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¿Cómo joder a tu ex? cap 35 28 de enero

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Mensaje por FallenLirioo el Dom Mar 27, 2016 7:52 pm
Recuerdo del primer mensaje :

¡Hola! bueno, es un gusto traerles un nuevo proyecto en el que recién estoy trabajando, así que espero les guste y les atrape :)  
AVISO: SOY LA AUTORA, SI, LA MISMA QUE ESTÁ EN AMOR YAOI :)

Tania era en apariencia la mejor pareja: alegre, bonita, algo quejona y muy cariñosa y soñadora... hasta que todo cambió cuando sus sentimientos empezaron a ser diferentes, y ahora..
¿qué pasará con su novia Laura? ¿En dónde quedaron esos bellos momentos de amor y promesas de felicidad? ¿Es que nada valió la pena?
¿Cómo se vengará Laura de la traición de quien creyó ser el amor de su vida?

Terminar con tu novia puede dar paso a cualquier clase de situaciones, ya sea desesperadas, o bien, cómicas. También pueden haber momentos dolorosos, o incluso vergonzosos que finalmente nunca se podrán borrar de la cabeza. Especialmente si eres tú (en este caso, yo) la que está cortando la relación. Había escogido incluso un buen lugar, debajo del mismo árbol en el que nos hicimos novias hacía ya un año. Bueno. Después de todo, éramos apenas unas niñas entrando a la pubertad, y honestamente todavía no sabíamos lo que hacíamos. Nuestras hormonas estaban totalmente fuera de control. Las dos nos encontrábamos solas, sin amigos y con un peculiar gusto por la otra.
Así pues, lo que en el pasado fue una bella amistad infantil, tras brincar de una fase a otra de repente se había convertido en algo más intenso, delicioso y a la vez, confuso. Tuvimos peleas, buenos momentos y una noche de caricias intensas que desgraciada o afortunadamente nunca terminaron en algo más.
Darme cuenta de que tenía otra clase de gustos fue signo de mi maduración personal, y vale, vale, no era justo para ella que ahora mirara con ojos diferentes a los muchachos que pasaban junto a mí, o que dedicara alguna coqueta sonrisa cuando veía a un chico bien perfumado, atractivo y con grandes manos. Me estaba volviendo hétero ¿y qué? Si ella no podía aceptarlo, pues ese iba a ser problema suyo, no mío, y yo no pensaba cambiar sólo para complacerla.
Por otra parte, ella también estaba cambiando. Ahora era más alta que yo, y eso que en un principio las cosas eran totalmente al contrario. Mientras que mis curvas eran más bien calles con baches, ella había desarrollado una prominente pechonalidad que se bamboleaba alegremente cuando caminaba. Ella había reventado los sujetadores antes que yo, y luego adquirió toda una obsesión por la moda y el maquillaje como símbolo de feminidad. Entre tanto, yo me seguía delineando los ojos y pintando los labios con el kit de niñas que mi tía me había regalado en mi cumpleaños dieciséis.
Éramos tan distintas ahora que a penas nos reconocíamos. No la odiaba para nada. De hecho, yo la quería mucho porque era una gran persona, siempre lista para ayudar a los demás, armada con una sonrisa exquisita y una alegría capaz de contagiar a cualquiera. Estaba segura de que a mi madre le hubiera caído bien, pero nunca se la presenté, ni como amiga; sobre todo porque mientras que mi sagrada progenitora era muy recta, femenina y algo homofóbica, Laura era algo descarada y muy cariñosa conmigo. Nos hubieran pillado enseguida, y eso nos daba miedo. Así pues, nadie de mi familia la conocía.
Dejémonos de cosas tristes y de recuerdos que pronto iban a desaparecer. La verdad yo necesitaba un cambio de aires, y debía de estar lo suficientemente lista como dejar atrás mi relación con ella y seguir adelante. Quizá podría invitar a salir a Isaac, que en ese momento estaba loca por él. Era todo lo que yo, en mis inocentes 15 años, buscaba en un chico: amable, atento. Algo cursi e ingenuo que lo hacían incluso más encantador. Mis amigas decían que yo también le gustaba, y casi, casi podía asegurar de que era verdad. De vez en cuando cruzábamos mirada, y habíamos hablado en un par de ocasiones sobre temas tan profundos que mi visión de la vida había cambiado por completo.
Por ejemplo, el doce de marzo me preguntó qué tan bien me iba en la clase de matemáticas.
—Súper.
—¿Me pasas la respuesta siete?
—Sí.
—Gracias.
El nueve de abril, volvimos a hablar.
—¿Te puedes mover? Es que tu cabeza me tapa la pizarra.
—Claro.
El diez de mayo fue todavía mejor.
—¿Sabes? Me encanta tu perfume. ¿En dónde lo compraste? Se lo quiero regalar a mi hermana.
No podía decirle que era un perfume con feromonas de zorra virgen para atraer pareja. Él se moriría de la risa, y de paso, todo el salón.
¿Lo ven? Traía loco al chico. Reconocía mi inteligencia con las matemáticas. Se tomaba la molestia de hablarme y además alababa mi perfume. Si eso no es estar enamorado, joder que no sé lo que será.
Bien. ¿En dónde estábamos? Terminando con Laura debajo de nuestro árbol sagrado, donde la relación había comenzado. Aunque pensándolo bien, quizá no era el mejor lugar, después de todo.
—¿Entonces… me vas a cortar porque ya te aburriste de mí?
—No es que me haya aburrido de ti. Lo que pasa es que… bueno, creo que esta relación no va a ninguna parte. No eres tú, soy yo.
Laura se cruzó de brazos.
—¿Es que eres tan torpe que no puedes pensar en nada más que no sea un cliché?
—Vale.
Una debe de pensar qué discurso decir antes de cortar lo que hasta hacía poco era la mujer de tus sueños. Tomé nota mental de eso.
—Tengo gustos muy raros, Laura. No lo soportarías.
—¿Te gustan las pollas?
Me sonrojé, aunque viéndolo desde otro punto, tal vez sí tenía razón.
—¡Esto no es gracioso! Si no me quieres, sólo dímelo y no antes con rodeos.
—Mira, Laura. Créeme que si esto seguía, ibas a ser tú la que terminaría conmigo. Sólo me adelanto y de quito el trabajo. De nada. Pensé que eras el amor de mi vida, pero me doy cuenta de que ni siquiera tengo veinte años. Entonces ¿qué sé de la vida? Es una cuestión de filosofía.
—Burradas tuyas, Tania.
—¡No lo hagas más complicado!
Laura se puso a llorar, y yo me maldecía por haberlo ocasionado. Sí que esperaba una que otra lágrima, pero tal vez a causa de los golpes para los que yo ya iba preparada mentalmente. Incluso tenía en mi bolsa unas curitas y algo de antibacterial.
—¡Eres una desgraciada! —sollozó. Puede que tuviera razón. Tiró dos años conmigo.
—Laura, cariño. No llores.
—¡No me digas qué hacer! Hemos sido amigas desde la primaria y ahora me tratas así ¿quién te has creído que eres? Y además ¿me terminas en el mismo árbol donde todo comenzó?
—Si, ya. Acabo de darme cuenta de que no fue lo más inteligente. ¿Ves? Soy un desastre como novia. Anda. ¿Sabes qué? Termíname tú a mí.
—¿Cómo puedes ser tan cruel?
—Por eso. Termíname tú a mí.
Laura, con su hermoso pelo rubio metido detrás de sus orejas, me miró con una cara tan despectiva que no hubiera sido raro que me arrancara los ojos en ese momento. Levantó los brazos y los puso en mi garganta.
—Eso, eso. Soy una mala novia. Ahórcame. Tú puedes… tú… espera, espera, Laura, me ahorcas de verdad… espera…
—Debería  matarte.
Tosí y me sobé el cuello. ¡Coño! Que ella de verdad me quería matar.
—Lo decía en sentido figurado…
—Tania… ¡te odio! Pero algo sí te digo, y es que te vas a arrepentir.
—Lo sé. El karma me lo pagará.
De repente un golpe seco me giró el rostro. La mano de Laura, con todo y nuestro anillo de aniversario, hizo que mi mejilla enrojeciera.
—¡Laura! ¿Puedes avisarme la próxima vez que vayas a hacer eso?
—Tania.
—¿Qué? Auch. Cómo duele.
Me soltó un segundo golpe de revés.
—¡Ahora sí te avisé!
—Vale… creo que me lo merezco.
Y totalmente furiosa con el universo, o más bien, conmigo, Laura se sacó el anillo y lo tiró al piso.
—¡Ojalá y te mueras!
Se marchó antes de que tuviera tiempo de responderle. La vi irse, y durante un momento creí que tendría el valor para ir tras ella y pedirle una disculpa. Sin embargo, no logré moverme porque la cara me dolía mucho. No. De hecho, no era la cara, sino el pecho. Tenía un nudo en la garganta y mi corazón estaba acelerado por la adrenalina.
Laura era mi primera ruptura porque fue la primera persona con la que tuve algo realmente especial. Claro que sí me sentía herida, pero al menos las cosas habían terminado para nosotras. Recogí el anillo y me lo metí al bolso. Tampoco iba a tirarlo. Era un bonito recuerdo. Lo que seguía ahora era toda una laaaarga semana de depresión por parte de las dos.
Consulté mi Facebook cuando me llegó una notificación. Era un mensaje de Laura.
—“Ya puedes ir olvidándote de que te regrese tus discos, y también la caja de galletas que me dejaste”.
Joder.
—“Y ya nadie te pasará la tarea de química, ni la de física, mucho menos la de gramática”.
Eso sí era malo.
—“Estoy borrando todas tus fotos.”
¡Ay! Por favor.
—“¿Recuerdas que tengo tus cartas? Pues las voy a quemar ahora mismo”.
La verdad me daba igual. Tras un rato, llegó otro mensaje.
—“Casi quemo mi cocina xD”
Torpe.
—“Todavía te odio, y ojalá te mueras. Despídete de tu cuenta”
—Kha? —le escribí.
Acto seguido, me comenzaron a llegar varios likes de una publicación que había puesto en mi perfil. Qué raro. No he hecho tal cosa.
Abrí mi muro y lo que vi me heló la sangre. La cuenta falsa de Laura estaba publicando pornografía. ¡Porno! ¡Por el amor de Dios! Una tras otra las notificaciones llegaban y una tras otra, los links a páginas xxx llenaban todo mi muro. ¿En dónde estaba toda esa flamante seguridad de la que Facebook presumía?
Intenté mandarle un mensaje a Laura, pero en ese momento mi teléfono pensó que sería buena idea entrar en modo de suspensión debido a que sólo me quedaba un dos por ciento de la batería. Luego se apagó por completo.
Suspiré, agotada. No podía hacer nada para impedir que Laura terminara su venganza contra mí. En cierto modo, tampoco deseaba que lo hiciera porque desquitarse conmigo a través de Internet era lo mejor que ella podía hacer. Mientras no me golpeara ni intentara estrangularme no habría problema. Además, yo la conocía perfectamente y estaba segura de que pronto se le pasaría. No era para tanto ¿verdad? Y entonces, una flor de nuestro árbol cayó justo a mis pies, y me di cuenta de que incluso la naturaleza estaba en mi contra.

Transcurrieron seis meses después de eso, yo ya tenía 16 años y no había sabido mucho de Laura desde entonces. Efectivamente me eliminó de cuanta red social tenía: Facebook, Whatsapp, Twitter e Instagram. No es que yo fuera la señorita sociedad, pero tenía uno que otro fan por las reseña de anime que subía a mi cuenta de Youtube. La verdad es que me daba lo mismo si Laura me odiaba o no. Ambas estábamos madurando y era parte de nuestra vida recibir altos y bajos. Bueno, yo recibía más bajos que los demás, pero afortunadamente podría salir adelante.
Medio año se fue muy rápido, y durante ese tiempo experimenté una depresión que duró la ridícula cantidad de ocho semanas, en las cuales me dediqué a comer helado y a ver televisión. El resultado, una talla extra y unos bonitos cachetes. Por fortuna antes de todo esto yo era más bien esquelética, así que unos kilos de más no me vinieron nada mal. Además mis pechos eran un pelín más grandes ahora, y mi autoestima estaba un punto más arriba de lo normal.
Por otro lado, Laura seguía siendo la misma chica elegante y guapa. Había probado salir con una niña de medio curso, y las cosas terminaron mal para las dos cuando una profesora las atrapó besándose en el baño. Gracias al Cielo no ocurrió  nada más que eso, sin embargo fue suficiente para que las cosas se terminaran.
A veces veía a Laura centrando su atención en mí, y yo la saludaba con la mano. Ella me levantaba el dedo medio y se iba muy campante a otro sitio. El que ella no superara su ruptura conmigo me hacía sentir entre afortunada y triste a la vez. La primera porque significaba que yo era muy importante para ella. La segunda era precisamente por eso, pues yo le había fallado.
Cuando terminamos la secundaria, Laura ya era un poco más madura y seria. Ahora estaba muy centrada en sus estudios para ingresar a una buena preparatoria ¿cuál? Pues ni yo lo sé. El punto es que se había apuntado a unos cursos especiales para poder pasar el examen de ingreso. Un día de esos en los que nos cruzamos, ella me pidió un consejo.
—¿Crees que debería de pintarme el cabello? Me gusta que sea rubio, pero he pensando en que me quedarían bien unas mechas de colores.
—Parecerás un payaso.
—Gracias por tu apoyo, bitch.
—¿Qué dije?
Y se fue campante a tomar el autobús.
Aquella fue la última vez que la vi, y honestamente comencé a echarla un poco de menos. Atrás dejábamos la secundaria. Yo iba a irme a una prepa local, mientras que mi hermano iba a continuar su último año en otra ciudad. A él también lo iba a extrañar. Incluso mi madre, que estaba muy encariñada con él.
Así pues, otro lapso de seis meses se fue y yo ya había crecido en todos los aspectos. Cuando reventé mi primer sujetador gracias al tamaño de mis pechos, me sentí tan feliz que comencé a dormir sin él. Era pervertido, pero me gustaba sentir la calidez de mi colcha frotándose contra mis puntitas rosadas. La ropa de niña adolescente estaba en el ático. Ahora yo vestía más a la moda y de acuerdo a mi edad. Una que otra minifalda hacía un buen juego con una blusa estampada. Me depilaba las piernas, que gracias a un par de meses en el gimnasio, habían adquirido un bonito perfil. Además, por consejo de mi madre, había ido frecuentemente a la playa para broncearme un poco y alejar toda esa palidez que a mí no me gustaba en lo absoluto. Antes era flaquita, sin nada que presumir y muy blanca. Era como tener el disfraz de un zombie. Ahora, era toda una morena de casi 1.67 m. de altura, con un buen par de melones adelante y una linda retaguardia. Tenía amigos, aunque el buen Isaac seguía sin hacerme caso a pesar de que íbamos a la misma escuela.
Tampoco le daba mucha importancia al asunto. Pretendientes no me faltaban, pero continuaba siendo virgen, lo cual a veces me alegraba, pero otras me hacía pensar en cuál era mi lugar en la cadena social. Todas mis amigas tenían novio, y yo seguía siendo la única chica lo suficientemente tímida como para lanzarme a una conquista.  
De todos modos me iba bien con la vida. Laura estaba en el pasado y sólo me quedaba mirar hacia adelante.
Cierto día de vacaciones de semestre me encontraba limpiando mi habitación y ordenando los cajones de mi ropa interior. En algún punto había remplazado las braguitas de niña y había comprado algo más de encaje. Sí, vale, era un poco retraída en ocasiones, pero eso no significaba que no quisiera verme bien en ropa íntima, aunque no hubiera nadie más, además de mi madre (que a penas aprobó mi primer cachetero) que me viera.
—Tania —dijo mi padre entrando sin tocar a mi cuarto. Él era el más incómodo al verme crecidita y todavía no lo superaba. Para él seguía siendo su princesa. De vez en cuando me traía esos dulcecitos de fresa que tanto me gustaban e insistía en leerme un cuento antes de dormir.
—¿Qué, papá?
—Tú hermano va a venir a cenar.
—¿De verdad? —Me alegraba mucho que él viniera. Después de todo eran vacaciones intersemestrales y yo me moría de ganas de verlo. Tal vez incluso podríamos ir a pescar.
—Sí. Vendrá con un amigo, o algo así. Ayúdale a tu madre a preparar la cena. Quiere dar una buena impresión.
—Sí. Enseguida.
Cocinar no era mi fuerte, pero dada la ocasión, mi hermano se lo merecía. Mamá siempre nos enseñó que era muy importante que las personas pensaran bien de otras, así que era necesario dar buenas impresiones aún cuando las cosas fueran mal. Por eso estaba muy metida en su papel de ama de casa., puesto que no sólo era su hogar, mas bien algo así como su santuario. Ella manda. Ella dice sí o no. nosotros sólo somos esclavos. Incluso mi padre ayudó yendo a comprar ingredientes, aunque él era tan malo como yo en la cocina. Sus ganas de ayudar era visibles, y me dio pena cuando mamá lo mandó a ver el partido de fútbol en el sillón.
—Te pondrás algo decente, Tania. No quiero verte enseñando las piernas frente al amigo de Marcos.
—¿Enseñando pierna? Ay, mamá. Mira el termómetro. Estamos casi a treinta y seis grados.
Además, quise decirle, trabajé muy duro para tener un buen cuerpo y no me parecía justo avergonzarme de él. Nunca, ni de niña, había sido  guapa. Tenía que vivir a la sombra de las muchachas más hermosas de mi colegio, y ahora que al fin tenía algo de lo que sentirme contenta, a mis padres no les parecía. Tampoco se trataba de que fuera por allá enseñando todo. Para salir a la calle, me vestía mejor; pero en mi casa me sentía más libre. ¿Cuál era el problema? Mis padres eran de la edad de piedra.
—De todos modos, Tania, ponte guapa.
—Sí, sí.
Barrí la sala. Ordené incluso los adornos de porcelana que estaban en un mueble y regué las flores del jardín para que se vieran más vivas que de costumbre.
Al final de la tarde, más bien entrada la noche, todo estaba listo. Mi madre y mi padre iban bien arreglados. La primera con un bonito vestido floreado y veraniego, y el otro con camisa de vestir y pantalones vaqueros. Yo, haciéndole caso a la petición de ellos, me puse un vestido con encaje en las mangas y falda suelta. Me quedaba justo por encima de la rodilla. No era escotado, pero orgullosa delineaba la curva de mi busto. ¡Dios! Cómo me quería yo misma. Estaba feliz conmigo, con mi familia. Tenía una bonita vida sin vicios y una estabilidad emocional muy fuerte.
—¡Tania! ¡Tú hermano ya va a llegar! ¡Ven!
Bajé enseguida. Mis padres estaban a la espera, agazapados detrás de la ventana mirando con interés al otro lado de la calle. Yo me senté en el sofá a ver la televisión, mientras pensaba en cómo sería el amigo de Marco. Quizá tendría el pelo rizado, y una bonita sonrisa.
—Aquí vienen. Ya llegó el taxi —avisó mi madre —¿quién es la otra persona?
—Ciertamente no parece ser su amigo. ¿Van tomados de la mano?
—¿Nuestro hijo es gay?
—¿Qué pasa? —les pregunté.
—No, espera —papá se alegró —. Es una chica. Viene con una novia. ¡Ah! Ese es mi muchacho.
—¿Novia? ¿Marco se consiguió una novia? ¡Genial! —aunque sentí celos de hermana.
El timbre sonó. Mi madre se arregló el cabello. Mi papá, el cuello de la camisa, y yo puse la mejor de mis sonrisas para recibir a la novia de mi hermano.
En retrospectiva puedo decir que ese fue el inicio de un gran dolor de cabeza, de una dura temporada para mi psique, y por supuesto, de una nueva y poco querida fase de mi vida. Mi pasado estaba justo ahí, bajo el umbral de la puerta, sonriente como sólo yo lo conocía y tomado de la mano de mi  hermano.
—Laura… —musité.
Ella me miró con una ceja arqueada, como si de repente se hubiera llevado la lotería. La expresión feliz se me borró.
Mis padres, como no conocían a Laura, la saludaron de inmediato. Yo estaba en shock, y ni siquiera reaccioné cuando Marco me abrazó.
—¡Hola, hermanita! ¡Vaya, sí que te ha crecido la delantera!
No me causó gracia. Sólo veía a Laura, que le daba un beso a mi madre y a mi padre después de que Marco los presentara.
—Y ésta es mi hermana, Tania.
—Mucho gusto, Tania.
Se acercó como si no me conociera y me dio un beso en la mejilla. Luego susurró a mis orejas:
—Tú hermano besa tan delicioso. Me recuerda a ti.
—Maldita… —dije con la cara roja de la furia. ¿Qué demonios estaba tramando ella?


Última edición por FallenLirioo el Sáb Ene 28, 2017 8:07 pm, editado 31 veces
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Mensaje por FallenLirioo el Vie Sep 23, 2016 2:50 pm
@Delfi22 escribió:Pero deveras que Laurita se pasa...como hacerle eso a la pobre de Tania que muere de amor por ella...Bueno solo espero que Cami aproveche su oportunidad y la sonsa de Laura agarre la onda y acepte a Tania..Bien nos vemos en el próximo.Que estés bien..

sii! T_T la otra se muere por amor y ya ves como le pagan... pero no te preocupes... sufrirá jajaj
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Mensaje por FallenLirioo el Vie Sep 23, 2016 2:52 pm
@Lirio1704 escribió:Me hizo carcajear el "Modo amiga activado" no manches eso no funciona, lo que le va a ser falta a Tania va a ser mucha fuerza de voluntad.

Me sigue encantando tu historia y gracias por tener encuenta las opiniones de tu servidora =P

Saludossss!!!

jajaja modo amiga on xD siempre funciona al menos para guardar tus intensiones xDD
jaja de nada, gracias gracias a utsdes por comentar n.n
un abrazo!
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Mensaje por FallenLirioo el Vie Sep 23, 2016 2:53 pm
Decir que las cosas mejoraron después de eso sería mentir. No tuve los ovarios para subir y hablar con Laura, explicarle cómo me sentía y darle unos cuantos besos para que se olvidara de todo. Me pregunté a mí misma si lo que había hecho estaba bien o habría sido un error, un patético intento de querer terminar las mentiras que le estaba escondiendo a mi hermano. ¿A caso la solución había hecho más daño que el problema en sí? No deseaba ni pensar en eso.
Sin mucho que poder hacer, regresé a la cama y medité durante horas hasta que el sueño me venció, y todavía allí no me sentía a salvo de mi hermano y su mirada instigadora, de su amenaza cargada de furia. Abracé la almohada y di tantas vueltas que me caí dos veces del colchón. Así, dolorida física y emocionalmente, concluyó mi primer día en la casa de mi ex novia, y todo estaba saliendo al contrario de lo que se suponía.
Llegué a la conclusión de que no tenía nada que hacer allí, pues con toda seguridad Laura se encontraría mejor sin mi presencia rondando como un fantasma por su casa. Quería irme y quedarme a la vez. Hablar ya no nos conduciría a nada y mucho menos actuar. En total, yo estaba en un estado neutro, en el que mis sentimientos importaban una mierda y tenía que aprender a vivir con ellos.
Ya podía ver una depresión a la vuelta de la esquina.
Por la mañana bajé a desayunar. Laura ya estaba en la mesa bebiendo un jugo de naranja y estaba absorta en él. Ni siquiera me saludó cuando entré a la cocina y tomé uno de sus hotcakes quemados. Tuve que disfrazar su sabor con mermelada de fresa. Me serví un vaso de jugo y permanecí callada, fingiendo leer el periódico.
—Tania.
—¿Sí?
—Estuve pensando en lo nuestro. Creo que hacerlo me mantiene alejada del problema con mi abuela.
—¿Y a qué conclusión llegaste? —pregunté, fingiendo desinterés y leyendo mil veces el encabezado del diario.
—Bueno… tal vez lo de Marco y yo no hubiera funcionado del todo. Como tú has dicho el me quería llevar a la cama, y yo no soy una niña inmadura, o eso creo, que no puede ver las intenciones de un hombre. Al contrario. Yo sabía qué estaba pasando y sentía mucha curiosidad.
—La curiosidad no tiene nada que ver con el amor. Si ibas a entregarte a Marco, bien, pero asegúrate de amarlo. ¿Lo amas?
—No. No como yo creí que se debía de sentir. Lo que hubo entre nosotras fue más intenso y creo que se debió a que… bueno, las dos somos mujeres, en cierta forma sigue estando prohibido que nos amemos. Esa sensación de estar haciendo lo incorrecto le daba a nuestro noviazgo algo muy significativo. Cuando me terminaste, todo eso se acabó y creí que mi lugar no era al lado de una chica.
—Yo… también lo pensé así —dejé el diario en su lugar —. Terminarte fue una estupidez. Quería ir tras un futuro y no me di cuenta de que ese futuro me conducía a ti.
—Espero que entiendas que no puedo ser tu novia.
Bajé la mirada. Ésta vez yo iba a ser madura y no a armar un alboroto.
—Lo sé. Acabas de terminar con Marco, y tu abuela ya casi está con San Pedro. Además… está el problema de la distancia y eso. Sé que dicen que debo luchar por el amor… pero hay cosas que no puedo vencer.
—Mi abuela morirá en el transcurso de éstas semanas. Los doctores lo han dicho. Tengo… el alma rota en mil pedazos. Yo sé que se avecina una temporada muy fría para mí —a estas alturas, Laurita ya estaba llorando sin darse cuenta —. Cuando ella se vaya, una parte de mí morirá. Es un ser querido tan… importante. Incluso más que mis propios padres.
—Lo sé. Los abuelos son… especiales, aunque la mía no lo es tanto.
—Sé que me deprimiré. Me conozco bien. Necesitaré una amiga, no una novia. No esos dramas del amor, ni las peleas producidas por el romance. Espero que lo puedas comprender.
—Lo comprendo —. La verdad es que sí, un poquito, pero sí —. Y sabes que cuentas conmigo para lo que quieras, porque lo que siento por ti es intenso.
—Camila me mandó un mensaje diciendo que yo era muy afortunada por tenerte. Le pregunté qué quería decir y… —se sonrojó —, me contó que tú le gustas. La chica se lo tenía bien guardado. Le atrajo nuestra relación cuando estábamos en la secundaria y se acercó a nosotras por mera curiosidad. Terminó enganchada contigo. Me da risa que nunca nos lo haya dicho, ni peleado por ti.
—Bueno… supongo que no tenía forma de ganar. Tú eras más linda.
—Ahora es al revés. Reconozco que Camila es muy guapa, y el hecho de que sea capitana del equipo de voleibol sólo la hace más atractiva. Tiene un bonito color de piel, unas piernas increíbles, un busto muy bien formado y una cara que transmite paz. Ella tiene muy buenas cualidades.
—Hablas como si te gustara Camila.
—No lo digo por eso. Tania… si hubiera alguien en el mundo a quien te confiaría, sería a ella.
Dejé mi quemado hotcake a un lado.
—¿Qué estás diciendo? —pregunté con cautela.
—Que… deberías intentarlo con Camila. Yo no puedo ofrecerte lo mismo que antes. Ni siquiera vivimos en la misma ciudad, y tal y como soy ahora… un completo desequilibrio emocional… no me aguantarías.
—Estuve contigo cuando tuviste tu primer periodo, no me vengas con esa clase de tonterías de que eres un desastre. Te conozco de los pies a la cabeza y te he aguantado.
—Pero tú me terminaste.
—Pero quiero volver —repliqué, enojada. No podía creer que Laura le estaba dando mi amor a otra persona, y mucho menos a Camila. ¡Eso es traición de amigas!
—Oye, Tania. Eso es lo que pienso. Querías que fuera sincera contigo y lo estoy siendo ¿de acuerdo? Mira, no me gusta que estés desamparada, y tienes mucho amor que dar. Acepta a Camila. Ella te puede amar de la misma manera en la que yo te amé.
—Creí que… tú me amabas. ¿Estaba equivocada?
—Te quiero mucho. Debes de comprenderlo.
¿Sabes? Mantener la calma cuando te están mandando a la friendzone por la fuerza no es nada fácil, y sobre todo cuando te intentan emparejar con una persona que no te gusta. Por mucho que amara a Laura, hasta yo sabía que lo que estaba diciendo no eran más que tonterías y mentiras. Podía ver en sus ojitos azules que no deseaba que me fuera de su lado. Ella clamaba por mi amor. Me necesitaba.
—No lo haré. A la que quiero es a ti y si te tengo que esperar, lo haré —traté de sonar tranquila y a la vez, decidida —. Eres una chica maravillosa. No lo supe ver en el pasado y creo que ya he pagado por ese error. Laura… piensa bien en lo que estás diciendo.
—Agradezco que no estés gritando como una histérica.
—No sabes cuántas ganas tengo de romperte el cuello.
—¿Ves? Por eso soy un desastre. Además… qué sé yo del amor.
—¡No me robes mis palabras! Son las mismas que yo te dije cuando…
—Me terminaste.
—Estás haciendo lo mismo conmigo. Eso es cruel.
—No lo dije con esas intensiones. Tania… no llores.
Demasiado tarde. Estaba chillando porque el amor de mi vida me terminaba sin siquiera comenzar. Traté de verdad de comprender a Laura y de ponerme en su lugar, pero era tan complicado pretender ser alguien tan maravilloso… agaché la cabeza y lloré.
—Idiota… idiota. No debí venir.
—Tania… ya.
—Es increíble como puedo amarte y odiarte a la vez.
—No debí de aparecer en tu vida.
—¡Exacto!
Sorbí por la nariz. La cabeza me daba vueltas y una gran parte de mí se alegraba de sentir una pizca de odio por Laura, por su desprecio. De acuerdo, yo la había mandado al diablo en primer lugar, pero yo era una niña inmadura, incapaz de ver las cosas buenas que ella tenía. En el fondo yo seguía aferrada a la idea de que ella era la chica de mis sueños, y dejarla ir era sin duda algo catastrófico para todo mi ser.
—Está bien. Creo que debo irme. Por más que ansíe acompañarte en los momentos más tristes…
—¿Es que no me has oído, mujer? —me tomó de las manos y sonrió —. Quiero una amiga. Una buena amiga que sólo puedo encontrar en ti.
—Esas cosas no funcionan cuando una siente amor de verdad.
—Bueno… es eso o tendrás que olvidarme para siempre. ¿Qué es lo que prefieres? Sólo tienes esas dos opciones.
—No es cierto. Hay más, como la de aceptar tus sentimientos por mí y darme una esperanza.
—Es que no la hay, Tania. No ahora.
—¿Eso quiere decir que tengo que esperarte? Bien, lo haré. No está tan mal —me limpié una lágrima.
—Yo te trataré como a una amiga, Tania. No te quejes si no te gusta.
—No lo haré. Prefiero… maldición, estás en lo cierto, si no puedo tener un noviazgo, me conformo con una amistad.
—Así está bien. Es lo que quiero.
Pero no era lo que yo quería, y por amor tuve que tragarme mis deseos, encerrar ese sentimiento durante un rato y ver a Laura como si fuera mi mejor amiga. Bien… lo haré desde ya. Uno. Dos. Tres. Modo amiga activado.
Ni siquiera habían transcurrido diez segundos y ya me moría de ganas por besarla.
—Estaremos bien, Tania.
—Espero —dije entre lágrimas.
Me levanté. Le dije a Laura que saldría a dar un paseo sólo para relajar mis pensamientos y hallar una manera de convertir mi amor en amistad. Una amistad desinteresada, que no se saliera de contexto. Eso era lo que mi pastelito quería y aunque me hiciera daño, tendría que conformarme con eso. Después de todo estar lejos de Laura me era imposible. Al menos como su amiga tendría una mínima oportunidad de acercarme a su corazón e implantarme en ella como una bacteria estomacal.
En ese momento, como caída del cielo o más bien, subida de infierno, me llegó una llamada de Camila.
—Le dijiste a Laura ¿verdad?
—Lo siento. Ella… se mostró comprensiva.
—Eres una torpe. No te metas en mi vida personal.
—Ay, Tania. No seas borde. ¿Es que no tengo derecho de hacer mi lucha contigo? Tú sabes que es así. En la secundaria siempre me decías que tenía que luchar por mis sueños, e incluso hacer trampa si era necesario.
—¿Has hecho trampa?
—No, no, si a la honestidad le puedes llamar trampa.
—Supongo que no. En fin ¿qué quieres?
—Estoy en la autopista. ¿A dónde crees que me dirijo?
La piel se me enchinó.
—No me digas que…
—Laura me invitó a comer. También a Ximena, pero ella no pudo venir por unas cuestiones familiares.
—No vengas. En serio, no vengas.
—Muy tarde, cosita hermosa.
—¡No me digas así!
—Cálmate. Sólo quiero sonar tierna. Tengo que colgar. Te veré en un rato ¿sí?
— No, Camila, espera…
Ahora sí que quería aporrear mi teléfono.
Con pesados pasos volví a la casa de Laura y entré echa una furia a la cocina. Ella estaba lavando los trastes y cuando me vio, se puso pálida.
—¿Qué? ¿Por qué esa cara?
—No te hagas la inocente. Invitaste a Camila ¿por qué? ¿qué pretendes? Ya te dije que no te voy a cambiar por ella.
—Esas no son mis intenciones —puntualizó con las cejas fruncidas —. Ella es mi amiga tanto como tú, así que tiene todo el derecho de estar aquí.
—No hablaré con Camila. Sólo se está ilusionando con que puede tener algo conmigo. Ella no sabe cuánto te quiero.
—Creo que no; sin embargo no cambia el hecho de que ella sí que te desea. Tania, yo sólo busco tu felicidad. ¿Crees que no me duele no estar lista para ti? Si lo estuviera, Dios, ya nos estaríamos revolcando en la cama. Las cosas no son así, y ya deja de comportarte como una histérica y aprovecha lo que tienes delante.
Laura era perfecta en dejarme sin palabras, y muy dolida.
Subí a la habitación. Por suerte mi maleta ya estaba hecha, así que sólo fue cuestión de tomarla y de bajar por las escaleras. Al verme tan decidida a marcharme, Laura se metió en mi camino y cubrió la salida.
—Alto, señorita. No puedes irte. Hoy quiero cocinarles algo especial a mis mejores amigas.
—Bueno, serán tú y Camila.
—Tania, por favor. Prometiste que serías mi amiga. Te estoy dando una oportunidad para probar que decías la verdad.
Joder. Me tenía atrapada.
Resoplé y la fulminé con la mirada, como si quisiera arrancarle los sesos. Dejé caer mi maleta.
—Está bien, está bien. Me quedaré, pero no deberías de invitar a tanta gente a tu casa.
Mi respuesta le alegró, y saltó para abrazarme y darme un besito en la nariz.
— Te adoro, amiga —exclamó, feliz.
—Y yo a ti… amiga.

****

baia baia, algo no anda bien aquí jajaja, o puede que sí? no neguemos que Camila está en su derecho de arrojar el anzuelo :p
saludos y abrazos para todas
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Mensaje por FallenLirioo el Dom Oct 09, 2016 2:19 pm
Pese a todo, yo no perdía las esperanzas. Una parte de mí, la más inteligente, avispada y femenina, estaba segura de que Laura se moría por estar conmigo. No en vano tuvimos esos acercamientos, ni esas miradas de amor carecían de significado. Yo sabía que ella me amaba, y que sólo se estaba haciendo la difícil, como una de esas chicas inocentes y santas que realmente no saben lo que quieren, o fingen que es así.

La escuchaba tararear una canción alegre, y su voz melodiosa se oía desde la cocina. Estaba tan metida en su mundo de fantasía y negación que no era capaz de darse cuenta de que lo mucho que me estaba lastimando con sus estúpidas cosas de “ay, sólo quiero una amiga” “ay, no estoy lista aún” ¡Que se fuera al diablo! La odiaba y al mismo tiempo, la adoraba. Era tan, tan raro, como darse cuenta de que el amor es una manzana podrida, con partes dulces y amargas a la vez, llena de gusanos y de jugo al mismo tiempo.
De pronto llamaron a la puerta y Laura fue a abrir con un muy buen humor. Yo me quedé en el sofá, echada como un gato y comiendo malvaviscos. Cuando escuché la voz de Camila, sentí que la cara se me calentaba de la vergüenza y tuve deseos de salir de allí a toda velocidad.
—¡Tania! ¡Ven a ver a Camila!
—Voy… —dije de mala gana y me levanté con pesados pasos. Cuando vi a Cami, vestida con esa preciosa camiseta de colores abstractos y jeans de estampado militar, tuve que admitir que se veía más guapa que yo, y en consecuencia, mi autoestima descendió dos puntos. Tal vez tres.

Le saludé con un beso en la mejilla, una sonrisa falsa y volví al sofá, a echarme con más flojera y depresión que al inicio. ¡Dios! Ver a Camila y a Laura juntas me rompía un poco más el corazón, porque eran dos personas a las que quería mucho y sin embargo no podía estar con ninguna. Jodido amor, la verdad. ¿Has pasado por algo así? Por otra parte, yo me sentía muy inferior a ellas, como si toda mi alta autoestima de antes de reencontrarme con Laura se hubiera ido de vacaciones. Nuevamente me sentía como la fea de las tres, la enana con cabello desordenado y arrugas en la cara.
—Hola —saludó Cami, poniéndose en cuclillas para verme mejor a la cara —¿qué te pasa? Parece que viste un muerto.
—Estoy triste.
—Ah, ya. ¿Por qué?
— Tú ya deberías saberlo. Hazte a un lado. No me dejas ver la televisión.

Cami me acarició la mejilla con gesto cariñoso y agregó.
—¿Sabes? Vine sólo para estar contigo, así que no seas infantil y acepta que estoy aquí.
—¿Terminaste? Homero Símpson está a punto de cortarse el dedo.
Camila puso los ojos en blanco y se apartó del televisor. Fue a la cocina en donde se puso a charlar animadamente con Laura, quien actuaba como si su abuelita no estuviera al borde de la muerte. ¿Qué tan difícil puede ser fingir que todo anda bien? Envidiaba a Laura por esa habilidad. ¡Genial! Otra cosa en la que ella era mejor que yo! Como si me faltara más.

Total que me vi todo un maratón de los Símpson. Laura y Camila terminaron de cocinar el almuerzo mientras que yo me hice de parásito todo el día y sólo me senté para picar unas cuantas verduras y comer sin mucho interés. La tensión en la mesa era evidente, tan espesa como la mantequilla que Cami le untaba a su pan tostado.
—¿Y todo está bien? —preguntó la capitana de voleibol —. Me refiero a ti, Laura. Tu abuela…
—Se está muriendo —contestó con una falsa sonrisa de “estoy bien, no te alteres”.
—Ah… si necesitas que te lleve, sólo tienes que pedirlo ¿sí?
—Gracias, Cami. Eres buena amiga —Laura me miró y se detuvo un segundo a pensar en qué decirme —. Oye, Tania, creo que es bueno que Camila haya venido. Te puedes ir con ella y no en el aburrido autobús.
—¿Ah? Me estás sacando —respondí mordaz —. Porque si quieres me voy ahora mismo.
—No dije eso..
—Cálmate, Tania —dijo Camila con tono serio, la misma que mi madre usaba cuando estaba cerca de gritarme a la cara.
Respiré hondo. Comí lo más rápido que pude y volví al sofá. Ya no me importaba hacer más intentos con Laura para tratar de ganarme su atención. Todo con ella se había acabado, y lo jodido es que yo todavía la quería. ¡No era justo! ¡Lo había perdido todo! ¡A ella, a mi hermano! Me daban tantas ganas de arrancarme las greñas.

El resto de la tarde las tres nos la pasamos viendo televisión. Laura, por cierto, miraba a cada rato la pantalla de su teléfono, como si esperara una llamada importante, o como si contara las horas que su abuela se la pasaba en esa cama de hospital. Camila, sentada a mi lado y de piernas cruzadas, se moría del aburrimiento. Cada vez que nuestras miradas se cruzaba, ella sonreía o me guiñaba un ojo. Se estaba portando tan coqueta conmigo que era raro, puesto que por muchos cambios buenos que ella hubiese tenido, en mi cabeza siempre iba a ser la niña desarreglada, debilucha, pálida y de pocos amigos de la secundaria. Era difícil ver a Camila con otros ojos.
—Me tengo que ir —avisó Laura —. Es urgente.

—¿Te llevo?
—Gracias, Cami. Será más rápido.
—Un placer ¿vienes, Tania?
—¡Nah! Estoy mejor aquí.
Las dos se marcharon y volví a sentirme sola, casi arrepentida de no haberlas acompañado.
El tiempo transcurrió y durante eso apagué la televisión, jugué con mi teléfono y lavé los trastes del almuerzo. Todo sin perder de vista el reloj, cuyas manecillas se movían sin piedad en la misma dirección, como un compás frío y despiadado. Empecé a preocuparme mucho por Laura e imaginármela llorando me partía el corazón.

Le llamé a ella y a Camila. Ninguna de las dos me respondió. A las seis de la tarde ya me estaba volviendo loca, dando vueltas de aquí para allá como una leona enjaulada, a punto de romper a tiras el sofá de pura frustración. Algo malo había pasado. Me lo gritaba el instinto femenino, y decían que éste casi nunca fallaba. Por una vez, deseé que esa afirmación fuera una mentira. De repente me di cuenta de que no quería que esa abuelita muriera. Con su vida se iría también la alegría de Laura, y con ello, todas mis pocas esperanzas de volver a ser su novia, de verla reír y de desvelarme con ella por las noches.
Mi teléfono sonó justo cuando me estaba dando un baño. Salí de la ducha y contesté antes de que el tono se terminara. Era Camila.
—La abuela de Laura acaba de fallecer —dijo con tono neutral, igual que si no supiera qué sentir al respecto.
—Oh… no.
—Está hecha un mar de lágrimas. Sus papás ya llegaron. Está muy mal, Tania. Le han tenido que dar un calmante.
—Tienes que venir por mí. ¡Quiero ver a Laura!
—Será mejor que no, cariño. No quiero que tengas esa fea imagen en la cabeza.
—Camila… por favor, ven por mí. Tengo, necesito estar con Laura ahora.
—Amor, ya te dije que no puedes. Te conozco, Tania. Te vas a traumar y no dormirás durante varios días.

Sollocé porque imaginarme a Laura sufriendo me partía en dos, o tres pedazos el alma.
—¿Crees que se ponga bien?
—Ahora está llorando, pero se encuentra un poco más calmada. De todos modos creo que se quedará aquí toda la noche. Volverá con sus padres. Tania, creo que ya no hay nada que nosotras debamos hacer aquí.
—Somos buenas amigas —exclamé —. ¡Debemos estar con ella en todo momento! ¡Ven por mí!
— Bueno… estoy de acuerdo en eso — Cami hizo un silencio sepulcral y luego habló —. Está bien. Voy por ti. Prepárate.
Cami llegó unos veinte minutos después. Subí a su coche y en silencio condujo hasta el hospital. Con cada metro que avanzaba, cada calle que cruzaba, yo no dejaba de sentirme mal por haberle ocasionado a Laura tantos problemas, por haberla molestado con mis tontos sentimientos. Yo sabía que quería decirle tantas cosas, pero no lograba articular las palabras ni preparar cualquier discurso en mi cabeza. Tampoco podía llegar y abrazarla, decirle que todo se pondría bien porque esa sería una gran mentira.

Por fortuna, o quizá mala suerte, el calmante que le dieron la había hecho dormir con la cabeza apoyada en las piernas de su madre y recostada en la fila de sillas metálicas. La señora también tenía los ojos hinchados, y nada más verme, sonrió con tristeza.
—Gracias por estar con ella. Son buenas amigas de mi hija.
— Es… todo un placer.
—Ahora está durmiendo. Será mejor no despertarla. Se puso mal con la muerte de su abuela. Para ella, mi suegra era como una segunda madre ¿sabían? Laura la adoraba.
— Lo sabíamos. Ella nos lo contó.
Camila me tomó de la mano y tiró de mí para alejarme de la sala de espera. Yo, tan impactada por el shock que Laura había tenido, no hice muestra de resistencia. Quería irme de allí. Camila tenía razón: no había sido buena idea verla.
Me llevó hasta la cafetería del hospital, que a esas horas estaba casi vacía.
—Amor ¿quieres algo de comer?
—Un café estaría bien, y no me digas amor.
—Te lo traeré enseguida.

Suspiré con mucha calma. Tenía la mente en blanco, como si una parte de ella se hubiera aislado del resto del mundo para no tener que soportar más cosas tristes. Era un buen método de defensa. Unos fingían que nada malo pasaba. Otras, como Laura, se inventaban una vida donde todo estaba bien. Yo me quedaba como zombie.
Camila volvió con dos tazas de café y unos panecitos dulces rellenos de queso, calientitos y olían rico.
— Deberías comer algo, Tania.
—Gracias. No tengo mucha hambre. Todo esto de Laura… ella dijo que cuando su abuela muriera, su mundo se vendría abajo. Debe ser difícil saber que eso va a suceder.
—Es parte de la vida afrontar que nuestros únicos seres queridos van a desaparecer para siempre. Son palabras duras, como una advertencia que dice “hey, sigo vivo. Quiéreme porque me iré”. Laura debe soportar esto sola.
—¿Qué hay de nosotras? Se puede apoyar…

—Podemos ser las amigas incondicionales —dijo Camila y cruzó una mano sobre la mesa para tomar la mía. Sus ojos hacían contacto directo con los míos, acentuando cada una de sus palabras —, pero al final Laura tendrá que superarlo. Por un momento deja de pensar en lo que hay entre tú y ella. Mírala con ojos distintos. Tania, sé que la amas, y yo te amo a ti. Estamos metidas en un patético triángulo amoroso, como una novela de mala calidad.
Sonreí. Yo pensaba lo mismo.
—Pero por más tonto que suene, no voy a desistir en mis intentos por gustarte.
—¿Por qué, Camila? Es decir… no te rindes.
—No, en lo absoluto —contestó con total franqueza —. Aunque no lo creas, yo soy una mujer muy cariñosa, y contigo quiero serlo todavía más. Así que si necesitas algo, estoy aquí para ti.

Exhalé aire. Era como la segunda vez que Camila se me confesaba y tuve que admitir que era valiente por hacerlo. No me había dado cuenta de me estaba acariciando los nudillos mientras me sostenía la mano, y sus ojos posados en mí trataban de lanzar magia para atraparme. Mis defensas, por suerte, eran más altas que ella.
—Gracias, Camila.
—Me estás mandando a la friendzone ¿verdad?
—Dije gracias, Camila.
Se rió.
—Te quiero, Tania. Me gusta que lo sepas.
—Yo también te quiero. Como amiga, pero ya sabes de qué hablo.
Camila sonrió. Rodeó la mesa y me abrazó por detrás.
—¿Ey? ¿qué haces?
— Sólo estoy demostrando mi afecto hacia ti, no tienes por qué alterarte. Eres un amor, Tania, de los pies a la cabeza —me dio un besito en el cuello y luego hizo un brr brr en mi nuca con su cabello, lo cual sólo sirvió para arrancarme unas risas increíbles, porque era raro que yo me riera en un momento así.
—¡Jajaja! ¡Camila, espera! ¡No! ¡Para!

—¿Ves? Puedo hacer reír con mucha facilidad. El amor empieza por una sonrisa, tonta, y también por unos pocos besos en las mejillas, así, mira.
Okey. Sí. Dejé que me diera unos cuantos besitos en los cachetes, pero incluso ella supo que se estaba propasando y que no era el mejor momento para actuar como una chica conquistando a otra. Por último me mordió el lóbulo de la oreja y luego me tocó los hombros.
—Mi amor, tienes que descansar. Iré a hablar con los padres de Laura. Veré si nos podemos quedar en su casa, o en caso contrario hay que irnos.
—No me quiero marchar.
—Lo sé, por eso iré a hablar con ellos. Volveré en seguida. Disfrute el pastel. ¡Muaa! Te quiero.
Y se fue con paso veloz fuera de la cafetería.

A pesar de que yo estaba triste, molida por dentro, tuve que admitir que quería ser como Camila y tener esa fuerza y seguridad para lanzarme con todo y perseguir mis sueños. Además, daba resultado ser tan directa, puesto que Cami había dejado a mi corazón latiendo como un desesperado en busca de amor.
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Mensaje por Delfi22 el Lun Oct 17, 2016 1:45 pm
No, pues si que esto esta para el traste, pero Cami si que no pierde tiempo-bien por ella-..y Laurita..¡por dios!-ya mejor no digo nada-
Pobre Tania, ahora si que se las vera negras, si Cami sigue así con ella demostrándole su amor.-Me pregunto yo-..Caerá Tania ante los encantos de Cami?..*No se pierda el próximo capítulo de este interesante trio amoroso*...

Nos vemos en el siguiente y que estés bien...
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Mensaje por Lirio1704 el Miér Oct 19, 2016 4:40 pm
Ah pasado tiempo desde mi ultimo review... solo pase para recordarte que sigo siendo tu fan =D

Es dificil darle consejos a una persona que ha perdido a alguien querido me pone triste pensar en eso, lo unico que se me ocurre es llevar a Laura a terapia .

Por otro lado esta Camila que es increiblemente bella y esta a su disposición... si yo creo lo mismo que @DELFI22. Tania va a caer tarde o temprano.

Saludos y que tengas un excelente día.
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Mensaje por FallenLirioo el Mar Nov 01, 2016 4:10 pm
Hola! siento mucho dejar la historia tan atrasada! primero la escuela, segundo el foro entro en mantenimiento y de alguna manera mi contraseña se perdió! pero resultaba que era mi navegador que no entraba... en fin, les dejo el siguiente, el cap 21

Capítulo 21

Por desgracia no pudimos quedarnos más tiempo con Laura. Sus padres iban a dormir en la casa de su abuela y allí no había lugar para nosotras. Tampoco pudimos despedirnos correctamente, puesto que el calmante que le habían dado surtía un gran efecto que la mantenía en un constante estado de duermevela. La mamá de Laura nos explicó lo importante que su abuela había sido para su hija, del amor que le sentía y que incluso ella aceptaba más que esa ancianita fallecida era mejor madre que ella. Esto lo dijo llorando, y nos partió el corazón a mí y a Camila.
Laura se encontraba devastada, y lo peor de todo es que yo no podía comprenderla porque jamás un pariente al que quisiera con todo mi ser se había ido para no volver jamás. Yo sólo podía hacerme conjeturas, imaginando cómo me sentiría si mi madre desapareciera para siempre, y el simple hecho de pensarlo me daba una punzada en el corazón.
Así, pasada la media noche, Camila y yo íbamos en su coche de regreso a la ciudad. Un silencio tan gélido como el ártico nos mantenía ocultas en nuestros pensamientos, mientras que en el cielo claro la luna brillaba como una inmensa perla y me imaginé a la abuelita de Laura mirándola desde el cielo, sonriéndole con ternura y diciéndole que todas las cosas irían bien, que siguiera con su vida y que no se preocupara por el futuro, porque no hay nada escrito, de hecho.
Camila suspiró para llamar mi atención.
—¿Sabes conducir?
— No ¿por qué?
—Porque me estoy muriendo de sueño y creo que no puedo seguir adelante. Estoy muy… cansada.
Lanzó un profundo bostezo y se frotó los ojos.
—Deberíamos descansar. No quiero morir en un accidente en medio de la nada.
—Hay un hotel de paso por aquí. Creo que es en la siguiente entrada. Mantente alerta, cariño.
La entrada no apareció hasta casi tres kilómetros después. Camila casi ni la vio. Tuve que ser yo quien le dijera en qué momento dar la vuelta y sólo porque yo también luchaba para no quedarme dormida. Las noches en medio de la autopista interestatal son tenebrosas, sin una sola farola y ningún vehículo por los alrededores. Era como estar en un mundo fantasma, y el aspecto tenebroso del hotel no ayudaba en lo absoluto.
Camila aparcó en el pequeño estacionamiento, cuya oscuridad sólo se veía diezmada por el hermoso brillo de la luna llena. La ausencia de luz la hacía lucir majestuosa, y el manto estelar contenía tantas estrellas que durante un segundo me sentí completamente diminuta, inválida y como si todos mis problemas realmente no existieran, o no fueran importantes.
En ese momento Camila me abrazó por la espalda y se meció conmigo suavemente.
—Mi amor ¿qué piensas?
—Ya te dije que dejes de llamarme así.
—¿Te gusta la luna?
—Sí. En la ciudad, el manto de contaminación nunca me permite ver el cielo de ésta manera. Es hermoso. Puedo distinguir las constelaciones.
—Esa es la Osa Mayor —dijo Camila, señalándome una estrella en particular —. Y esa de por allí, las tres que ves, son el Cinturón de Orión.
—¿Cómo sabes eso?
—Me gusta ver documentales. Lo bonito del cielo es que lo que estás viendo es el pasado, porque mientras la luz de esas estrellas llega hasta ti, es posible que ya no estén en el mismo lugar.
—Eso sí que es… interesante.
—Cariño ¿crees que esa que brilla sea Venus?
—No lo sé. ¿Tal vez?
— No estoy segura. Ven, vamos a pedir una habitación.
Camila me tomó de la mano y me llevó despacio hasta la recepción. Yo no podía apartar la mirada del cielo, preguntándome si esa cosa que brillaba era Venus o no.
En la recepción sólo había un hombre de aspecto ojeroso y con un cigarrillo en la boca. Iba totalmente desarreglado, como si no hubiera dormido en días; los ojos rojos y un peculiar olor a licor brotándole de la boca.
—Una habitación con camas separadas, por favor.
—Están ocupadas, pero me queda una, si no les importa compartir.
—Emm… —Cami me consultó con la mirada, y yo estaba demasiado cansada como para poner peros, así que asentí.
—Está bien, la queremos.
—Aquí está la llave. Habitación 10. Pasen buenas noches.
Camila pagó la noche y volvimos a la hermosa oscuridad, donde hacía tanto frío que las piernas se me congelaban gracias a la torpe falda que llevaba puesta.
—¿Cuánto te debo por lo de la habitación, Cami?
—¿Dé que hablas? —metió la lleve y abrió la puerta —. No me debes nada.
—¿Segura?
—Sí, sí. Pasa. Te congelarás allá fuera.
Encendimos las luces y echamos un vistazo por toda la habitación, preocupándonos de que hubiera alguien escondido por allí. Una nunca sabe, especialmente cuando dos chicas están viajando solas y deciden quedarse en un hotel de dudosa reputación. Aunque también puede ser que hubiéramos visto demasiada televisión. Revisamos por debajo de la cama, y en el armario. El baño estaba pulcro y había toallas limpias en la barra.
—Todo parece estar en orden —Camila investigó por detrás de la ventana. Corrió las cortinas y le puso llave a la puerta.
Mientras tanto yo entré al baño para lavarme la cara y mirar el desastre que era mi rostro, con ojeras, sin maquillaje y con un aspecto devastado y triste por todas las emociones que había sufrido en tan poco tiempo. No podía culpar a Laura de nada, ni siquiera por haberme roto las esperanzas. Ella tenía problemas más grandes de los qué preocuparse y yo… bueno, yo era nada comparada con ella, y me sentía tan diminuta que me puse más triste.
Volví al dormitorio y vi que Camila ya se estaba acomodando en el sillón.
—¿Qué… qué haces?
—Supongo que querrás la cama para ti sola. Yo dormiré aquí.
Me quedé de pie mirando como la muy tonta trataba de buscar una buena posición para recostarse, aunque los sillones no se habían hecho para dormir, especialmente ese, que lucia incómodo y destartalado. Camila notó, casi un minuto después, que yo la miraba y arqueó una ceja.
—¿Qué te causa gracia?
—Déjate de tonterías. Te vas a lastimar la espalda. Anda, ven. La cama es lo suficientemente amplia para las dos.
—¿No te importa?
—Me importa más tu espalda.
Me acomodé y Camila se tiró sobre el colchón.
—¡Ahh! Qué confortable es, y me gusta la ambientación rústica. Es un sitio cálido.
—Sí, puede ser, aunque la manera a veces… —y como quien no quiere la cosa, Cami se empezó a desabrochar los pantalones —¡Wow! ¿qué estás haciendo? Nada de desnudarse.
—No me estoy desnudando, pero no dormiré con los jeans puestos. A mí me gusta estar ligerita en la cama.
—¿Qué tan ligera?
Por fortuna no hablaba de dormir como Dios la trajo al mundo. En su lugar tenía unos bonitos cacheteros rosados con encaje suave, y se le veían tan bien que tuve que tragar saliva y mirar para otro lado.
—Ya puedes voltear, ni que fueras tan mojigata.
Se había cubierto con la sábana y estaba mirándome, con las manitas debajo del rostro y una sonrisa entre coqueta y tierna a la vez.
—¿Qué?
—Sólo quería ofrecerte una disculpa si es que te estoy molestando. Sé que puedo ser un tanto… exagerada en ciertos aspectos y no quiero cansarte.
—Ah, eso. Descuida —respondí, incómoda, y casi no me podía mover por la falda estúpida. De hecho no sé por qué seguía conservándola si odiaba el color amarillo —. Mira para otro lado.
—¿Por qué?
—Porque no quiero que me veas quitándome la ropa.
Camila se rió y yo, avergonzada, me tapé con una sábana y le dije adiós a mi odiosa falda. Tomé nota mental de quemarla nada más llegara a casa. Ahora sí, con más movilidad, me acomodé como quise. Mi amiga giró de vuelta a mí, la expresión risueña como antes.
—¿Hay algo que me quieras contar? Te puedo escuchar todo lo que quieras.
—¿Sobre qué? ¿Laura? Olvídalo. Es mejor no tocar ese tema.
—¿Segura? Yo creo que necesitas expresarte.
—Estoy perfectamente, y gracias por el interés. Ahora, duerme.
Apagué la lamparita del buró con la esperanza de que Camila se durmiera y dejara de acosarme con sus preguntas y sus miradas de cachorrito. Le di la espalda y me concentré sólo en dormir, sin pensar en mi ex novia y en todo lo que debería de estar sufriendo. Tuve muchas ganas de volver y consolarla, de retirar todo lo malo que pudiera estar causándole dolor y formar para ella una barrera que le ayudara a superar sus problemas. Después de todo… ese era el trabajo de una amiga ¿no?
Sollocé un poco y eso fue suficiente como para que Camila encendiera la luz y me tocara el hombro.
—¿Tania? ¿Estás bien?
—Sí… —me tembló el labio —, es sólo que… me siento muy triste por todo lo que está sucediendo entre Laura y yo.
—Ah, cariño. Te dije que necesitas contarme. Eso te hará sentir mejor y yo estoy dispuesta a escuchar.
—¿No que estabas muy cansada?
—Eso puede esperar.
Camila se acomodó más a mi lado y me acarició dulcemente la cara, limpió mis lágrimas con sus dedos y después me besó la frente.
—Dejar a Laura fue un error… —comencé, y le conté como pude la forma en la que me sentía.
Ella tenía razón, puesto que necesitaba hablar con alguien, dejarme llevar sólo un rato y abrir mi corazón a alguien más, decir todas las cosas que me estaban molestando, pudriéndome por dentro cual horrible infección, como el veneno de una cobra, para que al final… sí, me sintiera un poco mejor.
Lloré lo que tuve que llorar y ni una lágrima más ni una lágrima menos. Cuando terminé mi letanía de sentimientos, vi que Camila estaba con el rostro neutral, limpiándome la cara con la punta de la sábana.
—¿Estás mejor?
—Sí. Gracias por escuchar. Tenías razón… —sorbí por la nariz. Qué asco —. Ya me encuentro más calmada.
—¿Ves? Te lo dije. Y si me permites, que dejaras a Laura fue una pésima idea para ti, aunque para mí fue el paraíso.
—¿De verdad yo te gusto desde hacía tanto?
—Sí, pero nunca tuve el valor para decírtelo porque estabas con otra persona y yo… pues era un cero a la izquierda. Además ya sabes que tú y yo nunca fuimos las más grandes amigas. Más bien estaba con ustedes porque Ximena estaba allí.
—Cierto. Nunca hablamos como ahora.
—Ajá, a eso me refiero. Si no fuera por Ximena nunca te hubiera conocido y… quién sabe qué sería de mí.
—Eres una ganadora —acepté —, has logrado más que todas nosotras. De ser una flacucha pálida pasaste a ser todo… em…
—¿Qué?
—Un bombón —reí. Camila sonrió y le apareció un bonito hoyuelo en la mejilla izquierda. Se cruzó un mechón de pelo por la oreja y me dio una palmada en la frente.
—Bueno, creo que ya es hora de dormir. Si necesitas hablar un poco más, despiértame.
—Estoy bien. Y gracias por todo, eres una buena…
—No, no digas la palabra.
—Persona.
—Ah, esa sí. Pensé que dirías “amiga” y francamente suena del asco. Me gusta pensar que soy como tu novia.
—No eres mi novia.
—Lo sé, y es jodido —rió encantadoramente —, pero si lo fuera…
—Ya, Cami.
—Bien, bien. Sólo digo que pienses un poco en mí, porque me muero por estar contigo.
—¿Tanto?
Se aproximó un poco más, peligrosamente cerca, de hecho, y sentí la suave piel de sus piernas tocando las mías. Estábamos tan juntitas que de no haber sido por los límites de la amistad que hasta ahora nos mantenían separadas, ella se me hubiera tirado encima. Yo estaba nerviosa, con el corazón latiendo al ritmo del heavy metal.
—Me gustas mucho, y me gusta que lo sepas porque soy incapaz de mentirte, amor.
Y sin nada más, se dio la media vuelta, apagó las luces y no dijo una palabra en toda la noche. Mientras yo me había quedado de la misma forma que en la cafetería del hospital: acalorada, con taquicardia y la cara de un juguetón tono carmín.

Desperté por la mañana, bastante temprano, en ese momento donde el día y la noche se confunden. Camila seguía dormida a mi lado, con las sábanas cubriendo su atractivo cuerpo de atleta mientras respiraba en un suave vaivén. Me le quedé viendo durante un ratito, pensando, o más bien recordando que había tenido otro sueño con ella, y uno muy dulce en donde le daba un besito en los labios.
Después de todo, reflexioné mientras me iba a lavar la cara, Cami y yo éramos mujeres, y entre nosotras había un gusto innato la una por la otra. A mí me atraía mucho su cuerpo, pero no sus sentimientos. Sí, suena cruel, pero es la verdad. No obstante, el tenerla cerca, el que me dedicara tantas atenciones y fuera tan amorosa conmigo estaba surtiendo un efecto bonito, como un placebo y para estos momentos sentía que ya le podía confiar hasta mi vida.
Salí de la habitación con la idea de comer algo en la cafetería del motel, que ya estaba abierta y con unos dos o tres clientes en la barra. Pedí una taza con café caliente y unos panecillos rellenos de queso. Me senté al lado de la ventana sólo para mirar cómo el cielo gris se iba coloreando de un pálido azul a medida que los minutos transcurrían. Los amaneceres siempre son rápidos, igual que los atardeceres.
Camila entró a la cafetería y cuando me vio comer, frunció las cejas y se sentó conmigo.
—Debiste despertarme, Tania. ¿Qué comes?
—Estos panes raros, pero están muy buenos. ¿Quieres?
—Lo que quiero es café. Dame un poco.
Le cedí mi taza y ella se la bebió toda de un sólo sorbo, como si el café fuera gasolina para ella. En un dos por tres, casi con efecto mágico, volvió a ser la de siempre; sonriente, con el pelo cuidadosamente revuelto a falta de cepillo y un bonito hoyuelo en su mejilla, sus labios rosados, sus pestañas largas y su nariz… un momento. Parpadeé como si despertara de una ensoñación.
—¿Todo bien, amor?
—Sí… todo bien. ¿Me pides otra taza de café?
—Síp. Ahora vuelvo.
Cuando se fue, al fin pude darme un respiro, y miré mi panecillo relleno, imaginando que era tan dulce como la mirada que Camila tenía sólo para mí.

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Mensaje por Delfi22 el Vie Nov 04, 2016 1:24 pm
Oh! por dios! Pero como Tania perdió esa oportunidad con la lindura de Cami..y dice no tener sentimientos por ella pero bien que se queda embobada...*Al paso que van, no tardaran en caer en el deseo carnal*..jajajaja....Bien a la espera del siguiente...Que estés bien..
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Mensaje por Lirio1704 el Vie Nov 04, 2016 6:07 pm
Creo que alguien esta ganando puntos... Camila es tan tierna y que respete a Tania aunque ya sabemos que se le quiere tirar encima es muy lindo, es que eso es algo tan dificil (si lo digo por experiencia propia).

Gracias por actualizar, se te extrañaba ;)

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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Nov 05, 2016 8:07 pm
@Delfi22 escribió:Oh! por dios! Pero como Tania perdió esa oportunidad con la lindura de Cami..y dice no tener sentimientos por ella pero bien que se queda embobada...*Al paso que van, no tardaran en caer en el deseo carnal*..jajajaja....Bien a la espera del siguiente...Que estés bien..

ajajaja es que Camila es una sexsimbol. bronceadita, fuerte, muy buena persona y llena de amor, hasta yo caigo xD, lo bueno que en mi imaginación tengo a Camila sólo para mí jaja a Very Happy Very Happy
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Nov 05, 2016 8:08 pm
@Lirio1704 escribió:Creo que alguien esta ganando puntos... Camila es tan tierna y que respete a Tania aunque ya sabemos que se le quiere tirar encima es muy lindo, es que eso es algo tan dificil (si lo digo por experiencia propia).

Gracias por actualizar, se te extrañaba ;)


jajaja experiencia? xD, bueno, es cierto, es muy duro contener las ganas cuando amas tanto a una persona, y francamente Camila se la merece. Ha peleado y sufrido por ella. Ya es hora de que Tania empiece, al menos, a tomarle un poco de interés, y por como van las cosas creo que no tardará mucho en que algo suceda xD.

saludos!
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Nov 05, 2016 8:12 pm
Hola!! muchas gracias por esperarme y extrañarme jeje, me siento feliz por saber que les gusta la historia, así que aquí les dejo la continuación doble :) disfrútenla y si gustan pueden ponerse en contacto conmigo por un rw o por un mp :) abrazos!!

Capítulo 22

—Entonces… creo que deberías de aprender a conducir —dijo Camila como si la idea se le hubiera ocurrido de un segundo a otro. Se estacionó a un lado de la carretera, que a esas horas de la mañana estaba casi desierta. Además era una desviación de la autopista principal, y estaba casi en desuso.
—¿Ah? No sé cómo y soy mala al volante. Una vez intenté hacerlo y…
—No seas miedosa. Anda, cambia de lugar. Yo te guiaré.
Exhalé sonoramente, pero ya era tarde porque cuando a Cami se le mete una idea es difícil hacerla cambiar de parecer. Se apeó del coche y entró por el otro lado. Mientras tanto yo me acomodé detrás del volante, nerviosa porque era como la segunda o tercera vez que estaba al mando de una máquina tan compleja, peligrosa y confusa.
—Ponte el cinturón. Bien. Ahora el de la derecha es el acelerador, a su lado está el freno y el último es el embrague. Tienes que pisar ese, hasta el fondo, mueves la palanca así y suéltalo ligeramente mientras presionas el acelerador.
—¿Así?
El coche dio se sacudió y lentamente comenzó a moverse. Giré el volante para ponerlo en medio de la carretera y poco a poco fui hundiendo el pie en el acelerador.
—Así. Muy bien, amor. Mantente en sesenta kilómetros por hora y estaremos bien. ¿Ves que no es tan complicado?
—No… —me reí un poco y el coche serpenteó. Me asusté. Camila me ayudó a poner el volante derecho para tomar dirección —. Lo siento. Si lo muevo un poco, se va del otro lado.
—Te acostumbrarás. Ahora mantén la vista en tus dos espejos. Sólo echa rápidos vistazos y no quites las manos del volante.
Conduje a lo largo de un buen tramo con mínimas indicaciones de mi amiga. Además era un camino derecho y casi no pasaban vehículos. Eso me hacía sentir más segura, en confianza, y además Camila a cada rato me decía que lo estaba haciendo de bien. Quizá sólo lo mencionaba para subirme el autoestima, pero me gustaba sentirme útil y buena en algo, como si mi autoestima estuviera aumentando gradualmente de nivel.
—Esa es una curva. Suelta el acelerador, pisa suavemente el freno y gira el volante. No mucho, sólo un poco.
—Ay… ¿así?
—Sí. Tranquilita. Ahora endereza el coche. Perfecto. Conduce hasta el final. Luego tomaremos la autopista.
—De acuerdo.
En total no sé cuántos kilómetros recorrí, y fue lindo poder hacer algo bien. Sentí como que podría protagonizar una de esas películas de carreras peligrosas transportando droga a otro estado, y sólo porque Camila me dio a pensar en que podría hacerlo e incluso comprarme mi propio vehículo cuando tuviera el dinero. Significaba que tendría que trabajar, y esa era una inequívoca señal de que estaba creciendo, de que ya no era una niña y que maduraba poco a poco, no sólo físicamente, sino aquí, en mi cabeza. Y esa madurez conllevaba a aceptar grandes responsabilidades, a no dejarme llevar por mis sentimientos ni darle muchas vueltas a las mismas cosas. Olvidarme de todo lo malo y ver las cosas con más realismo.
Sí; crecer apesta.
Llegamos hasta la autopista y Camila condujo el resto del camino hasta la puerta de mi casa.
—Llegaste, muñeca. Sana y salva como te lo prometí.
—Gracias por el paseo. Y… supongo que hasta luego.
—Espera un momento —apagó el motor y se desabrochó el cinturón —. Tania, esto… hay algo que quisiera decirte.
—¿Que te gusto? —bromeé —. Ya lo sé.
—No es sólo eso. Sé que las cosas con Laura terminaron mal y… bueno, si necesitas de alguien que te escuche, o quieres volver a conducir, quiero que sea a mí a quien llames ¿está bien? No importa la hora, te contestaré. A menos que esté en un entrenamiento. Se acerca la temporada de torneos y estaré ocupada los fines de semana.
—Lo tendré en cuenta —respondí, de repente incómoda ante esa muestra de sinceridad. Todavía se me hacía difícil quitarme la imagen seria y fría de la Camila que conocí en la secundaria, y no es que ésta me cayera mal. Más bien era… enigmática.
—Tienes… algo en la cara —dijo y me rosó la mejilla con las yemas de sus dedos —. Era una manchita.
—Eso o sólo lo hiciste para tocarme.
—Me atrapaste.
Reí.
—Hasta luego, Cami. Ve con cuidado.
—Te quiero —mencionó con una voz tan cargada de sentimiento, como una flecha disparada a través de un resquicio de mí. Yo también la quería, aunque no como ella lo deseaba y eso en parte también era jodido porque yo sabía exactamente por lo que Cami estaba pasando.
Sin poder responderle como a ella le hubiese gustado, no me quedó más opción que, llevada por un sentimiento de dulce compasión (no lástima, como pueden pensar), puse mis manos a los costados de su rostro ovalado y le di un beso en la nariz.
—¿Y eso?
—Sólo es una muestra de cariño y agradecimiento por todo.
—Bien… —sonrió con un coqueto tono carmín en su cachete —, creo que debo decir “te quiero” más a menudo.
—¡Jejé! Sería raro oírlo a cada rato. Bueno, te llamaré después…
—Ah, espera, mi amor —abrió la guantera y me dio un sobrecito.
—¿Será una carta?
—Revisa.
Se trataba de un boleto para el torneo de voleibol, el próximo sábado a las diez de la mañana en el estadio regional.
—Quiero que estés allí ¿vale?
—¡Seguro! No creo tener mucho que hacer el fin de semana.
—Bien, entonces te veré allí. Que descanses.
Entré sonriente a la casa, pero esa expresión se me borró casi de inmediato cuando vi que, sentado en el sillón de la sala, estaba Marco. Me miraba con ojos de hielo, el ceño fruncido y un aura de venganza rodeándole todo el cuerpo.
—Hola… —aventuré a saludar.
—Lesbiana asquerosa.
—Imbécil —murmuré y pasé de él, dirigiéndome a las escaleras.
—¡Tania! —gritó —¡Tú eres la ex de la que Laura tanto hablaba! ¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Porque no me hubieras creído —me di media vuelta, sobre el rellano y encaré a Marco con la misma expresión furiosa que él —. Y además ya no tienes de qué preocuparte porque las cosas con Laura ya se terminaron.
—Ese no es el punto.
—Bien, fin de la discusión.
—¡Tania!
—¡Déjame en paz!
A grandes zancadas entré a mi alcoba y cerré con llave. Del otro lado de la puerta, mi hermano golpeaba y gritaba exigiendo explicaciones que yo no podía y no quería darle. Me sentí muy asustada, como si de repente la idea de que Marco pudiera lastimarme en venganza por haber interferido en su relación fuera algo real.
—¡Tania!
—¡Cállate o les diré a mis padres que me estás molestando!
Sólo así me dejó en paz, y durante el resto de la tarde, recordando a Laura y su rechazo, me la pasé llorando en posición fetal, como una patética niñita de preescolar a la que han rechazado de jugar con sus amigas, a la que han sacado de la caja de arena porque no la quieren allí, como a la que no le tocó estrellita por portarse bien. ¿Patética? ¿Dónde?
Por la noche me estaba mandando mensajes con Laura y Camila al mismo tiempo. Con la primera todo era dolor, tristeza, sentimientos rotos y mucha pena, tanto para ella como para mí. Con la segunda era una charla más relajada y original, hablando sobre The Walking Dead, y qué pasaría con nosotras si hubiera un apocalipsis zombie. Y vale, debo decir que charlar con Cami me resultaba más tranquilizador, porque con Laura, a pesar de todas las cosas que le habían sucedido a la pobre, yo todavía guardaba una espina de rencor que me pinchaba el cuerpo cada vez que recordaba que sólo éramos amigas y que así se quedaría, que en su vida ya no había espacio para mí, a pesar de que yo creí todo lo contrario.
¡Maldición! No era justo. Laura me dio todas las señales, todo el cariño necesario que permitió a mis sentimientos por ella volver a surgir… y ahora todo eso se ha manchado con la horrible sombra de la amistad. Era duro no poder ser pura de corazón porque el odio, como un minúsculo fantasma, me estaba royendo por dentro.
—Me tengo que ir a dormir —dije a ambas y apagué mi teléfono antes de que comenzaran a llegarme sus largas despedidas.
Me tiré sobre la cama y rápidamente me olvidé del mundo real, porque sólo aquellas personas que están tristes saben del horrible dolor de cabeza que se viene encima cuando todo se hace más pequeño y pesado.
Quizá mañana esté mejor.

Pero no lo estuve. Ni al día siguiente cuando comenzaron las clases. Ni al siguiente, ni al siguiente.
Así me llegó el sábado y me encontraba en un estado de duermevela, mirando la litera de arriba e imaginándome que Laura y mi hermano otra vez iban a la misma escuela, que el final de las vacaciones también marcaba el final de una etapa, y a pesar de que volví a confesarme por un mensaje, ella me volvió a rechazar, e incluso me reclamó por no tomar en cuenta sus sentimientos, como si lo único que me importara fuera el tener novia y ser feliz.
¿Quién le deba ese derecho de poner en orden mis prioridades? Yo ya sabía que Laura no era la misma debido a la muerte de su abuela, que la depresión que estaba sobre ella la ponía de malhumor, negativa y sí, odiosa en muchas ocasiones, sin temor a lanzar comentarios mordaces ni de romperme el corazón. La quería mucho y me estaba alejando como si todo lo bueno de mí fuera veneno, y lo peor de todo es que comencé a creer que realmente era yo la del problema.
Tomé la decisión de dejar de molestarla, y si lo que quería era una amiga… bueno, pues ni eso tendría, porque las cosas entre nosotras ya eran diferentes. No se puede establecer amistad con alguien que se la pasa alejándose de mí.
Ese sábado por la mañana lloré mucho, y a pesar de que mi teléfono sonaba y sonaba porque Camila me estaba buscando, no reuní las fuerzas para contestarle. Su partido comenzaría en media hora, y yo era un desastre de ser humano, deprimida a más no poder, con las mejillas pegajosas por las lágrimas, el pelo desordenado y sin ganas de qué hacer con mi vida, lanzando exhalaciones como si fuera un volcán. Debí quedarme dormida en algún punto, porque cuando desperté ya era de noche y mi celular tenía veinte llamadas perdidas de la misma persona.
Luego me vino el arrepentimiento, como si el sueño me hubiese alejado una parte de la depresión y ahora viera las cosas con un poco más de claridad. Necesitaba charlar con alguien, y no precisamente de Laura. Simplemente hablar, o jugar. Ver la televisión y comer palomitas a reventar. A la mierda mi dieta y todo lo bueno que había conseguido en un intento por cambiar mi persona. Al final de cuentas, por dentro seguía siendo la misma muchachita depresiva y de baja autoestima de la secundaria.
No recordaba que el enamoramiento doliera tanto. Entonces ¿ya no estaba enamorada de Laura? Quizá no, porque mientras no superara mi soledad, no podría ver más allá. Era como estar en medio de la calle y que de repente se apagaran todas las farolas y no hubiera nadie a mi lado.
—Cuánto quisiera estar muer…
No terminé esa frase porque llamaron a mi puerta.
—¡Tania! —gritó mi madre —. Te vinieron a ver.
—¿Quién?
Y sí. Como todo mundo se podrá imaginar, la que estaba del otro lado era Cami, cargando dos bolsas de súper mercado.
—¿Qué haces aquí?
—Pues ya que no fuiste a mi juego, decidí venir a ti. ¿Puedo pasar?
—Esto… sí, adelante.
Camila dejó las bolsas en la mesa y comenzó a vaciarlas. Yo cerré con llave para que nadie me molestara.
—¿Qué estás haciendo?
—Sé que mi niña está deprimida, así que estoy aquí para levantarte el ánimo.
—No tienes que hacerlo.
—Nah, tonterías. No digas eso —se dio media vuelta mostrándome una sonrisa y dos pastelillos de chocolate en las manos —. Sé que duele, Tania. Lo sé por que yo pasé por lo mismo, llorando por tantas noches mientras las veía a ti y a Laura dándose besos, prometiéndose amor eterno y cosas así.
Qué vergüenza, pensé. ¿De verdad creí que duraría para siempre?
—Estoy mal ¿verdad? —le pregunté.
—Pero lo puedo arreglar. Déjame hacerlo y tal vez en el proceso logre que te enamores de mí de una vez por todas.
—¿De verdad me quieres como tu novia? Mírame. Soy un desastre.
—Te quiero, sí. Y no debería de sonarte raro —dejó los dulces a un lado y de dos largas zancadas se me aproximó. Envolvió mi cuerpo con sus brazos y me dejó un beso en el cuello —. Te quiero por encima de todas las cosas porque no tienes idea de cuánto te esperé.
—No seas… tonta —lloré, y sólo por la necesidad de tener cariño humano, la abracé también.
—Ya, ya. Shh. Shh. No llores, corazón. Todo irá bien. Cami está contigo y te trajo media tonelada de comida chatarra.
—¡Jé! Gracias —sollocé como niña de preescolar. Los mocos se me salían de la nariz. ¡Qué asco!
— Así que ánimo, Tania. Tal vez Laura no está aquí, y quizá yo no sea como ella, pero me alegro de no serlo porque al ser yo, yo en realidad, puedo darte todo el amor que te mereces.
—No lo merezco.
—Claro que sí. Eso y mucho más. Mucho más —comenzó con pequeños besos en mi cuello, y durante un minuto me sentí viva, como si alguien hubiera llegado a sacarme todas las lágrimas que faltaban por brotar.
Permanecimos así durante un rato, hasta que me calmé y me limpié la cara con una servilleta.
—¿Te sientes mejor?
—Sí.
—Perfecto, ahora, toma esto —me dio un golpecito en la frente con su dedo —, por no ir a mi juego. Te esperé tanto y me puse tan triste que casi perdimos.
—Lo siento. No estaba en condiciones.
—Al de la próxima semana tienes que ir ¿vale? Y no aceptaré un no por respuesta.
—Iré, lo prometo.
—Así me gusta, cariño. Ahora vamos a ver la quinta temporada de The Walking Dead y a devorar toda la chatarra que traje ¿de acuerdo
—De… de acuerdo.

**************************************************************************+
Tuvieron que transcurrir unas siete semanas para que mi depresión post “friendzone” se alejara, y todavía así, me sentía en un estado caótico, más o menos, como si hubiese tenido el periodo durante todo este tiempo. Subidas y bajones de ánimo, sonrisas y lágrimas, ganas de estrangular a Laura y otras tantas de volver al pasado y golpearme a mí misma por haber cometido el error de dejarla. Yo había sido abofeteada por el karma de una forma bastante dramática, juvenilmente hablando, por supuesto.
Y es que una no puede olvidar tan fácilmente a un amor, sobre todo cuando la muy cabrona dio toda clase de señales que sugerían un posible regreso. Eso había hecho Laura, y en cierta forma era una dulce venganza poética, una ironía más de la vida y me hizo preguntarme con qué clase de mierda me toparé en un futuro cercano. Las relaciones eran complicadas ya de por sí, aunque gracias a Dios ya no me sentía como parte de un patético triángulo amoroso.
Laura y yo éramos historia sin posibilidad de dar marcha atrás. Ambas salimos heridas, puede que ella un poco más que yo, o quizá al mismo nivel; pero el punto no era ese. Lo importante de la depresión no es la razón por la que nos perdemos en ese estado, sino lo que hacemos para salir a flote, y yo sí que estaba haciendo algo con mi vida desarreglada, puesto que el temor a caer en los errores del pasado estaba tan presente como un rayo de sol. Es curioso como una equivocación puede convertirse en la mejor aliada cuando se quiere cambiar.
En las semanas posteriores a mi rotundo rechazo para entrar en el corazón de mi ex, me dediqué a vivir la tristeza como cualquier fémina que se respete debe hacer: comiendo toneladas de helado, mirando musicales y películas románticas para llorar en posición fetal, abrazada a la almohada e imaginando cómo sería mi vida si pudiese protagonizar cualquiera de esas dramáticas historias que parecían salidas de los más puros cuentos de hadas. Eran cosas irreales para mí, pero me divertían.
Claro que no puedo decir que sean ridículas, porque Camila, que era una fiel creyente de la magia del amor como ella sola, me hubiese abofeteado. Y es que ella y yo nos habíamos hecho muy cercanas a raíz de mis problemas. A veces me daba por llorar en su hombro, especialmente cuando me vino el periodo aquella tarde, y se me juntó con una terrible infección estomacal. ¡Me quería morir! Y Cami estuvo allí tooodo el rato, consolándome y acompañándome al doctor. Huelga decir que más adelante me dio tremenda regañada por ingerir alimentos en la calle, pero ¿qué podía hacer cuando los perritos calientes del centro sabían tan ricos?
De todos modos, Camila era la clase de enamoradiza empedernida, la chica que se podía pasar horas mirando dramas románticos, especialmente los coreanos, que le fascinaban. Poco a poco, luego de esas semanas de cambio, me fui dando cuenta de que yo me estaba volviendo parte de su mundo (justo como ella lo deseaba), puesto que a falta de un sitio mejor en dónde estar, me refugiaba en ella. Era preferible pasar el tiempo con alguien a estar sola, y hasta yo sabía eso.
Camila era una dulzura de mujer, de esas que se aferran a sus sentimientos y se dejan llevar por el amor, la fidelidad y la alegría. Ella se mostraba abiertamente enamorada de mí, que no paraba de subirme el autoestima señalando cada una de mis virtudes, como mi gran habilidad para memorizar canciones en dos que tres oídas, o lo bonito que era el color de mis ojos, la tesitura de mi piel y mi habilidad para escoger lo que fuese de mi armario y combinarlo hasta hacer algo decente. Esa era sin duda mi más grande característica.
Mentiría si dijera que odiaba recibir tantas atenciones. Me di cuenta de eso cuando un día le dije que me sentía cansada de que me llamara “mi amor” “cariño mío” “corazón” “panquecito” “cielo” y demás palabras tan azucaradas que muy cerca estaban de darme un coma diabético. Tuvimos una pequeña riña y no nos hablamos durante unos cuantos días. Obviamente me dolió no saber de ella, porque me aplicó tan tremenda ley de hielo que tuve que ser yo quien volviera a sus pies, pidiéndole una segunda oportunidad para ser amigas. Ella aceptó con una victoriosa sonrisa y yo, más sumisa no pude verme.
Después de eso las cosas volvieron a funcionar entre nosotras. Nos encontrábamos casi a diario. Incluso los fines de semana cuando iba a verla a sus partidos de voleibol de cancha en el estadio regional. La primera vez que lo hice me sentí rara entre tantas personas, sobre todo porque a mí no me iban los deportes. Cuando ella y su equipo ganaron, reventé de emoción. Entonces me di cuenta de que sí que me gustaba verla como una ganadora, riendo con sus compañeras de equipo mientras recibía los aplausos del público y le colocaban una bonita medalla por los jueces.
Entre semanas me iba a buscar a la escuela y también me estaba enseñando a conducir. Resultaba que era buena tras el volante porque me podía estacionar en tres movimientos sin estrellarme como muchos hombres pensaban de mí, incluido mi padre, que ni de loco me dejaba tocar su preciado auto recién comprado. Lo cuidaba más que a mí. Hombres, bah. ¿Quién los entiende? Aunque también las chicas pecamos de ser incomprensibles. Mi relación con Camila iba y venía en un vaivén como las olas del océano. Por un momento la amaba por cómo me hacía sentir, la manera en la que me miraba, me acariciaba el mentón y me dejaba un beso en la frente, pero al mismo tiempo odiaba que con sólo esos gestos yo me derretía como el queso en una sartén. Camila era una maestra en el arte de decir las cosas en el momento menos inesperado, sacándome más de un sonrojo en varias tardes cuando la invitaba a mi casa a ver películas y me dejaba recostar la cabeza sobre sus fuertes y torneadas piernas de deportista.
Poco a poco empecé a encariñarme más con ella, y ya no como una amiga íntima. A veces, mientras la veía reírse con sus dramas coreanos, me daba por imaginar cómo sería ser su novia. Sí, ya había llegado a ese punto, y me di cuenta de que estaba muy jodida porque comencé a verla como algo más que un apoyo. De repente quería que fuera parte de mi vida. No me podía resistir, por mucho que intentara escapar de esa fuerte atracción que ejercía sobre mí. Y lo peor de todo es que no tenía a quién pedirle consejos.
Respóndeme ¿cómo no sentirme atraída por una persona tan atenta, cordial, amable y amorosa como ella? Vale. Sólo estoy realzando sus buenas cualidades ¿verdad? Y aunque Camila tenía partes oscuras de su personalidad, lo cierto es que ella las conjuntaba de tal forma que todavía con esos defectos continuaba siendo una maravillosa persona. Ejemplo es que era muy competitiva. Le gustaba la aventura y hasta cuando íbamos en su coche, odiaba ser rebasada y daba grandes acelerones para volver a tomar la delantera como si transitar por la calle fuera una especie de carrera. También era súper positiva, de esa clase de gente que ve el lado bueno a todo y a tal grado que a veces llega a ser cansado porque pareciera que no le dan seriedad a nada. Cuando le dije que entre nosotras jamás habría amor porque no la quería perder como amiga (qué cliché, lo sé) ella se rió, me dio dos palmadas en la cabeza y dijo:
—Sólo déjamelo a mí y ya verás como cambias de opinión.
Eso lo había dicho la segunda semana, y cuatro más adelante, se hizo realidad. Claro que yo no le andaba confesando que mis sentimientos ya eran diferentes porque eso significaría haber perdido contra mí misma. Meditaba durante largos ratos tratando de poner en orden mis ideas, buscando alguna excusa para eludir esas emociones y tristemente estaba perdiendo la batalla contra el enamoramiento.
Creo que todas hemos pasado por esa etapa en la que juramos no volver a sentir esa clase de adicción a alguien, el momento en el que decimos ¡hasta aquí, ningún beso más! Y la gran mayoría sabemos lo difícil que es cumplir tal osadía; porque el amor es justamente así: osado, y aparece en el momento menos indicado con la persona menos esperada. Entonces nos revela una pregunta ¿qué coño hago ahora?
A la sexta semana me resigné a seguir resistiendo, y secretamente le di a Camila los puntos que se había estado ganando desde que juró protegerme y apoyarme cuando lo de Laura me aplastó, ah, y con la misma crueldad con la que mi madre aplastaba a las cucarachas que se encontraba por ahí.
Suavecita y cooperando. Eso me había dicho Camila la vez que intentó besarme en la boca y yo, muerta de la pena, no aguanté y me separé nada al sentir sus labios. Claro que eso no significó el fin de sus intentos. Ella era muy dada a tomarme de las caderas, plantarme un cariñoso beso en las mejillas y comerme el cuello a mordiditas delicadas, como de niña pequeña. Le dejaba hacer eso porque a) me gustaba verla feliz y b) yo me sentía feliz.
Okey. Sé lo que debes de estar pensando: ¡Ya, cásate con ella, mujer! Y déjame decirte que puedes tener toda la razón, porque Cami demostraba el amor que me tenía con sus gestos verbales y corporales. La razón por la que yo todavía no le decía que sí era porque una espinita en mi zapato comenzó a pincharme un domingo de noviembre, y entonces pensé que todo mi mundo podría volver a desmoronarse.
Sucedió así:
Me había levantando muy temprano por la mañana, y el clima no estaba en su mejor momento. Desde la noche anterior se había desatado una fuerte tormenta y sus lloviznas continuaban haciendo pequeños estragos en el pueblo. Por otro lado, a mí me fascinaban los cielos grises y el viento frío que soplaba por entre las ramas de los árboles porque me transmitían paz, como si la Tierra estuviera en un estado de relajación, donde no hay ni mucho calor ni frío.
El problema era que ese día Camila tenía un partido muy importante y yo, junto con toda mi familia, habíamos sido invitados a estar en primera fila para su triunfo. Por desgracia mi madre no iría porque estaba con un fuerte resfriado que la tenía en cama desde la tarde de ayer, así que fue mi papá el que me llevó al juego. Por un lado eso estaba bien porque no quería que ellos me vieran gritando como una loca apoyando a mi amiga, ni tampoco verían cómo saltaba a sus brazos para felicitarle por otra victoria.
El juego se llevó a cabo en la cancha techada del complejo deportivo, y sobra decir que el sitio estaba a tope porque eran las semifinales de otro torneo de voleibol. Si el equipo de Cami lo hacía mal, ya podrían despedirse de los juegos de invierno y eso sí que estaba jodido, porque ella adoraba sentirse ganadora.
Me senté en la primera fila, con un par de pompones de porrista para levantarles el ánimo a todas las chicas del equipo. Camila me vio en cuanto llegué, y de inmediato, desde el otro lado de la cancha, vi como dejaba escapar una sonrisa y me saludaba con un bonito gesto de la cabeza.
Agité los pompones y grité el nombre de su equipo. De inmediato los que estaban al lado de mí también se exaltaron y comenzaron a corear una canción destinada a bajarle la moral a los visitantes. El siguiente set debía de ser el decisivo y todos teníamos los nervios a flor de piel. El balón iba y venía de un lado a otro de la red. Ninguna de las chicas lo dejaba caer. Sus tenis rechinaban en el suelo pulido. Camila saltaba tan alto que parecía imposible desde la distancia a la que yo la observaba y golpeaba la pelota con tanta fuerza que casi, casi parecía estar a punto de anotar.
Del otro lado había una mujer más alta que todas las demás, con unos brazos tan fuertes que parecían los de un chico de gimnasio (sí, exageré), y se estaba midiendo contra el otro equipo. De hecho, las compañeras de Cami eran enanas comparadas con sus adversarias.
—¡Vamos! ¡Denle duro! —gritaba desde las gradas agitando los pompones como si mi vida fuera en ello. Jamás los deportes me habían interesado tanto.
En el último segundo, cuando la pelota estaba en el aire y nadie parecía poder alcanzarla, Camila saltó más alto que nunca y la golpeó con todas sus fuerzas. La pelota salió disparada hasta el otro lado de la red y ni siquiera la gigantona pudo hacer algo para detenerla. El silbato final se dejó escuchar y todos gritaron por la eminente victoria. Todos excepto yo, que al parecer fui la única que se quedó quieta, mirando como las compañeras de Cami la rodeaban y los médicos corrían a atenderla.
—¡Se ha lesionado! —gritó la señora que estaba a mi lado.
—Golpeó muy fuerte la pelota.
Incluso las del equipo contrario habían cruzado la red. A mí se me saltó el corazón. Me busqué una salida de las gradas y corrí a la cancha. Logré abrirme paso entre las jugadoras. Cuando vi a Camila tendida, inconsciente y con mucha sangre brotándole de la cabeza…
Mentira. Ella estaba sentadita, con una expresión entre dolorida y feliz mientras un médico le revisaba la muñeca y le aplicaba un spray para reducir el dolor.
—¿Qué le pasó? —pregunté a nadie en especial —¿Se fracturó la muñeca?
—No, por fortuna — respondió su entrenadora —, sólo se la torció.
—Fue… una buena victoria ¿eh? Ganamos, Tania.
—Sí, pero te jodiste la muñeca.
—Nah. Me hubiese dolido más perder el juego.
La ayudamos a ponerse de pie y luego la trasladaron a la sala de cuidados médicos para que le sacaran unas cuantas placas como método de prevención. A mí todavía no se me bajaban los nervios.
—Tranquila. Si estuviera fracturada, ahora mismo pegaría de gritos —dijo Camila, positiva como siempre.
Aunque fue la primera vez que la veía lastimada después de un juego, era tranquilizador que no tuviera nada más que una torcedura. Según el médico estaría lista para el siguiente partido, pero le advirtió de que no volviera a realizar un tiro con esa potencia o podría provocarse un daño severo.
—Debes descansar un poco —le dijo la entrenadora y salió con el médico. Yo me quedé en el consultorio.
—¿Te asustaste, Tania?
—No, que va.
—Mentirosa. Sé que sí. Descuida, amor. Hice que el equipo ganara. Vamos a las finales.
—Pues más te vale cuidarte la muñeca si no quieres perderte ese juego.
Sus ojitos grises parecían sonreír. Yo, movida por una bonita fuerza, levanté la mano y le acaricié la mejilla.
—Felicidades por la victoria, señorita capitana.
—Sin tus porras no lo hubiera hecho, así que gracias por estar aquí —respondió y le dio besitos a cada una de las yemas de mis dedos. Después, tiró de mi brazo para acercarme intempestivamente a su rostro. Yo me quedé quieta a un centímetro de su boca.
Estaba tan feliz de que ella hubiera ganado y de que estuviera bien, que irresistiblemente le di un besito de pico. Se lo había ganado, y también mi admiración… quizá hasta mi amor.
En ese momento entró Joshua, su hermanastro. Estaba visiblemente incómodo por la escena.
—¿Me dejas hablar con Camila un segundo? —me pidió, con el entrecejo fruncido.
—Sí, esto, te veo afuera.
Salí pero no me alejé, sino que permanecí a un lado de la puerta y mirando por una pequeña abertura. Vi que Joshua se sentó junto a ella y le examinó la muñeca. Intercambiaron unas pocas palabras en voz baja. Él se rió y de repente, empezó a acariciarle la cara con un gesto muy cariñoso. Camila arrugó sus perfiladas cejas, detuvo su mano y se la alejó.
—Ya te dije que no —exclamó —; me gusta Tania, así que déjame tranquila. Además, somos hermanastros.
—Exacto. No tenemos lazo sanguíneo, mensa.
—Vete.
Cuando vi que Joshua se levantaba, derrotado, yo corrí hasta el otro lado del pasillo y me hice a la tonta. Nuestras miradas se encontraron. Sonreí con nerviosismo y él bufó con aburrimiento y una mirada despreciable. Luego se fue por otro lado con aires de chico malo, como si pudiera golpear a quien se metiera en su camino.
Esa fue la espinita de la que hablé antes: Joshua también estaba enamorado de Camila.

***

Tómala!! ya salió un rival. O Tania se pone las pilas o le va mal ajaja
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Mensaje por Delfi22 el Dom Nov 06, 2016 12:05 pm
Santa virgen de las aporreadas!..Cuando ya casi Tania caía, llega de nuevo la mala suerte.
Que primero fue el hermano y ahora el tal Joshua.Pero la diferencia entre Laura y Cami es que una no niega ni pone peros por su amor hacia Tania...*porras para la ternurita de Cami*...Solo queda esperar en que termina todo este rollo.
Bien a la espera del siguiente.Que estés bien...
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Mensaje por Lirio1704 el Mar Nov 08, 2016 5:23 pm
Asi que Joshua "también" esta enamorado de Camila, jajajaja... ay ya Tania deja de hacerte la difícil, estas que te mueres por probar otro beso de Camila.

Me gusto la parte donde describes ese momento en donde te das cuenta que estas en la friendzone; los sentimientos encontrados del amor que todavia sientes y el odio por haber jugado con tus sentiemientos Arrow En fin últimamente estoy muy dramatica y me dieron el consejo de no hacer tormenta en un vaso de agua y simplemente seguir adelante, sera facil para Tania mientras no tenga a Laura en frente.

Gracias por seguir publicando, estoy pendiente =D
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Mensaje por andry_89 el Mar Nov 08, 2016 7:40 pm
me encanta!!!! Cool pase por algo mas o menos similar, mi ex reaparecio removio todo lo que pense habia superado, me ilusiono paso de todo y a la mañana siguiente pum!!! me dice que hay alguien mas que le gusta y que no me queria hacer daño y bla bla bla, y que mejor ser amiguitas logicamente mi orgullo impidio que haga alguna estupidez .... pero bueno me gusta mucho como escribes
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Nov 12, 2016 6:32 pm
@andry_89 escribió:me encanta!!!! Cool  pase por algo mas o menos  similar, mi ex reaparecio removio todo lo que pense habia superado, me ilusiono paso de todo  y a la mañana siguiente pum!!! me dice que hay alguien mas que le gusta y que no me queria hacer daño y bla bla bla, y que mejor ser amiguitas logicamente mi orgullo impidio que haga alguna estupidez .... pero bueno me gusta mucho como escribes

jajaj, que historia... ay sí, es cierto. Cuando las ex vienen la verdad sólo descontrolan todo uwu jeje
saludos y muchas gracias por leerme :)
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Nov 12, 2016 6:34 pm
@Lirio1704 escribió:Asi que Joshua "también" esta enamorado de Camila, jajajaja... ay ya Tania deja de hacerte la difícil, estas que te mueres por probar otro beso de Camila.

Me gusto la parte donde describes ese momento en donde te das cuenta que estas en la friendzone; los sentimientos encontrados del amor que todavia sientes y el odio por haber jugado con tus sentiemientos Arrow  En fin últimamente estoy muy dramatica y me dieron el consejo de no hacer tormenta en un vaso de agua y simplemente seguir adelante, sera facil para Tania mientras no tenga a Laura en frente.

Gracias por seguir publicando, estoy pendiente =D


Hola! gracias a ti por mantenerte al pendiente de mis historias :) jaja. La pobre de Tania se está quedando atrás, y aunque Joshua es chico, tiene lo suyo para ser un peligro para nuestra prota
saludos!!
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Nov 12, 2016 6:37 pm
@Delfi22 escribió:Santa virgen de las aporreadas!..Cuando ya casi Tania caía, llega de nuevo la mala suerte.
Que primero fue el hermano y ahora el tal Joshua.Pero la diferencia entre Laura y Cami es que una no niega ni pone peros por su amor hacia Tania...*porras para la ternurita de Cami*...Solo queda esperar en que termina todo este rollo.
Bien a la espera del siguiente.Que estés bien...

jajajaja me encantó esa exclamación xD; ya va siendo hora realmente de que Tania haga algo, porque la verdad si yo fuera Cami ya me hubiera ido uwu, pero ella sabe que sí se queda con ella, será feliz :)
saludos y muchas gracias por leerme ;)
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Nov 12, 2016 6:41 pm
Las caóticas semifinales terminaron oficialmente con la premiación de los equipos, y yo no dejaba de tomarle fotos a Camila y a sus compañeras. Verla sonreír, pese a su muñeca vendada, era algo que me producía una sensación reconfortante y orgullosa. Compartía su felicidad y esa era una inequívoca señal de… bueno, tú sabrás, y lo mejor de todo es que podría acostumbrarme a esto.

Además Camila no perdió tiempo en abrazarme cariñosamente y darme una larga serie de besitos por las mejillas. Sus compañeras se quedaron con el ojo cuadrado al vernos demostrar tales afectos, pero como ya sabían que su sensual capitana estaba enamorada de otra chica, tampoco se les hizo una sorpresa. Por fortuna la clase de relación que Camila y yo estábamos formando era cada vez más común y ya no nos sometían a juicios extremos. Suerte que mis padres no estaban aquí.
Pero mientras me abrazaba y yo a ella, veía que Joshua nos miraba desde las gradas con una expresión entre desinteresada pero profunda, como si quisiera que la cabeza me explotara por el sólo efecto de sus ojos. El hombre me odiaba y no era para menos. Decidí hacerle poco caso y concentrarme en abrazar a mi hermosa campeona y tomarme un par de fotos sólo de nosotras.

Después de eso la llevé a su casa. Tuve que conducir yo porque ella la tendría difícil con su muñeca dolorida y porque al estúpido de su hermanastro se le ocurrió largarse a quién sabe qué sitio. Eso nos había molestado a las dos, especialmente a Cami, que no dejaba de lanzar maldiciones acerca lo estúpido que era Joshua. Cada vez que la oía mencionar su nombre, el estómago se me revolvía un poco más, y empecé a creer que yo era una especie de maldición para los hombres. Primero al alejar a Laura de mi hermano y ahora robándole la hermanastra al fantástico escritor de ficción. Con razón me odiaban tanto.
—Gracias por traerme. Ya sabía que era importante enseñarte a conducir.
—Con cuidado. No te vayas a resbalar.
Ayudé a Camila a subir a su departamento. Ella se quejaba de mis atenciones, como si tuviera todos los huesos de papel. Claro que no me importaba lo mucho que chillara sobre eso, yo iba a cuidarla para que la muy tonta pudiera competir en las finales y trajera la gloria a su equipo.
—¿Joshua? —llamó nada más entrar al departamento.


Nadie nos respondió ya que él no estaba allí. Eso me causó un gran alivio porque lo que menos deseaba era verle la cara a ese muchachote. Ya me había ganado suficientes enemigos masculinos por el momento.
—Te pondré el agua tibia para que te des un baño —dije a Cami y fui a prepararle la tina. Hacía frío afuera debido a tanta lluvia, así que algo caliente le vendría bien a su cuerpo estresado por el partido y mejor para su muñeca, que empezaba a hincharse cuando le quitamos los vendajes.
—No se ve tan mal ¿verdad?

—Si tú lo dices. Es una fortuna que no te la hayas fracturado.
—Sólo le pegué mal a la pelota. No es la gran cosa. Que haya salido con esa potencia fue todo un tiro de suerte, literal.
—Pues a tu entrenadora no le hizo mucha gracia. Anda, a bañarte.
—Uy, me ayudarás a desvestirme ¿verdad?
Me sonrojé, y aunque Camila de seguro iba a disfrutar que yo le quitara la ropa, lo cierto es que no tenía opción. Respiré nerviosamente, pensando en que no era la primera vez que veía a una mujer desnuda.
Cami, sonriente, dejó que le desabrochara los botones de la blusa y sí, como te podrás imaginar, inevitablemente mis ojos se fueron hacia sus hermosas y apretujadas nenas copa C que lucían felices detrás de su sujetador negro con bordes de encaje.
—¿Qué opinas? —preguntó con una coqueta sonrisa.
—Nada mal —exhalé aire y durante sólo un instante consideré la posibilidad de hundir mi rostro entre sus encantos.
Camila se giró antes de que pudiera hacerlo. Ahora me tocó desabrocharle la falda, la cual cayó. Me abstendré de comentar lo que vi, pero me gustó y fue todo un festín para mis ojos. Sólo diré que cuánto quisiera aprender a jugar voleibol.
—Ya, en serio, necesito ayuda con el sujetador.
Le desabroché el bra. Camila lanzó una risita nerviosa que me subió los colores a la cara. Luego entró al baño, me dedicó una mirada por encima de su hombro y cerró la puerta con el pie.
—Si necesitas ayuda sólo llámame. Estaré aquí.

Me senté cruzada de piernas en su cama, y luego me dejé caer de espaldas con los brazos extendidos. Aspiré el aroma de esa habitación, como si pudiera sentir su presencia colmando el aire, igual que una rosa inunda de perfume todo un jardín. Coño, qué cursi me estaba volviendo, y todo gracias a ella; pero entre pensamiento y pensamiento, la realidad de que a Joshua le gustaba Camila me estaba atormentando más de lo esperado. Y en cierta forma no se me hacía raro dada la situación en la que se encontraban. Para empezar Cami era tan linda que llamaba fácilmente la atención. Tampoco eran hermanos de sangre y no tenían un pasado infantil que les pusiera alguna clase de barrera emocional. Vivían juntos, comían juntos y era usual para él verla vistiendo sus cortísimos shorts deportivos, o mirándola en toalla después de salir de la ducha.
¿Qué era esa molestia minúscula que sentía en el pecho? Celos, concluí, y luego, como toda mujer en de sano juicio haría, rechacé esa idea por absurda. No había motivo para sentirme celosa porque Camila y Joshua no eran nada más que hermanastros y compañeros de piso. Además, ella le había dejado en claro que yo le gustaba (eso me puso feliz), pero no dejaba de ser raro. Por un segundo los imaginé como pareja… y quedaban bien. Los dos eran atractivos y yo… bueno, algo debilucha y no muy lista.
Me incorporé decidida a no dejar que mi autoestima pisoteada por Laura cayera un nivel más. Miré hacia la puerta del baño, pensando en que al otro lado tenía a una dulce mujer que me quería, que incluso en los peores momentos había estado conmigo porque yo de verdad le interesaba, que sabía de mis defectos, virtudes y errores del pasado y todavía así me encontraba increíble. Me di cuenta de que anhelaba estar junto a Camila porque… la amaba.

Decirlo en mi cabeza no era tan válido como hacerlo en persona, pero sí. Además incluso tú te has dado cuenta de que estoy enamorada de ella, así que no vengas a decirme que es muy pronto para echarme para atrás.
Camila salió del baño vestida con unos cortísimos pantalones deportivos y una blusa de los Rolling Stones. Su pelo húmedo se le pegaba a las mejillas y se lo estaba secando con una toalla rosada. Olía a una dulce combinación de perfume femenino, sutil para los demás, pero muy fuerte para mí. Tragué saliva.
—¿Me ayudas a ponerme la venda?
—Claro. Ven.
En serio. Al ver cómo se sentó y cruzó sus formidables piernas, más que atraída me sentí envidiosa. Mis muslos no eran fofos, estaban algo fuera de forma. Camila se ejercitaba a diario, especialmente el tren inferior. Ya te imaginarás qué delineado tendría el trasero, como toda buena jugadora de voleibol. Yo babeaba.

Le apliqué un poco del spray analgésico y un ungüento para bajar la hinchazón. Después envolví su muñeca con nuevos vendajes y le di un besito en el dorso de la mano para que se sintiera mejor. Eso conmovió a Camila, que me miró con una dulzura de esas que expresan algo como “eres un hermoso ángel bajado del cielo, mi amor” y yo, que últimamente no dejaba de fantasear con sus palabras, me apenaba y bajaba la cabeza.
—¿Te quedas un rato?
—Sí. Además la lluvia ya arreció.
—Entonces ven —me jaló del brazo y logró que nos cayéramos directo al colchón.
—Te vas a lastimar más la muñeca.
—Estaré bien.

Nos quedamos muy juntas, frente con frente, mirándonos con aquella ilusión propia de una pareja que se sabe enamorada pero que teme dar el siguiente paso. Bueno, más bien era yo la que no quería ir más allá por la sencilla razón de… esto… no lo sé. Quizá sólo me faltaba tomar esa decisión. Alargaba el momento porque me daba un poco de temor no saber qué pasaría después. La vida me había enseñado, luego de soltar a Laura, que cambiar no siempre es bueno. Si algo iba mal con Camila… me sentiría devastada.

Pensaba en esto cuando ella empezó a acariciarme la mejilla. Pese a que yo desviaba los ojos de un lado a otro, como lanzándole una indirecta de que dejara de mirarme, ella no la captaba y sus ojos grises como el cielo de allá afuera recorrían cada poro de mi piel. Me decidí a sostenerle la mirada sólo un poco más, y al final de un rato olvidé el nerviosismo y mi respiración se hizo más lenta. Joder. Parecía primeriza en esto de estar intimando con otra mujer.
—Sobre el beso de pico que me diste en la enfermería ¿sí sabes que fue la primera vez que nuestras bocas estuvieron juntas?
—Te lo merecías —sonreí.
—Dame otro.
—No, sólo en ocasiones especiales.
—Vamos, vamos. Me muero por otro beso, Tania. No seas cruel. He hecho muuuchas cosas por ti.

Me reí porque protestaba como una niña pidiendo su merienda. Camila era tierna cuando realmente se lo proponía. Yo me hice a un lado pero eso no sirvió porque me jaló hacia ella y en un momento comenzamos a forcejear como dos hermanitas jugando a las luchas. Claro que todo se jodió cuando ella lanzó un gritito cuando se aplastó la muñeca.
—¿Te duele mucho?
—Un poco. Auch… creo que no debo forzarla demasiado. Pasada la emoción de haber ganado el partido, creo que sí me siento mal.
—Vamos, descansa un poco más.

Me recosté con ella como al inicio, y ésta vez fui yo quien tomó la iniciativa de acariciarle la cara y los brazos, sin apartar mi vista de sus ojos grises. Mi mente estaba en blanco porque era tanto el estado de relajación en el que me veía inmersa, que no quedaba espacio para nada más.
—¿Qué tienes?
— ¿Eh? ¿Por qué lo preguntas, Cami?
—Te conozco y sé que estás pensando en algo muy serio. Deberías decírmelo.
Torcí los labios. Con Camila era difícil fingir que las cosas iban bien o mal. Yo no quería que entre nosotras hubieran secretos, así que se lo confesé.

—Escuché a Joshua y a ti hablando en la enfermería. Sé que tú le gustas.
—¿Nos espiaste?
—Sólo un poco. No fue intencional… bueno, sí. El punto no es ese.
Camila arrugó la nariz. Sentí como todo ese bonito momento comenzaba a perder la temperatura.
—Es cierto —suspiró después de un rato, durante el cual creí que lo había fastidiado perfectamente.
—No debí tocar el tema.
—Descuida. Desde hace un par de semanas que Joshua se me confesó. Él sabe que no me interesa en lo absoluto y que tú eres la dueña de mi amor. Eso lo pone mal en ocasiones, pero no tienes de qué ponerte celosa.

—¿Celosa? No estoy celosa —dije casi ofendida.
—Tania… veo en esos ojitos tuyos que no es así. Ups. Ya tienes competencia.
—Es tu hermano.
—Hermanastro, y quién sabe qué pasará porque acepto que es guapo.
Sólo me estaba jodiendo. Lo vi porque se aguantaba las risas. La fulminé con la mirada y le di un golpecito en la cabeza.
—Sé que nunca me engañarías.
—¿Por qué? Ni siquiera has aceptado ser mi novia y tampoco te has enamorado de mí. A veces creo que… sólo estoy jugando un juego de una sola persona.

Quise reírme porque creí que se trataba de una broma; pero no lo era. Los ojos de Camila se tiñeron de rojo y avergonzada, desvió la vista para otro lado y se cubrió la cara con el antebrazo. Intentó ocultar sus lágrimas, pero yo vi cómo una de ellas bajaba por su mejilla. En ese segundo me sentí terriblemente mal. Había estropeado algo lindo sin siquiera darme cuenta, y esa gotita de agua hizo que recapacitara la tontería que estaba cometiendo con el sólo hecho de posponer el sí para Camila.

Ella sufría ¿cómo es que no me di cuenta de eso? Era como, hablando en términos de ella, tener una victoria asegurada pero no poder reclamar el trofeo. Camila predijo que yo me enamoraría de ella y puso todo su esfuerzo en hacerme sentir amor otra vez. Ese era su secreto: el esfuerzo, el demostrarme con actos que sí estaba enamorada de mí, en prometerme sin palabras que la chica de sus sueños era yo, que me había estado esperando desde que estábamos en la secundaria.

Experimenté en ese momento la tristeza inherente del amor, y la más crítica de las emociones: arrepentimiento. No quería que el pasado volviera a tirarse sobre mí por cometer errores, pero con el paso del tiempo comprendí una cosa, una verdad universal:
Si no lo intentas, nunca sabrás que fue un error.

Mi corazón brincó como un loco cuando esa frase tomó sentido, y de inmediato todas las respuestas vinieron a mí como un río que busca liberarse en el océano. Me armé de valor para acercarme a Cami, quitarle el brazo de la cara, acariciarle las mejillas y luego de sostener su mirada un segundo, cerrar mis ojos y plantar un dulce y atiborrado beso de amor en sus labios.

—Te amo, Camila, y por supuesto que quiero ser tu novia.
Ni ella se lo creía, ni yo me esperaba que esa misma tarde me comprometería a ser su pareja, sin embargo las dos sonreímos, y luego, entre besos y abrazos sobre su cama, ella me susurró:
—Te lo dije ¿verdad?
—Sí… lo prometiste —dije en uno de esos momentos en los que me separé de su boca para hablar. ¡Dios! No podía dejar de besarla —; lo prometiste y se cumplió. Te adoro, corazón.
Y sin darle tiempo de responder, invadida por una nueva adicción, volví a besarla como si tuviéramos todo el tiempo del universo.

********

Like si al fin Tania hizo lo correcto jajaja, lo bueno que la chica sólo necesitaba un empujón. Ahora veamos si Camila puede hacerla tan feliz como prometió :))
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Mensaje por Delfi22 el Dom Nov 13, 2016 5:18 am
Hasta que por fin se le hizo a Cami! Oh! yeah baby! Cool

Ahora me pregunto.Esto realmente va a funcionar? o se va a presentar la mala suerte que acompaña a Tania....
Cuando se entere Laura que estas dos son pareja, haber como lo toma...
Bien a la espera del siguiente.Que estés bien..
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Mensaje por andry_89 el Lun Nov 14, 2016 11:23 am
@FallenLirioo escribió:
@andry_89 escribió:me encanta!!!! Cool  pase por algo mas o menos  similar, mi ex reaparecio removio todo lo que pense habia superado, me ilusiono paso de todo  y a la mañana siguiente pum!!! me dice que hay alguien mas que le gusta y que no me queria hacer daño y bla bla bla, y que mejor ser amiguitas logicamente mi orgullo impidio que haga alguna estupidez .... pero bueno me gusta mucho como escribes

jajaj, que historia... ay sí, es cierto. Cuando las ex vienen la verdad sólo descontrolan todo uwu jeje
saludos y muchas gracias por leerme :)

pues sii y esq esa mujer me va a volver loca. Lo peor de todo es que se que solo juego conmigo y vuelvo a caer Arrow recientmente me busco... aun estoy resistiendo... solo espero que apoarezca por ahi alguna como cami Neutral jejeje creo que todas queremos a alguien como ella
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Mensaje por Lirio1704 el Lun Nov 14, 2016 6:12 pm
No se que esperar despues de esto, creo que Tania ya ha tenido demasiados malos ratos ya merecia algo bueno pero no se que tanto le dure.

Me gusta cuando Tania se comporta toda timida con Camila, me hace tener esperanza en ella XD.

Saludos y gracias por tomarte la molestia de leer nuestros comentarios y comentarlos... eso habla bien de ti.


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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Nov 19, 2016 7:13 pm
@Lirio1704 escribió:No se que esperar despues de esto, creo que Tania ya ha tenido demasiados malos ratos ya merecia algo bueno pero no se que tanto le dure.

Me gusta cuando Tania se comporta toda timida con Camila, me hace tener esperanza en ella XD.

Saludos y gracias por tomarte la molestia de leer nuestros comentarios y comentarlos... eso habla bien de ti.



jaja, claro, me encanta responderles porque es una forma de estar en contacto con ustedes y saber qué piensan de la lectura. Gracias por todo y disfruta de los siguientes capítulos :)
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Nov 19, 2016 7:14 pm
@andry_89 escribió:
@FallenLirioo escribió:
@andry_89 escribió:me encanta!!!! Cool  pase por algo mas o menos  similar, mi ex reaparecio removio todo lo que pense habia superado, me ilusiono paso de todo  y a la mañana siguiente pum!!! me dice que hay alguien mas que le gusta y que no me queria hacer daño y bla bla bla, y que mejor ser amiguitas logicamente mi orgullo impidio que haga alguna estupidez .... pero bueno me gusta mucho como escribes

jajaj, que historia... ay sí, es cierto. Cuando las ex vienen la verdad sólo descontrolan todo uwu jeje
saludos y muchas gracias por leerme :)

pues sii y esq esa mujer me va a volver loca. Lo peor de todo es que se que solo juego conmigo y vuelvo a caer Arrow  recientmente me busco... aun estoy resistiendo... solo espero que apoarezca por ahi alguna como cami Neutral  jejeje creo que todas queremos a alguien como ella

jaja te entiendo.. yo tenía mi Cami pero... bueno, cosas de la vida.
saludos!
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Mensaje por FallenLirioo el Sáb Nov 19, 2016 7:16 pm
hola! hoy más capítulos jeje, doble!

A quien se le haya ocurrido la brillante idea de colocar un reloj justo encima de la pizarra en el salón de clases, sin duda no tenía nada mejor que hacer. No se podría imaginar la ansiedad que los alumnos sentirían mirando el continuo tic tac, que discurría en un momento casi eterno, donde los minutos se volvían largas horas y las ganas de arrojar la mochila por la ventana parecía ser una necesidad. Tenia ganas de gritarle al profesor que cerrara la boca, y justo estaba por hacerlo, cansada de su charla sobre la historia mundial y cómo los romanos se volvieron una de las sociedades más fuertes del pasado, cuando el timbre sonó.
Ese ruido era miel para mis oídos. Me apresuré a guardar todo en mi mochila y salí cuanto antes de la escuela. ¿Amigos? No te preocupes por eso, ellos estarían bien sin mí. Además llevaba tres días con mi nueva novia, Camila, y mis intereses estaban por demás puestos en ella y en las ganas que tenía de verla, de estrecharla otra vez con mis brazos sólo para sentir sus pechos presionando los míos. Sí, depravada a más no poder, pero ¿qué de malo tenía fantasear con los encantos de mi chica? Malo sería que no lo hiciera ¿verdad?
La segunda oportunidad que se me había dado era como una bendición del Cielo. Camila y yo nos complementábamos tan bien como amigas y ahora, como amantes, todo era de color de rosa, dulce y acaramelado como una fábrica de chocolate. Y sí, sé que puedo sonarte cursi, y lo chistoso es que antes de que todo esto ocurriera, siempre creí que las cursiladas eran para las niñas de secundaria, ilusionadas con el amor. Ahora mírame, mayorcita de edad, sonriendo como una boba mientras me derretía por dentro con la imagen de Camila y yo abrazaditas en una tarde invernal, tomando café caliente y mirando un maratón de películas navideñas en la televisión local.
La vida trata de eso, de las segundas oportunidades, y yo no iba a desperdiciar la mía. Esa era mi resolución y lo que, a grandes rasgos, me estaba ayudando a sostener mi noviazgo con Camila. Cuando me sintiera mal, recurriría a esa decisión. Creo que todos deberíamos tener algo que nos recuerde porqué estamos donde estamos, y para mí, los errores del pasado eran esos puntos de control, como en un videojuego, donde sé que ya no hay retorno si lo hecho a perder.
Tomé el autobús y bajé a dos calles del edificio de departamentos de Cami. Anduve con mi pesada bolsa al hombro y mi incómodo uniforme de colegial (detestaba llevar las calcetas hasta las rodillas y la manga larga de mi blusa) hasta llegar a su piso. Iba a saltar a sus brazos nada más ella abriera la puerta.
Qué bueno que no sucedió así, porque quien apareció era Joshua, y nada más verme, soltó un suspiro de cansancio y una cara malhumorada.
—¿Qué se te ofrece?
—Camila… ¿está?
—No. La llevé al médico para que revisaran su muñeca y la valoraran para poder jugar.
—¿Y a qué hora regresa?
—En unos diez minutos la iré a buscar.
—Bueno… —nos quedamos frente a frente por un rato, en uno de esos incómodos momentos en los que no sabes si irte o quedarte. Terminó hasta que Joshua me invitó a pasar.
Fui directo a la cocina, abrí el refrigerador y me serví una taza de té helado. Moría de sed y el uniforme me estaba acalorando.
—Oye, oye. No estaría mal que pidieras permiso antes de hurgar en nuestra cocina.
Me avergoncé. Camila me había dicho que podía moverme por el departamento como si fuera mi segundo hogar, pero casi, casi olvidaba que ella compartía el piso con su hermanastro. De todos modos Joshua casi siempre estaba fuera y era difícil considerarlo parte de éste lugar.
—Lo siento. ¿Quieres té?
—No.
Suficiente, pensé. Tenía que arreglar las cosas con él si quería seguir avanzando. No tener cabos sueltos de ningún tipo. Además enemistarme con el hermanastro de mi novia no era buena idea. Tampoco quería ser su amiga. Todo se resumía a… querer llevar la fiesta en paz. Le seguí hasta su habitación y toqué la puerta con los nudillos. Estaba abierta y entré temiendo que me fuera a tirar a la cara su colección de libros de fantasía.
—¿Joshua? ¿podemos hablar?
—¿Sobre qué?
—Bueno… ¿cómo estás?
El escritor despegó la vista de su computadora y me recorrió de los pies a la cabeza, como un policía buscando alguna señal recriminatoria para meterme a su patrulla. Incómoda, torcí los labios.
—¿Cómo te va con Camila? Me enteré de que ya son novias.
—Esto… sí. Desde hace unos días somos pareja.
—¿Y les va bien?
—Bien —quise decir lo tan enamorada que estaba de su hermanastra, aunque claro, él me hubiera dado calle en ese segundo —-. No tenemos problemas.
—Mmm. Ya veo. Es interesante saberlo.
—Sé que ella te gusta.
La cara del muchacho se encendió como un tomate. Volvió la vista a su ordenador y tecleó un par de líneas en el procesador de texto.
—Me gusta. Estás en lo cierto, y tú me la ganaste.
—Joshua… no intentarás… meterte entre nosotras ¿verdad?
—Soy escritor, Tania, y hasta yo sé que eso es un cliché. Despreocúpate. No pienso romper la relación de Camila. Sólo espero que estés a la altura de ella.
—¿Qué… quieres decir exactamente? —Sí, sí. Me ofendí sólo un poco.
—Camila tiene mucho futuro como jugadora de voleibol. Es una excelente capitana. Por otro lado no es muy buena en los estudios, sobre todo porque tiene otros intereses poco académicos. En fin. No quiero que por tus dramas de novia vayas a joderle la vida.
—¿Dramas? Oye, lo que suceda entre nosotras no tiene nada que ver contigo.
—¡Claro que lo tiene! —gritó. Yo retrocedí un paso —. Escucha… Tania, sé lo que le hiciste a tu ex novia, Laura, y no eres muy confiable en el aspecto amoroso. Sólo digo que pienses muy bien que para Camila eres todo, tal vez incluso más importante que el voleibol, y si haces algo, dudas un sólo segundo de ella o le rompes el corazón… bueno, si fueras hombre, te molería a golpes.
Las rodillas me temblaron, pero no sólo por las duras palabras de Joshua (las cuales posiblemente estaban en lo cierto) sino porque era la segunda vez que un hombre perdía el control conmigo, la segunda vez que recibía esa mirada de chico con el corazón roto: la misma que mi hermano me dedicó en su momento antes de terminar toda relación conmigo. En ese segundo me di cuenta de lo mucho que extrañaba a Marco y lo arrepentida que estaba por alejarlo de mí con mis mentiras y mi falsa honestidad.
—Oye, no lo dije para que lloraras.
—¿Quién está llorando? —me apresuré a limpiarme la cara. Claro que no chillaba. Sólo me sentía un poco presionada —. Cuidaré de Camila. No le haré daño. Lo prometo. Ella es mi segunda oportunidad y sé que no habrá una tercera.
Joshua asintió.
—Entonces estamos bien. Sólo trata de no intervenir mucho en su vida y mantén tu distancia. Eres sólo uno de sus aspectos importantes. No todo su mundo ¿lo entiendes?
—Lo entiendo —acepté, más no quería que fuera así. Yo deseaba formar parte de todo el mundo de Camila. Incluso estaría dispuesta a aprender a jugar voleibol sólo para poder convivir más a menudo con ella.
—Bueno, ahora iré a buscarla. Espérala aquí. Y puedes tomar todo el té que quieras.
—Gracias —sorbí por la nariz y me senté en la silla de la cocina, aguardando a que ella regresara.
Maldición. Necesitaba calmarme y aparentar que Joshua no me había dado ese sermón. No obstante comprendí una cosa muy importante: que él llevaba toda la razón. A veces, en el noviazgo, las cosas que antes importaban cuando se estaba solo pierden el color. Quería evitar que el deporte, el otro amor de Camila, se marchitara, y para eso yo… tenía que mantener mis dramas femeninos al más bajo nivel. No causarle ninguna clase de problema, o duda. Necesitaba ser no sólo su adorada novia, sino su amiga, su consejera y aquella que la apoyara en todo y la instara a continuar para cumplir todas sus metas.
A los diez minutos me enteré, pues, que el amor no se trata sólo de ti y de mí como sujetos aislados, sino de compartir mundos enteros, pero sin fusionarlos tanto hasta que queden irreconocibles. Así tuviera dudas, pleitos y demás con Camila (como en toda relación saludable) tendría que evitar que eso le afectara. Ser novia era bastante fácil. Una buena novia, en cambio, era bastante complicado.
—¿Amor?
Cuando escuché su voz me levanté con prisas y corrí, literalmente tirándome a sus brazos y llenándola de besos.
—Vaya ¿qué sucede?
—Camila, bebé, te aaaamooo.
—Y yo a ti ¿todo bien?
—Sí, sí. De maravilla —quería decirle que no le iba a causar ningún problema, pero en cambio pregunté cómo estaba su muñeca.
—Todo en orden. Ya no necesito cambiar los vendajes y me duele muy poco. El fin de semana podré entrenar, aunque ya sabes, me dieron el sermón de que de nada sirve lesionarme en un partido si no podré jugar en los siguientes.
Le sonreí y la besé con más cariño.
—¿Hablaste con Joshua? Se veía un poco irritado.
—Sí. Es normal —no le mencioné nada de lo que él me había dicho, y en su lugar la llevé a la cocina — ¿te preparo un refrigerio? Debes de estar muerta de hambre.
—Sí, gracias. No habías estado tan servicial y a penas llevamos tres días como pareja ¿qué quieres hacer?
—Esto… no lo sé. Sólo planeé pasar la tarde contigo.
Mientras le ponía unas cinco o seis rebanadas de jamón a su sándwich (como a ella le gustaba) Camila me abrazó por la espalda y me dio besos en el cuello. Me derretí como el queso que tenía puesto en la sartén, y por encima de eso me sentí muy amada. Giré un poco para enredar mis brazos en su cuello y corresponder a sus necesidades amorosas como toda buena novia cien por ciento enamorada debía hacer. Camila era exquisita besando, con un ritmo adorable y certero. Me sentía desorientada cada vez que lo hacíamos, como si tomara una parte de mí cada vez que su boca se enlazaba con la mía. Luego, totalmente cortejada por sus ojos grises, le decía lo mucho que la adoraba y a continuación me dedicaba a darle de mordidas a su cuello, buscando como siempre escuchar sus risas.
Los primeros días de todos los noviazgos (al menos de la mayoría) suelen ser así. Cariñitos por aquí, besitos por allá, una que otra mano traviesa por debajo de la ropa y muchas sonrisas. Y estaba bien. Eso era justo lo que Camila quería: una relación amorosa, saludable y sin mentiras. Y yo planeaba darle todo eso y quizá hasta más porque me había ganado. Vale, vale, estarás pensando ¡qué muchachita tan presumida, creyéndose el premio mayor! Pero era cierto, no me vas a negar que Camila me ganó a base de esfuerzo, y sinceramente yo sí que adoraba ser su novia.
Como tal, comimos juntas y después de hacernos unos cuantos arrumacos más mirando la televisión, le saltó la brillante idea de ir al cine. Me llevó a casa y me esperó en la sala a que yo me cambiara. Mi madre, por cierto, estaba encantada con ella porque Camila era muy carismática y siempre se andaban cuchicheando cosas. Durante un momento consideré la posibilidad de decirle que ella era mi pareja, aunque claro que era una idea tan absurda que me reí en cuanto surgió.
Para nuestra cita traté de verme entre sexy e inocente, como una monja ramera. Bueno, esa fue una mala expresión. El punto es que me puse una falda no tan larga pero ni tan corta. Justo a la medida y una blusa de los Rolling Stones, que Cami tanto adoraba y podía pasarse hoooras escuchando su música. Bajé las escaleras de dos en dos y tuve que contenerme para no caer rendida a sus brazos.
Una vez en el coche, a dos cuadras de mi casa y detenidas en un semáforo, Camila y yo nos besamos como dos colegialas quinceañeras hasta que el auto de atrás empezó a sonar su bocina como si estuviera poseído. Incluso eso a nosotras nos divertía, tan ilusionadas que estábamos.
Sin embargo, esa tarde no todo fue alegría. Ocurrieron algunas cosas interesantes mientras Cami y yo esperábamos a que la hora de nuestra película llegara. Mientras, nos fuimos a una tienda de malteadas para hacer tiempo y fue en ese lugar cuando recibí un mensaje.
—Es de Laura —le dije a Camila, y puesto que no quería guardarle conversaciones con mi ex, le leí lo que decía.
“Hola, Tania. Perdón por no mandar un mensaje antes, pero
es que no estoy muy bien que digamos. No es que te haya olvidado,
sólo no quería que me vieras en éste estado. Bueno, la he pasado mal ¿sabes?
Desde que mi abuelita murió me estoy sintiendo muy triste. Y mi familia se
desmorona. Mi papá no deja de beber desde hace semanas y se la pasa llorando
la muerte de mi abue. Mi mamá no lo aguanta y han tenido fuertes peleas. Creo
que se quieren divorciar. De todos modos nunca han sido muy unidos. En fin, sólo quería decirte que necesito a mis amigas.
Especialmente a ti, que sabes cómo me siento”

Camila torció los labios.
—Suena a que quiere volver contigo. ¿Dice algo más?
—Sí. Escucha:

“Me preguntaba si podríamos vernos éste fin de semana. Tal vez… ir al cine
o a comer algo. No hablo de estar sólo tu y yo. Quiero ver a Camila y a Ximena.
Las necesito, chicas uwu, quiero estar con ustedes y no aquí, donde sólo me
siento triste por la muerte de mi abuelita, que no consigo superar porque el
ambiente en el que me encuentro me está enfermando. Justo ahora mis papás
están discutiendo y bueno… no estoy acostumbrada a las peleas.
¿Crees que podamos salir éste sábado?”

Cuando terminé de leer, vi que Camila estaba bebiendo de su malteada. Lucía sin preocupación alguna, y yo tuve que llamarle la atención para que me mirara.
—Ella nos necesita. Somos sus únicas amigas y está pasando por un momento difícil.
—Porque ella quiere.
—¿No escuchaste su mensaje? Su familia se desmorona.
—Te estás preocupando mucho por ella.
—¿Y qué no debería? —alargué una mano para tomar la suya. Camila suavizó su expresión de acero y suspiró con cansancio, casi resignación —. Es nuestra amiga, y lo sabes.
—Bueno, tienes razón. Dile que venga y la pasaremos juntas. Además estoy segura de que Laura haría lo mismo por nosotras.
—Sí, yo también estoy segura.
De esa forma le respondí a Laura, diciéndole que la iría a buscar el sábado a la terminal de autobuses. Aunque claro, a Camila no le estaba haciendo mucha gracia esa idea.

************

Llegó el sábado, y en ese templado día fui a buscar a Laura a la terminal de autobuses. Gracias a que habían abierto una nueva autopista que cruzaba en línea recta la distancia entre nuestras ciudades, el viaje sólo tomaba poco más de dos horas, como un paseo de fin de semana.
Yo estaba nerviosa por reencontrarme con ella después de todo este tiempo porque Laura continuaba ejerciendo un efecto en mí, como si yo fuera una aguja de metal sometida a su campo magnético, y así seguiría durante mucho tiempo porque, a pesar de que nuestro amor estaba muerto (y yo así quería que se quedara) era innegable que el pasado seguía allí, torturándome con los recuerdos de lo feliz que fui, de cómo la dejé sin importarme nada, llevada sólo por un sentimiento de confusión emocional. Aunque si no fuera por eso no hubiera conocido el amor de Camila. En ocasiones la vida juega cosas extrañas con nosotros, como las piezas de un tablero de ajedrez.
Reconocí a Laura casi de inmediato, con su pelo largo amarrado en una coleta y sus jeans desteñidos. Arrastraba una maletita con ruedas y se veía… triste, con la cabeza baja y dando pasos lentos como si hubiera perdido todas las ganas de vivir. Me sentí terriblemente mal por ella y los problemas en los que su vida se estaba hundiendo, mientras que yo me encontraba en el paraíso disfrutando del amor y de mi segunda oportunidad. Inclusive no logré evitar que un poco de remordimiento me atacara, injusta existencia, pensé.
Cuando Laura y yo hicimos contacto, el rostro se le iluminó y anduvo con más rapidez. Soltó su maleta y se lanzó a mis brazos, los cuales no se esperaban esa reacción, de modo que perdí el equilibrio y casi caí con ella. Logré sostenerla y fue entonces que noté lo delgada que se estaba poniendo, sus mejillas hundidas y la piel muy pálida. Tenía razón cuando dijo que sus problemas estaban enfermándole.
—¡Tania! —dijo llorando —, me alegra tanto volver a verte. Amiga mía…
—Ya… —nerviosa, le di un besito en la mejilla y le acaricié el pelo —, no te pongas así.
—Es que te he echado tanto de menos ¿en dónde están las demás? —me preguntó, moviendo su carita de niña de un lado a otro —¿están bien? ¿Por qué no vinieron?
—Camila tiene entrenamiento y Ximena tuvo una cita con el chico que la está enamorando.
—¿En serio? Qué bien por ella, y también por Camila. Vi el juego por la televisión, se lastimó.
En ese momento me puse inquieta. ¿Tal vez ella haya notado lo que sucedía entre Camila y yo?
—Está bien. Recientemente fue al médico y le dijeron que puede seguir jugando.
—Menos mal ¿y tú qué tal estás? Te ves… en buena forma. Alegre.
—No me quejo —le limpié una lágrima que se le pegó a la mejilla y la volví a abrazar —. ¿Tienes hambre?
—Sí. Muero por comer algo. No desayuné.
—Por aquí cerca hay un restaurante de comida italiana. ¿Quieres ir?
—¡Sí!
Laura fue a pedir su orden de lasagna, mientras que yo me quedé cuidando de la mesa, imaginando cómo se la estaría pasando Camila en su entrenamiento. Decidí mandarle un mensaje lleno de corazoncitos y medio minuto después ella me respondió con otro repleto de iconos de besos. Segundos más tarde me llamó, preguntando si Laura estaba tan mal como se notaba en su mensaje.
—Ha perdido peso y se ve ojerosa —le conté —, y me transmite algo… esa sensación de tristeza ¿sabes de qué hablo?
—Sí. Pues trata de animarla un poco. Las veré más tarde.
—Te quiero, Camila, y cuídate la muñeca. No deseo que te lastimes. Eres una campeona ¿sí?
—Lo sé, lo sé, cariño mío.
Colgué justo cuando Laura regresaba con su comida, la cual empezó a devorar como si no hubiera ingerido alimento alguno durante días. Incluso se atragantó un poco con su bebida y tuve que ser yo quien le dijera que se tomara las cosas con calma. Nada más hacerlo, se puso a llorar.
—Laura…
—Es horrible. ¿Sabes por qué vivía con mi abuela? Porque mis padres no se quieren y siempre se la pasan peleando por tonterías. Ahora que ella ya no está, me toca regresar a esa casa y para colmo mi papá no deja de emborracharse. Incluso perdió el trabajo. No se está comportando como un adulto. La muerte de mi abuela le afectó tanto y mi madre dice que él sólo está exagerando. Eso ocasiona problemas. Entre él y ella se distancian y yo… bueno, quedo en medio sin saber qué elegir.
—¿Y no tienes otro lugar al que ir? ¿Amigos?
—Sólo las tengo a ustedes. Los de mi escuela son tan… superficiales. Ni siquiera tu hermano me habla. Todo contacto con él se terminó.
Sentí una punzada en el corazón. Si antes odiaba ver a Marco y a Laura juntos, ahora anhelaba que ella le tuviera al menos. Laura necesitaba un apoyo con urgencia y nosotras, que éramos sus más grandes amigas, teníamos que brindarle esa atención que le faltaba.
—Te ves enferma.
—Lo estoy. Voy mal en las clases porque no me logro concentrar. Desearía volver a la casa de mi abue, pero es demasiado para que yo la mantenga y mis padres insisten en tenerme a su lado. Son unos idiotas que no razonan las cosas.
Se limpió la cara con la servilleta. Su nariz estaba roja y sus ojos irradiaban un aura de desconsuelo que me dio tanta pena. Hasta yo sentí deseos de llorar.
—De acuerdo, cálmate. Ya estás aquí.
—Gracias por seguir a mi lado, pese a todas las cosas que nos ocurrieron —me miró con… amor, diría yo, y alargó el brazo para tocarme la mejilla y deslizarla por todo el contorno de mi cara —. Te necesito. Sólo tu me entiendes porque sabes qué clase de cosas vivimos juntas.
Levanté la frente. La caricia de su mano me estaba gustando y eso era un espantoso pecado, de modo que le dije la verdad.
—Soy la novia de Camila.
Lo solté sin más. Durante un segundo Laura se quedó lívida, y si sus ojos ya no tenían color, ahora se quedaron totalmente muertos. Fue entonces que comprendí cuáles eran sus intenciones viniendo a verme: tratar de renacer nuestro amor; y como habíamos cortado el contacto, era lógico que no supiera de mi nueva relación.
Pese a todo, se esforzó por sonreír y una nueva serie de lágrimas cayeron de sus ojos. Yo torcí los labios, incómoda y bajé la mirada a mi vaso con té helado.
—Tenía que decírtelo.
—Está bien. Es… lindo que entre ustedes haya algo. Camila me parece maravillosa. Se esfuerza en todo y te la mereces.
Alcé los ojos para verla. No me miraba a mí, sino que jugaba con su comida.
—Es que… las cosas se torcieron mucho cuando tú y yo cortamos todo lo que teníamos, y tú estuviste tan decidida a sacarme de tu vida que yo… encontré un refugio en Camila y con el tiempo…
—No tienes qué seguir, Tania. Lo comprendo. Y no trataré de alejarlas. No tengo porqué. Ni siquiera puedo competir contra ella. Es una ganadora y yo no me encuentro en mi mejor momento. Debería hacer un poco de distancia.
—¿Por qué?
—Porque es raro que salga con la novia de alguien más.
Permanecimos calladas durante un buen rato. Yo estaba recibiendo mensajes de Camila, pero no los revisaba porque temía que fuera algo así como una falta de sensibilidad para con Laura. ¡Qué difícil era encontrarse con la ex! En ese momento me di cuenta de que había mucho qué recriminarle, como el que me diera insinuaciones para regresar y que luego me dejara a mi suerte, tajando todo contacto conmigo. No obstante, yo la había dejado en primer lugar y eso superaba cualquier crítica que quisiera echarle en cara.
—¿Quieres ir al cine? —me preguntó de repente —. Te invito. Puedes llamarle a Camila, si quieres.
—Su entrenamiento termina tarde… pero sí. Sería lindo ver una película para hacerte olvidar todo por un rato.
Las cosas no podían acabar mal ¿verdad? Sólo se trataba de una pequeña cita de amigas, aunque en mi mente se dibujaron algunos escenarios de Laura y yo volviendo a estar juntas. Eso no funcionaría, concluí cuando comencé a sentirme infiel. Controlar los pensamientos es un proceso muy intrincado y para calmarme ojeé los mensajes de Camila. Eran algunas imágenes de amor que me enviaba al Whatsapp y justo estaba por responderle cuando se me acabó la batería. Eso significaba que la había dejado en visto, y ella odiaba eso.
—Quiero ver ésta película.
—Es de terror —observé, mirando a mi alrededor por un teléfono público.
—No importa. Quiero entrar. Vamos, vamos. Compremos los boletos.
—Está bien, tú encárgate. Iré a hacer fila en el puesto de dulces.
Tengo que decirte que era muy incómodo estar con Laura. Una barrera invisible nos separaba, sólo que la de su lado era más delgada que la mía. Yo me esforzaba por poner bloque sobre bloque para que esa pared se hiciera más gruesa y así no caer en la tentación involuntaria de fantasear con ella. Me repetí mil veces que amaba a Camila y que deseaba estar en ese cine con ella y no con mi ex. Sí, sé que era algo cruel para la pobre de Laura, más no podía evitar lastimarla.
A la mitad de la película mis ganas por hablarle a mi novia fueron demasiadas.
—¿Me prestas tu teléfono?
—Ten.
Salí de la sala y le llamé a Camila, mientras paseaba por el centro comercial y miraba los puestos de ropa. Imaginé que mi novia y yo veníamos un fin de semana, comprábamos algunas prendas y luego las modelábamos la una a la otra. Qué lindo.
—¿Laura?
—Soy yo. Se me acabó la batería.
—Ah, estaba marcándote y no contestabas. Pensé que…
—¿Qué? —me senté en una banca —¿qué te estaba siendo infiel?
—Bueno…
—¿No confías en mí?
—Sí confío en ti. Es sólo que estás con tu ex.
—¿Te pones celosa? —de alguna manera no me molestaba. Es más. Me gustaba ver que la todopoderosa Camila realmente tuviera miedo de perderme, y sólo me hizo sentir apreciada. Respiré hondo, crucé las piernas y me relajé.
—No tienes por qué ponerte celosa, tonta. Camila, soy tu novia, y te amo tanto por lo que eres como por la manera en la que me haces sentir, experimentar ésta clase de deseo. No he dejado de pensarte desde que estoy con Laura porque tú acaparas todas mis ideas y rompes mis esquemas —sí, aquí viene una buena dosis de cursilería, pero no lo podía evitar porque realmente tenía la necesidad de decírselas —. Tú te ganaste mi amor y mereces todo lo mejor de mí. Durante años estuviste esperándome y yo sin darme cuenta de eso, de que tenía una admiradora secreta. Dios… me causa gracia el sólo pensar por las situaciones incómodas por las que pasaste.
—Fueron muchas —casi escuché que sonreía.
—Eres una campeona, mí campeona. Cuando esa noche en la que yo lloraba tanto dijiste que estarías conmigo, gran parte de mí no se lo creyó. De decir que me querías con palabras, empezaste a hacerlo con gestos y ahora todo mi mundo gira en torno a ti. Niña linda, te amo y siento que cada día que pase eso va a hacerse más abisal, porque así soy yo. En el fondo soy una romántica empedernida como tú. Y me gusta que sea así. Así que ya lo sabes. No te alteres. Laura es nuestra, ¿oyes? Nuestra amiga. La quiero ayudar a superar sus males y sólo lo haré con tu apoyo y el de Ximena. Así que tranquila ¿de acuerdo, amor?
Sollozó. Eso era lo bonito de Camila. Con un par de palabras tiernas y sinceras se perdía en un océano de romanticismo. Por eso es que nuestros momentos íntimos eran tan encantadores. Ella me mostraba esa parte oculta en la naturaleza de todo ser humano, la más grande de las virtudes y con la que todos deberíamos estar en contacto: la capacidad de conmovernos. Si hubiera sólo un poco más de eso en el mundo, las cosas serían mejor. Ahora ya nada nos sorprende, y es triste.
—Te creo. Sólo fueron celos de novia.
—Idiota —reí —. Me haces sacar estos diálogos de novela barata.
—¡Jajaja! Me gustan. Es tu mejor cualidad y expresas muy bien lo que sientes por mí.
—Entonces ¿todo bien?
—Sí. Todo en orden. Es más, dile a Laura que la quiero ver.
—¿Por qué no organizamos una pijamada? Ya no somos unas niñas, lo sé, pero una noche de amigas no vendría mal. Invitaremos a Ximena para que nos cuente como le fue en su cita con su galán, y comeremos toda clase de chucherías.
—¡Oye, que no es mala idea! Cuéntale a Laura! Dile que es bienvenida.
—Se lo diré enseguida. Ah, la traje al cine. Está viendo una película de terror.
—¿Y me estás llamando desde la sala?
—No, salí. Le presté su teléfono para poder hablar contigo porque me moría de ganas por hacerlo.
—Entonces cuelga, o te agotarás todo su saldo.
—Sí. ¡Jejé! Amor, esfuérzate. Te veré en el depa más tarde.
—Ahora que llegue me pondré a limpiar. Está algo desordenado.
—Bueno, te veré después.
Le mandé un beso y luego me quedé ingrávida, sentada en la banca mirando a ningún punto en particular. Sólo disfrutaba de mi enamoramiento, de esa agradable sensación de “no me puedo creer que haya alguien para mí”. Respiré tranquilamente y volví a la sala de cine, en donde Laura ya se había dormido, y tuve que esperar a que la película terminara para despertarla y contarle la idea de Camila de hacer una pijamada.
—No somos unas niñitas de primaria —fue lo primero que dijo —; pero me parece bien. Además me voy el domingo por la noche, así que estaría de lujo tener algún lugar dónde dormir.
La abracé con cariño.
—Todo irá bien.
—Bien mal, dirás.
—No seas pesimista.
—Sólo soy realista.
—Pues durante un rato manda la realidad al diablo.
Le dije a Laura que en ciertos momentos de la vida, cuanto más hundidos estamos en nuestros problemas, nuestra más poderosa arma es la mente, porque a través de ella podemos aislarnos del resto del mundo, y no lo digo como algo malo y cobarde. Las mejores obras de arte han nacido en aquellos momentos en los que sus creadores se recluyeron en su propio universo para escapar de la realidad. Y en esos mundos personales, algunas veces llenos de canciones que sólo nosotros comprendemos, de historias fantásticas como los cuentos de hadas, de recuerdos felices e instantes que han quedado grabados en el tiempo, podemos encontrar las respuestas que tanto necesitamos. Lo que fuimos y lo que podríamos ser.
Y eso era lo que Laura necesitaba. Hallarse a sí misma, jugar con su niña interior y construir con ella una mejor versión de sí misma, justo como yo estaba haciendo.

***

Listo! uff jaja. Laura como siempre, intentando salir a flote, superándose y recuerden siempre amigas, ser la mejor versión de sí mismas. Traten de superarse :)
saludos! gracias por todos sus comentarios y por ponerse en contacto conmigo
FallenLirioo
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