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¿Cómo joder a tu ex? cap 35 28 de enero

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Mensaje por FallenLirioo el Dom Mar 27, 2016 7:52 pm
Recuerdo del primer mensaje :

¡Hola! bueno, es un gusto traerles un nuevo proyecto en el que recién estoy trabajando, así que espero les guste y les atrape :)  
AVISO: SOY LA AUTORA, SI, LA MISMA QUE ESTÁ EN AMOR YAOI :)

Tania era en apariencia la mejor pareja: alegre, bonita, algo quejona y muy cariñosa y soñadora... hasta que todo cambió cuando sus sentimientos empezaron a ser diferentes, y ahora..
¿qué pasará con su novia Laura? ¿En dónde quedaron esos bellos momentos de amor y promesas de felicidad? ¿Es que nada valió la pena?
¿Cómo se vengará Laura de la traición de quien creyó ser el amor de su vida?

Terminar con tu novia puede dar paso a cualquier clase de situaciones, ya sea desesperadas, o bien, cómicas. También pueden haber momentos dolorosos, o incluso vergonzosos que finalmente nunca se podrán borrar de la cabeza. Especialmente si eres tú (en este caso, yo) la que está cortando la relación. Había escogido incluso un buen lugar, debajo del mismo árbol en el que nos hicimos novias hacía ya un año. Bueno. Después de todo, éramos apenas unas niñas entrando a la pubertad, y honestamente todavía no sabíamos lo que hacíamos. Nuestras hormonas estaban totalmente fuera de control. Las dos nos encontrábamos solas, sin amigos y con un peculiar gusto por la otra.
Así pues, lo que en el pasado fue una bella amistad infantil, tras brincar de una fase a otra de repente se había convertido en algo más intenso, delicioso y a la vez, confuso. Tuvimos peleas, buenos momentos y una noche de caricias intensas que desgraciada o afortunadamente nunca terminaron en algo más.
Darme cuenta de que tenía otra clase de gustos fue signo de mi maduración personal, y vale, vale, no era justo para ella que ahora mirara con ojos diferentes a los muchachos que pasaban junto a mí, o que dedicara alguna coqueta sonrisa cuando veía a un chico bien perfumado, atractivo y con grandes manos. Me estaba volviendo hétero ¿y qué? Si ella no podía aceptarlo, pues ese iba a ser problema suyo, no mío, y yo no pensaba cambiar sólo para complacerla.
Por otra parte, ella también estaba cambiando. Ahora era más alta que yo, y eso que en un principio las cosas eran totalmente al contrario. Mientras que mis curvas eran más bien calles con baches, ella había desarrollado una prominente pechonalidad que se bamboleaba alegremente cuando caminaba. Ella había reventado los sujetadores antes que yo, y luego adquirió toda una obsesión por la moda y el maquillaje como símbolo de feminidad. Entre tanto, yo me seguía delineando los ojos y pintando los labios con el kit de niñas que mi tía me había regalado en mi cumpleaños dieciséis.
Éramos tan distintas ahora que a penas nos reconocíamos. No la odiaba para nada. De hecho, yo la quería mucho porque era una gran persona, siempre lista para ayudar a los demás, armada con una sonrisa exquisita y una alegría capaz de contagiar a cualquiera. Estaba segura de que a mi madre le hubiera caído bien, pero nunca se la presenté, ni como amiga; sobre todo porque mientras que mi sagrada progenitora era muy recta, femenina y algo homofóbica, Laura era algo descarada y muy cariñosa conmigo. Nos hubieran pillado enseguida, y eso nos daba miedo. Así pues, nadie de mi familia la conocía.
Dejémonos de cosas tristes y de recuerdos que pronto iban a desaparecer. La verdad yo necesitaba un cambio de aires, y debía de estar lo suficientemente lista como dejar atrás mi relación con ella y seguir adelante. Quizá podría invitar a salir a Isaac, que en ese momento estaba loca por él. Era todo lo que yo, en mis inocentes 15 años, buscaba en un chico: amable, atento. Algo cursi e ingenuo que lo hacían incluso más encantador. Mis amigas decían que yo también le gustaba, y casi, casi podía asegurar de que era verdad. De vez en cuando cruzábamos mirada, y habíamos hablado en un par de ocasiones sobre temas tan profundos que mi visión de la vida había cambiado por completo.
Por ejemplo, el doce de marzo me preguntó qué tan bien me iba en la clase de matemáticas.
—Súper.
—¿Me pasas la respuesta siete?
—Sí.
—Gracias.
El nueve de abril, volvimos a hablar.
—¿Te puedes mover? Es que tu cabeza me tapa la pizarra.
—Claro.
El diez de mayo fue todavía mejor.
—¿Sabes? Me encanta tu perfume. ¿En dónde lo compraste? Se lo quiero regalar a mi hermana.
No podía decirle que era un perfume con feromonas de zorra virgen para atraer pareja. Él se moriría de la risa, y de paso, todo el salón.
¿Lo ven? Traía loco al chico. Reconocía mi inteligencia con las matemáticas. Se tomaba la molestia de hablarme y además alababa mi perfume. Si eso no es estar enamorado, joder que no sé lo que será.
Bien. ¿En dónde estábamos? Terminando con Laura debajo de nuestro árbol sagrado, donde la relación había comenzado. Aunque pensándolo bien, quizá no era el mejor lugar, después de todo.
—¿Entonces… me vas a cortar porque ya te aburriste de mí?
—No es que me haya aburrido de ti. Lo que pasa es que… bueno, creo que esta relación no va a ninguna parte. No eres tú, soy yo.
Laura se cruzó de brazos.
—¿Es que eres tan torpe que no puedes pensar en nada más que no sea un cliché?
—Vale.
Una debe de pensar qué discurso decir antes de cortar lo que hasta hacía poco era la mujer de tus sueños. Tomé nota mental de eso.
—Tengo gustos muy raros, Laura. No lo soportarías.
—¿Te gustan las pollas?
Me sonrojé, aunque viéndolo desde otro punto, tal vez sí tenía razón.
—¡Esto no es gracioso! Si no me quieres, sólo dímelo y no antes con rodeos.
—Mira, Laura. Créeme que si esto seguía, ibas a ser tú la que terminaría conmigo. Sólo me adelanto y de quito el trabajo. De nada. Pensé que eras el amor de mi vida, pero me doy cuenta de que ni siquiera tengo veinte años. Entonces ¿qué sé de la vida? Es una cuestión de filosofía.
—Burradas tuyas, Tania.
—¡No lo hagas más complicado!
Laura se puso a llorar, y yo me maldecía por haberlo ocasionado. Sí que esperaba una que otra lágrima, pero tal vez a causa de los golpes para los que yo ya iba preparada mentalmente. Incluso tenía en mi bolsa unas curitas y algo de antibacterial.
—¡Eres una desgraciada! —sollozó. Puede que tuviera razón. Tiró dos años conmigo.
—Laura, cariño. No llores.
—¡No me digas qué hacer! Hemos sido amigas desde la primaria y ahora me tratas así ¿quién te has creído que eres? Y además ¿me terminas en el mismo árbol donde todo comenzó?
—Si, ya. Acabo de darme cuenta de que no fue lo más inteligente. ¿Ves? Soy un desastre como novia. Anda. ¿Sabes qué? Termíname tú a mí.
—¿Cómo puedes ser tan cruel?
—Por eso. Termíname tú a mí.
Laura, con su hermoso pelo rubio metido detrás de sus orejas, me miró con una cara tan despectiva que no hubiera sido raro que me arrancara los ojos en ese momento. Levantó los brazos y los puso en mi garganta.
—Eso, eso. Soy una mala novia. Ahórcame. Tú puedes… tú… espera, espera, Laura, me ahorcas de verdad… espera…
—Debería  matarte.
Tosí y me sobé el cuello. ¡Coño! Que ella de verdad me quería matar.
—Lo decía en sentido figurado…
—Tania… ¡te odio! Pero algo sí te digo, y es que te vas a arrepentir.
—Lo sé. El karma me lo pagará.
De repente un golpe seco me giró el rostro. La mano de Laura, con todo y nuestro anillo de aniversario, hizo que mi mejilla enrojeciera.
—¡Laura! ¿Puedes avisarme la próxima vez que vayas a hacer eso?
—Tania.
—¿Qué? Auch. Cómo duele.
Me soltó un segundo golpe de revés.
—¡Ahora sí te avisé!
—Vale… creo que me lo merezco.
Y totalmente furiosa con el universo, o más bien, conmigo, Laura se sacó el anillo y lo tiró al piso.
—¡Ojalá y te mueras!
Se marchó antes de que tuviera tiempo de responderle. La vi irse, y durante un momento creí que tendría el valor para ir tras ella y pedirle una disculpa. Sin embargo, no logré moverme porque la cara me dolía mucho. No. De hecho, no era la cara, sino el pecho. Tenía un nudo en la garganta y mi corazón estaba acelerado por la adrenalina.
Laura era mi primera ruptura porque fue la primera persona con la que tuve algo realmente especial. Claro que sí me sentía herida, pero al menos las cosas habían terminado para nosotras. Recogí el anillo y me lo metí al bolso. Tampoco iba a tirarlo. Era un bonito recuerdo. Lo que seguía ahora era toda una laaaarga semana de depresión por parte de las dos.
Consulté mi Facebook cuando me llegó una notificación. Era un mensaje de Laura.
—“Ya puedes ir olvidándote de que te regrese tus discos, y también la caja de galletas que me dejaste”.
Joder.
—“Y ya nadie te pasará la tarea de química, ni la de física, mucho menos la de gramática”.
Eso sí era malo.
—“Estoy borrando todas tus fotos.”
¡Ay! Por favor.
—“¿Recuerdas que tengo tus cartas? Pues las voy a quemar ahora mismo”.
La verdad me daba igual. Tras un rato, llegó otro mensaje.
—“Casi quemo mi cocina xD”
Torpe.
—“Todavía te odio, y ojalá te mueras. Despídete de tu cuenta”
—Kha? —le escribí.
Acto seguido, me comenzaron a llegar varios likes de una publicación que había puesto en mi perfil. Qué raro. No he hecho tal cosa.
Abrí mi muro y lo que vi me heló la sangre. La cuenta falsa de Laura estaba publicando pornografía. ¡Porno! ¡Por el amor de Dios! Una tras otra las notificaciones llegaban y una tras otra, los links a páginas xxx llenaban todo mi muro. ¿En dónde estaba toda esa flamante seguridad de la que Facebook presumía?
Intenté mandarle un mensaje a Laura, pero en ese momento mi teléfono pensó que sería buena idea entrar en modo de suspensión debido a que sólo me quedaba un dos por ciento de la batería. Luego se apagó por completo.
Suspiré, agotada. No podía hacer nada para impedir que Laura terminara su venganza contra mí. En cierto modo, tampoco deseaba que lo hiciera porque desquitarse conmigo a través de Internet era lo mejor que ella podía hacer. Mientras no me golpeara ni intentara estrangularme no habría problema. Además, yo la conocía perfectamente y estaba segura de que pronto se le pasaría. No era para tanto ¿verdad? Y entonces, una flor de nuestro árbol cayó justo a mis pies, y me di cuenta de que incluso la naturaleza estaba en mi contra.

Transcurrieron seis meses después de eso, yo ya tenía 16 años y no había sabido mucho de Laura desde entonces. Efectivamente me eliminó de cuanta red social tenía: Facebook, Whatsapp, Twitter e Instagram. No es que yo fuera la señorita sociedad, pero tenía uno que otro fan por las reseña de anime que subía a mi cuenta de Youtube. La verdad es que me daba lo mismo si Laura me odiaba o no. Ambas estábamos madurando y era parte de nuestra vida recibir altos y bajos. Bueno, yo recibía más bajos que los demás, pero afortunadamente podría salir adelante.
Medio año se fue muy rápido, y durante ese tiempo experimenté una depresión que duró la ridícula cantidad de ocho semanas, en las cuales me dediqué a comer helado y a ver televisión. El resultado, una talla extra y unos bonitos cachetes. Por fortuna antes de todo esto yo era más bien esquelética, así que unos kilos de más no me vinieron nada mal. Además mis pechos eran un pelín más grandes ahora, y mi autoestima estaba un punto más arriba de lo normal.
Por otro lado, Laura seguía siendo la misma chica elegante y guapa. Había probado salir con una niña de medio curso, y las cosas terminaron mal para las dos cuando una profesora las atrapó besándose en el baño. Gracias al Cielo no ocurrió  nada más que eso, sin embargo fue suficiente para que las cosas se terminaran.
A veces veía a Laura centrando su atención en mí, y yo la saludaba con la mano. Ella me levantaba el dedo medio y se iba muy campante a otro sitio. El que ella no superara su ruptura conmigo me hacía sentir entre afortunada y triste a la vez. La primera porque significaba que yo era muy importante para ella. La segunda era precisamente por eso, pues yo le había fallado.
Cuando terminamos la secundaria, Laura ya era un poco más madura y seria. Ahora estaba muy centrada en sus estudios para ingresar a una buena preparatoria ¿cuál? Pues ni yo lo sé. El punto es que se había apuntado a unos cursos especiales para poder pasar el examen de ingreso. Un día de esos en los que nos cruzamos, ella me pidió un consejo.
—¿Crees que debería de pintarme el cabello? Me gusta que sea rubio, pero he pensando en que me quedarían bien unas mechas de colores.
—Parecerás un payaso.
—Gracias por tu apoyo, bitch.
—¿Qué dije?
Y se fue campante a tomar el autobús.
Aquella fue la última vez que la vi, y honestamente comencé a echarla un poco de menos. Atrás dejábamos la secundaria. Yo iba a irme a una prepa local, mientras que mi hermano iba a continuar su último año en otra ciudad. A él también lo iba a extrañar. Incluso mi madre, que estaba muy encariñada con él.
Así pues, otro lapso de seis meses se fue y yo ya había crecido en todos los aspectos. Cuando reventé mi primer sujetador gracias al tamaño de mis pechos, me sentí tan feliz que comencé a dormir sin él. Era pervertido, pero me gustaba sentir la calidez de mi colcha frotándose contra mis puntitas rosadas. La ropa de niña adolescente estaba en el ático. Ahora yo vestía más a la moda y de acuerdo a mi edad. Una que otra minifalda hacía un buen juego con una blusa estampada. Me depilaba las piernas, que gracias a un par de meses en el gimnasio, habían adquirido un bonito perfil. Además, por consejo de mi madre, había ido frecuentemente a la playa para broncearme un poco y alejar toda esa palidez que a mí no me gustaba en lo absoluto. Antes era flaquita, sin nada que presumir y muy blanca. Era como tener el disfraz de un zombie. Ahora, era toda una morena de casi 1.67 m. de altura, con un buen par de melones adelante y una linda retaguardia. Tenía amigos, aunque el buen Isaac seguía sin hacerme caso a pesar de que íbamos a la misma escuela.
Tampoco le daba mucha importancia al asunto. Pretendientes no me faltaban, pero continuaba siendo virgen, lo cual a veces me alegraba, pero otras me hacía pensar en cuál era mi lugar en la cadena social. Todas mis amigas tenían novio, y yo seguía siendo la única chica lo suficientemente tímida como para lanzarme a una conquista.  
De todos modos me iba bien con la vida. Laura estaba en el pasado y sólo me quedaba mirar hacia adelante.
Cierto día de vacaciones de semestre me encontraba limpiando mi habitación y ordenando los cajones de mi ropa interior. En algún punto había remplazado las braguitas de niña y había comprado algo más de encaje. Sí, vale, era un poco retraída en ocasiones, pero eso no significaba que no quisiera verme bien en ropa íntima, aunque no hubiera nadie más, además de mi madre (que a penas aprobó mi primer cachetero) que me viera.
—Tania —dijo mi padre entrando sin tocar a mi cuarto. Él era el más incómodo al verme crecidita y todavía no lo superaba. Para él seguía siendo su princesa. De vez en cuando me traía esos dulcecitos de fresa que tanto me gustaban e insistía en leerme un cuento antes de dormir.
—¿Qué, papá?
—Tú hermano va a venir a cenar.
—¿De verdad? —Me alegraba mucho que él viniera. Después de todo eran vacaciones intersemestrales y yo me moría de ganas de verlo. Tal vez incluso podríamos ir a pescar.
—Sí. Vendrá con un amigo, o algo así. Ayúdale a tu madre a preparar la cena. Quiere dar una buena impresión.
—Sí. Enseguida.
Cocinar no era mi fuerte, pero dada la ocasión, mi hermano se lo merecía. Mamá siempre nos enseñó que era muy importante que las personas pensaran bien de otras, así que era necesario dar buenas impresiones aún cuando las cosas fueran mal. Por eso estaba muy metida en su papel de ama de casa., puesto que no sólo era su hogar, mas bien algo así como su santuario. Ella manda. Ella dice sí o no. nosotros sólo somos esclavos. Incluso mi padre ayudó yendo a comprar ingredientes, aunque él era tan malo como yo en la cocina. Sus ganas de ayudar era visibles, y me dio pena cuando mamá lo mandó a ver el partido de fútbol en el sillón.
—Te pondrás algo decente, Tania. No quiero verte enseñando las piernas frente al amigo de Marcos.
—¿Enseñando pierna? Ay, mamá. Mira el termómetro. Estamos casi a treinta y seis grados.
Además, quise decirle, trabajé muy duro para tener un buen cuerpo y no me parecía justo avergonzarme de él. Nunca, ni de niña, había sido  guapa. Tenía que vivir a la sombra de las muchachas más hermosas de mi colegio, y ahora que al fin tenía algo de lo que sentirme contenta, a mis padres no les parecía. Tampoco se trataba de que fuera por allá enseñando todo. Para salir a la calle, me vestía mejor; pero en mi casa me sentía más libre. ¿Cuál era el problema? Mis padres eran de la edad de piedra.
—De todos modos, Tania, ponte guapa.
—Sí, sí.
Barrí la sala. Ordené incluso los adornos de porcelana que estaban en un mueble y regué las flores del jardín para que se vieran más vivas que de costumbre.
Al final de la tarde, más bien entrada la noche, todo estaba listo. Mi madre y mi padre iban bien arreglados. La primera con un bonito vestido floreado y veraniego, y el otro con camisa de vestir y pantalones vaqueros. Yo, haciéndole caso a la petición de ellos, me puse un vestido con encaje en las mangas y falda suelta. Me quedaba justo por encima de la rodilla. No era escotado, pero orgullosa delineaba la curva de mi busto. ¡Dios! Cómo me quería yo misma. Estaba feliz conmigo, con mi familia. Tenía una bonita vida sin vicios y una estabilidad emocional muy fuerte.
—¡Tania! ¡Tú hermano ya va a llegar! ¡Ven!
Bajé enseguida. Mis padres estaban a la espera, agazapados detrás de la ventana mirando con interés al otro lado de la calle. Yo me senté en el sofá a ver la televisión, mientras pensaba en cómo sería el amigo de Marco. Quizá tendría el pelo rizado, y una bonita sonrisa.
—Aquí vienen. Ya llegó el taxi —avisó mi madre —¿quién es la otra persona?
—Ciertamente no parece ser su amigo. ¿Van tomados de la mano?
—¿Nuestro hijo es gay?
—¿Qué pasa? —les pregunté.
—No, espera —papá se alegró —. Es una chica. Viene con una novia. ¡Ah! Ese es mi muchacho.
—¿Novia? ¿Marco se consiguió una novia? ¡Genial! —aunque sentí celos de hermana.
El timbre sonó. Mi madre se arregló el cabello. Mi papá, el cuello de la camisa, y yo puse la mejor de mis sonrisas para recibir a la novia de mi hermano.
En retrospectiva puedo decir que ese fue el inicio de un gran dolor de cabeza, de una dura temporada para mi psique, y por supuesto, de una nueva y poco querida fase de mi vida. Mi pasado estaba justo ahí, bajo el umbral de la puerta, sonriente como sólo yo lo conocía y tomado de la mano de mi  hermano.
—Laura… —musité.
Ella me miró con una ceja arqueada, como si de repente se hubiera llevado la lotería. La expresión feliz se me borró.
Mis padres, como no conocían a Laura, la saludaron de inmediato. Yo estaba en shock, y ni siquiera reaccioné cuando Marco me abrazó.
—¡Hola, hermanita! ¡Vaya, sí que te ha crecido la delantera!
No me causó gracia. Sólo veía a Laura, que le daba un beso a mi madre y a mi padre después de que Marco los presentara.
—Y ésta es mi hermana, Tania.
—Mucho gusto, Tania.
Se acercó como si no me conociera y me dio un beso en la mejilla. Luego susurró a mis orejas:
—Tú hermano besa tan delicioso. Me recuerda a ti.
—Maldita… —dije con la cara roja de la furia. ¿Qué demonios estaba tramando ella?


Última edición por FallenLirioo el Sáb Ene 28, 2017 8:07 pm, editado 31 veces
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Mensaje por Lirio1704 el Jue Nov 24, 2016 4:13 pm
Hola!!!

Este capitulo me tuvo ansiosa mientras más lo leia más pensaba pues a que hora la va a regar Tania y caera en las redes de Laura otra vez, afortunadamente no fue así.

No creo que Camilla se quede de brazos cruzados creo que también le leera la cartilla a Laura, como hizo Joshua con Tania.

Saludos y gracias por tu amable antención =D
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Nov 26, 2016 4:15 am
@Lirio1704 escribió:Hola!!!

Este capitulo me tuvo ansiosa mientras más lo leia más pensaba pues a que hora la va a regar Tania y caera en las redes de Laura otra vez, afortunadamente no fue así.

No creo que Camilla se quede de brazos cruzados creo que también le leera la cartilla a Laura, como hizo Joshua con Tania.

Saludos y gracias por tu amable antención =D

Hola! jeje, claro, Camila no por nada se mató tanto en enamorarla como para quedarse mirando cómo su chica se va jeje tan tachi ella xD, y de nada, me gusta responderles e interactuar por aquí :)
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Nov 26, 2016 2:35 pm
Hola! continuamos con el capítulo semanal :)

Llevar a Laura al departamento de Cami era una buena y mala idea al mismo tiempo, porque por un lado ella podría tener un lugar donde quedarse a dormir el resto del fin de semana, y por otro, que mi ex y mi novia se encontraran bien podría ser el presagio de que algo malo pasaría. Confié en que Camila sabría comportarse a la altura y no diría nada que pudiera herir al ya maltrecho corazón de nuestra amiga, la cual necesitaba tanta ayuda como fuera posible. En ese sentido todas estábamos de acuerdo, incluso Ximena, quien se sentía contentísima al saber que otra vez las cuatro volvíamos a estar juntas.
—Tengo que decirte que me pone nerviosa ver a Camila —me confesó Laura cuando bajamos del taxi —, ahora que ella es tu novia, será raro. La última vez que la vi era un cero a la izquierda y casi no hablaba.
—Te caerá bien —me limité a decirle porque iba en contra de las reglas femeninas hablar bien de la novia en curso, especialmente a la ex. Podría desencadenar algo así como la Tercera Guerra Mundial.
Cuando Camila y Laura se encontraron en la puerta del departamento, por un segundo creí que se molerían a golpes. Yo no sé, pero a lo mejor en la cabeza de alguna de ellas algo así estaba sucediendo, porque detrás de sonrisas, se sostuvieron la mirada durante lo que pareció ser una eternidad.
—¡Ejem! —carraspeé y las hice reaccionar. De inmediato Laura abrazó a Cami, otorgándole un beso en la mejilla como si se tratase de la mejor de sus amigas. Mientras se estrechaban mutuamente, mi novia me vio y arqueó una ceja, como si sugiriera que las cosas habían salido mejor de lo espero, y tenía razón. Quizá todo ese drama de que ellas se odiarían estaba en mi cabeza.
—Entonces ¿te quieres quedar? —preguntó Camila, sirviéndole a Laura una taza con té helado cuando fuimos a la cocina —. Joshua se fue de campamento con unos amigos y no vendrá hasta mañana. Hay espacio suficiente en su habitación.
—Pero es que no quiero ser una molestia, aunque gracias. Lo necesitaré —en ese momento bostezó —, no he dormido mucho.
—Anda, ve a acostarte un poco. Te mostraré el cuarto de mi hermanastro.
Nada más Laura vio la cama, se tiró sobre ella. Quitó sus zapatos y hundió la cabeza en las grandes almohadas de plumas, las cuales Joshua adoraba y al que poca gracia le haría encontrarse con una chica en su dormitorio. Camila le explicó algunas cosas, como que el muchacho era escritor y que tuviera cuidado de no manchar ninguna de las notas que tenía desperdigadas por toda la mesa. Sabíamos que Laura era algo adicta a desaparecer el desorden, y para ella, un cuarto vuelto un caos era un llamado de la naturaleza para que pusiera manos a la obra y se dedicara a limpiar todo el santo día.
—¿De verdad no vendrá? Sería muy incómodo si viera a una extraña en su alcoba.
—Ya te dije que se fue de campamento y tú tienes que dormir un poco. Mira esas ojeras, y has perdido todo el color de tu piel.
—Quisiera tener una piel bronceada como la tuya.
—Eso dicen todos. Tania y yo iremos a comprar algunas cosas, así que no salgas de aquí.
—Descuiden. Dormiré la siesta.
Cuando Camila cerró la puerta del departamento, lanzó un suspiro tan sonoro que casi pareció adrede. No se le veía triste, aunque tampoco brillaba de alegría. No dijo una sola palabra más mientras bajábamos hasta el estacionamiento y montábamos en su coche, rumbo al supermercado. Tuve que ser yo quien soltara la primera piedra.
—¿Y bien? ¿Qué te tiene tan tensa?
—¿De qué hablas?
—No te hace mucha gracia que Laura esté en tu hogar ¿cierto?
—Te diré la verdad: Laura nunca ha sido muy de mi agrado. No es que la odie ni me caiga mal. Simplemente trato de mantener mi distancia. Ya sabes… ustedes fueron pareja y es natural que haya cierta repulsión la una por la otra.
Crucé las piernas y le sonreí a Camila. Verla celosa era una nueva parte de ella y me gustaba.
—A pesar de todo la aceptas. Eres una buena amiga, aunque no lo quieras admitir.
—Son las cosas que hago por ti. Tampoco iba a dejarla a su suerte.
Mientras comprábamos lo necesario para la pijamada de adultas que continuaban sintiéndose niñas, Camila y yo no perdíamos el tiempo de hacernos algunos cariños en público, como besos de pico y cosquillas. No teníamos temor de que alguien nos viera porque estábamos metidas en nuestros roles, en demostrar lo mucho que nos queríamos aunque sonara irreal para el resto de las personas y fuera incorrecto para los ojos de los más conservadores, como mis padres, que se morirían al saber que su preciada hijita tenía a una mujer como pareja sentimental. ¿Por qué el mundo tiene que ser tan complicado a veces? Quisiera poder comprender al resto de las personas, especialmente a esas que sólo fruncías las cejas al ver como yo besaba a mi novia. La mayoría eran ancianitas, demasiado tradicionales como para entender que ya estábamos en otro siglo y que la vida era tan corta que no se debería de ignorar al amor cuando se tiene en frente, y mi amor era esa capitana de voleibol que se había ganado mi corazón a base de esfuerzo, y yo la recompensaba por esa hazaña.
—¿No crees que ya va siendo hora de que le digas a tus padres que estás saliendo conmigo? —sugirió mientras yo examinaba los lácteos —, no me gusta guardar secretos.
—Créeme que mis padres están mejor así. Son algo homofóbicos.
—Pero… quiero que tú conozcas a mi mamá. Le dije que salgo con una chica y le dieron ganas de conocerte. Verás, creo que el próximo sábado te quiere invitar a comer. Hace una pasta que está para comerse los dedos ¿vendrás?
Prefería estar con la madre de Cami que con la mía, así que acepté conocer a la suegra en cuestión, y para sellar esa promesa, le di a mi campeona un cálido beso en la boca. Luego la abracé fuertemente y todo parecía ser felicidad hasta que vi, al otro lado del pasillo, justo en la sección de frutas y verduras, a mi madre comprando algunas legumbres.
—¡Oh, demonios! ¡Debemos irnos!
Tiré fuertemente del brazo de Camila y anduvimos a grandes zancadas con el carrito hasta escondernos en la sección de juguetes. A mí el corazón estaba que se me salía por la garganta, aterrada de que mi madre me hubiera visto comiéndome a besos con otra mujer.
—Era mi madre ¿qué hace aquí? ¿por qué justamente hoy tiene que salir de compras?
—¿Quieres que vayamos a saludarla?
—¿Estás loca? Mejor paguemos y vámonos.
—Mmm…
—¿Qué?
—A veces creo que te avergüenzas de nosotras.
—Claro que no. Sólo soy cuidadosa. No sabes el lío en el que me metería si mi madre me ve de cariñitos contigo. Ya tengo muchos problemas con mi hermano, que se enteró de la peor de las formas. Por fortuna guardó el secreto. Creo que hasta él sabe de qué es capaz mi familia si se llegase a enterar.
—¿Y de qué sería capaz? —me preguntó mientras íbamos a la línea de cajas.
—Me separaría de ti. Haría de todo para intervenir en nuestra relación.
Camila puso cara agria, con el labio chueco y la frente fruncida. A ella no le gustaba guardar secretos a la gente y deseaba que nuestro noviazgo no fuera uno de esos en donde hay que verse a escondidas, corriendo como si estuviéramos haciendo algo malo.
—Me molesta que estés en esa situación. Tal vez si yo hablara con tu madre…
—Ni de loca lo vayas a hacer.
—¿Por qué? ¿Quieres mantenerme en secreto? No estamos cometiendo ningún delito. Te quiero ¿es que tus padres no lo van a comprender?
—Créeme que no.
—Pienso que eres cobarde por no arriesgarte.
—No soy cobarde —repliqué, mosqueada porque de repente ese tema estaba adquiriendo una importancia que yo no deseaba darle —. Tú no conoces a mi familia y sí, me da algo de vergüenza que sepan la clase de preferencias que tengo. Es mejor que mantengamos lo nuestro en secreto, y deja de hacer tanto drama. No vale la pena que nos peleemos por cosas insignificantes. Una cosa es demostrar amor en público ante desconocidos y otra frente a mi familia.
—No es algo insignificante. ¿Qué tal si quiero irte a visitar? ¿Tengo que pretender que soy tu mejor amiga?
—Te agradecería que dejaras el tema ¿sí? Ya te dije que no quiero discutir.
—En algún punto vas a tener que presentármelos, porque quiero ser parte de ese mundo.
—¿Y crees que mis padres te recibirán con los brazos abiertos? Le caes bien a mi mamá, sí, pero si se enterase de nosotras, le saldrían canas verdes. Tema zanjado. No quiero hablar más —empujé el carrito hasta la caja registradora, y Camila me siguió con la cara visiblemente fastidiada. Estaba estaba siendo algo así como nuestra primera pelea y vaya que era por una tontería.
—¿De compras? —preguntó la voz de mi madre, justo cuando íbamos a pagar. Yo me quedé paralizada y la miré, hasta el final de la fila.
—¿Mamá…?
Camila sonrió.
—Hola, señora ¿cómo le va?
—Bien. Vine a comprar algunas cosas para preparar la cena ¿ustedes también?
—Sí, por lo de la pijamada.
—¿Qué no están algo grandecitas para eso?
—Será una noche de chicas —dijo Camila con gesto afable y luego de que me diera su tarjeta para pagar las compras, se quedó fuera de la caja esperando a que mi madre terminara de entregarle el efectivo a la cajera. Yo le insté con la mirada a que nos fuéramos, pero ella me ignoró rotundamente, y todavía peor fue cuando se colocó al lado de mi mamá y la acompañó todo el camino por el estacionamiento hasta su coche.
Yo iba unos pasos tras ellas, empujando el carrito de nosotras y tratando de no darle demasiada importancia al asunto. Era como si tuviera terror de que de pronto Camila dijera la verdad de nuestra relación, y sí que tuve miedo porque estaba segura de que mis padres me someterían a una terrible tortura psicológica si se enteraban.
—El fin de semana —comenzó Camila mientras ayudaba a mamá a poner las bolsas en la cajuela —, invité a Tania a la casa de mi madre.
—Ah ¿y ese milagro?
—Pues le dije que tenía una amiga muy especial, y ya que yo no tengo muchas, dijo que la quería conocer. Espero que no le moleste que me robe a su hija por un fin de semana.
—Si ella quiere ir no hay problema. Es más, te prepararé un pay para que le lleves a tu madre.
—Creo que usted y ella se harían buenas amigas. A las dos les encanta probar nuevas recetas y son bastante buenas con los postres. Ella prepara unos panqués muy ricos, con relleno de chocolate. Son los que le llevé hace semanas ¿recuerda? Durante su cumpleaños.
—¡Ah! ¡Esos estaban muy buenos!
Yo estaba al borde del colapso.
—Entonces… creo que podría tomarme el fin de semana para ir con Tania y conocer a tu mamá. Parece una señora agradable.
—Lo es, y si se anima, es bienvenida cuanto guste.
—Ay, Camila, si fueras un chico ya serías mi yerno.
Me puse tan colorada que necesité un respiro, y abrí la botella de refresco que acabábamos de comprar.
—Tomaré eso como un halago, señora. Es una lástima que su hija y yo seamos mujeres, o usted ya sería mi suegra.
Escupí la bebida. ¿Qué demonios estaba sucediendo? Mi madre y Camila se quedaron mudas un segundo, y luego, la primera estalló en risas.
—Eso sí que sería interesante ¡Jajaja! Qué disparates dices. Bueno, pues me tengo que ir. Fue un gusto verlas. Tania, pórtate bien y tú Cami, eres bienvenida a la casa cuando quieras.
—Gracias. Lo tendré en mente.
Cuando mi mamá se fue y nos dejó solas en el estacionamiento, toda la presión que había tenido que soportar salió y le di a Camila un puntapié.
—¡Auch! ¿qué te pasa?
—¿Qué te pasa a ti? ¿cómo se te ocurre decirle esa clase de cosas a mi mamá?
—Sólo estaba tanteando el terreno, tonta. No parece tan mala persona. Ya me acepta como tu mejor amiga.
—No vuelvas a mencionar nada de eso ni a invitarla a tu casa.
—¿Por qué no? No hagas un drama ¿quieres?
—Yo no hago ningún drama —dije, sulfurada y avanzando con el carrito hasta su coche. Camila me alcanzó poco después.
—Tania, espera. Sólo lo hago por el bien de las dos. Es mejor que tu madre se entere ahora y no luego.
—Es mejor que NUNCA se entere.
—¿Y me tendrás en secreto para siempre?
—Si se puede, sí.
—Pues no estoy de acuerdo.
La miré fijamente, como si quisiera que su cabeza estallara por acción de alguna clase de poder sobrenatural. Era la primera vez que estaba tan molesta con ella, y no lo sabía controlar. Necesitaba algo que cambiara la tensión, aunque un beso no era mucho, dadas las circunstancias. ¿Un abrazo? Ni tenía ganas de tocarla después de lo sucedido.
—Además ya eres mayor de edad. No te puede decir que hacer o con quién salir.
No le respondí. Tuve que morderme la lengua mientras metía todas las compras en el coche y después, nos metíamos en él e íbamos por las calles, guardando las dos un viscoso silencio. Nunca creí que el hecho de conocer a la familia nos podría dar problemas. Si yo amaba a Camila y ella a mí ¿qué importaban nuestros padres?
—¿Por qué te aferras tanto en darnos a conocer? —le pregunté cuando, después de unas calles, yo ya me sentía más tranquila.
—Pensé que ya no deseabas hablar sobre eso.
—Pues tú dime.
—Ya dejaste muy claro tu punto de que te avergüenzas de nuestra relación. Si yo fuera un chico de seguro que las cosas estarían mejor.
¿Qué demonios tenía que ver una cosa con la otra?Molesta, más que antes, crucé piernas y brazos y no le dirigí una sola palabra en todo el trayecto hasta el departamento.

******+

T_T Uy... comienzan los problemas en el paraíso... obviamente Camila quiere que Tania grite a los cuatro vientos que es su novia... pero ¿qué pensará Tania de esto? seguramente nada bueno jaja,
un saludo! gracias por leer y no duden en ponerse en conacto conmigo mediante un mensajito si gustan :)
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Mensaje por Delfi22 el Lun Nov 28, 2016 12:21 pm
*No se donde andaba que me perdí dos cap, pero ya me puse al corriente*

Empezaron los problemas en el paraíso..esa Cami si que sabe tantear el terreno con la suegris...Ahora que hará Tania?..Laura se aprovechara de su situación para estar cerca de Tania, claro esta si nuestra chica sexy la deja ya que a demostrado lo celosilla que es.Bien a la espera del siguiente...Que estés bien..
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Mensaje por bridec350 el Sáb Dic 03, 2016 2:19 am
Cada cuanto actualizás? Estoy muy metida en el drama. Super cool y nada en espera del sig. Cap
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Dic 03, 2016 2:37 am
@bridec350 escribió:Cada cuanto actualizás? Estoy muy metida en el drama. Super cool y nada en espera del sig. Cap

Hola! actualizo semanalmente, cada sábado o domingo :)
saludos! gracias por leer
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Mensaje por FallenLirioo el Dom Dic 04, 2016 10:44 pm
Hola! gracias de nuevo y siempre se los diré xD por leerme, esperar cada semana y tomarse el tiempecito de comentar. Aquí les tengo la actualización semanal, así que disfruten

Deseaba no tener ninguna clase de problema con Camila, sobre todo por una nimiedad como la que se nos estaba presentando, y el no poder hacer mucho para arreglarlo comenzaba a estresarme. Yo no estaba acostumbrada a los malos entendidos, y sí, sé que a veces puedo ser muy impulsiva con mis comentarios y cerrada en ciertas ocasiones, lo cual sólo me traía disgustos con las personas que me rodeaban.
Miraba a Camila preparar el chocolate para el pastel de galletas que íbamos a hacer, y aunque el ambiente de la cocina olía a dulce, yo me encontraba tan agria como la leche pasada. Sentía una opresión en el pecho, de esas que te dicen “la has fastidiado pero bien”, y pese a todo, yo era reacia a darle la razón a mi novia, pues conocía a mis padres mejor que nadie más. No valía la pena poner mi relación en riesgo sólo para satisfacer ese gusto de Cami. Y si amarnos en secreto era un problema para ella ¿qué más podría salir mal en nuestro noviazgo?
Estaba ya en ese punto donde un sólo roce comenzaba a generar muchos otros, el momento en el que me hacía preguntas y ponía mi reciente relación en tela de juicio. Luego recordé las palabras de Joshua y me di cuenta de que con mi actitud hacía sufrir a Camila, aunque el hecho de reconocerlo no significaba que fuera a darle la razón y pedirle disculpas por haber perdido la cabeza.
—¿Y todo está bien entre ustedes? —preguntó Laura, inoportuna como siempre.
Camila lanzó una carcajada falsa.
—De maravilla ¿verdad, Tania?
Sabiendo que de mi boca sólo saldría veneno, le respondí con una sonrisa y volví a mi trabajo de sacar las galletas del empaque y acomodarlas en la bandeja cuadrada del pastel. Vaya que era difícil aparentar que las cosas iban bien, porque con la mirada incómoda de Cami y mi actitud callada para evitarme problemas, Laura rápidamente detectó que algo malo sucedía. Aprovechó que mi novia estaba de espaldas y me preguntó con los ojos, en ese lenguaje meramente femenino ¿qué estaba ocurriendo?
Yo arrugué la nariz en señal de disgusto. Laura comprendió y no hizo ningún otro gesto.
—Creo que me iré a casa por un rato —no podía seguir soportando esa tensión. Además Camila necesitaba de un tiempo para pensar las cosas.
—¿Por qué? —preguntó Laura, con la cara pálida ante mi inesperada reacción.
—Es que recordé que tengo otras cosas que hacer, como lavar la ropa y limpiar mi habitación.
—Pasaré por ti más tarde —fue lo único que Camila dijo, en vez de pedir que me quedara. Admito que me dolió, y me molestó que fuera así.
—Bueno… entonces las veo después.
Recogí mis cosas y salí a esperar en la parada de autobús. De alguna manera aguardaba a que Camila saliera a decirme que por favor permaneciera a su lado y a disculparse por haber arruinado las cosas ese día; pero no sucedió nada de eso. El nudo que tenía en mi garganta se hizo más pesado y con aires melancólicos subí al camión.
Durante el resto de la tarde me la pasé en cama, lidiando con mis propios pensamientos, deseando que las cosas pudieran arreglarse por sí solas, e incluso meditando en si yo estaba exagerando al imaginarme las reacciones de mi familia si se llegaran a enterar de la verdad.
—¿Qué no ibas a pasar la tarde con tus amigas? —me preguntó mi madre cuando entró a mi cuarto a buscar platos sucios de la cena de anoche.
—Sí, pero iré más tarde.
—Tengo una preguntita que hacerte y espero que no te enoje.
Oh, no…
Mamá se sentó en la orilla de la cama y visiblemente incómoda preguntó:
—¿Camila es… del otro lado?
—¿Del otro lado? —me hice a la tonta jugando con los botones de mi celular. No quería que me viera la cara, puesto que ella era buena para leerme las expresiones —¿de qué hablas?
—Ya sabes. Que le gustan las chicas.
—Ay, mamá, no lo sé. Es mi amiga nada más —respondí con un tono que demostraba un “cállate y no metas tus narices en eso”.
—Bueno, me dio la impresión. Ten cuidado ¿oíste? No quiero que te vaya a hacer algo.
—¿Algo como qué?
—Si mis suposiciones están en lo cierto, no veo saludable que sean tan buenas amigas. No estoy criticando su amistad ni nada de eso. Solamente me preocupo y tú también deberías mantenerla vigilada.
—¿Y si lo fuera qué harías? —debía de ser cuidadosa con la manera en la que le preguntaba.
—Bueno… sería difícil de aceptar. Esas pobres personas que no logran encontrar el amor donde se debe. Hombres con hombres. Mujeres con mujeres… en mis tiempos todo eso era tabú. Bueno… mientras no se metan con mi familia todo bien. ¿oíste?
—Yes.
—Bueno, pues ya estás advertida, y hazle caso a mamá.
Nada más se fue y cerró la puerta, dejé escapar el aire que estaba conteniendo. ¡Dios! Era terrible. ¿Ves? No estaba equivocada. Mi mamá era homofóbica y protagonizaba el rol de mujer tradicionalista, apegada a las costumbres de antaño imposibles de erradicar. Me pregunté si yo, siendo madre en un futuro, podría permitir que mi hija fuera lesbiana. Y luego pensé ¿me casaré alguna vez? ¿con Camila? De alguna manera ese pensamiento no me hacía saltar de alegría, más bien me metía miedo e inseguridad.
Necesitaba dormir con urgencia, y después de darme un baño me metí a la cama.
Más tarde Camila pasó por mí, a eso de las ocho de la noche. Yo llevaba una bolsa con unas cuantas prendas de ropa y mi saco de dormir, para disimular a mi madre que no dormiría en la cama de mi “amiga”. Con una mirada de advertencia, me dio un beso de despedida y se quedó en la puerta esperando a que nos fuéramos.
—Mi madre ya sospecha de nosotras —dije una vez que nos alejamos.
—¿Qué? ¿cómo lo sabes?
—Me preguntó si no encontraba nada “raro” en ti. Que si eras del otro lado.
—¿Y qué le dijiste?
—Pues que no lo sé y que no me interesan tus gustos porque sólo somos amigas. Me dijo que tuviera cuidado de ti y que te mantendría vigilada.
Se quedó callada un rato, y no habló hasta el siguiente semáforo.
—Bueno, es un alivio que tuvieras la razón. Prueba que yo estaba equivocada y que tu madre no nos aceptará fácilmente.
—Supongo que el hecho de que a tu familia no le parezca mal no significa que la mía piense igual.
—¿Y qué hacemos? ¿Seguimos siendo una pareja secreta?
Suspiré.
—Sí. Eso es lo mejor que podemos hacer, y tener más cuidado de ahora en adelante. Y no sólo delante de mi madre, sino delante de los demás.
—Pues sí, aunque sigo sin comprender porqué eres tan cobarde en ese aspecto. ¿Qué más nos pueden hacer?
—¿En serio crees que quiero tener problemas con mis padres?
—Bueno, bueno. Está bien. Se acabó ese tema. Seré tu novia secreta si eso te hace feliz.
Por alguna razón tampoco terminaba de agradarme esa propuesta, pero no se lo hice saber porque me hubiera ganado un merecido jalón de orejas.
—Entonces ¿todo bien entre nosotras, Tania?
—Sí. No fue gran cosa, y no vale la pena que sigamos discutiendo por eso. ¿Cómo quedó el pastel?
—Bien, aunque me debes una muy grande por haberte ido así como así.
—Pues no vi que hicieras nada por detenerme.
Crucé los brazos y miré hacia la ventana, molesta de que yo me estuviera volviendo a enojar por nimiedades.
—Es sólo que fue incómodo para Laura quedarse conmigo. La pobre, a penas te fuiste, regresó al cuarto de Joshua y durmió un rato más. Menos mal que ahora Ximena está en el departamento para hacerle compañía.
—Nuestra relación es algo que Laura deberá aceptar, le guste o no.
Como señal de que le gustaba mi respuesta, Camila me acarició la cara y se inclinó para besarme. Un dulce gesto de reconciliación.
Llegamos hasta el departamento, donde la música de los AC/DC estaba sonando en el estéreo. Ximena, como siempre, llevaba sus discos de rock a cualquier reunión que tenía. Lo hacía desde que las cuatro estábamos en la secundaria y las canciones siempre eran las mismas.
—¡Aquí están las novias! —gritó nada más vernos. Recientemente se había enterado de nuestra relación y nada más cruzamos el umbral, se lanzó sobre nosotras y nos abrazó —, qué bueno que están juntas. Siempre supe que habría química entre ustedes.
Quise gritarle que se callara, porque Laura, en un rincón, mantenía una sonrisa triste y se hacía a la tonta leyendo una revista de espectáculos.
—Terminé de decorar el pastel. Tiene que venir a verlo.
—Allá vamos.
Dejé que Camila y ella se fueran, mientras que yo me acerqué a Laura y le toqué el hombro.
—¿Estás bien?
—Dormí a gusto.
—No… hablo de lo otro —me senté a su lado y le quité la revista —, sobre lo que sucede entre Camila y yo.
—Está bien, Tania. Mereces ser feliz.
—Sabes que no es así.
—Yo creo que sí. Te has esforzado por enmendar el error que tuviste conmigo al dejarme cuando éramos más pequeñas. Soy yo la que tardó en decidirse a olvidarlo.
Laura respiró profundamente y aparentó que las cosas no le molestaban, aunque yo sabía que era así.
—¡Bueno! ¡vamos a cenar y a ver un maratón de películas! —exclamó Ximena desde la cocina.
Aunque ya no éramos unas niñas, debo decir que fue divertido comportarnos como unas, igual que en los viejos tiempos. Nos gastamos todo el pastel de galletas y preparamos hamburguesas con papas a la francesa. Camila era la que más tragaba y las tres envidiamos que pese a su escasa dieta tuviera un buen cuerpo. Ella explicó que era precisamente gracias a su deporte que podía darse el lujo de comer lo que quisiera y luego sólo quemaría las calorías sobrantes en el entrenamiento. Por desgracia nosotras éramos flojas hasta para salir a correr. Especialmente yo, que pese a que en el pasado había sido una fan acérrima del gimnasio, ahora el simple hecho de ir a uno me causaba mucha pereza.
Ximena nos contó, además, que el muchacho con el que salía era muy agradable y nos preguntó cómo era posible que las tres tuviéramos gustos por las mujeres cuando había hombres muy atractivos allá afuera. Eso logró que Camila contara alguna historia de cuando un chico quiso algo más que su amistad, y ella tuvo que dejarlo a un lado porque su corazón ya estaba reservado, y adivina a quién miró cuando lo dijo. En cualquier otra circunstancia la hubiera besado, pero con Laura allí no me sentía capaz.
—Creo que ya es hora de jugar un poco —sugirió Ximena.
—¿Qué clase de juego? —le pregunté, temiendo que fuera a surgir alguna barbaridad de su pervertida cabeza.
—Veamos quién tiene los senos más grandes ¿les parece?
—Es es fácil, y saben que yo gano —expresó Camila, juntando sus brazos para que sus nenas quedaran bien apretaditas.
—¿Todas a favor?
—Sí… —mencionamos Laura y yo, visiblemente fastidiadas por esa obviedad.
—De acuerdo, de acuerdo. Veamos ¿la más piernuda de las cuatro?
Aunque las cuatro íbamos en shorts de pijama, era fácil saber quién ganaría. Las piernas de Laura estaban bien, torneadas, suaves y de un lustroso color perla. Ximena, un poco más morena que las dos, tenía una visible cicatriz por encima de la rodilla, recuerdo de cuando se lastimó por ir en moto cuando tenía 16 años. Yo… pues más o menos, algo flacucha. Camila… pues qué decir. Toda su parte inferior estaba esculpida por Miguel Ángel. La piel bronceada de sus muslos lucía impecable, inmaculada y sobre todo, cuando cruzó las piernas, éstas adquirieron una apariencia tan sensual que tuve tantas ganas de tirarme encima y comérmela a mordidas.
—Creo que les gano en todos los aspectos, perdedoras.
—No lo creo. ¿La cara más bonita?
—Laura —dije en primer lugar, y Camila me miró con un gesto de ¿what? Y era cierto. Hasta Ximena estuvo de acuerdo en que la más linda de las cuatro era Laura, con sus hermosos labios rosados, su pequeñas pecas en la nariz y sus ojos azules. Toda una rubia de ley, aunque claro, ahora que no estaba en sus mejores momentos, esa belleza estaba un poco oculta.
—El mejor cabello.
Sin duda le pertenecía a Ximena. Todas votamos por su pelo castaño, perfectamente cepillado y tan lacio que le llegaba hasta la cintura.
—La más fuerte.
Jugamos a las vencidas, como los chicos en las tabernas intentando lucirse frente a las demás. Laura y Ximena se enfrentaron primero, saliendo victoriosa Laura con bastante ventaja. Entre Camila y yo, obviamente yo perdí y eso que di lo mejor de mi pobrecito bicep. Ni siquiera a mi novia podía derrotar.
—Ahora la gran final —exclamó Ximena como si fuera el réferi —. Camila contra Laura. La que gane se lleva el fabuloso premio: un beso para Tania.
Las tres la acuchillamos con la mirada, especialmente Camila, que no se podía creer que el premio fuera yo. Estaba por protestar cuando Laura se rió.
—Me parece bien, a menos que tengas miedo.
—Yo no te tengo miedo —decidió mi novia, y colocó el brazo sobre la mesa —. Intenta derrotarme.
—No será difícil.
Tragué saliva y quise detenerlas, pero también quería ver de qué eran capaces.
—Vamos, empiecen —les apuró Ximena.
No apoyé a ninguna, sobre todo porque sus brazos no se movían de donde estaban. El bicep de Camila era claramente más grande que el de todas porque se dedicaba a golpear la pelota con mucha potencia, pero ni con eso lograba doblegar a mi ex, cuya cara se estaba poniendo roja.
—¡Vamos, Camila! ¿No que muy muy?
—Estás fuerte, chica. Lo admito.
Camila hizo más fuerza. Su rostro también adquirió un tono carmín, y poco a poco empezó a llevar la delantera. Ximena no dejaba de reírse y de apoyar a las dos. A la pobre Laura se le veía una vena en la cien, y su pobre muñeca se estaba quebrando.
—¡Vamos, Laura! —exclamé sin saber porqué demonios apoyé a mi ex. Eso desconcentró a Camila, y de repente Laura invirtió todo el juego y derrotó a mi novia con mucha facilidad.
—¡Eso fue tremendo! ¡Te has ganado el derecho de besar a Tania donde tú quieras!
—No fue justo. Quiero la revancha.
—No hay revancha para nadie —atajó Laura, y sin que nadie se lo esperara, me besó. En la mejilla, por supuesto, pero fue un beso de esos que son casi como chupetones. ¡Muaak! Sonó.
Camila en vez de reírse se puso colorada.
—¡Ay! ¡Vamos, Cami! ¡Era un juego! —chilló Ximena cuando vio su reacción.
—Sí, amor. Sólo fue un juego y perdiste.
—Porque recibí mucho apoyo de ti.
Y molesta, como era de esperar, se fue a su habitación y cerró de un portazo.
—Creo que sí le afectó —murmuró Xime — ¿qué le pasa? Sólo nos divertíamos.
—Yo no —le solté —, a Camila no le gusta perder. Es muy competitiva.
—Tengo que ir a disculparme —sugirió Laura —¿tal vez debería darle unos minutos?
—Unos minutos está bien —dije, y las tres nos quedamos en silencio, comiendo unos dulces que se nos antojaron amargos. **

qué pasará en el proximo capítulo, muchas cosas wuuuuuuu jajaj xD, no pues ahora sí se pusieron algo recias las cosas entre las chicas. nunca combines a tu ex con tu novia actual jaja
saludos!
FallenLirioo
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Mensaje por FallenLirioo el Dom Dic 11, 2016 7:01 pm
Pasados unos minutos, y viendo que ni Laura ni Ximena tenían intenciones de acercarse al dormitorio de Camila, tuve que ser yo quien tomara la iniciativa para tratar de arreglar la noche, que se estaba poniendo como la leche agria. Además lo que mi ex menos necesitaba era precisamente una situación así de incómoda, sintiendo que había arruinado la pijamada. Vale, vale. Realmente era yo la culpable por haber apoyado a la persona equivocada. Ni siquiera supe porqué lo hice, aunque claro que una excusa como esa no serviría de nada porque conocía a Cami, y por mucho que me quisiera, no toleraría algo así otra vez. Ese era el problema de tener una novia muy competitiva.
—¿Camila? —entré a su dormitorio. Ella estaba recostada en su cama, mirando al techo como si la cura del cáncer estuviera escrita ahí —¿estás bien?
—Sí. De maravilla —dijo sarcástica.
—Oye, lo que pasó sólo fue un juego. ¿Es que no le pones atención a lo que te digo? No estoy interesada en Laura. Sólo la quiero ayudar.
—Pues al parecer todavía tienes sentimientos por ella.
—Eso es cierto —me senté en el borde de la cama —, los tengo porque fue mi ex novia y sigue siendo mi amiga.
—Ex y amiga no pueden ser usadas en la misma frase. Además… me está molestando verla. No es algo que pueda evitar ¿sabes? Lo siento aquí, en mi pecho, una opresión de dolor.
—¿Cómo crees que se siente ella?
—¿Ves? La estás defendiendo de nuevo. Mejor ve a seguir jugando —se giró para darme la espalda —, y apaga las luces cuando salgas. Creo que ya es hora de que me duerma.
—¿Y yo? Pensé que dormiríamos en la misma cama.
—Si quieres, es suficientemente amplia. No olviden recoger la basura.
Suspiré con resignación y sintiéndome incapaz de hallar un camino que me permitiera arreglarme con ella. Notaba la culpa atormentándome en la garganta con la forma de un grito que estaba a punto de salir. A pesar de que el orgullo me decía “cálmate, tú no tienes ninguna responsabilidad y mucho menos porqué pedir perdón”, una gran parte de mí ansiaba volver un par de minutos atrás y mantener la boca cerrada. Dolía pelearme con Camila y sentí que quería arreglar las cosas como si mi vida dependiera de ello.
Intenté hacerle algunos arrumacos, cosquillas, incluso le toqué las tetas para tratar de excitarla, pero nada de eso funcionó.
—Estás exagerando —bufé al final y salí de su dormitorio, decepcionada por mi incapacidad de decir algo mejor que eso.
—¿Está muy enojada? —preguntó Ximena —, me parece que está sobreactuando porque no fue la gran cosa. Un besito de nada y…
—Cállate, Ximena —le dijo Laura.
—Se le pasará —sonreí para indicar que las cosas estarían bien. A Camila se le desvanecería el enojo por la mañana y volvería a ser la misma agradable persona de siempre, con sus miradas coquetas, su cariño y todo lo demás —, por ahora será mejor que durmamos. Ya es tarde.
—¡Buu! Yo quería seguir jugando —se quejó Ximena —, nos faltaron más cosas.
—¿Cómo qué?
—Botella.
Laura y yo intercambiamos miradas y nos lanzamos un mensaje en lenguaje femenino que decía “esta tía se ha vuelto completamente loca”.
—Buenas noches —dije y empecé a recoger la basura y los trastes sucios. Laura y Ximena me ayudaron y luego de dejar reluciente toda la cocina y la estancia, ellas dos se fueron al cuarto Joshua y yo me tuve que enfrentar a la dura tarea de hacerme un espacio en la cama de mi malhumorada novia.
Cuando entré las luces ya estaban apagadas. Encendí la lamparita del buró y me recosté al lado de Camila. Sabía que todavía estaba despierta, así que tiernamente le toqué la cintura y empecé a darle besitos en el hombro.
—Amor… no te enojes. Anímate.
Suspiró con resignación. Al fin mis esfuerzos estaban haciendo un efecto en ella. Se giró para mirarme y tras examinar mi cara por un momento, me tomó de las mejillas y me besó. Cuando intentó separarse, no se lo permití e impulsada por un poder oculto, una migaja de pasión, recorrí con mi boca todo el espacio entre su cuello y su hombro. Bajé el tirante de su blusa y seguí besando la parte superior de sus pechos.
—Me estaba preguntando, Tania, ¿podríamos dormir sin llegar a tener sexo?
—¿Sexo? —sonreí, apenada —¿quieres tener sexo conmigo?
—Desde que estábamos en la secundaria.
—No sucederá ésta noche.
—¿Por qué? ¿A caso tienes miedo de que te embarace?
Nos reímos como dos niñas sólo para seguir besándonos un poco más. Al final de cuentas intimar con Camila era una de las cosas que más quería hacer, pero no bajo éste contexto. Puedes llamarme cursi y todo lo que quieras, pero deseaba que mi primera vez con ella fuera más… especial, y no tan pronto, porque llevábamos poco tiempo como pareja y ésta vez yo iría lento, paso a paso, conociéndola como se supone que se debe hacer, y dejaría el sexo para el final. No es que no estuviera lista, porque todo mi cuerpo quemaba por desnudarme frente a ella y transformar esos besos y caricias en algo más.
Respiré tranquilamente para calmarme y de un tirón me quité la camiseta.
—Esto es todo lo que verás hoy —le dije con un presumido guiño. Camila lanzó una dulce risita, me abrazó tan fuerte que casi me quebró las costillas y luego, recostándose sobre mí, terminamos esa noche en un abismo de besos.

—Laura—

Todos tenemos un momento en el que queremos decir “basta, se ha terminado”, y yo me moría de ganas por hacerlo, porque ansiaba terminar con éste estado deprimente en el que el destino me había metido sin siquiera pedir mi opinión. De nada me servían los “anímate” “todo saldrá bien” “tienes que superarlo”, si dentro de mí las cosas comenzaban a ponerse más grises a medida que los días discurrían en un eterno estado de duermevela, como la amargura creciente cual noche se posa sobre una ciudad triste. No es que odiara mi vida, porque adoro estar viva, sólo que últimamente me sentía menos impulsada a levantarme por las mañanas y más alejada de mí misma, de lo que soy y de lo que fui alguna vez.
Mi relación con Tania estaba en la cuerda floja y lo curioso de todo es que ya ni sabía cuál de las dos era la culpable. ¿A caso también yo había hecho cosas malas? ¿decirle que no a sus sentimientos renacidos por mí fue una colosal equivocación? Si la vida trata de segundas oportunidades, yo quería la mía para volver a intentarlo, y quizá no precisamente con ella. Tal vez yo podría encontrar a alguien más, alguien especial allá afuera, que de seguro estaría esperando también por mí. A veces ambicionaba saber quién era la persona que estaba unida al otro lado de mi hilo del destino y cuándo lo conocería.
—Entonces… —dijo mi amiga Ximena cuando se acostó a mi lado en la amplia cama de hermanastro de Camila —, ¿te pone triste que Tania y Camila sean pareja?
—¿Triste? ¿De qué hablas? Me da igual.
—Sí, claaaaro. Sobre todo con las ganas que le diste ese chupetón en la mejilla. Por poco le arrancas la carne de la cara, y a mí no me engañas porque he visto demasiadas telenovelas y sé cuándo tu corazoncito late por alguien más.
Le di un golpecito en la cabeza.
—Deja de decir tonterías. La verdad, su relación me da igual. Es tonto pensar que quiera separarlas porque no tengo la menor oportunidad de competir contra Cami. Además fui yo quien las juntó. Si no hubiera invitado a Camila a mi casa cuando Tania estaba allí, de seguro su relación seguiría siendo dispar.
—Ese es precisamente el olor del arrepentimiento.
Ésta vez le jalé un cachete, y la pobrecita se quejó.
—Te lo mereces por hacerme pensar en cosas incorrectas. Yo sólo… quiero pasar tiempo con ustedes porque mi vida personal se está yendo al traste.
—¿Tan mal estás?
—¿Qué no se me nota? Y lo que menos necesito es enemistarme con mis amigas.
—Yo no tengo ningún problema contigo. Es más, me gusta que estemos las cuatro reunidas porque me hace recordar esos tiempos de secundaria. Tú no has cambiado mucho. Sólo te has vuelto más… pechugona. Mira esas tetas.
—¡Ximena!
—Y Tania se ha vuelto más alta, Camila digi-evolucionó y yo sigo siendo la misma muñequita de porcelana y agradezco por eso.
—Mmm. Eres muy vanidosa.
—Soy, en el lenguaje coloquial masculino, un biscocho.
—Yo diría un culo con patas.
— ¡Eso!
Me reí. A veces ofender a Ximena era tonto y divertido a la vez.
—Bueno… será mejor que durmamos, Xime.
—¿No me vas a violar?
—¿Perdona?
—Sí, vale que seas mi amiga, pero… eres lesbiana, y unos toquecitos tuyos…
—No te voy a tocar, mensa.
—¿Ah? Entonces no te atraigo ¿verdad?
Puse los ojos en blanco, y sólo para hacerla callar, me tomé la libertad de tocarle los pechos y estrujarlos con un poco de fuerza.
—¿Contenta?
—Oh, mi virginidad…
—¡Jajaja! Ya, duérmete.
Le di la espalda y decidí dormir sin incitar a pensamientos suicidas o deprimentes. Realmente odiaba las noches, ese espacio de consuelo solitario en el que todas mis ideas parecen fluir con la velocidad de un río. Era como si el cerebro no tuviera mejor momento que éste para hacerme ver todas mis fallas, mis malas decisiones y se olvidara por completo de todo lo bueno que había en mi vida.
Sorbí por la nariz. Pensé en mi abuelita y en lo mucho que deseaba tenerla a mi lado, permitir que me estrechara entre sus brazos y me llenara de besos babosos en las mejillas. Oler su perfume de ancianita, ese aroma tan peculiar y que sonriera para mí como hacía desde que yo era una niña y andaba a gatas por toda la casa.
—¿Estás llorando? —me preguntó Ximena —¿por lo de Tania y Camila?
—Ellas son la menor de mis preocupaciones. Tengo… otras cosas más dolorosas en la cabeza.
—¿Tu abue?
—Sí.
Ximena me tocó el hombro y me dio un besito en la mejilla.
—¿Quieres conversar?
—No, es mejor que duermas. Ya son las dos de la madrugada.
—Oye… Laura, tengo una amiga.
—Felicidades.
—No, escúchame.
Giré para verla, aunque me dio pena mostrarle mis lágrimas, las cuales me apresuré a limpiar con la sábana.
—Verás. Ella es como ustedes, le atraen las chicas y es muy guapa. De hecho tengo una foto suya en mi teléfono.
—¿Y?
—Bueno, estaba pensando en que sería divertido que la conocieras. Sé que te caería bien porque es muy divertida. De esas que siempre le ven el lado bueno a las cosas y creo que te ayudaría mucho a salir adelante. Lo que necesitas es un buen apoyo. Nos tienes a nosotras, claro; pero yo no puedo estar en su… categoría, y creo que a Cami le afecta que estés cerca de su novia.
—Yo también había pensando lo mismo.
Ximena buscó su teléfono en su mochila y encontró la foto de su supuesta amiga.
—Es ella, se llama Alice.
—¿Alice?
—Sí.
Alice era linda, fue lo primero que pensé. Creo que siempre tratamos de juzgar a las personas por el aspecto, y en la foto se veía muy… risueña. Tenía el cabello rubio y decorado con mechas rosadas y verdes. Poseía un rostro infantil y un bonito lunar encima del labio. En la imagen estaba con Ximena, y las dos se veían tan felices que de no conocer a Xime diría que eran una pareja.
—¿Y qué pretendes exactamente?
—Existe un club de chicas para chicas. No está lejos de aquí. Ella va a menudo a beber algo o a socializar. Como ya somos mayores de edad pensé que sería interesante… no sé, ir mañana a dar una vuelta y ver con qué nos topamos.
—¿Estás… sugiriendo que tenga una cita?
—¡Sí! Sal con Alice. Sé que te va a fascinar porque cuando yo estaba triste, ella me dio muchos ánimos.
—No lo sé… —miré la foto. Sin duda sus pequeños labios eran besables —, creo que es del tipo de chica que no puede tener pareja. De esas a las que le gustan andar con todas. Tampoco es que esté desesperada por encontrar a alguien.
—Por eso mismo es que debes de probar suerte. Si no te gusta, pues quedarán como buenas amigas, y aquí entre nos, lo que necesitas es sexo. Rico sexo con una chica muy guapa. Yo no puedo porque soy hétero… a veces, olvídalo. Y tampoco con Tania y Camila puedes tener momentos “picantes”.
—Eres una depravada —dije entrecerrando los ojos.
—Gracias. Entonces ¿lo harás? Puedo llamarle y decirle que tengo una amiga y que deben de conocerse. Por favor. Además tú dijiste que harías lo que fuera para sentirte viva y creo que esto es justo lo que necesitas.
—Pero en ese club venden… alcohol.
—Sí. Mayormente van adultas, pero una que otra joven también. Cuando conocí a Alice intentó coquetearme y me llevó allí. Ahora somos buenas amigas. Anda, di que sí.
—Creo que lo pensaré. De todos modos me voy mañana por la noche, o el lunes en la madrugada para estar más seguras.
—¿Ves? Tienes tiempo de sobra. Le mandaré un mensaje ahora. “Hola, tengo una amiga con grandes tetas y pezones rosaditos que se muere por conocerte”
—No lo harías.
—Enviado.
—¡Ximena!
Sí, la muy bitch había enviado ese mensaje, y sentí deseos de estrangularla. No obstante, después de un rato sólo pude reírme de sus ocurrencias, y eso era precisamente lo que necesitaba: risas.
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Mensaje por Delfi22 el Mar Dic 13, 2016 12:11 am
Aja! ahora Ximena la quiere hacer de cupido...Que pasara cuando Tania mire a su ex, con alguien más?No me puedo imaginar como terminara todo esto.Y más con la suegris que ya da miedo..Bien a la espera del siguiente.Que estés bien....
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Mensaje por Lirio1704 el Vie Dic 16, 2016 8:23 pm
Hoolaaaa!!! ha pasado tiempo 3 caps para ser exactas, muy Buenos por cierto Laughing

Me parece que la historia toma un giro interesante, yo también me pregunto que pasará con Tania y Laura aunque me identifico un poco con el carácter de Camila y me cae super bien.

Creo que Alice es un buen prospecto pero... no se necesitamos ver.

La vida nunca es así de fácil la verdad es que Tanía seria muy tonta si no valorara lo que tiene pero nadie valora lo que tiene hasta que lo pierde.

Saludos y gracias, que tengas un excelente fin de semana.

PD: Lo de lady wuuu me mato de la risa =D
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Dic 17, 2016 11:47 pm
@Delfi22 escribió:Aja! ahora Ximena la quiere hacer de cupido...Que pasara cuando Tania mire a su ex, con alguien más?No me puedo imaginar como terminara todo esto.Y más con la suegris que ya da miedo..Bien a la espera del siguiente.Que estés bien....

jaja, Hay que tenerle miedo a la suegris, siempre se ponen pesadas ¿verdad? y sí, ahora la hermosa de ximena al rescate, esperemos que clase de cosas suceden con estas chicas Very Happy
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Dic 17, 2016 11:48 pm
@Lirio1704 escribió:Hoolaaaa!!! ha pasado tiempo 3 caps para ser exactas, muy Buenos por cierto Laughing

Me parece que la historia toma un giro interesante, yo también me pregunto que pasará con Tania y Laura aunque me identifico un poco con el carácter de Camila y me cae super bien.

Creo que Alice es un buen prospecto pero... no se necesitamos ver.

La vida nunca es así de fácil la verdad es que Tanía seria muy tonta si no valorara lo que tiene pero nadie valora lo que tiene hasta que lo pierde.

Saludos y gracias, que tengas un excelente fin de semana.

PD: Lo de lady wuuu me mato de la risa =D

Hola! muy cierta tu observación. Me ha pasado, que pierdes apersonas que creías no querer y luego todo es tristeza uwu, así que esta historia trata de enseñarle a Laura y a Tania que tuvieron algo lindo pero que lo descuidaron y se perdió...
en fin, Disfruta el siguiente capítulo
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Dic 17, 2016 11:52 pm
—Laura—

Nunca en mi vida había tenido una especie de cita a ciegas, y mucho menos por culpa de alguna de mis amigas. Podía decirse que estaba un tanto nerviosa por conocer a la tal Alice, sobre todo porque Tania y Camila también se encontrarían allí, mirándome desenvolver en un terreno en el cual nunca había estado. Yo no iba con la idea de conseguir ninguna especie de romance ni mucho menos una salida casual o como decía Ximena: “sexo rico y desinteresado”. Así no era yo. Entonces ¿por qué había aceptado? Fácil: era una actividad nueva para nosotras y quería participar. Además había sido idea de Ximena y no quería que su esfuerzo por hacerme sentir bien fuera en vano. A fin de cuentas, para esto había venido ¿no?

La cara que Tania y Camila pusieron cuando les revelé los planes de esa tarde fueron de auténtica sorpresa, y no porque yo decidiera ir a un bar para chicas gay, sino porque todas nos preguntábamos ¿qué demonios hacía Ximena frecuentando esa clase de lugares en secreto? ¿a caso ella era una de “nosotras”, pero reacia a aceptarlo?

Camila se la pasó jodiéndola con eso la mayor parte de la mañana, llamándola “chica del clóset”. Ximena se hacía a la tonta y no se defendía, lo cual sólo alimentaba nuestras sospechas. De todos modos no sería raro ya que sus mejores amigas éramos nosotras, y quizá se le hubiera contagiado un poquito y tuviera curiosidad por experimentar con el mismo bando. A mí me causaba risa imaginarme a Ximena siendo sometida por Alice.

Habíamos acordado vernos a las siete de la noche. Como yo no quería quedarme en el departamento de Camila un día más, le pedí a Ximena si me permitía hospedarme en su casa por el resto del domingo. Aceptó, luego de pincharme con el codo y molestarme con esa idea de que me enojaba ver a mi ex novia con otra persona; y vale, tengo que admitir que sí me jodía un poco porque en el momento que yo más necesitaba de Tania, no podía acercarme a ella. Allí fue donde me di cuenta de que sí, en efecto, estaba arrepentida de haberla orillado a buscar amor en otra parte. Nuestra relación pudo haber renacido y yo la corté de raíz. Ya no tenía nada que hacer con ella, y ni sabía si seríamos amigas por varios años más. Era duro enfrentarse a esa realidad y siempre trataba de evadirla como un coche cruzando por la calle, puesto que si dejaba que esa molestia se convirtiera en celos, estos me iban a arrollar hasta hacerme picadillo.

Perder a mis amigas me causaba pánico. A la mierda el amor. La amistad es más importante y duradera.
—Si vas a conocer a Alice tienes que ir bien vestida —dijo Ximena, sacando ella solita toda la ropa de mi maleta —, a ver, a ver. No tienes nada sexy por aquí.
—¿Qué buscas exactamente? —la miré por el espejo de su tocador mientras me cepillaba el pelo —¿un traje de la Mujer Maravilla?
—Pues no estaría mal. Creo que tendremos que hacer algo ¿en dónde están tus minifaldas? ¿cómo piensas atraer chicas si no enseñas las piernas?
—No lo sé ¿con mis capacidades intelectuales? No todo es carne, Ximena.
—Bah. Eso déjaselo a los universitarios —tendió sobre la cama toda la poca ropa que había traído para el fin de semana y la analizó cuidadosamente, como si la vida se le fuera en ello —. Bueno, creo que puedo hacer algo. Éste vestido te quedaría bien si fuera un poco más corto, pero a la vez se ve coqueto. Si te ponemos encima este chaleco de mezclilla… y te presto un par de zapatos, unos bonitos aretes y te pongo un moño para el cabello, quedarás espectacular. La combinación perfecta entre zorra virgen.
—¿Quieres dejar de hablar así? No soy una zorra.

—Tampoco virgen.
Me sonrojé, y Ximena, que era muy hábil leyendo las expresiones faciales, rápidamente fundió todas las pistas y abrió los ojos como platos.
—¿Eres virgen todavía?
—Sí —bajé la cabeza, como si serlo fuera un delito. Ximena se rió —¿Por qué es tan importante?
—Pura y casta hasta el matrimonio. Pensé que no quedaban mujeres así. Me parece lindo. Quisiera ser como tú. Escúchame, el día que decidas darle el tesorito a alguien, elige bien.
—Ah ¿tú ya no lo eres?

—De ninguna manera, y ya dejen de decir que soy de clóset —dijo con los brazos en jarras —, me gustan los chicos y lo que tienen entre sus piernas.
—No tenías que ser tan explícita. ¡Ah! Ahora tengo tu imagen en mi cabeza.
—¿Me veo bien en esa imagen?
—Tristemente… sí.
—Entonces no hay problema —sonrió con mucho agrado —, ahora ven, que te voy a hacer un lindo peinado con ese desconchado pelo rubio que tienes por cabellera. Cuando termine vas a volver a ser la misma hermosura que cuando te conocí.

Durante la siguiente hora Ximena y yo nos la pasamos conversando sobre nuestros tiempos de secundaria, entre tanto ella me cepillaba el pelo y hacía extraños peinados, buscando alguno que me hiciera ver un poco sofisticada. Por desgracia ella no era muy buena como estilista, y sólo lograba que me viera ridícula. Al final se rindió, y frustrada, me hizo una semicola y la ató con un par de horquillas y un bello listón rosado. También me puso un discreto maquillaje para disimular mis ojeras de oso panda y para que mis mejillas adquirieran un lindo color carne.

—El punto es que el maquillaje no debe ocultar quién eres en realidad. Cuando te limpies la cara no debe haber mucha diferencia. Los polvos y las pinturas sólo sirven para resaltar tu belleza. Ni siquiera Pablo Picazzo puede hacer eso.
—Ajá…
—¿Sabes? Si vienes la próxima semana, debería organizar una salida a la playa. Asegúrate de traer un lindo bikini, lo más pequeño que puedas. Necesitas color en todo tu cuerpo.
—¿Sí?
—Igualita a Michael Jackson después de sus cirugías, aunque tú no necesitas operación de ningún tipo. Tienes todo en su lugar. Mira esas impresionantes tetas.

—Son las seis y media. Camila está por venir… y deja de babear por mis pechos.
—¿Quien babea? Yo no. Sólo digo que si fuera chico me encantaría hundir la cara entre esos melones.
—A veces eres muy vulgar.

— Y todavía así soy tu mejor amiga —dijo sonriendo y dándome un sonoro beso en la mejilla.
Estar con Ximena era divertido y estresante a la vez. Cuando una idea se le metía a la cabeza, era difícil sacársela de encima. Sin embargo era imposible que me molestara con ella sólo por eso, ya que era una linda chica y sus intenciones eran buenas, a pesar de sus métodos. Con todo eso, más la combinación de ropa que me buscó, al final el resultado fue bastante decente. Al mirarme al espejo vi a una nueva Laura, o más bien, a la antigua, la que había muerto cuando mi abuelita se fue para siempre; la Laura con la mirada coqueta, el rostro infantil y de cuidadoso aspecto personal. Me gustó.

—¿Ves? Alice se morirá por ti. Eso es seguro. Le van mucho las rubias.
—No te ofendas, pero no voy con el deseo de algo serio. Sólo quiero que todas nos divirtamos.
—Tonterías. Tania y Camila ya están bien. Yo, de maravilla. Eres tú nuestra dulce amiga que está pasando por un momento difícil. Todos nuestros esfuerzos son para ti. Yo… sólo quiero ver tu sonrisa de felicidad. Odio que sufras, Laura.

Casi me hizo llorar. Extrañamente, de las tres, Ximena era la que más interesada estaba en mi bienestar. Le di un abrazo que no se esperaba, por lo cual se quedó tiesa como un muerto, y luego, me correspondió y dejó un cálido beso en mi mejilla.
—Tonta —dijo —, sólo tenías que pedirnos ayuda. Hay cosas que no se pueden superar solas.
—Gracias.

—Siempre voy a estar contigo, mi preciosa Laurita.
En ese momento oímos la bocina del coche de Cami. Saber que me iba a encontrar con una desconocida bastaba para darme un poco de taquicardia.
—¿Estás lista para tu cita? —me preguntó Tania una vez subí a la parte trasera del coche.
—¿Lista? —respondió Ximena —, está mejor que nunca. Hice une estupendo trabajo con ella. Se ve bellísima ¿verdad, Tania?
Mi ex no respondió, y creo que ya sabía por qué decidió ahorrarse sus comentarios. Camila, por otro lado, se mantuvo callada por todo el trayecto y seguía en silencio las instrucciones de Ximena para buscar el club llamado CandyGirl, un sitio donde sólo se permitía el paso a mujeres, pero contradictoriamente tenía a dos enormes osos (hombres) como guardias de seguridad. En serio que nunca había visto a tipos tan altos y musculosos. Ximena me contó que hacía unos meses, un par de hombres entraron a causar alboroto, asustando a todas las parejas de chicas que estaban divirtiéndose.
Antes de entrar, imaginaba que sería un sitio como el de esos antros locos en los que sólo se bebía, con música fuerte, bailes atrevidos y mucho alcohol, pero en realidad ni era nada de eso. Sí había música pop de ambiente, los últimos éxitos románticos. Luces de neón en el techo le daban al sitio la suficiente iluminación como para ver por donde ibas, y a su vez mantenía la discreción. Vi varias mesas redondas con confortables sillas alrededor, ocupadas por parejas y chicas solitarias. Detrás de la barra había una mujer cuarentona, de aspecto regio y mirada encantadora que le estaba preparando unos tragos a algunas señoras sentadas en los bancos.
—Como te dije, aquí vienen de todas las edades, menos niñas, claro.

—Ya nos dimos cuenta —contestó Camila y fue a ocupar una mesa para las cuatro.
Yo estaba por sentarme cuando Ximena me tomó de la mano y me arrastró por todo lo largo del salón hasta la barra, concretamente hasta el extremo, donde vi a una chica de pelo rubio y mechas de colores beber una copa y jugar con su teléfono.
—¡Alice! ¡Aquí estamos!

Era tan linda en persona como en la foto, de esas chicas a las que sólo ves y sabes que te meterás en problemas si te juntas con ella.
—¡Ximena! Qué gusto volver a verte por aquí —se abrazaron cariñosamente. Parecían ser amigas de toda la vida ¿por qué las demás nunca la habíamos conocido?
—Ella es la amiga de la que te conté.
—¿La te las tetas grandes?
—¿Verdad que lo son?
Bien, me sentí un poco acosada cuando descaradamente puso los ojos en mis pechos.
—Puedo soportarlo.

—Entonces, las dejo para que se conozcan, adiós y que viva el amor.
Alice y yo vimos como la simpática Ximena, tan orgullosa de sí misma, se iba a la mesa de nuestras amigas.
—Creo que esa chica tiene demasiada autoestima —mencionó Alice y luego sentí que me tocaba el hombro —, así que… ¿quieres algo de beber?
—Ah, no tomo alcohol. Bueno, no debo.
—¿Una soda estaría bien?
—Sí.

—Perfecto. Ve a esa mesa. Ahora te la llevo.
Mesa, mesa ¿qué mesa? ¿estaría hablando de la del rincón?
Tímidamente, como si nunca antes hubiera salido con nadie, fui y ocupé uno de los dos lugares. Desde ahí no podía ver claramente a mis amigas, pero estaba segura de que hablarían de mí. Ximena nunca se estaba quieta. Dado lo nerviosa e incómoda que estaba, hice lo que toda persona haría: jugué disimuladamente con mi teléfono, revisando el Facebook, respondiendo algunos mensajes de mi madre y borrando las fotos que ya no me gustaban.
—Aquí tienes —dijo Alice y colocó un vaso con hielos y una soda de limón frente a mí —. No tienes que beber alcohol si no quieres. Sólo lo decía para que te relajaras porque estás muy tensa. ¿Ximena te obligó a venir? Si es así, puedo hacerme a un lado.

—Ah, no. Ella me comentó que tenía una amiga y después acabé aquí. Pude haberle dicho que no.
—Me alegra que no lo hicieras. Hacía días que no venía aquí. Creo que Xime ya había hablado un poco de ustedes. Se conocen desde la secundaria ¿verdad?
—Sí.
—¿Y cómo le hacen para ser tan unidas?
—Creo que… nos cuidamos entre nosotras. Dejamos de vernos por un tiempo luego de graduarnos de la secundaria.
—Ya veo. Es bueno que tengas amistad con Ximena. Es muy divertida.
—¿A ti te gusta Ximena?

Alice se atragantó con su copa.
—¿Qué? Claro que no. Una vez quise seducirla pero nunca se dejó. Además… no es mi tipo. A mi me van las chicas que beben soda de limón.
—Ajá…
Me ruboricé cuando sus ojos se posaron en los míos con una afilada mirada, de esas en las que no sabes si desviar el rostro o darle una bofetada.
—¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?
—¿A parte de belleza?

Me reí. Esa clase de cumplido nunca la había imaginado, y le gustó que me riera y a mí me gustó que le gustara que me riera.
—Y ¿me contarás un poco sobre ti o tengo que someterte a un interrogatorio de primera cita?
—Ahm… ¿qué quieres saber, Alice?
—No sé. Las medidas no estarían mal —se acercó discretamente —¿de verdad las puntitas de sus pechos son rosadas?
—No lo creas todo a Ximena, pero sí.
—Eso sí que es sexy.

Durante un rato nos la pasamos conversando así, tirándonos pequeñas indirectas, charlando sobre cosas poco importantes, como las historias del club. Resulta que en más de una ocasión, varias parejas habían terminado debido a malos entendidos. Una vez hubo una pelea cuando una muchacha encontró a su novia flirteando con otra, y tuvieron que llamar a los bomberos porque de alguna manera se había prendido fuego una de las mesas. El año pasado el sitio estuvo por cerrar debido a que presuntamente operaba sin licencia y se contribuía a la prostitución. Por fortuna eran acusaciones falsas de un grupo de gente homofóbica que trataba de irse al extremo y cerrar sitios de reunión.

Alice me convenció de probar una copa con el contenido mínimo de alcohol. Realmente fue relajador una vez que el efecto de la bebida me llegó al cerebro, y para la tercera o cuarta, ya sentía un poco de calor en las mejillas y me estaba volviendo más parlanchina que de costumbre, a tal grado que le conté a Alice mi pasado con Tania y cómo la muy desgraciada me había terminado en nuestro árbol sagrado, donde todo comenzó. Concordó conmigo en que fue una estupidez…
—Sobre todo porque ¿quién quisiera perder a una muchachita tan hermosa como tú?
—Pues ella no se lo pensó.
Le conté incluso lo de su hermano. Eso le causó mucha risa porque según ella…

—Tienes una cara tan angelical que nadie pensaría que serías capaz de eso.
—Ella se lo merecía… y —eructé —, Marco sólo me quería follar.
—Merecía una buena patada en las bolas.
—Nah. Era un idiota.
Por último, no menos importante y cuando ya sentía que todo me daba vueltas, le conté sobre mi abuelita, y me puse a llorar.
—Oye, oye. No pienses tanto en eso.
—La extraño…
—Es normal. Es normal, pero no estás aquí para eso. Debes divertirte y creo que has bebido suficiente por hoy —hizo ademán de quitarme mi copa, pero yo no se lo permití y tomé el último sorbo que quedaba. Luego, patética como siempre, me limpié las lágrimas.

—Lo siento. Sólo fue un momento de debilidad.
—Bueno, yo también me pondría triste en tu caso, pero intentaría encontrar otra manera de distraerme. Por ejemplo, teniendo una cita conmigo mañana ¿te parece?
—No puedo. Regreso a mi casa. Vivo hasta la otra ciudad.
—No está tan lejos. Son dos horas de viaje en la nueva autopista.
—Mmm. Supongo que volveré el siguiente fin de semana. Ay… siento que me arden los cachetes.

Alice se rió cariñosamente y me tomó de las mejillas.
—Luces bien. Sólo estás un poco mareada. Te dije que dejaras de tomar a la tercera copa. No estás muy acostumbrada.
—Lo lamento… tienes unos labios hermosos, ahora que me doy cuenta. Ximena tenía razón. Eres guapa.
—Gracias, Laura.

—Quiero un besoooo —y no sé porqué… bueno, sí sé. Estaba tomada y hacía tonterías. Le clavé a Alice un beso justo en la boca, y no cualquier beso. Uno al estilo francés, y debo admitir que a pesar de todo el alcohol que había bebido, el tener la sensación de unos exquisitos labios correspondiendo a los míos, fue de lo más encantadora.

-----------------o--------------

Ahora a Laura le tocó una calenturienta, pero con un poquito de alcohol cualquiera se suelta xD, consejo, chicas: nunca beban en exceso, o podrían terminar como Laura jeje.
saludos! gracias por leer
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Mensaje por Lirio1704 el Mar Dic 20, 2016 3:57 pm
Alguien esta teniendo suerte en el amor... creo.
Me da gusto por Lau, ella también merece ser feliz
pero ahora Alice sabe todo de ella y creo que nosotras
no sabemos nada de Alice.

Es fácil encariñarse con alguien que te presta atención
cuando más la necesitas y si además esta guapa...


Saludos y gracias por la actualización Neutral
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Dic 24, 2016 2:01 pm
@Lirio1704 escribió:Alguien esta teniendo suerte en el amor... creo.
Me da gusto por Lau, ella también merece ser feliz
pero ahora Alice sabe todo de ella y creo que nosotras
no sabemos nada de Alice.

Es fácil encariñarse con alguien que te presta atención
cuando más la necesitas y si además esta guapa...


Saludos y gracias por la actualización Neutral

hola! gracias a ti por leer, y tienes muchísima razón. Cuando peor estás y alguien te suelta un apoyo... pues es fácil encariñarse con esa persona. A mí me ha pasado, y Laura, pese a todo lo que digan, está con Alice porque quiere sentirse amada sin importar qué persona sea. uwu. Un saludo!!
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Dic 24, 2016 2:05 pm
Capítulo 31

—Laura—

—Creo que ya debemos irnos —dijo Tania cuando se acercó a nuestra mesa —, es tarde y estás un poco… borracha.
—¿Borracha? No estoy borracha —repliqué, y fue justamente por eso que me di cuenta de que sí estaba nadando en una piscina de alcohol —. Nada más me siento un poco fuera de mí, pero vete si quieres. Yo me quedo con Alice.
—He dicho que no —respondió con voz severa, idéntica a la que mi madre usaba cuando quería reprenderme, y yo odiaba ese tono. Además se trataba de Tania, la maldita ex que me había roto el corazón tantas veces que ya hasta ni sentía dolor. La miré fijamente a sus feos ojos llenos de maldad, y casi pude ver la traición reflejarse en ellos, la burla y lo poco que le interesó lo nuestro.
—No seas niña y vámonos.
—¿Ah? ¿Ahora sí te importo? Pues eso debiste de pensarlo cuando me cortaste. Yo te quería mucho, eras la mejor novia del mundo. Me gustaría tanto… golpearte. Creo que lo haré.
—¡Wow! Cálmate —Exclamó Alice y me detuvo en el momento que me paré, con las más fuertes intenciones de meterle a Tania unos buenos puñetazos en su delicada cara —; si quieres yo la puedo llevar a casa de Ximena más tarde, cuando se le pase un poco.
—Ese no sería problema —dijo Ximena —, Alice sabe en dónde vivo y les prometo que cuidará de Laura ¿verdad?
Tania, con los brazos en jarras, lanzó a Alice una mirada austera, cargada de recelo como si la chica fuera el mismo demonio. Eso también me enojó.
—He dicho que me quedo —repetí y volví a sentarme. Las mejillas me estaba ardiendo y todo me daba vueltas, como si hubiera bajado de un carrusel.
Mi horrible ex novia bufó algo, intercambió palabras con Alice y después se marchó con la odiosa de Camila, que aquí entre nos, era poco femenina. Viéndola de espaldas parecía un hombre, con ese cuerpo atlético y su rostro de ángel lleno de falsedad. La muy perra me había quitado a la novia. También a ella la odiaba y sí que la molería a golpes. Ni siquiera le tenía miedo. Un simple puñetazo en su raquítico rostro bastaría como para ponerla en su lugar. Tal vez era eso lo que me faltaba: desquitar toda mi frustración con ella y con Tania.
—Creo que deberías beber un poco de café —dijo Alice, acariciándome la cabeza —, te traeré uno.
—Por favor…
Comenzaba a dolerme el cerebro, pero extrañamente no quería que el efecto del alcohol se fuera, porque pese a todas mis molestias, me sentía feliz y viva. Ahora comprendía las razones de porqué las personas se emborrachaban, buscando huir de esos momentos tan sombríos, hundidos en la desesperación de no poder solucionar sus problemas. Y los míos no tenían remedio porque tristemente no dependían de mí: no podía revivir a mi abuelita, ni solucionar los problemas de mis padres y su ya casi inminente divorcio. Tal vez… si yo no estuviera viva, ellos…
—Aquí tienes. Bébelo despacio y pronto te sentirás mejor.
—Gracias —probé el café y sabía tan amargo que casi lo escupí en la cara de Alice. Ella dejó ir una carcajada.
—Dije que lo sorbas despacio, trago por trago. Eres la primera chica que veo que se emborracha tan rápido.
La fulminé con la mirada y le repetí que por esta misma razón odiaba probar el alcohol. Algo tendría mi organismo que triplicaba su efecto, pues a pesar de que había tomado unas cuantas copas, por dentro sentía que iba a estallar como una fuente. Tequila saldría de mis orejas. Di otro sorbo al café.
Pasó un rato en el que me mantuve callada, tomando pequeños tragos de esa bebida acerba, escasa de azúcar. Poco a poco las predicciones de Alice se hicieron realidad, pues la cafeína había llegado hasta mi cerebro y empezaba a desvanecer los efectos causados por tanta borrachera. Ahora podía ver las cosas con un poco más de claridad, aunque seguían siendo confusas y contradictorias. Recordé que le quería romper la cara a Tania, y aunque ahora ya no podría ser capaz de hacerlo, eso no quitaba el hecho de que sí se lo merecía.
—¿Te sientes mejor? Vamos, te llevaré a casa de Ximena.
Cuando me levanté todo mi campo de visión me dio vueltas y tuve que parpadear para recuperar la coordinación. Me reí. Era como bajar de una montaña rusa. Alice me tomó de la mano y me llevó hasta fuera del CandyGirl. Ya era de noche, y hacía algo de fresco y mucho viento. Abrió la puerta de su auto y me ayudó con el cinturón de seguridad.
—Lamento haberme puesto mal —dije cuando arrancó y salió del estacionamiento.
—Tranquila. En parte fue mi culpa. No hay que volver a hacerlo.
—Me siento mal.
—Sólo cierra los ojos. Iré despacio, para que tengas tiempo de relajarte.
Respiré profundamente y apoyé la cabeza en el respaldo. De hecho, Alice se estaba portando bien, como toda una buena chica. No es que yo fuera fácil de convencer, pero en este estado si ella hubiese querido llevarme a la cama, tal vez lo hubiera encontrado menos complicado que si estuviera sobria. Por otro lado, ella era muy bonita y esbelta. No era la octava maravilla del mundo pero su forma de ser me había agradado más de lo que esperé en cuanto vi su foto en el teléfono de Ximena. Quise decirle esto, pero me daba un poco de vergüenza y no quería mandarle falsos mensajes de interés sexual. Comencé a imaginar que podríamos ser unas buenas amigas. Una más a mi círculo social no estaría mal.
Cuando llegamos a la casa de Ximena, antes de bajar me aseguré de pedirle su Facebook y su número de Whatsapp.
—¿Ah? ¿Quieres seguir teniendo contacto conmigo?
Sonreí, o al menos lo intenté.
—¿Tú no?
—Creo que puede haber química entre nosotras. Dame tu teléfono. Me agregaré a tu lista de amigos, pero nada de estar espiando mis fotos ¿de acuerdo? No quiero que empieces a acosarme.
—¿No debería ser yo la que dijera eso?
—¡Jajaja! Bueno, si eso piensas…. Aquí está —acto seguido me acarició la mejilla. Sus ojos brillaban al reflejar la luz de una farola que estaba al otro lado de la calle. Rascó por debajo de mi barbilla y me sentí como un gato, sumiso y débil ante ella.
—Me caes bien, niña.
—¿Niña? Pero si tenemos la misma edad.
—Tienes que admitir que eres un poco más infantil que yo. Entonces… ¿mañana te vas? ¿volverás el siguiente fin de semana?
—Es lo más probable. No quiero estar en mi casa tanto tiempo. Me la vivo en la escuela. Tania, Camila y Ximena son todo lo que tengo.
—Te quiero invitar al cine, Laura. Vamos el sábado. Así podremos conocernos mejor, y ya nada de alcohol para ti, señorita.
—¡Ja! Está bien.
Luego Alice revolvió mi cabello justo cuando Ximena salía de la casa y corría hacia nosotras.
—¡Ay! ¿Cómo se la pasaron? —preguntó muy emocionada.
—Bien, quedamos para salir el sábado ¿verdad, Laura?
—¡Cineeeee!
—Está un pelín borracha —dijo Alice —, dale café y se sentirá mejor.

Para el día siguiente todavía conservaba un poco de dolor de cabeza, y como no estaba tan borracha, recordaba casi perfectamente todas las cosas que Alice y yo habíamos hecho en nuestra primera cita. Eso hizo que los colores se me subieran a la cara porque no podía creerlo de mí, ni de lo fácil que me ponía con tan sólo unas copas encima. Creo que hay una buena lección que aprender de todo esto, y es que si no sabes beber, mantente alejada de la barra.

Ximena tenía muy clarito lo que estaba sucediendo con nosotras, y durante toda la mañana, mientras empacaba para ir a la terminal de autobuses, no dejó de expresar su alegría por mí. Se sentía muy satisfecha de sí misma y se denominaba Cupido. Estaba segura de que Alice y yo teníamos un futuro juntas y no dejaba de contarme las grandes cualidades que tenía su amiga. Y eso estaba bien, pero ¿qué había de los defectos? Alice no podía ser perfecta.
—¿Defectos? Creo que es vanidosa y muy amigable, si sabes de qué hablo.
—Si. Anoche comprobé que tiene mucha facilidad para hacer amigas. Tomó confianza rápidamente y eso que yo me mantuve algo callada.
—El alcohol te hizo hablar de más. No te preocupes, cuando yo tomé la primera vez me pasó exactamente lo mismo y desperté en la cama del novio de mi más grande rival llamada Mariana. ¡Jé! La muy sucia se lo merecía.
—Sí, bueno. Esas son cosas que no necesitaba saber. De todos modos me tengo que ir.
—Es una pena que tengas qué. Me encantaría que te quedaras a vivir conmigo. Piénsalo y en las próximas vacaciones serás muy bien recibida. Me falta una hermana. Aquí sólo hay hombres, a excepción de mi mamá.
—Lo pensaré. No quiero volver a ver a Camila. Creo que sin importar lo mucho que lo intente, ser su amiga nunca será lo mismo.
—Pues claro que no, si se folla a tu ex.
—¡Ximena! No tienes por qué decirlo así. Anda, haz algo de provecho y acompáñame a tomar el taxi.
Me hubiese gustado ver a Tania por última vez, pero como solamente eran las seis de la mañana, no quise despertarla. Además seguramente estaría durmiendo en la casa de Camila, y el hecho de imaginármelas intercambiando arrumacos hizo que el corazón se me contrajera como una pasa. Me dolía un poco más de lo usual, y de repente parecía que solamente Ximena era mi única amiga fiel.
—Te voy a echar de menos —me abrazó fuertemente y me besó en la mejilla. Así era ella, tan buena amiga y cariñosa como ella sola. Todas la queríamos, y recordándolo bien, era gracias a ella que nos habíamos conocido, porque de alguna manera nos logró juntar cuando recién entrábamos a la secundaria.
—Vendré la próxima semana.
—Sí, pero saldrás con Alice.
—Puedo salir con ustedes también. Bueno… tal vez no con Camila o Tania.
—Nah, descuida, descuida. Esas dos están en su mundo; sin embargo tú y sólo tú tienes que tomar la decisión de…
—Salir adelante.
—Iba a decir que tienes la decisión de permitir quién entra y quién se va de tu vida. Alice es una buena opción y estoy segura de que serán una bonita pareja. Sólo tienes que hacerte a la idea y ya verás como las cosas se solucionarán poco a poco. Hay problemas que no dependen de ti, como tu abuela, que en paz descanse, y también los pleitos de tus padres. No obstante, tú sigues aquí, así que arriba ese ánimo.
—Eres tan buena…
—Si fuera lesbiana, ya te me habrías declarado. Bueno, tu autobús ya va a salir, así que pásatela bien.
—Gracias por todo. Éste fue un buen fin de semana.

Nada más llegar a la terminal de mi ciudad, comencé a sentirme un poco triste. El efecto mágico de las palabras de Ximena me mantuvieron cuerda durante un rato más, en el tiempo que tomaba un taxi e iba a mi odiosa casa.
Cuando llegué, vi un par de maletas afuera. Crucé el umbral. Oí una discusión y me quedé quieta, esperando a ver qué clase de mierda caería del cielo a continuación. Resultaba simple imaginar que mi padre se estaba yendo, porque apareció vestido con su traje de oficina y su maletín. Detrás de él venía mamá, gritando a viva voz.
—¡Entonces vete con esa puta contadora si te hace feliz!
—No tienes que repetírmelo. ¡Me largo!
Luego salió de la casa. Cargó sus maletas y subió a su coche. Mamá y yo nos quedamos quietas, mirando por la ventana cómo él se marchaba.
—¡¿Lo puedes creer?! El cabrón me estaba engañando con su jefa. ¡Es un cabrón canalla infeliz! ¡Quiero el divorcio cuanto antes!
Bajé la cabeza, y aunque lo intenté de verdad, no pude contener las ganas de llorar.

*****

xd esto parece un capítulo de la rosa de guadalupe jaja, ok no. Pobre Laura T-T le va mal en la familia a raíz de la muerte de su abuela, su ex tiene problemas... esa niña es un manojo de nervios, se merece la felicidad ¿verdad? tiene que pelear y conseguirla por su cuenta, y tomar sus propias decisiones.
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Dic 31, 2016 1:13 pm


—-Laura—


Subí a mi cuarto, alimentada con la triste idea de que mis padres se iban a separar, y eso era inminente. No es como si no me hubiera dado cuenta antes, quizá la realidad siempre había estado allí, esperando a que algo la catalizara, que encendiera la mecha para que todo mi mundo explotara. ¡Vaya mierda! Al principio experimenté mucha amargura, pero a medida que las horas pasaban y yo trataba de mantener en blanco mis ideas, me di cuenta de que empezaba a sentirme furiosa, y no sólo con mi padre, también con mi madre. Los dos eran unos idiotas, incapaces de cuidar su relación porque no eran lo suficientemente buenos como para encontrar algo que les mantuviera unidos.

Entonces me di cuenta de que yo no les importaba en lo absoluto, que mi voz no tenía lugar en decisiones tan importantes, que tomaban la rienda de nuestras vidas a mis espaldas, y el darme cuenta de que pronto me quedaría sin un hogar, hizo que se me contrajeran las entrañas. Y no hablo de un hogar refiriéndome al edificio, sino de la calidez familiar, de esos momentos dulces en los que yo me levantaba por las mañanas y podía oler el aroma de la cafetera, o ver a mis padres desayunando mientras leían el diario y les saludaba con sendos besos.

Mi madre ni siquiera había entrado a hablar conmigo por la simple razón de que ninguna de las dos estaba lista para enfrentar a la otra, puesto que al ser mujeres, necesitábamos de un tiempo a solas para reflexionar y asimilar la triste realidad del problema, y yo quería pensar que mis padres se sentían igual que yo, que les afectara como a mí, porque si ya ni siquiera podíamos compartir el dolor ¿qué otra cosa nos quedaba?

Le conté todas estas preocupaciones a Ximena, y ella me mandó docenas de mensajes repletos de imágenes de motivación personal y frases de autoayuda con la mera intención de que hallara un poco de luz, pero lo cierto es que estaba tan deprimida que por ahí, entre el sinuoso camino de mi mente, comenzaba emerger una pregunta ¿qué pasaría si yo dejara de existir? De repente quería tentar a la suerte y a la vida misma, como un grito desesperado de auxilio porque me sentía muy sola y fracasada, con una existencia sin causa y un sendero frívolo por el que seguir caminando.
>No puedes decir esa clase de cosas, Laura :C. Y no vayas a hacer tonterías como intentar matarte porque cuando vea a tu espíritu, me encargaré de exorcizarlo.
>No estoy pensando en eso… bueno, quizá sólo un poco. Es que ya no sé qué hacer. Mi abuelita se muere, mis padres se divorcian, mi ex novia es feliz con otra persona…
>Por otro lado no tienes ninguna enfermedad mortal, tienes todas las partes de tu cuerpo, no vives en la calle y tampoco tienes que correr de los bombardeos como en el Medio Oriente. Laura, hay gente con más problemas que tú, cosas por las que vale la pena preocuparse, y no digo que tus problemas sean menos o que no deban afectarte, pero en mi opinión estás muy perdida y sólo necesitas de alguien que te de una salida. ¿Qué hay de Alice? No ha dejado de decirme lo mucho que la impresionaste. Está muy entusiasmada por salir contigo el siguiente sábado ¿no lo harás?

>Es que ya no tengo muchas ganas de salir con nadie. Quiero quedarme en mi habitación. Me voy a dormir, te veré después; y gracias por escucharme.
> Laurita… está bien. Hablaremos mañana.

Pero no lo hicimos porque no me quise conectar al chat. Estaba algo molesta con Ximena porque sentía que no era capaz de comprenderme. Sus padres se llevaban de maravilla, ella era muy feliz y dentro de muy poco tendría un novio que la adoraría. A Tania y a Camila se les veía bien juntas, y salían todos los días, de acuerdo a sus últimas publicaciones del Facebook. Mis tres mejores amigas llenaban sus perfiles de fotos y de estados de alegría, como si aquello fuera lo más importante en sus vidas, como si presumieran ante mí, incapaz de salir de la depresión. Poco a poco empecé a odiarlas y hasta me planteé la posibilidad de borrarlas de mi lista de amigos.
Fue cuando me di cuenta de un estado, el de Alice, que decía:
Estoy tan emocionada por el sábado. Ya quiero salir con esa persona tan especial ^_^!

Y de alguna forma eso me hizo sonreír. Casi había olvidado que Alice era nueva en mi lista de amistad. Incluso que tenía su dirección de WhatsApp en mi teléfono. Apagué la computadora y me tiré a la cama. Busqué entre mis contactos hasta que hallé su número, y sintiéndome nerviosa porque era la primera vez que me mensajeaba con ella, le mandé un simple “hola” seguido del icono de un besito y un corazón.
Me respondió casi de inmediato con más iconos de besos y corazones. Me reí y le pregunté cómo estaba.
>Esperando el sábado para verte. Oye ¿creerás que soñé contigo? Creo que tengo un flechazo.
>¡Jajaja! Eso es absurdo. A penas nos conocemos.
>Lo sé, por eso quería decírtelo. ¿Cómo has estado?
Y a partir de ese momento ella se volvió mi otro confidente y platicamos bastante sobre mí, sobre ella y sobre lo jodido que era vivir en una familia separada. Daba la casualidad de que los padres de Alice también se habían divorciado, pero las razones de ello eran meramente laborales y se seguían frecuentando como amigos. Así que ella, en cierta forma, seguía formando parte de una familia, y por otro, sí que comprendía cómo me estaba sintiendo, confundida y sin un camino qué seguir.

>¡No pierdas la fe! ¡Saldremos el sábado y no deberías estar triste!
>Sí… creo que ya quiero que llegue ese día.

Y llegó. El siguiente fin de semana, mientras mis padres hablaban seriamente sobre ir a tramitar el divorcio, yo volví a la ciudad para estar con Alice y Ximena. A Camila y a Tania ya no las contaba en mi lista porque detestaba verlas juntas. No podía seguir fingiendo que no me molestaban sus muestras de cariño. Estaba en una combinación de celos y vergüenza, deseando que no fueran felices porque las envidiaba.

Alice estaba ocupada para ir a buscarme, así que solamente Ximena me hizo el favor de estar allí en cuanto llegué. Sonreí cuando vi a mi amiga esperándome en el área de comida. Estaba solita, sentada frente a una mesa y disfrutando de un paquete de galletas Oreo. Cuidadosamente las separaba y deslizaba su rosada lengua por el relleno cremoso del chocolate como si hacerlo fuera una especie de ritual.
Me aproximé a ella desde un ángulo donde no podría verme y le toqué el hombro. Se giró hacia mí y casi se atragantó con su galleta.
—¡Hey! Menudo susto me acabas de dar. ¿Quieres una Oreo?
—Sí, claro. Aunque con leche estarían mejor.
—Quédate aquí, iré a comprar una cajita.
Regresó rápidamente y vació la leche en un vaso. Después abrió un nuevo paquete de galletas y las remojó atentamente, el tiempo exacto como para que quedaran suaves.
—Abre la boca.
—Me tratas como a una niña, Xime.
—Eres como mi hermanita.

Me dio de comer durante un buen rato mientras yo le contaba los últimos detalles de la separación de mis papás. Tuve toda la semana para asimilar la idea y ahora me parecía que era lo mejor. Las peleas se terminarían al fin y quizá… tiempo era lo que ellos necesitaban. Una segunda oportunidad para comenzar. Ximena dijo que toda la gente merece volver a intentarlo, siempre y cuando se trate de buenas acciones. Estaba de acuerdo con ella.
Nos acabamos los dos paquetes de galletas y luego subimos a su coche. Me llevó a su casa para que dejara mis maletas y luego de cambiarme (y con la bendición de mi amiga) asistí a mi segunda cita con la esperanza de que ésta vez no la iba a arruinar bebiendo como si no hubiera un mañana.

Ya en la sala, y luego de comprarnos palomitas y sendos refrescos, nos fuimos hasta la última de las filas, lejos de la pantalla, donde la mayoría de las parejas iban a hacerse arrumacos. Para ese día me había comprado una minifalda de mezclilla y una camiseta de estampado floral, que si bien no era la mejor combinación, Alice no dejaba de mirarme. Realizó la clásica técnica del estiramiento sólo para poder cruzar un brazo alrededor de mi cuello, y yo la dejé estar, algo apenada por cierto.
A mitad de la película me arrimé a ella porque me estaba durmiendo. Fue una pésima elección, habiendo otras funciones, pero por lo menos me sentía relajada, sin emociones fuertes que me pusieran más nerviosa. Ni siquiera leía los diálogos. Intentaba traducir el idioma por mi cuenta, aunque claro que era una pésima políglota. En ese momento Alice me dio un besito en la frente. Arqueé una ceja y la miré.

—Lo siento. No debí hacerlo.
—No te preocupes —dije, intentando no demostrar que me había gustado. Ésta vez yo no estaba nada borracha, así que devolverle ese beso me ponía tímida, aunque por otro lado fue lindo recibir una bonita atención cuando todos a mi alrededor parecían estar alejándose.
Quizá fue por eso que me sentía bien con Alice. Sus intenciones conmigo eran claras y directas: me estaba enamorando y en el proceso comenzaba a darme lo que yo tanto necesitaba, comprensión y cariño. Patético… ¿verdad? Como una niña buscando amor en cualquier lado.

La película se terminó, y mientras salíamos del cine, Alice aprovechó para tomarme de la mano como si fuera lo más natural del mundo. Claro que para mí no lo era, aunque permití que siguiera así porque había olvidado lo bien que se sentía tener mis dedos entrelazados con los de otra persona, y de repente, como quien no quiere la cosa, se detuvo y me rodeó por la cintura. Mi cara ardía.
—¿Qué pasa?
—Nada. Me alegra estar contigo. Esperé toda la semana ¿sabías?
—¿De verdad?
—Sí y no te hagas. Le diste un like a mi estado de Facebook.
—Suelo darle like a muchas cosas. No recuerdo exactamente haberlo hecho contigo.
—Ajá. Te haces la inocente. ¿Quieres ir al bar a beber un poco?
Puse una cara de esas que sugerían el tamaño de la estupidez que había dicho. Alice se rió encantadoramente.
—No es cierto, hermosa. No es cierto. Ven, no te enojes.
Me abrazó cariñosamente. Ahora entendía a qué se estaba refiriendo Ximena cuando dijo que todo lo que necesitamos es amor. Amor, amor y amor. Claro que yo no amaba a Alice.
—Qué bueno que Ximena nos presentó —le confesé.
—¿De verdad?

—Sí. Lo hizo justo en el momento exacto, cuando más necesitaba a alguien.
Esa tarde finalizó bien. Alice me devolvió a casa de Ximena al atardecer, después de llevarme a comer y pasear un rato por el centro comercial.
—Entonces —dijo cuando paramos frente a casa de mi amiga —, mañana no te veré. Tengo que salir a visitar a unos familiares.
—Ahm… el próximo fin de semana también vendré.
—¡Qué bien! Podemos tener otra cita. Te toca a ti planearla, así que piensa muy bien a dónde vamos a ir.
—Sí, lo haré.
Sonrió con mucha dulzura, tanta, que me azoré y bajé la mirada. Luego la volví a subir, posándola directamente sobre sus lindos ojos.
—¿Qué?
—Gracias.
—Por nada. Anda, ve a contarle a tu amiga todas las cosas que hicimos.

—Sí, Ximena se muere por saber cómo va nuestra relación.
—Es una buena chica. Trataré de no ponerme celosa.
—¿Celosa? —pregunté sonriendo —Ximena es hétero, aunque a veces tiene sus momentos donde lo dudo.
—Sí lo he notado, por la forma en la que te mira.
—¿A mí?
—Sí. Bueno, ya te darás cuenta.
Le di un beso en la mejilla y dejé que se marchara.

***Aquí hay amor...? o será dependencia?
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Mensaje por Delfi22 el Sáb Dic 31, 2016 8:45 pm
Pero mira que Laura si tiene su pegue..--pero Ximena?...estaría de pelos si las tres pelearan por Laura...(Tania,Ximena,Alice)..jajajaja.-prácticamente tengo una imaginación medio loca-...Bueno veremos como sigue esta historia.Nos vemos en el próximo cap.
Que tengas un Feliz Año Nuevo..
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Mensaje por Lirio1704 el Jue Ene 05, 2017 1:16 am
Holaa!!
Tu historia sigue tan interesante como siempre. Me dejas pensando en que tanto quiere Ximena a Laura, quiza es uno de esos amores en los que eres feliz si esa persona especial es feliz aunque no sea contigo.

Pobre Lau es un manojo de emociones y sentimientos mezclados y lo peor es que no supera sus sentimientos por Tania; yo creo que el amor no es completamente bueno, tambien tiene su lado turbio como los celos por ejemplo.

Gracias por la actualización y que tengas un excelente inicio de año Very Happy
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Ene 07, 2017 2:23 pm
@Lirio1704 escribió:Holaa!!
Tu historia sigue tan interesante como siempre. Me dejas pensando en que tanto quiere Ximena a Laura, quiza es uno de esos amores en los que eres feliz si esa persona especial es feliz aunque no sea contigo.

Pobre Lau es un manojo de emociones y sentimientos mezclados y lo peor es que no supera sus sentimientos por Tania; yo creo que el amor no es completamente bueno, tambien tiene su lado turbio como los celos por ejemplo.

Gracias por la actualización y que tengas un excelente inicio de año Very Happy

jja tienes mucha razón con Ximena. Es de esas chicas que se preocupan más por las demás que por sí misma. Una gran amiga y muy buen apoyo tanto para Laura como para las demás :)
Gracias por tu comentario y por tus buenos deseos!! también te deseo un feliz inicio de año!!
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Ene 07, 2017 2:24 pm
@Delfi22 escribió:Pero mira que Laura si tiene su pegue..--pero Ximena?...estaría de pelos si las tres pelearan por Laura...(Tania,Ximena,Alice)..jajajaja.-prácticamente tengo una imaginación medio loca-...Bueno veremos como sigue esta historia.Nos vemos en el próximo cap.
Que tengas un Feliz Año Nuevo..

jaja Laura tiene mucho atractivo. Están detrás de sus huesitos. Es una chica muy tierna aunque su vida esté hecha un caos.
gracias por tu comentario y también te deseo buen año !!
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Ene 07, 2017 2:27 pm
—-Laura—


La cara que Ximena puso cuando le conté lo mucho que me había divertido fue de espanto. Quedó muy colorada y proyectó una tremenda sonrisa, adjudicándose el éxito de mi cita a ella. Después de todo se trataba de su muy buena amiga Alice, y la idea de juntarnos le resultó bien. Tuve que reconocerle que esa chica de pelo rubio y mechones rosados me dio unas buenas horas de diversión y durante ese tiempo logré olvidarme de mis problemas. Ahora que se había ido… la sensación de bienestar seguía presente.. Yo esperaba ponerme a llorar en posición fetal, y en vez de eso ya estaba riendo mientras veía la televisión con la familia de mi amiga. Volvía a sentirme cómoda, evadiendo la triste realidad de mi vida y con muchas ganas de no volver nunca a mi casa. ¡Cuánto desearía ser la hermana de Ximena! Nos llevaríamos de maravilla.

Al día siguiente, como no podía salir con Alice, tuve que aceptar encontrarme con Tania y Camila, y sólo porque Tania insistía en que deberíamos vernos, e incluso se mostró un poco ofendida de que no hubiera quedado con ellas en primer lugar. De hecho ni quería avisarle que estaba en la ciudad. Lo extraño fue que incluso Camila se sintió pésima cuando se enteró, lo cual no tenía sentido porque yo esperaba que se alegrara al verme apartada de su novia.
—Entonces esa Alice es todo un personaje —mencionó Camila mientras las cuatro veíamos televisión en su departamento —; parece que sólo tienes cosas buenas que decir de ella.
—A mí no me parece la gran cosa —dijo Tania —; se ve como un payaso con esos mechones rosados.
—Pues pienso que le da estilo —repliqué —, y tiene un cabello más bonito que el tuyo.
—¡Ja! Eso quisiera verlo. Ten cuidado, Laura. Al parecer sólo le interesa acostarse con las personas y después las deja a su suerte.
—¡Mientes!
—Es la verdad.
—Tania, no hables mal de ella —la reprendió Camila.
—¡Ash! Pues si les cae tan bien deberían de invitarla a salir con nosotras —y agregó con voz irritantemente soñadora —; de seguro todas nos llevaríamos bien y montaríamos una linda orgía.
—¿Qué te ocurre? —preguntó Ximena —; no has dejado de hablar mal de Alice desde que la conociste. Yo creo que estás celosa.
—¿Celosa?
—¿Celosa? —repitió Camila, a la que la idea no le causaba la menor gracia.

Intenté detener a riña de esas dos, sin embargo algo que caracterizaba a Ximena era su honestidad. No se andaba con rodeos y le soltó una buena sarta de cosas a Tania.
—Sí. Creo que estás celosa porque tuviste tu primera oportunidad con Laura y la arruinaste. Luego lo volviste a intentar y fracasaste. Ahora que la vez feliz con alguien mas, atacas a esa persona porque te sientes remplazada ¿no es cierto?
—Estás loca, Ximena. A mí no me importa lo que haga esa chica —puntualizó —, y si a Laura le gusta, bien por ella. Yo sólo me preocupo por si alguien quiere volver a herirla…
—Cómo tu la lastimaste, creo que ya no hay nadie peor —agregó Ximena, como un duro golpe bajo. Si Tania tuviera pelotas, se le hubieran explotado. La cara de mi ex quedó tan colorada como la de un tomate.
—Creo que será mejor calmarnos —sugirió Camila —, ven Tania. Acompáñame a comprar más palomitas.
Cuando esas dos se marcharon, Ximena me dio un golpe en la cabeza.
—¿Qué te pasa? Están ofendiendo a Alice y tú no haces mucho para impedirlo.
—No me quiero pelear con ellas —encogí las piernas y apoyé la cabeza en las rodillas —, y pensándolo bien, escuchar que sólo critican a Alice hace que me den más ganas de estar con ella.
—¡Ohhh! ¡Ohhhh! ¡Ohhhh! Alguien se siente enamorada
—¡No estoy enamorada!
—Pero lo estarás muy pronto —sonrió como un gato feliz —, y todo será gracias a mí. Sabía que estaba en lo correcto cuando las presenté. Tuve una corazonada y no creas que fue al azar. Lo estuve pensando durante mucho tiempo. La verdad nunca la incluí en nuestro círculo porque ser un número impar es de mala suerte.
—Qué tontería.
—Es cierto. Es cierto. No es una tontería. Además ahora que hemos puestos a Tania celosa, tú tienes todas las de ganar.
—Pero no estoy saliendo con Alice para poner celosa a Tania —objeté y huí a la cocina por un vaso con agua. Ximena me siguió.

—Bueno, aunque no sea ese tu objetivo, el punto es que lo has logrado. Eso significa que Tania todavía guarda sentimientos por ti y ya verás cómo le ocasionará problemas con Camila.
—Lo dices como si todo fuera un maquiavélico plan tuyo para hacer que se separen.
—Eso no es cierto, aunque pensándolo bien… puede que tengas razón. La verdad Camila y Tania no me preocupan. Ellas tienen su relación y si no saben cuidarla pues es muy su problema —a continuación me tomó de ambas manos —, Laurita, tú eras un sol y brillabas. Ahora estás un poco apagada, pero con el tiempo verás que las cosas se solucionarán.
—De acuerdo, de acuerdo —suspiré —, dejemos el tema.
—Y eres tan hermosa… si fuera bisexual, me hubiera enamorado de ti.
—Lo tomaré como un cumplido.
Rápidamente la estreché en mis brazos. Me encantaba el aroma que se desprendía de su cuello. Ella me acarició la espalda mientras me llenaba de tiernos besitos en las mejillas y me sacudía como si yo fuera algo así como su oso de peluche.
—Eres tan cariñosa conmigo… me encantaría que fueras mi hermana.
—Yo también he pensado en que deberíamos ser familiares. Me hace falta alguien como tú.
Me ruboricé un poco.
—Gracias por todo.
—Ya, deja de darlas —sonrió —, y tienes que reír más a menudo ¿vale, preciosa?
—Sí. Lo intentaré.
—Sólo quiero verte contenta. Bien. El próximo fin de semana saldrás ¿verdad? ¿qué vas a hacer?
—Ehm… no tengo muchas buenas ideas. No sé a dónde ir en la tercera cita.
—Creo que ya es hora de que se revuelquen en la cama.
Sin comentarios. Ximena podía parecer un dulce angelito caído del cielo, pero en el fondo era una lujuriosa sin límite.
—No, y no. Todavía no estoy lista para acostarme con ella.
—Ah, dijiste “todavía”. Eso quiere decir que lo estás considerando. Ah, pilluela. Te atrapé.
¿Qué más se puede hacer en esa situación  sino reírse? Y gracias a eso, ahora me imaginaba teniendo sexo con Alice, lo cual no estaría mal porque la verdad es que lo necesitaba. No me había acostado con nadie en mucho tiempo, salvo esa vez en la que me masturbé con Tania. ¿Por qué hice tal tontería?

Esa misma noche del domingo tomé el autobús y volví a casa, en donde mis padres me dieron la ya esperada noticia de que se iban a separar. Sí, lo lloré. Y también les grité todas las cosas que había estado suprimiendo. Les dije lo que pensaba de su jodida relación, lo cobardes que eran al no poder encontrar una respuesta a sus problemas, especialmente a mi padre, que de no haberse entregado al vicio tras la muerte de mi abuela, quizá yo no estuviera pasando por ésta situación. Si tan sólo mi familia me hubiera apoyado un poco más, si tan sólo nos hubiéramos unido en vez de distanciarnos…
Me encerré en mi cuarto y lloré la mayor parte de la noche. Al día siguiente, me despedí de mi padre, que partió en su coche y no volvería a verlo hasta… bueno, quién sabe. Mi madre no dejó de chillar, lamentándose que todo había sido su culpa porque no fue capaz de mantener a nuestra familia unida. No le negué que no tuviera razón. Ella y mi padre compartían la  misma responsabilidad y los errores eran de ellos, no míos.
Así pues, llegó el otro fin de semana y salir con Alice era mi prioridad. Ahora charlábamos menos por chat porque esperábamos a encontrarnos en persona para contarnos todas nuestras penas. Ella también estaba pasando por un mal momento porque aunque sus padres continuaban siendo amigos (no como los míos, que se odiaban) su papá se iba a casar, comenzaría otra familia y ella se sentía muy triste por eso.

Contrario a lo que esperaba, mi cita no fue todo alegría porque mientras caminábamos por el extenso parque de la ciudad, Alice se puso a llorar. Yo no sabía qué hacer, salvo abrazarla. Sus lágrimas de alguna manera hicieron un hueco en mi espíritu. Me di cuenta de que las emociones unen y separan a las personas, y aunque esto era súper obvio, nunca nos damos cuenta de la realidad a menos que la vivamos.
—Gracias. Aunque a penas nos conocemos, estamos unidas ¿verdad?
—Creo que es el efecto luna de miel. Ximena me dijo que es cuando una pareja se acaba de conocer. Todo es felicidad.
—¿Te has dado cuenta de que hablas mucho de Ximena?
—¿Eh?
—Bueno… cuando conversamos siempre dices que gracias a Ximena esto, gracias a Ximena lo otro. Yo creo que la quieres más de lo que te imaginas.
Me reí. ¿Qué otra cosa me quedaba por hacer?
—Bueno, Ximena es la mejor amiga que tengo. Y siento que es la que más me está apoyando en toda ésta situación. Le quiero mucho.
—Sí. Se nota.
—¿Estás poniéndote celosa?
—No.

—Alice, somos mujeres y sé lo que significa ese “no”. Anda, dejemos el tema y disfrutemos la tarde.
—Bueno, intentaré no pensar en esas cosas. Es sólo que siento un flechazo por ti.
—Eso es lindo de tu parte —acepté y le pellizqué un cachete —Ximena dice lo mismo.
—¿Que ella tiene un flechazo por ti?
—¡No! —repliqué —y deja de meterla. Digo que ella mencionó lo mismo: que tú tienes una conexión conmigo.
—¿Qué somos exactamente?
—Quizá seamos amigas íntimas. De esas que se la pasan en los brazos de la otra y que no se atreven a dar el siguiente paso —al menos eso era lo que yo sentía. Obviamente por la cara de decepción que puso, ella pensaba lo contrario.
—Uhm… está bien. Creo que me estoy acelerando un poco.
—Ya, deja de pensar en eso. Vamos por un café.
—Tengo que irme. Quedé con un amigo para ayudarle a reparar su computadora.
—Ah… entonces creo que volveré con Ximena.
—Te llevo —dijo desanimada.

Suspiré en cuanto entré a la casa de mi amiga. Había sido una tarde extraña, sobre todo por los celos de Alice hacia Ximena. Todavía era pronto para que comenzara a tener esa clase de sentimientos hacia mí ¿verdad? El amor se construye a través del tiempo, no de un fin de semana para otro.
—¿Ximena? —llamé cuando oí una fuerte música provenir de su habitación.
Por lo visto no había nadie más en la casa, y eso era lo que a ella más le gustaba porque podía armar su fiestecita a todo volumen. Me asomé por la puerta de su cuarto que estaba entreabierta y lo que vi hizo que me brotara una sonora carcajada.
Allí estaba Xime, vestida sólo con unos coquetos cacheteros negros y un top, bailando sobre el colchón y moviendo una escoba como si se tratara de una guitarra eléctrica. Intentaba seguir el ritmo de Guns And Roses, e incluso cantaba. ¡Ximena cantando!
—¡Wow! ¡Síii! ¡Welcome to the jungle! —gritó y luego se despojó del top. Sus pechos, bastante grandecitos ahora que los veía bien, quedaron libres. Me sonrojé y no supe si llamar o dejarla estar.
Luego me reí más cuando empezó a lamer el palo de la escoba como si fuera un pene y ponía cara de orgasmo. La risa no la pude resistir más y entonces Ximena se dio cuenta de mi presencia. Gritó como si yo fuera un fantasma y acostó en la cama. Tomó una almohada para cubrir sus pechos.
—¡¿Qué estás haciendo allí?! ¡Lárgate!
—¡Jajaja! ¡¿qué demonios haces?!
—¡Fuera! —exclamó completamente colorada.

Cerré la puerta mientras intentaba aguantarme las risas. Hasta me estaba doliendo el estómago. Nunca, nunca me había reído tanto y más cuando Ximena, desde el otro lado, empezó a gritarme que era yo una loca, una estúpida, que ojalá me muriera y mi espíritu fuera exorcizado por el mismo Papa.
—¡Lo… lo siento! —dije cuando entré. Ya se había vestido con una blusa y su falda de colegial —, es que… ¡jajaja! ¡yo no sabía que…!
—¡Ya! ¡Cállate! —gritó furiosa y me empujó hasta hacerme caer a la cama. Yo me seguí riendo. Se me escapaban unas cuantas lagrimitas.
En ese momento Ximena se subió a horcajadas sobre mí y trató de cubrirme la cara con su almohada.
—¡Muere, muere, muere!
—¡Ya, Ximena! ¡te veías sexy!
Se quedó quieta un momento, se cubrió la cara con las manos y segundos después, también estalló en carcajadas.
—¡Buuu! ¡no le cuentes a nadieeeee!
—¡No lo haré! ¡Dios…!
Casi se podía poner a llorar. Yo tragué saliva y sonriendo, puse mis manos en sus piernas.
—Me haces reír tanto.
—Al menos soy buena en eso.
—La próxima vez que quieras cantar medio desnuda, llámame.
—Claro que no. ¡Te odio!
—No es cierto.
—¿Puedes apartar tus manos de mis muslos?
—Uy, la niña se puso mal —bromeé. Y entonces me di cuenta de que tenía a Ximena sobre mí. Ella también cayó en la cuenta de lo que pasaba.
—Me miras como si quisieras embarazarme…
Okey. Traté de no reírme, pero fue imposible. Y también lo fue para Xime.
***********

Baia baia xDD, aquí hay algo que se está cociendo. Vamos, admitan que Ximena es simplemente encantadora! jaja, y como que le está moviendo el tapete a Laura ¿no creen? bueeeeno, ya veremos :c
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Mensaje por Lirio1704 el Mar Ene 10, 2017 6:29 pm
En el fondo estaba deseando que eso pasara, aunque creo que con Xime también habrá algunos problemas como que ella no se acepta ni siquiera como Bi pero me gustaría mucho ver que pasa.

Creo que Laura esta empezando a sacar a Tania de su corazón; cuando te preguntas porque hiciste las cosas que hiciste por esa persona y ya no sabes ni porque es que ya no sientes lo mismo.

Tania debio sentirse peor que gusano cuando Xime le recordo su fallida relación con Laura.

Gracias por la pronta actualización Neutral
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Mensaje por Delfi22 el Dom Ene 15, 2017 9:37 am
Caramba! mira que Ximena da a entender que le puede gustar Cami o realmente siente algo por Laura, pero no lo quiere admitir.Bien esperemos haber que pasa con este quinteto de chicas y sus problemas..Nos vemos en el siguiente...Que la fuerza te acompañe...
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Mensaje por FallenLirioo el Lun Ene 16, 2017 12:15 am
@Lirio1704 escribió:En el fondo estaba deseando que eso pasara, aunque creo que con Xime también habrá algunos problemas como que ella no se acepta ni siquiera como Bi pero me gustaría mucho ver que pasa.

Creo que Laura esta empezando a sacar a Tania de su corazón; cuando te preguntas porque hiciste las cosas que hiciste por esa persona y ya no sabes ni porque es que ya no sientes lo mismo.

Tania debio sentirse peor que gusano cuando Xime le recordo su fallida relación con Laura.

Gracias por la pronta actualización  Neutral

Sii, ese fue un golpe bajo para la pobrecita de Xime, demasiado cruel diría yo uwu. Aunque Laura necesita, como bien dices, hacer un espacio para alguien mas y mandar a Tania a volar
gracias por leer!! me gsta cuando comentan y me dan sus opiniones de los personajes jeje, saludos y un abrazo! Very Happy
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