba sensualidad para mí, no se despegaba de esa actitud huraña y fuerte. Me sentí un poco intimidada, la verdad.
—Ahm… Joshua es un buen escritor ¿verdad? ¿es tu novio o algo así?
—Es mi hermanastro —contestó y se dejó caer en la cama. Su imagen recostada hizo que me sintiera algo cohibida —. Vive conmigo y me ayuda a pagar la renta del departamento. También el coche es de él.
—No sabía que tuvieras un hermanastro.
—Al salir yo de la secundaria, mi padre se volvió a casar y fue con la mamá de Joshua.
—Debe ser algo raro vivir con él ¿no? —me senté a su lado. Como ella tenía los ojos cerrados no se dio cuenta de que la escaneé con mirada de perversión y placer. Tragué saliva y me dije que ya era hora de aceptar realmente que quizá era bisexual. Las chicas me seguían gustando muchísimo, en especial si eran voluptuosas como Camila y Laura.
—No te acerques mucho a él, Tania. Podría contagiarte algo de su locura.
—Lo tendré en mente. Me prestó un libro erótico para leer. Te lo dedicó y me parece dulce de su parte.
Sí, sí. No era muy coherente que hablara bien de él luego de que se echó todo un festín visual conmigo en el baño, aunque Camila no tenía porqué saberlo.
—¿Te llevas bien con él?
—No mucho. Vivimos en nuestro mundo. Él en los libros y yo en el deporte. La gente dice que haríamos una buena pareja. Como somos hermanastros…
—Se verían muy bien juntos.
—A mí me gustan las chicas como a ti.
El libro casi se me cayó de las manos. ¿Esa era una confesión? ¿Camila sí que tenía esos gustos? Entonces recordé sus coqueteos en el centro comercial, y las miradas que me echaba. En algún momento quise creer que eran sólo imaginaciones mías, pero estaba equivocada. Tragué saliva y de repente quise tomar mi distancia porque no esperaba que ella y yo tuviéramos algo así en común.
—¿Desde cuando? —me aventuré a preguntar. Camila abrió sus ojos marrones y me miró con una delicada sonrisa.
—Desde siempre. Sólo que no se lo había dicho a nadie.
—Entonces…
—¿Por qué estás roja? ¿Será por estar en la misma cama que yo?
Se fue levantando y mientras lo hacía, su mano me tocó la cara. Yo me fui para atrás, justo a la defensiva.
—Oye, oye, alto —dije tras una sonrisa de cordialidad —. Camila, creo que hay un malentendido entre nosotras.
—¿Por qué?
—Porque… bueno, tú eres muy guapa y eso, pero yo no creo que sea lo correcto andar toqueteándonos. No es que no me gustes, porque me pareces linda de hecho, sólo que…
—¿Te sigue gustando Laura?
La cara me ardía y desvié la mirada.
—Sí. Un poco.
—Lo sabía —dijo con naturalidad —. Incluso Ximena se dio cuenta de eso y de las miradas que se lanzan la una a la otra.
—Laura es la novia de mi hermano —confesé en tropel. La cara de Camila cambió por completo a una de total perplejidad.
—¿Es cierto eso? ¿Cómo? ¿Por qué?
—Es una larga historia, y te la contaré si prometes no decirle nada a nadie.
—Lo prometo.
Y le di todos los detalles comenzando desde que Marco llegó con Laura a mi casa, hasta los besos que me había dado con ella. En esa parte la describí tan bien que noté cómo las mejillas de Cami se coloreaban de rosa y su rostro se volvía algo más coqueto. Con un dedo empezó a trazar círculos en la delicada piel de sus piernas. No sé si fuera mi imaginación, pero al parecer se estaba excitando con mi relato. Y de paso yo también porque podía recordar cómo era sentir a Laura.
—Eso fue lo que ocurrió. Yo… realmente me siento mal por mi hermano.
—Esa es una bonita historia —dijo la voz de Joshua al otro lado de la puerta.
—¡Largo de aquí! ¡No estorbes! —le gritó Camila, pero ya era tarde. Me moría de la vergüenza y sin darle tiempo de nada me levanté y abrí la puerta.
Allí estaba su hermanastro, sonriente y comiendo una taza de cereales con leche.
—¿Así que te gusta la novia de tu hermano? Bonita trama —los Choco-krispis crujieron en su boca.
—Tienes que prometerme no decir nada.
—Claro que sí—dijo con la boca llena.
—¡Es en serio! ¿Qué no tienes respeto por la privacidad de la gente?
—Claro que no.
—Él no dirá nada —intercedió Camila para defender a su hermano. Si ella lo decía, bueno, supuse que no habría daño en creerle. Retrocedí y él entró al cuarto.
—¿Te molesta si escucho el resto de la historia?
—Vete —Camila se levantó y lo empujó suavemente del pecho. Él, riendo, me guiñó un ojo antes de darse media vuelta y desaparecer —. Perdónalo. Le cuesta no meterse en la vida de las personas.
—No te preocupes. Fue mi culpa. Debí hablar más bajo. Sólo falta que él haga un libro sobre eso.
—¡No se vendería! —gritó Joshua.
—¡Cállate! —rugimos las dos.
En ese momento Camila se me acercó como una serpiente.
—Creo que tendremos que hablar más de cerca para que no nos escuche.
—Uhm… estás muy cerca, Cami.
—¿Te molesta?
—Pues un poquito.
—Te molesta si… pongo mi mano aquí, en tu cara —lo hizo y empezó a hacerme cariñitos en el mentón como un gato. Yo me derretí de gusto. Si fuera una mujer extraña le habría pateado en los ovarios, pero era Camila y pese a todo, me gustaba recibir algo de atención. Claro que eso no significaba que la dejara ser, así que le pedí que parara.
—Sígueme contando sobre ti. Cuéntame más. Quiero saber qué tanto te sucede para poder ayudarte. Se nota que estás pasando por un feo momento ¿verdad?
Hablaba tan cerca que pude sentir su aliento a menta. Sus labios carnosos y dulces, sus ojos marrones y llenos de sensualidad y la delgada línea de pecas en el rostro me atrajo como una abeja al polen, y antes de que me diera cuenta de lo sucedido, los labios de Camila me dieron un beso en la comisura de la boca. La descarga eléctrica que siguió a eso fue intensa, y más cuando se humedeció con la lengua y me dio un rápido beso de pico. Segundos después yo estaba flotando como en un sueño, llevada al trance por ella y sus insinuaciones. Moví una mano porque ansiaba sentir la piel de sus muslos, que eran sólidos al tacto y la acaricié despacio mientras nuestras bocas se acercaban sin tocarse y respirábamos a escasos milímetros la una de la otra.
Gracias al cielo reaccioné.
—No, espera. Esto está mal.
—¿Por qué?
—No es correcto. Yo no quiero hacer esto contigo, Camila.
Me salí de su cuarto. Irme a mi casa con la lluvia no era buena idea, y con la cabeza llena de confusiones me refugié en la cocina, con la cara escondida detrás de mis manos y odiándome por perder el control. Si no tenía cuidado y dada mi terrible suerte en el amor, iba a perder a otra amiga.
***

Ayyy.... Tania, pero qué haces??' xDD cómo le puede decir que no a Camila D: jaja espero que les haya gustado y me cuenten qué hubiesen hecho si estuvieran en lugar de ella :v
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Mensaje por Delfi22 el Lun Jun 27, 2016 8:38 pm
Caramba...se ve que Tania cada día se enreda más en sus indecisiones y Cami que no pierde el tiempo..Bueno cada vez esto se pone mejor..Bien a la espera del siguiente.Que estés bien.....
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Mensaje por FallenLirioo el Lun Jun 27, 2016 10:52 pm
Gracias Delfi :) agradezco el seguimiento que le das a la historia jeje, saludos y abrazos
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Mensaje por haruroque el Jue Jun 30, 2016 10:34 pm
hace tiempo que no leía algo tan bueno xD , seria genial que tania este con cami
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Jul 02, 2016 2:03 pm
Hola!! gracias a todas por tomarse el tiempo de leerme jeje,
aquí les dejo la continuación :)

Capítulo 12

De acuerdo. Confieso que estaba llorando un poquito debido a las circunstancias. O quizá no era sólo eso. Darme cuenta de que era incapaz de engañar a Laura con Camila fue toda una bomba para mi corazón. Y lo más irónico y estúpido es que mi ex es precisamente eso: una ex, y la novia de mi hermano. El deseo de estar con ella, de revivir esos hermosos momentos a su lado y la imposibilidad de hacerlo era como una daga enterrada en lo profundo de mi pecho.
—Fui una tonta —dije cuando Camila se sentó a mi lado y me tocó el brazo —. Tenía una bonita vida en la secundaria y Laura era una buena novia. Hacía todo por mí y yo simplemente la tiré como un pañuelo usado. Creí que podría hacer algo mejor con mi vida, y encontrar a alguien lo suficientemente bueno para mí. Un chico de preferencia, pero al parecer no soy capaz de escapar de mis verdaderos sentimientos. Ahora todo está arruinado.
Camila guardó silencio un rato y luego habló con calma.
—Sigue adelante.
—Lo dices tan fácil.
—Es así de simple. ¿Yo no te basto?
La miré. Sus hermosos ojos marrones lucían imperturbables, demasiado seria para la situación. Era como si su pecho fuera de hierro. Yo no quería estar con alguien así. Necesitaba de Laura. Respiré despacio y hondo para calmarme.
—Es difícil darse cuenta de los errores.
—Si no hubieras dejado a Laura nunca hubieses sabido que era un error. Son cosas que tenías que cometer para darte cuenta de la verdad.
—¿Y qué quiere decir eso? ¿Cómo me ayuda?
—No lo hace, por lo que veo. ¿Quieres que te lleve a casa?
—Es lo mejor.
Junté toda mi ropa mojada en una bolsa y esperé a que Camila se cambiara. En el trayecto a casa no cruzamos muchas palabras porque tanto ella como yo estábamos impactadas con lo sucedido. Ella me había confesado sus inclinaciones y su gusto por mí. Yo la había rechazado y aceptado que quería mucho a Laura. Análogamente fue como si una presa se liberara y ahora yo estaba siendo arrastrada por la desesperación.
—Gracias por la hospitalidad.
—Anda, ve. Estarás bien —Camila sonaba como si se estuviera despidiendo.
—¿Seguimos siendo amigas?
—Sí. Y si quieres algo más, aquí estaré.
—Eres todo un misterio.
—Puede ser.
Bajé del coche al despedirme de ella con un beso en la mejilla. La lluvia finalmente estaba cesando, remplazada por una suave llovizna que picaba la piel. Entré a la casa esperando escuchar el ruido de alguien. Estaba en silencio y subí por las escaleras. Me aproximé al cuarto de mi hermano para ver si Laura estaba ahí, pero no la encontré. De hecho toda la casa estaba vacía. Me sentí un poco abandonada y patética a la vez.
En el colchón estaba la bufanda de Laura. La tomé en mis manos porque era tan suave que me recordaba a su piel. Deslicé la cálida lana por mi mejilla esperando sentir el aroma de mi ex novia, y realmente sí que estaba impregnada de su perfume peculiar. Fue una bella e indescriptible sensación, como si pudiera quedarme allí durante horas, imaginando que era su cuello el que yo estaba olfateando como una leona busca a su presa.
En el escritorio estaban algunos de sus cosméticos. Polvos, labiales y esmalte para uñas. Tomé su lápiz rosa y lo olí. Definitivamente tenía una fragancia tan exquisita que lo único en lo que pude pensar fue en su boca, y cómo nos besábamos. Fue difícil aceptar que realmente me estaba volviendo a enamorar de ella.
Y luego vi en el buró de la cama una foto de ella y mi hermano. Laura se veía tan feliz abrazada a él, que no fue difícil encontrarme rechazada y desplazada por Marco. Tapé su rostro con mi dedo e imaginé que la que estaba junto a Laura era yo. Y eso también fue doloroso.
De repente oí que alguien subía por las escaleras. Asustada, dejé todo en su lugar y me escondí en el armario de Marco. Cerré con cuidado la puerta justo cuando él y mi ex entraban y se tiraban a la cama. El corazón se me subió a la garganta y el pulso se me aceleró. Desde detrás de las celosías pude ver cómo Laura, montada sobre él, le daba flamantes besos en la boca. Marco le acariciaba la cintura y metía las manos por debajo de su blusa.
—Váyanse… —rogué en silencio. No quería ver qué iba a pasar en esa cama.
Mientras Laura se quitaba la blusa y el sostén de un tirón y la boca de mi hermano se cerraba sobre sus hermosos pechos, me puse a pensar en que yo no tendría una sola oportunidad de volver con mi ex novia. Podía ver lo suficiente como para advertir la cara de placer de Laura mientras los dientes de Marco le mordían las puntitas de los pechos. Incluso se reía de gozo.
Aparté la vista y sentí mucho odio hacia ellos. Laura era una mentirosa después de todo, pues a pesar de que me había besado y que aseguraba tener sentimientos hacía mí, no parecía indispuesta a las exigencias de Marco, ni a no dejarse llevar por la lujuria del momento. Y yo, rechazando la propuesta de Camila por ella. ¡Vaya tonta! Tenía tantas ganas de salir y de enfrentarlos. Sin embargo en ese estrecho armario con las puertas cerradas y escondida como la peor de las espías, me encontré paralizada, ingrávida y dolorida.
Laura se deshizo de la falda. Sus pequeñas bragas eran demasiado sexys, con encaje negro. Ahora ella estaba semidesnuda, luchando por quitarle la camisa a mi hermano. ¡Mi Dios! Lo iban a hacer por fin y yo estaba allí de vouyerista, incapaz de ver hacia otro lado sólo para tener una prueba de que Marco iba a quitarle la virginidad a mi ex novia. ¡No era justo! ¡Yo haría a Laura más feliz que él! Hervía de furia por dentro y estaba a punto de salir para detenerlos cuando fue Laura la que paró todo.
—Espera. No… no es el momento.
—¿Por qué? ¿Qué pasa?
—No me siento lista. Es todo.
La cara de decepción de Marco me hizo sentir bien.
—¿Segura que ese es el problema? Yo creo que sigues enamorada de tu ex.
Laura no contestó enseguida y me alegré de saber que yo sí seguía significando algo especial.
—No tiene nada que ver. Es sólo que no quiero quedar embarazada. Estoy en días fértiles y no traes condón.
Tragué saliva. De manera que por eso no era el momento ni el lugar. De haber sido otra circunstancia, Laura sí que habría aceptado que Marco hiciera de todo con ella. En el fondo, aunque triste por saber eso, me alegré de que no llegaran a más.
Laura se colocó el sujetador y se vistió entera. Luego salió del cuarto. Marco se quedó acostado un ratito más y después también se marchó. Fue justo ese momento el que esperé para salir del armario y colarme a mi habitación con la velocidad de un rayo. Me tiré en mi litera y me envolví con las sábanas mientras sopesaba en lo que iba a hacer a partir de ahora.
Tiempo después, durante la cena, el ambiente era tenso y todo gracias a ellos. Se sentaron a mis costados, y yo, que había dormido como un tronco durante toda la tarde, me sentí caprichosamente bien de que se hubieran peleado por esa cuestión. A ningún hombre le gustaba que lo dejaran con las ganas, y los frenos de Laura fueron certeros y crueles. De sólo imaginar el dolor que Marco sentiría allá abajo me causó un poco de risa interna.
—Me mudaré a un departamento —anunció Laura mientras mi madre le servía más puré.
—¿Qué dijiste, querida? —preguntó mi mamá, a la cual la noticia no le vino bien.
—Es que he estado pensando que soy una carga y…
De alguna manera mis padres me echaron una mirada acerada, como si yo fuera la culpable de todo.
—Tania ¿qué le hiciste?
—¿Eh? Yo no…
—No es por ella, señora. Ni por Marco. Es sólo que quiero vivir sola durante un tiempo.
—Pero no tienes dinero y no confío en esos edificios. Quédate ¿o es que a caso se pelearon?
—No —se apresuró a decir mi hermano —. Si es decisión de Laura, está bien.
—Que duerma conmigo —eso lo dije yo sin medir las consecuencias, y no terminé allí —. Creo que lo que Laura necesita es una amiga.
Tanto Laura como mis padres pensaron que se me habría zafado un tornillo.
—Eso estaría bien —comentó Marco —. Quiero dormir en mi alcoba. La litera de Tania es incómoda y pequeña. Además siempre corro el riesgo de caerme.
—¿Te parece? Realmente no queremos que te vayas. Además somos responsables por ti.
Mi ex novia suspiró.
—Sí. Supongo que es una buena idea.
De manera que esa noche Laura tomó sus escasas pertenencias y se mudó a mi habitación. Eligió la litera de arriba y se subió de inmediato, quedándose callada durante un par de horas. Mientras tanto yo me reprochaba por haber cometido semejante tontería. ¿En qué diablos estaba pensando al sugerirle a Laura que viniera conmigo? Ahora yo no podía dormir sabiendo que ella estaba justo en el colchón de arriba.
—¿Tania? ¿Estás dormida?
—No.
—¿Te puedo contar algo? Es sobre Marco y yo.
—¿Qué pasa? —de hecho no estaba segura de querer saberlo, pero ella continuó.
—Bueno. Hoy casi lo hago con él. Por suerte me detuve. Le dije que no estaba lista para ser penetrada, aunque en realidad yo no quiero estar así con Marco. Te dije que volviendo lo intentaría en serio, pero he estado pensando en que es justo lo contrario. No soporto estar engañándolo mentalmente. No cuando sé que tú y yo hemos hecho cosas indebidas.
—¿Tienes remordimientos?
—Sí. Marco no se merece nada de esto.
—¿Es por eso que de detuviste?
—Sí. ¿Qué más podría ser? ¿A caso tú no te sientes igual?
Realmente no me sentía para nada igual. Pese a que sí tenía culpa en cierta manera, mis sentimientos por Laura eran más grandes e intensos. Volvían a nacer los muy condenados. Por otro lado, ella sí que quería a mi hermano y la razón de que se detuvieran en la cama no fue porque ella tuviera sentimientos hacia mí. Más bien era justo lo contrario. Fue allí donde me di cuenta de que recordar mucho a una persona no significa que la queramos a nuestro lado. Y yo, para Laura, ya era historia.
—Haz lo que quieras —me acomodé entre mis sábanas y apagué la lámpara —. No me importa.
Otra vez me puse a llorar.

Al día siguiente me desperté con algo parecido a la resaca. Las piernas las tenía de plomo y los párpados pesaban como el hormigón. Fue duro levantarse y comprobar que Laura seguía durmiendo en mi litera. Tenía la apariencia de un ángel caído, tierna y dulce. Deseé tenerla sólo para mí. Los celos terminaron por despertarme del todo, y cabizbaja bajé a desayunar.
La casa estaba vacía a excepción de nosotras. Todo transcurría en silencio como los pensamientos de mi cabeza, que en esos momentos estaba deseando olvidarse de todas las emociones concernientes a mi ex. A pesar del sufrimiento que eso me suponía, y de los celos, la culpa y las decepciones, me mantenía firme en mi resolución de no acercarme a Laura buscando reanimar lo nuestro. Si ella tenía problemas con mi hermano, que los arreglara sin mí.
El amor que le tenía tenía que ser asesinado.
La puerta de la entrada sonó y bostezando fui a ver sin importarme que para ese momento estuviera vestida sólo con un camisón. Abrí. Era Joshua.
—¿Mala noche?
—¿Tú? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste?
—No fue difícil. Se dónde viven las amigas de Camila. Te ves un poco… desalineada, aunque debo admitir que tienes una bonita figura.
—Lo tendré en cuenta. ¿Y? ¿Te ayudo en algo?
—Esto es tuyo —me tendió su libro: Sexo con los ángeles. Lo olvidé en el departamento de Camila cuando corrí de sus manos.
—Ah, gracias. Lo extrañaba. ¿Deseas algo más?
—No precisamente. Oye… ¿te gustaría salir a desayunar?
—Pues sólo he tomado café… un momento ¿me estás invitando a salir?
—A desayunar. Y pagarás la mitad de la cuenta.
—Bueno… no lo sé. ¿Camila estará allí?
—Puedo llamarla.
—No, no — me apresuré a decirle. Sepa Dios qué pasaría si Camila me ve comiendo con su hermanastro. Por otro lado, salir Con Joshua podría ser entretenido y lo que necesitaba era precisamente eso: dejar de sentirme desdichada por Laura y culpable por Marco. Lo miré. Él sonrió —. Bien. Espérame un rato. Pasa y siéntate.
Subí al baño para lavarme la cara y quitarme esas terribles fachas. Luego encontré algo en mi armario qué ponerme para una salida matinal y le dije a Laura que iría a comer con un amigo. No sé si me escuchó o sólo gruñó para que cerrara la boca. De todos modos hice como que no me importaba dejarla sola y bajé a la sala. Joshua estaba leyendo su propio libro.
—Estoy lista. Creo que debería de esconder eso. Es un poco erótico y mis padres se sacarían de onda si lo leen.
Lo tomé y subí para guardarlo en mi cajón. Volví enseguida.
—¿Nos vamos?
—Andando, que me muero de hambre. Por cierto, lindo vestido. Te ves tan virgen.
—Cierra la boca —le espeté riendo, y antes de cerrar la puerta a mis espaldas, miré hacia las escaleras. Laura estaba asomada, soñolienta. La saludé con un gesto de la cabeza y me fui con Joshua.

***

NO!! tania que estáshaciendo xDD jaja pobre Laura, uwu
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Mensaje por Delfi22 el Mar Jul 05, 2016 12:00 am
Amor y celos?....pobre Tania...lo siento por Laura ahora que va a pensar al ver a Tania con ese chico....
Bien a la espera del siguiente.Que estés bien..
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Mensaje por Lirio1704 el Miér Jul 06, 2016 5:56 pm
Dos capitulos!!! perdón por postear tan tarde pero lo bueno es que están cortitos y los leí rápido.

Tania idiota que bueno que por fin entiende el error que cometió al dejara a Laura pero Cami tiene razón si no lo hubiera hecho y se hubiera quedado con la duda de si era hetero (risas) o no, quiza su relación de todos modos fracas aria.
Cuando rechazó a Camila la verdad me identifique un poco con ella es horrible darte cuenta de que no puedes estar con quien quieres y de todos modos no puedes andar con alguien más; es como si tu corazón estuviera tan lleno de esa persona que ya no queda espacio para nadie más.

Pero aún le hace falta sufrir más a Tania hasta que reviente y luche por lo que en verdad quiere.

Saludos y gracias por la actualización =D
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